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Venezuela: Entre la tragedia humana y un modelo socialista que fracasó

03/08/2017 11:30 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Estas líneas pretenden describir a grosso modo la actual crisis que vive Venezuela que ha conllevado a un alzamiento cívico de más de 100 días y que ha dejado un saldo de 111 fallecidos

A lo largo y ancho de la geografía venezolana, el país está siendo sacudido por una explosión de protestas y saqueos protagonizados por sectores de la población que reclaman el acceso a los alimentos, a las medicinas y a una calidad de vida digna. Toda esta explosión deriva de la imposibilidad que tienen la mayor parte de los ciudadanos de cubrir el precio de los pocos alimentos con sus actuales ingresos. La inflación en Venezuela es tan galopante que se necesitan más de 10 salarios mínimos para tener acceso a la canasta alimentaria. 

En este sentido, se hace necesario tratar de comprender la actual situación del país desde todas las aristas, no sólo a nivel económico, sino también a nivel político y social. Estas líneas pretenden describir grosso la actual crisis que vive Venezuela que ha conllevado a un alzamiento cívico de más de 100 días y que ha dejado un saldo de 111 fallecidos.

Crisis político-institucional. Para tratar este punto es importante recordar que antes de las últimas elecciones legislativas (diciembre 2015), todos los partidos políticos de Venezuela opositores al chavismo llevaron a cabo una gran alianza a la que denominaron “Mesa de la Unidad Democrática” (MUD), esta coalición equivale a lo que sucedió en México con la alianza de los partidos opositores para combatir a un gobierno de extrema izquierda que tenía control sobre todo el país. En Venezuela, la situación de escasez y los altos niveles de inflación conllevaron a que el oficialismo perdiera dichas elecciones por un amplio margen. Luego, a sabiendas de que la oposición ganaría el control absoluto de la Asamblea Nacional (equivalente a la Cámara de Diputados) y antes de la toma de protesta de los nuevos diputados electos, Nicolás Maduro decidió reformar el Tribunal Supremo de Justicia (semejante a la Corte Suprema) para incrementar el número de magistrados y tener un control absoluto del poder judicial.

Este conflicto institucional fue aumentando hasta el punto de que para abril de 2017, el poder judicial decidió anular las competencias de la Asamblea Nacional y traspasarlas a su jurisdicción (aunado a la asunción de poderes extraordinarios en materia penal, militar, económica, social, política y civil por parte de Nicolás Maduro), ocasiona una crisis institucional sin parangón, conllevando a un alzamiento cívico caracterizado por protestas pacíficas.

En medio de estas protestas y ante la profunda crisis social y económica caracterizada por la escasez de alimentos y medicinas, creciente inseguridad y la recesión más larga y profunda de la historia contemporánea venezolana, el oficialismo ha recurrido a una nueva estrategia para mantenerse en el poder: convocar a una Asamblea Nacional Constituyente, la cual busca transformar el Estado y crear un nuevo ordenamiento jurídico[1]. Dicha convocatoria se caracteriza por ser inconstitucional debido a que viola el derecho a la consulta popular de acceder o no a una Asamblea Nacional Constituyente.

[1]Artículos 347 y 348 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.

¿Cómo la debilidad institucional conlleva a la crisis social?La literatura señala que instituciones débiles son el motor central de la fragilidad del Estado, ya que los sistemas políticos estables tienen instituciones que se refuerzan mutuamente y son capaces de manejar las tensiones sin que la población recurra a la violencia. Para comprender mejor esta debilidad del Estado, es importante entender dónde hay inestabilidad en las instituciones, las cuales pueden estar relacionadas con los incentivos que gobiernan el comportamiento de los grupos sociales, en particular con aquellos que poseen algún poder político. De esta manera, la teoría nos muestra que los mecanismos de selección de poder, el control del Estado por parte del Ejecutivo y la participación pública en procesos políticos son los tres componentes principales que explican la debilidad institucional.

