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'Zodiac': la obra maestra del 'antithriller'

03/02/2021 08:39 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

¿Cuál es la película más atrevida de David Fincher? Las respuestas a esa pregunta pueden ser múltiples, y de hecho lo son. Podríamos decir que El club de la lucha, tan gamberra como malinterpretada, o aclamar su disección de un fenómeno pop en La red social. Incluso Mank, Su reciente ejercicio de estilo con Gary Oldman, podría tener un hueco en este podio. Pero nosotros apostamos por un título muy diferente.

¿De cuál se trata? Pues de Zodiac. Y, si esto te parece raro, lo entendemos: tras su estreno en 2007, esta película se estampó en taquilla, con una recaudación internacional inferior a su presupuesto de 85 millones de dólares. Asimismo, no arañó ni una sola nominación en los Oscar o los Globos de Oro, y quedó ensombrecida ante los medios por otros títulos del año como Pozos de ambición y No es país para viejos.

Pero Fincher no es un señor simpático, y Zodiac tampoco pretendía ganarse nuestros corazones. Este filme, basado en el caso real del Asesino del Zodiaco, ha quedado más bien como una subversión de las reglas de Hollywood sobre cómo hacer un buen thriller. Y, a base de rigor formal, se las ha apañado para sobrevivir a su mala acogida, quedando como un trabajo que nos desafía y nos fascina. Veamos cómo, y por qué.

Cuando Fincher produjo Mindhunter, nos quedó claro que el mundo de los asesinos en serie le fascina casi tanto como el de las personas que se dedican a localizarlos y detenerlos. Algo que ya quedaba patente en Zodiac, mediante uno de los casos de homicidio sistemático más laberínticos que se recuerdan.

Porque, al igual que Jack el Destripador y el Monstruo de Florencia, entre otros, el Asesino del Zodiaco ha pasado a la historia por el misterio que rodea a su identidad. Lo único que se sabe de él es que se cobró cinco víctimas (confirmadas) entre 1968 y 1969, todas ellas en el norte de California. Y que, en sus cartas a la prensa, gustaba de incluir criptogramas con mensajes provocadores en los que alardeaba de haber matado a 37 personas.

Por lo demás, el caso solo ha dejado especulaciones y teorías. Algo que Fincher reflejó escrupulosamente en Zodiac: desde su primera escena, con esa Hurdy Gurdy Man de Donovan convertida en marcha apocalíptica, la película nos enfrenta a una figura envuelta en sombras... que, además, fue interpretada por varios actores, para que el público ni siquiera pudiese asociar al asesino con un físico determinado. Se trata, ante todo, de un filme sobre la incertidumbre.

El montaje de Zodiac fue una subida al Everest para Fincher, y una colección desesperante de retrasos para Warner Bros. El estudio quería estrenarla en otoño de 2006, para así garantizarle un hueco en la temporada de premios, pero el empeño de Fincher por refinar su narrativa acabó llevándosela a la siguiente primavera.

Así, aunque logró figurar en la programación del Festival de Cannes, la cinta no cosechó ni un solo trofeo importante. Y, para colmo, fue masacrada en los rankings de taquilla por un filme tan olvidado como Cerdos salvajes, la parodia motera de Tim Allen y John Travolta. ¿Tenía razón el director para jugar de esta manera con el calendario?

Pues nosotros creemos que sí, porque Zodiac no era solo un regreso al terror y al misterio tras el triunfo de Seven. La película también funcionaba como un exorcismo personal para Fincher, cuya infancia californiana (nació en 1962) estuvo marcada por la sombra del Asesino del Zodiaco, al que veía como "el Hombre del Saco definitivo".

De esta manera, el director apuró al máximo la tolerancia de Warner, respetando lo máximo posible las 200 páginas del guion de James Vanderbilt pese a llevarlas a la pantalla como un filme de 157 minutos. Para esquivar la regla según la cual una página de libreto equivale a un minuto en pantalla, el director sacó ese látigo que tanto gusta de emplear con los actores.

Porque una cosa era que Fincher quisiera ahorrar tiempo, y otra que estuviera dispuesto a renunciar a su costumbre de repetir cada toma infinidad de veces, hasta 70 en algunos casos. Así, los intérpretes tenían la obligación de recitar sus diálogos a toda velocidad (para que así las escenas durasen menos) y de adaptarse a un ritmo de trabajo frenético.

