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Volver al Futuro

21/06/2012 11:50 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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El 10 de junio Henrique Capriles volvió a sorprender. Las calles de Caracas se convirtieron en un delta de gente apoyando su inscripción. Pegó primero y pegó bien. Movilizó una multitud incomparable.

El otro candidato, aunque modificó apresuradamente su "coreografía", perdió en demostración de fuerza y sólo pudo guapear con su traslado a la "papamóvil", parapeteando una frágil hazaña frente al empeño de voces opositoras en asegurar que la inscripción presencial nunca ocurriría. Uno de esos incomprensibles y viciosos modos de engancharse y reforzar la polarización.

La inscripción de Capriles no ha pasado a ser noticia de ayer porque no fue la convencional movilización partidista sino una reacción caraqueña al despotismo del régimen. Se hizo visible, frente a las banderas y símbolos partidistas, que los ciudadanos están tomando en sus manos la campaña.

En la calle, o mejor dicho las calles porque en vez de una fueron ocho movilizaciones, arraigó un nuevo encuentro entre partidos, organizaciones sociales y lo que con perfecta propiedad podrían llamarse ciudadanos de a pie.

La pluralidad multicolor del evento fue una señal del deseo de cambio que recorre subterráneamente a la sociedad, incluidos sectores que son proclives a respaldar las políticas oficiales. Pero hay diques que aún contienen ese impulso. Tanto en la comarca alternativa como en fuerzas que, aunque no se sienten atraídas por el continuismo, alargan su angustiosa espera de un beneficio que siempre se les pospone.

Los prejuicios y las diferencias artificiales han ayudado a levantar un muro para aislar y separar ideológicamente a quienes están destinados a formar parte de una nueva mayoría, plural y contradictoria, pero auténticamente justa, solidaria y democrática. Quitar esos ladrillos separadores es la tarea más urgente para favorecer las posibilidades de una victoria de Henrique Capriles.

No hay términos medios. Democracia o autocracia. Progreso o regresión. Oportunidades para todos o predominio de las imposiciones del Estado. No son nombres de candidatos sino sistemas productivos, regímenes políticos y estilos de vida lo que va a decidirse el 7 de octubre.

El poder que intenta perpetuarse quiere ocultar este dilema y enmascarar el fracaso de su destructiva gestión. Pero los hechos son más tercos que los discursos circulares del poder. Y sobre todo, ¿qué importa lo que hace y lo que ya no puede hacer un poder que se está cayendo pese a sus manotazos para retardar el final?

El soporte común de los éxitos de Capriles no es su legendaria buena suerte, aunque la siga teniendo como un talismán protector. Lo que llegó a su punto de no retorno es el agotamiento de setenta y cinco años de un populismo que ya dio todo lo que pudo en sus variantes democráticas, dictatoriales o neo-autoritarias.

El "proceso" es la última pretensión imposible de seguir corriendo la historia hacia atrás. En octubre comenzará el siglo XXI en Venezuela.

SIMÓN GARCÍA


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vozdevanguardia.blogspot.com
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