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Otra Vez El Flautista De HamelÍn

01/08/2015 05:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

image En un precioso cuento infantil de los hermanos Grimm, se narra que, en plena Edad Media, allá por el año 1284, la ciudad alemana de Hamelín había sido invadida por las ratas. Y aquellos pobres ciudadanos acabaron todos ellos terriblemente desmoralizados, ya que no encontraban la manera de acabar con semejante plaga. Y hasta resultaron tremendamente inútiles todos sus esfuerzos para frenar la desmesurada proliferación de tan antipáticos y molestos roedores.

Cando la desesperación de los aldeanos era ya máxima, llegó al pueblo un desconocido, vestido de arlequín, comprometiéndose a librarles de las ratas a cambio de una recompensa. Y los moradores de Hamelín aceptaron encantados aquella extraordinaria oferta. Y sin más preámbulos, el desconocido se puso a tocar su flauta. Y todas las ratas, atraídas por la música dulce de su flauta, empezaron a salir precipitadamente de sus agujeros y a caminar hacia el sitio donde sonaba la música. Cuando tuvo a todas esas ratas reunidas a su alrededor, el flautista empezó a caminar hacia el rio Weser y las ratas, cautivadas por su música, iban todas tras él, y al llegar al rio perecieron todas ahogadas.

Cumplida su misión, el hombre vestido de colores volvió al pueblo para cobrar su recompensa. Pero los aldeanos no quisieron saber nada del contrato adquirido y se negaron a pagarle. El flautista, sumamente enfadado, abandonó el pueblo, prometiendo que volvería muy pronto, pero, eso sí, con ánimo de revancha y en busca de la correspondiente venganza. Y Pedro Sánchez que, como un consumado flautista de Hamelín más, trata de castigar con todo cuidado a sus adversarios políticos, no se pierde ningún detalle.

Antes de las elecciones municipales y autonómicas del pasado mes de mayo, el secretario general del PSOE procuró marcar distancias insalvables con Podemos. Llegó a decir, no sin razón y a plena luz, que Pablo Iglesias miente más que hablaba, y "que hace de la mentira su forma de hacer política". Y se comprometió formalmente ante los principales empresarios españoles a no pactar jamás con Podemos, ni antes, ni después de las elecciones. Porque, según Pedro Sánchez, Podemos es una fuerza política claramente "populista". Y como dice muy bien el líder socialista, "El final del populismo es la Venezuela de Chávez, la pobreza (y) las cartillas de racionamiento".

Pero llegaron las elecciones del pasado 24 de mayo, y el partido de Pedro Sánchez obtiene un resultado electoral, incluso peor que en las elecciones municipales de mayo de 2011, que ya es decir. Y si el desconocido arlequín regresó al pueblo para vengarse de los aldeanos, el secretario general del PSOE acudió inmediatamente a reunirse con Pablo Iglesias, otro flautista de Hamelín, para vengarse de los ciudadanos españoles.

Aprovechando que los lugareños de Hamelín estaban reunidos en la iglesia, el inopinado cazador de ratas volvió a tocar su flauta y, como ya no había roedores, fueron los niños los que se sintieron subyugados por aquella extraña música y, según la versión original, los llevó hasta el rio Weser, donde perecieron todos ellos ahogados. Al líder socialista le faltó tiempo para concertar acuerdos con Podemos y entregarle los Ayuntamientos más importantes de España y alguna Autonomía que otra, realmente a cambio de nada o de muy poco. Y si Pablo Iglesias es un mentiroso compulsivo, resulta que Pedro Sánchez también miente, y no resulta nada fácil dictaminar, quién miente más de los dos.

Si es verdad que Pablo Iglesias miente más que habla, y si Podemos es una fuerza política abiertamente "populista", sin otra perspectiva que el hambre y las cartillas de racionamiento de la Venezuela de Chávez, ¿qué pinta Pedro Sánchez mendigando migajas de poder a las puertas del líder de Podemos? Una vez celebradas las elecciones municipales y autonómicas, a Pedro Sánchez, el otro flautista de Hamelín, le faltó mesura y dignidad y le sobró tiempo para concertar una reunión secreta con Iglesias, sabiendo que este, aparte de charlatanería y facundia, no puede aportar nada más que la indigencia y la miseria que ya han llevado a los países bolivarianos los mentores del líder de Podemos y que está a punto de consagrar en Grecia Alexis Tsipras.

Con ese absurdo chalaneo, el líder socialista se ha puesto al mismo nivel que el mandamás de Podemos. ¿Qué esperaba? ¿Pensaba, a caso, que dignificaba su persona colaborando en los despropósitos de un personaje tan falsario y embustero como Pablo Iglesias? Si va del brazo de un exaltado que miente a destajo y que, por añadidura, está instalado en el oscurantismo más extremo, es normal que, sin haber estado en las concentraciones de la Puerta de Sol, termine siendo un exaltado más, un oscurantista consumado que miente habitualmente con todo desparpajo y soltura.

Es verdad que el líder de Podemos presume abiertamente de honestidad y transparencia; repite una y otra vez las palabra "dignidad" y "democracia" como si fuera algo que hubiera inventado él. Y en su comportamiento particular ni aparece la honestidad ni la transparencia, y no hay ni asomo de dignidad ni democracia. La democracia interna en Podemos, que nos ofrece como modélica, no es nada más que un simulacro esperpéntico puesto al servicio de su propaganda. Y Pedro Sánchez no tiene inconveniente alguno en colaborar activamente con los siniestros comediantes de Podemos.

Y con tan intempestiva postura, el líder socialista está haciendo un flaco servicio al partido socialista y otro, no menos grave, a la sociedad española. A la vez que borra en el PSOE hasta el más insignificante vestigio socialdemócrata y lo hunde en la impostura y en el sectarismo más extremo, perpetúa y empeora la crisis económica que padecemos desde hace tanto tiempo. Y si el desconocido flautista regresó de incognito a Hamelín para cumplir su venganza, Pedro Sánchez, como buen flautista disfrazado de arlequín, hace lo propio uniendo sus fuerzas a Podemos

José Luis Valladares Fernández


Sobre esta noticia

Autor:
Valla (105 noticias)
Fuente:
joseluisvalladares.blogspot.com
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Tipo:
Reportaje
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