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El Venerable José Gregorio Hernández

05/10/2010 16:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Mostró una agnegada y desinteresada labor a favor del prójimo, por lo cual se convierte en un modelo a seguir para el pueblo venezolano y todo aquel que conoce de su vida y milagros. A 146 años de su natalicio es digno de recordar

El Dr. José Gregorio Hernández es, sin lugar a dudas, la figura más resaltante del siglo XX venezolano. Científico notable y cristiano ejemplar, supo combinar su actividad de médico, docente e investigador con la más profunda caridad y actitud de servicio a todos, especialmente a los más pobres. Poseía una de las virtudes que más escasean en estos días, donde el materialismo, el poder bélico, consumismo, pleitos y disputas entre hermanos, y paremos de contar, están acabando con lo poco que nos queda de humanidad. Es un ejemplo a seguir para todos los venezolanos. Nacido el 26 de Octubre de 1864 en el pueblo de Isnotú, Estado Trujillo, Venezuela. Crece en un ambiente sencillo de gente de campo. Son sus padres, Benigno Hernández y Josefa Antonia Cisneros, propietarios de la tienda del pueblo. Gregorio es el mayor de seis hermanos. Su madre, mujer muy piadosa, muere cuando él cuenta solo con ocho años de edad. Don Pedro Celestino Sánchez, primer maestro del pequeño Gregorio en Isnotú, supo descubrir las habilidades del niño y recomendó a su Padre que lo enviase a estudiar a Caracas. Allí cursa estudios de medicina con tal éxito que el Presidente de la República lo envió a la Universidad de París, a la Facultad de Medicina, para que desarrollara estudios en Microscopia, Histología Normal, Patología y Fisiología Experimental. Habiendo cumplido con sus compromisos Académicos y también con su familia, a la cual se trajo a vivir a Caracas ayudándola a encaminarse, José Gregorio quiso llevar a cabo su vocación religiosa. En 1908 entra en la Cartuja de Farneta y toma el nombre de "Hermano Marcelo". Pero nueve meses después de su ingreso, se enferma de tal manera que el Padre Superior le ordena regresar a Venezuela para recuperarse. Dios tiene otros planes para su siervo. José Gregorio por su parte nunca cedió en su amor por la Iglesia y la vida religiosa. Decía que el sacerdocio es "lo más grande que existe en la tierra". Llega a Caracas en abril de 1909 y ese mismo mes recibe permiso para ingresar en el seminario "Santa Rosa de Lima". Pero en lo más profundo de su corazón sigue anhelando la vida radical del monasterio. Pasados tres años, decide intentar de nuevo, esta vez parte a Roma con su hermana Isolina. Ingresó en los cursos de Teología en el colegio Pío Latino Americano pensando así prepararse para el monasterio. Pero una vez más sus planes se ven frustrados por una afección pulmonar que le forzó a retornar a Venezuela. José Gregorio ya no intenta más la vida religiosa. Entiende que Dios lo llama a la vida seglar. Será un seglar católico ejemplar sirviendo a Dios en sus hermanos desde su vocación de médico, pues así también se puede y se debe ser santo. Continuó ejerciendo como médico ejemplar. Dedicaba 2 horas diarias a servir a los pobres sin cobrar nada a cambio, proporcionándoles medicina y acudiendo hasta sus humildes hogares así se encontraran distantes. Un día, mientras cruzaba la calle para comprar medicinas a una anciana muy pobre, muere de forma trágica, es golpeado por un automóvil, cae al suelo y se golpea la cabeza con el borde de la acera, en la esquina de Amadores, La Pastora, Caracas, Venezuela, pueblo hoy integrado en Caracas. Sus restos reposan en el Templo de la Parroquia La Candelaria de esta ciudad, después de estar por mucho tiempo en el cementerio general del Sur. Una testigo declaró que José Gregorio, al ver que le venía el carro, exclamó: "¡Virgen Santísima!". Fue llevado en carrera al hospital, pero todos los esfuerzos por salvarle la vida fueron inútiles, un sacerdote alcanzó impartirle la Extrema Unción antes de que muriera. Caracas sintió mucho su muerte y se podía oír a la gente que decía: "ha muerto un santo". Fueron tantos los que asistieron a su velatorio que las autoridades civiles organizaron el desfile incesante. Venerado sobre todo en su patria y en Colombia, son incontables los que peregrinan a su pueblo natal para rezarle y ofrecer votos de ferviente admiración y agradecimiento. Se le recuerda con gran gratitud por su generosidad, rectitud y servicio a los pobres. La fama de santidad se propagó después de su muerte. Por eso el Arzobispado de Caracas inició la Causa de Beatificación y Canonización en 1948. El 16 de Enero de 1986, el Sumo Pontífice Juan Pablo II declaró solemnemente sus virtudes heroicas, por lo cual se le otorga el título de Venerable.

Supo combinar su actividad de médico, docente e investigador con la más profunda caridad y actitud de servicio a todos, especialmente a los más pobres


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