Aunado a una debilidad institucional, los factores económicos tienen gran impacto en la fragilidad del Estado pero sus efectos son menos significativos que el impacto de las instituciones, ya que el desarrollo económico no es un requisito per se para prevenir la fragilidad de un Estado, pero una caída en la tasa de crecimiento de la economía conllevaría a que el desarrollo institucional del país sea más difícil que de otra manera. 

El nivel de la calidad de las instituciones ha empeorado desde 2010. Y es que, las desobediencias a la Constitución, la presión permanente del Poder Ejecutivo sobre los otros poderes, el propio funcionamiento bicefálico del Ejecutivo, los ataques abiertos (o solapados) a la prensa, entre otros; son manifestaciones de la fragilidad del Estado que vuelven mucho más vulnerable tanto a las instituciones como a la sociedad y determinan las adversidades que sufren los ciudadanos y constituyen sus preocupaciones prioritarias (seguridad, desempleo, economía, educación, salud) queden sin la debida respuesta.

En este sentido, el conflicto social y violento es la manifestación última de la fragilidad del Estado. Sin embargo, no es sólo un resultado de fragilidad, también puede ser un factor impulsor de la misma. Esto se debe a la reducción de los niveles del PIB, al incremento de la presión sobre las instituciones políticas y a las tensiones sociales que a menudo llegan a la prominencia como resultado de conflictos violentos.

Crisis económica. La crisis en Venezuela es de unas proporciones que difícilmente nos podemos imaginar. Para tener una idea de los problemas que enfrenta, veamos tres cosas: su producción (PIB), su inflación y su dependencia del petróleo. Aunque el Banco Central de Venezuela aún no ha publicado las estadísticas sobre estos y otros principales indicadores macroeconómicos, la cotidianidad muestra que esta crisis no se detiene.

La oferta de bienes y servicios en el país no se ha recuperado lo que augura que en 2017 la economía terminará el año aún más deteriorada que en 2016

El crecimiento económico implica estabilidad, es decir, mayores ingresos generan mayores inversiones y, por ende, más empleo y más producción. En Venezuela este crecimiento siempre se ha visto comprometido, sobre todo desde el inicio de la crisis económica en 2014. En este sentido, la evolución del PIB de Venezuela es ciertamente preocupante en los últimos cuatro años. Según datos del Fondo Monetario Internacional (FMI), la producción de bienes y servicios en el país caerá en 7, 4% para finales de 2017, mientras que para el año próximo se espera una contracción adicional de 4, 10%.

Aunado a esto, es importante señalar el papel que ha tenido la política monetaria. Entre una de las funciones que la Constitución le asigna al Banco Central se encuentra la estabilidad de los precios y la preservación del valor interno y externo de la moneda. Sobre esto, hay que admitir que el Instituto Emisor no puede cumplir por sí solo esas responsabilidades, ya que buena parte está condicionado por la política económica del Gobierno en cuanto a producción nacional, gastos sociales, sistema cambiario, importaciones, exportaciones y gasto fiscal.

En este sentido, está demostrado que si en la economía existe más dinero que productos para comprar, la escasez produce aumentos de precios, tal como se observa con los índices de inflación del país. Aunque el Banco Central aún no ha publicado las estadísticas sobre el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INCP), la cotidianidad muestra que la inflación no se detiene, por el contrario, se acelera y continúa siendo un problema grave para el país, y parte de esta problemática se observa precisamente por el incremento en la impresión de monedas y billetes (o liquidez monetaria).