De este modo, mientras Robert Downey Jr. escondía jarras en las esquinas del plató para poder orinar entre toma y toma, a Jake Gyllenhaal le tocaba bailar con la más fea enfrentándose a un Fincher que reconoce (¡milagro!) haberse pasado un poquito con él. El actor, que compaginó el rodaje con la presentación de Jarhead (su película con Sam Mendes), aguantó esos aguijonazos como bien pudo.

"Puedo ser conflictivo si veo que alguien holgazaneando", señaló Fincher sobre su conducta, apuntando que Gyllenhaal pasó el rodaje "un poquito disperso". Jake, más poético, resumió su malestar en una declaración para el New York Times: "Fincher pinta con la gente, y ser un color es duro".

Pese a haberse pasado la producción de Zodiac recibiendo patadas fincherianas, Gyllenhaal puede reconocerle algo al director. Hace 16 años, el actor había protagonizado ya Donnie Darko y Brokeback Mountain, pero estaba lejos de ser una estrella de primera fila. Así pues, Fincher mostró gran confianza en él cuando (por consejo de Jennifer Aniston) le fichó para interpretar al dibujante Robert Graysmith, lo más parecido que tiene el filme a un personaje principal.

Según como se mire, claro. Porque la cinta juega al despiste con nosotros vendiéndonos a tres figuras clave. El descenso hacia la obsesión de Graysmith no se convierte en el eje de la película hasta bien entrado su metraje, y durante los primeros tres cuartos de hora parece que ese rol va a corresponderles a Downey como el periodista Paul Avery o a Mark Ruffalo (otro recomendado de la amiga Jennifer) como David Toschi, uno de los policías que investigaron el caso.

Pero, alternando nuestro punto de vista entre estos tres personajes, y retirándolos de escena sin ninguna ceremonia cuando dejan de resultar importantes, el guion de Vanderbilt no solo nos enfrenta a un juego de trilero. También nos recuerda que Zodiac es la crónica de un caso real, y que las historias reales rara vez tienen un solo héroe.

Claro que, en este caso, lo de "héroes" tampoco viene muy al caso: cuando el auténtico Robert Graysmith vio la película, que refleja su monomanía con el Asesino del Zodiaco de forma muy poco favorecedora, no pudo evitar un comentario muy atinado: "Ahora entiendo por qué mi mujer me pidió el divorcio".

Un investigador intrépido, una mente diabólica y trastornada y un feroz duelo de ingenios que puede traducirse (o no) en un demoledor clímax de acción. Esos ingredientes han dado lugar a memorables thrillers made in Hollywood, incluyendo El silencio de los corderos y, en fin, la propia Seven. Pero Zodiac optó por saltárselos a la torera... y ese es uno de sus mayores atractivos. Si no el mayor.

Porque Zodiac Aspira ante todo a ser una crónica policíaca. Casi un reportaje, de hecho. Y, como tal, recoge los hechos (más o menos ficcionalizados) según el desarrollo habitual de una investigación.

Lo que quiere decir que sus protagonistas se aferran a pistas que a menudo les llevan a ninguna parte, se atienen a la evidencia forense (que, en la mayoría de los casos, no ayuda a esclarecer los crímenes) y, en general, dan palos de ciego contra una situación que les sobrepasa. Todo ello, mientras el asesino les provoca mediante sus famosas cartas. Algunas de las cuales, para colmo, podrían ser obra de bromistas sin relación con el caso.

Ahí está el reto que nos propone Zodiac: movernos en un mundo sin una "X" que marque el lugar, donde cada indicio llega tras mil tentativas infructuosas y donde la recompensa tras años de locura puede ser un momento inane que no contribuye a reparar nada. O ni siquiera eso, porque una investigación posterior puede echar por tierra la mejor de las teorías.

Posiblemente, la mayor colleja del filme a las ficciones sobre serial killers llega cuando los protagonistas asisten a la premiere de Harry el sucio, un clásico del cine inspirado por el caso del Zodiaco. Para recorrer un camino como este, parece decirnos el director, ningún equipaje es válido... y menos aún una Magnum del .44.


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