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La verdadera caída de Roma: El fin de Constantinopla

25/08/2017 04:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Por David Lorenzo

Constantino I "El Grande" logró unificar el Imperio Romano en uno el año 324. Anteriormente el Imperio había estado dividido en cuatro (las llamadas tetrarquías) y luego en tres (la triarquía). Finalmente el imperio estuvo partido en dos (diarquía) antes de que Constantino volviese a unificar todos estos territorios en un único emperador: él mismo.

Pero Constantino, a pesar de reunificar el imperio, sabía perfectamente que no iba a durar mucho tiempo. Solo mientras él viviera. Por ello y antes de su muerte aplicó dos estrategias para mantener cierta unificación:

  • Unificar culturalmente a todo el imperio mediante la imposición de una religión única. Eligió el cristianismo seguramente porque su madre, Helena, era cristiana y también porque era una religión en expansión entre las clases populares de toda Roma.
  • Dividir el imperio en dos. De esta forma evitaría que se formara de nuevo la tetrarquía. De forma consensuada se creaban dos Imperios con sus respectivos emperadores (o augustos) y sus príncipes (o césares), que ocuparían el cargo cuando los primeros muriesen.

Cuando dividió el imperio en dos tuvo claro que debía buscar un lugar privilegiado para la nueva capital del Imperio Oriental. La capital de occidente seguiría siendo Roma y en oriente se decidió por una ciudad llamada Bizancio. Esta pequeña ciudad gozaba de una gran abundancia siendo capital de Tracia. Sin embargo superó todavía más este poder cuando se convierte en la capital de uno de los imperios más duraderos de la historia: El Imperio Romano de Oriente.

La ciudad no fue elegida al azar. Tiene siete colinas, igual que Roma, lo que le daba cierto valor simbólico. Por otro lado el lugar en el que se localiza es inmejorable. Está en el Estrecho del Bósforo, que une el Mármara con el Mar Negro. Además la ciudad está una parte en Europa y la otra en Asia. Y por si fuera poco, en caso de ataque los barcos se podían resguardar en el llamado Cuerno de Oro. Una joya para el comercio.

En el año 330 Constantino la rebautiza con el nombre de Nea Roma Constantinopolis (Nueva Roma de Constantino), nombre que con el paso de los siglos finalmente acabó siendo Constantinopla. La nueva ciudad también nació con el objetivo de ser una de las capitales del cristianismo. La adaptación a la nueva religión fue más conflictiva en la capital del Imperio occidental.

Durante los primeros siglos ambas ciudades contaron prácticamente con los mismos privilegios. Las dos elegían a sus emperadores de forma libre. Tanto en Constantinopla como en Roma se contaba con un patriarca cristiano. Las relaciones en un comienzo fueron fluidas tanto en lo político como en lo religioso y comercial. Pero con el tiempo, por diferentes motivos se fue perdiendo el contacto.

Fue en el año 476 cuando se considera que cayó el Imperio Romano de Occidente. La antigua Roma finalmente sucumbió a Odoacro, rey de los hérulos (pueblo germánico o bárbaro). El último emperador romano, Rómulo Augústulo había sucumbido. Ya solo quedaba un imperio romano, el de oriente con capital en Constantinopla

Hay que tener en cuenta que aunque hoy conozcamos a este desaparecido imperio como Bizancio, su nombre siempre fue el de Imperio Romano de Oriente. Ellos se consideraban, desde el fin del Imperio de Occidente, los últimos descendientes directos de los romanos y los únicos mantenedores de su glorioso pasado.

Mientras que en el oeste de Europa comienza la Edad Media los bizantinos seguían viviendo en la gloriosa era de Roma. Constantinopla, su capital llegó, a tener más de un millón de habitantes Mientras tanto en el resto de Europa habían grandes ciudades que no superaban las cincuenta mil personas.

En la mayoría de los relatos de la época se ponían en valor las riquezas que guardaba Constantinopla. Poco tenían que envidiar a la antigua Roma, tanto en cantidad como en calidad. También se alababan sus defensas. Sus murallas la convertían en una ciudad casi inexpugnable. Ni siquiera el mismo Atila pudo entrar en la ciudad.

Gracias a las murallas Constantinopla pudo permanecer invicta (salvo con la entra de los cruzados a la ciudad en 1204) durante mil años. Pero su suerte estaba a punto de cambiar. Casualmente cuando Europa Occidental estaba recuperando de nuevo su pasado romano. La magnífica protección de la ciudad podía resistir cualquier arma de asedio medieval. Pero no tenía nada que hacer con la tecnología militar más avanzada: los cañones.

1453 es el año que elige el Sultán otomano Mehmed II para tomar la deseada ciudad de Constantinopla. En los últimos siglos ya los turcos-otomanos habían logrado reducir el poder de los Bizantinos, quienes habían entrado en una profunda decadencia por falta de provincias de las que recibir impuestos.

No cogió por sorpresa a los bizantinos el ataque de los musulmanes a la ciudad. Desde hacía ya varios años sabían que era cuestión de tiempo que les quisiesen despojar de Constantinopla. el propio emperador, Juan VIII ya había pedido apoyo de occidente sin mucho éxito. Menos ayuda logró su hermano, Constantino XI, cuando éste accedió al poder tras la muerte de Juan VIII.

La población en ese momento, de no más de cincuenta mil habitantes, era insuficiente para proteger la ciudad si los otomanos superaban los muros. Las murallas no podían tampoco soportar la artillería moderna (cañones) y la moral en general era baja.

Todos los bizantinos sabían que era cuestión de tiempo que Constantinopla cayera en manos de los otomanos. Finalmente el presagio se hizo realidad el 29 de mayo de 1453. El asedio había durado más de un mes y finalmente Mehmed II había hecho suya la ciudad.

En occidente la caída del Imperio Romano de Oriente y de su capital, Constantinopla, no fue tomada muy bien. Muchos lo consideraron una catástrofe y el posible fin del cristianismo. Realmente esto nunca ocurrió pero durante más de un siglo Europa Occidental sufrió el continuo ataque de los Otomanos en el Mediterráneo. No cabe duda que el fin de Constantinopla cambió para siempre Europa.

Para saber más:

  • Bádenas de la Peña, Perdro; Pérez Martín, Inmaculada (2003) Constantinopla 1453: mitos y realidades. Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas
  • Bravo, Antonio (1997) Perfiles de un Imperio. Madrid: Ediciones Akal

Sobre esta noticia

Autor:
Sixtojavier (1074 noticias)
Fuente:
revistabinter.com
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Tipo:
Reportaje
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