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Venezuela: los cuervos de CÑM, digo, CNN

19/05/2014 15:10 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

CRÓNICA /image

Carlos Machado Villanueva / El Peatón06/05/2014Una de estas calurosas tardes caraqueñas me conseguí con mi amigo Roberto cuando venía de vuelta de llevar a su hija menor a una terapia de psicología para ver si con esta logra que la adolescente se recupere, dice él, de un estado emocional que a su parecer va más allá de lo que cabe esperarse en esta etapa tan ciertamente compleja de la vida de cualquier ser humano.Traté de tranquilizarlo y darle ánimo pero me dio la impresión de que no fueron muy efectivos mis intentos. Le recordé que tenía en mi casa el libro de "Cuentos de la selva" del escritor paraguayo Horacio Quiroga que le había ofrecido a la pequeña en un encuentro casual junto a él en la plaza Candelaria, ocasión en que le pregunté si le gustaba leer, a lo que me respondió que sí y que se había leído ya El Principito.Recuerdo que anduve pendiente desde entonces de encontrar el libro prometido y cuando pasaba por debajo de los elevados de San Bernardino o el de la avenida Fuerzas Armadas, el primero de hierro y este último de cemento, echaba siempre un ojo para ver si lo veía por ahí aunque fuese en esas montañas de libros de remate con un cartoncito que dice: "Todo lo que agarre a 20".A la final lo hallé en un stand de la última feria internacional del libro en la Plaza de Los Museos en una edición barata y no de muy buena calidad, muy inferior a aquella que alguna vez leí y que presentaba con cada cuento las ilustraciones correspondientes al tema, casualmente de la misma editorial.Sentí sin embargo una sensación de júbilo porque estaba logrando mi objetivo, cual no era otro que incentivar el hábito a la lectura en una adolescente; más aún en una como la hija de mi amigo, que atravesaba por un trance que no pensé que realmente fuera tan difícil.Recuerdo que la niña me preguntó de qué se trataba el libro cuando se lo ofrecí y le dije que se trataba de una de las obras de uno de los mejores cuentistas de Latinoamérica, el paraguayo Horacio Quiroga, y que contenía agradables cuentos ecológicos concebidos por este para niños y adolescentes. Ella se sonrío en señal de aceptación y de agrado.Bueno, lo cierto es que esa misma tarde del encuentro con su padre y cuando le hablaba sobre cómo nos pondríamos de acuerdo para entregárselo, con un repentino y no menos brusco gesto co su mano, me dijo. "No hombre, chico, no te preocupes, a esa carajita no le gusta leer. Ella te dijo que sí por quedar bien".De allí pasó a narrarme un incidente vivido entre ambos hacía pocos días en su apartamento, coincidentes estos con los hechos de violencia callejera protagonizados por jóvenes de clase media baja y alta contra un gobierno que, aunque legitimado por la mayoría de las y los electores venezolanos hacía casi un año, y sus insistentes llamados al diálogo y la paz a sus opositores, era acusado por estos de dictadura cruel.Roberto reprendía a su hija por las quejas recibidas de la directora de la escuela, una de monjas muy prestigiosa ubicada en la exclusiva urbanización San Bernardino. La pequeña junto a un grupo de compañeritos, al parecer se dedicaban a generar disturbios e infracciones a las normas de la institución cada vez con más frecuencia.Tratando de huir de la reprimenda paterna, la adolescente se encerró en su cuarto y aunque el padre cada vez con mayor tono de voz le insistió que abriera, finalmente debió buscar un destornillador y un martillo y forzar la cerradura.Al verlo entrar la adolescente le inquirió "¿Qué! ¿Me vas a matar? ¡Mátame pues, eso es lo que ustedes los chavistas hacen con las personas!". Roberto sintió de pronto como un vértigo y soltó las herramientas en señal de una dolorosa derrota, tumbándose en la cama.Tratando de volver en sí y con lágrimas en sus ojos le preguntó a su hija: "¿De dónde sacas tu esas ideas, hija?", y ella le respondería lacónica: "Pues de CNN, papá".Alberto la abrazó y comenzó a recordarle que sí, que él era chavista, pero que ella nunca había visto por parte de él una expresión de intolerancia contra sus adversarios políticos, y que incluso su esposa y su hija mayor que también le adversaban sus ideas, se respetaban.Así, seguiría recordándole situaciones, o mejor dicho, revelándoselas: como aquella cuando ella era apenas una niña de unos 9 años y su matrimonio entró en crisis por los niveles de intolerancia, en momentos similares de crispación política durante las "guarimbas" de 2004, lo que obligó a esta pareja a buscar ayuda especializada para salvar la familia, hasta lograrlo.Moraleja: Deja que CÑM, digo CNN, críe cuervos en tu casa, y te sacarán los ojos.

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Autor:
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Fuente:
fundacionlaplomada.blogspot.com
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