De acuerdo al índice de precios que publica la Asamblea Nacional, la inflación acumula 176% en lo que va de 2017, con un promedio de 18, 5% mensual. Por su parte, el FMI prevé una inflación de 720, 4% para 2017, mientras que para 2018 espera que sea de 2.068, 49%.  Esto, debido a un incremento masivo de la liquidez monetaria, ya que un incremento constante de la cantidad de dinero circulando en la economía, en medio de una profunda recesión, resulta en cada vez más bolívares persiguiendo cada vez menos productos y servicios. En el primer semestre de 2017, el crecimiento de la liquidez se aceleró, pasando de Bs. 10, 4 billones en diciembre de 2016 a Bs. 20 billones en junio de 2017, lo que revela que en sólo 6 meses la liquidez se duplicó. Asimismo, entre el primer semestre de 2016 y el primer semestre de 2017 la liquidez creció 299%.

Por otra parte, cuando se habla de gasto público, los impuestos y el presupuesto del país surge la definición más conocida de “política fiscal”, siendo una de las políticas más importantes para el buen funcionamiento de las naciones, especialmente en Venezuela por su gran exposición a los cambios en los precios del petróleo en los últimos años.

Países como Chile, Perú, Colombia, Brasil y Argentina son estados que desean generar condiciones económicas estables, tendientes a generar más oportunidades mediante la aplicación de políticas coherentes en beneficio de los ciudadanos. En Venezuela ha ocurrido exactamente lo contrario, desde el inicio de la explotación petrolera donde se registraron períodos de notables bonanzas, nunca se establecieron políticas fiscales eficientes y la principal razón está en la falta de continuidad de las mismas. Es decir, estas políticas fiscales cambiaban dentro de un mismo período gubernamental o apenas llegaba un nuevo gobierno se sustituían. De esta manera, sólo se ha establecido un sistema inestable que no ha permitido para el país una estructura económica que genere crecimiento a largo plazo. Un ejemplo de ello ha sido las variaciones registradas en el Impuesto de Valor Agregado (IVA).

Dicho impuesto usa como base imponible los precios de los bienes y servicios que se ofrecen en la economía. En este sentido, la variación de los montos de recaudación del IVA son un indicador aproximado de la dirección y la magnitud en la variación de los precios. Aunque aún no se publican las estadísticas de junio, la recaudación del IVA hasta mayo ya indica que, durante el primer semestre de 2017, tuvo el incremento intersemestral (variación entre primer semestre 2016 y primer semestre de 2017) más alto registrado, con un incremento de 177%.

Cabe destacar que una economía en medio de una profunda recesión como la que atraviesa Venezuela, la recaudación tributaria debería estar cayendo, como consecuencia de la caída en la actividad comercial. Sin embargo, el acelerado crecimiento en el flujo de bolívares que ingresan mes a mes en la economía venezolana, altera los precios de la economía e incrementa –artificialmente- la recaudación tributaria. No es posible conocer cómo ha variado la recaudación tributaria real, debido a que se desconoce el INPC, pero tomando como referencia el índice publicado por la AN, la recaudación tributaria se habría contraído alrededor de 40%.

Todo lo anterior demuestra que la política fiscal no ha logrado mucho por la plena estabilidad de los precios debido a los altos índices de inflación que el país viene presentando hace varios años, siendo esta la más alta de Latinoamérica. Los constantes controles de precios y el posterior desabastecimiento de productos han demostrado la poca efectividad de estas medidas aplicadas por el gobierno, generando un decrecimiento en el nivel de vida de los venezolanos.

Por otro lado, el gobierno mantiene las políticas públicas enfocadas en el dominio del sector público en detrimento del sector privado, además de que la caída de los ingresos en divisas (por la caída del precio y de la producción petrolera), han reducido drásticamente las importaciones. En estas condiciones, la oferta de bienes y servicios en el país no se ha recuperado, al tiempo de que la liquidez monetaria se sigue expandiendo y aumentando la tasa a la que crece, lo que augura que en 2017 la economía terminará el año aún más deteriorada que en 2016.

El debilitamiento de las instituciones venezolanas han sido los motores fundamentales para que iniciara esta fuerte ola de protestas


Sobre esta noticia

Autor:
Fátima Chirinos (1 noticias)
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Tipo:
Opinión
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