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¡Ven pa’ sacate mi consenso! (Claves para entender el largo camino del diálogo)

25/03/2014 08:40 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Sólo transitando la senda del 350 de forma integral lograremos abonar el terreno necesario para un verdadero diálogo de PAZ. Cualquier intento apresurado no será más que parte de un teatro infame

Así como el idioma es necesario para que dos personas puedan hablar y hacer común un conocimiento, es decir, comunicarse, igual para entablar un diálogo, sobre todo un "diálogo de paz" como el que merecemos todos los venezolanos, hacen falta también una serie de conceptos y paradigmas comunes que sirvan de puentes para que la comprensión mutua y la búsqueda de un acuerdo sean auténticos.  

Recuerdo, por ejemplo, el concepto de "consenso" que Juan Barreto me explicó un día cuando él era diputado de la bancada oficialista hace unos trece años. Palabras más, palabras menos, fue así: "Consenso es que yo te ponga una pistola en la cabeza para que hagas lo que yo quiera. tú igual puedes escoger. Si me dices que no, tú sabes a qué atenerte y habrá sido tu decisión. Ahora si me dices que sí, perfecto, hemos llegado a un consenso". Obviamente aquel concepto distaba mucho del que yo manejaba que no sólo era teórico sino también práctico, pues yo participaba en grupos ambientalistas que usaban el consenso como método de toma de decisiones. Sin embargo, mis habilidades sociales me decían que no tenía caso tratar de hacer común mi visión con Barreto porque estaba claro que aquello era una profunda convicción para él.

Para que no me digan que lo prejuzgaba, agregaré algunos datos que no sólo lo describen un poco más a él sino que, hoy más que nunca, ayudan a explicar el espíritu de la alta dirigencia chavista (esto incluye a todos los organismos e instituciones "independientes" del Estado que hoy actúan monolíticamente como extensiones del ejecutivo central, pero excluye al chavista de a pie, a ese hermano que aunque piense distinto padece por igual los males del país). Por aquel entonces, yo  aprovechaba mis conversaciones de pasillo en la UCV con Barreto para justamente tratar entender el chavismo desde adentro. Ahora no sabría decir si parafraseaba a Sun Tzu o a Maquiavelo (que eran probablemente sus autores de cabecera), pero cada vez que podía, sentenciaba con el peso de quien ostenta la verdad absoluta que "la política no es más que la postergación de la violencia".  Un día, con la misma naturalidad con la que brindaba detalles de primera fuente de las actividades de la FARC en Colombia ante sus alumnos en pleno salón de clases, me dijo que la oposición no tendría nunca ninguna posibilidad de nada porque ellos se habían dado a la tarea de infiltrar todas las instituciones. Más que el hecho en sí, me asombró la forma tan transparente con la que admitía su poca vocación democrática. Pero claro, ¿quién guardaría las apariencias por algo que en verdad le tiene sin cuidado? Sólo nos avergonzamos cuando traicionamos algo que sí valoramos. La democracia obviamente no estaba dentro de su sistema de valores. 

Hay que destacar que en aquel momento Chávez tenía todavía una oportunidad de oro única: no le debía favores a nadie, ni a partidos políticos ni a poderes económicos y su nivel de aceptación era abrumador. De haber querido (¿o sabido?) podría haber reunido todos los sectores para construir un proyecto de país desde un gran consenso nacional. Pero el discurso encendido de confrontación de épocas electorales se mantenía igual y las acusaciones y culpas iban unas tras otras contra la oposición como si ésta fuera la que gobernaba. Donde muchos veíamos la gran oportunidad del consenso, ellos sólo veían enemigos y así se preparaban para la guerra... Pero antes de hablar de guerra, hablemos de paz.

 

Cultura de PAZ

Es evidente que ante esas sutilezas conceptuales difícilmente hubiera logrado una verdadera comunicación con Barreto. Como mucho podíamos ejercitar un buen rato nuestras destrezas argumentativas en uno de esos típicos debates de entretenimiento estéril. Igual de evidente es que para quien crea que el consenso no es más que una linda utopía, ciertamente será así. Para poder tomar decisiones consensuadas por todos los factores involucrados con un tema, hace falta primero que todos los representantes de esos factores hayan cultivado o desarrollado cierta cultura de paz. En tiempos recientes he participado en consensos con representantes de las más diversas ideologías e intereses, desde miembros de movimientos okupas (invasores antisistema con una fuerte base ideológica de autogestión), miembros de juntas vecinales, representantes del ayuntamiento y otros organismos públicos, profesionales de compañías privadas, entre otros, pero todos con un piso común de valores que les permiten hacer realidad el consenso: La búsqueda del bien común por encima de los intereses particulares; el respeto por el otro entendiendo que sus derechos, necesidades y exigencias son tan legítimas como las propias; el respeto del tiempo y uso de la palabra de cada quien… Y así una cantidad de reglas y principios comunes de paz que, a decir verdad, en líneas generales, los venezolanos no acostumbramos a practicar mucho y por eso nos parece muchas veces que el consenso no es más que una linda teoría. Pero, ojo, no nos culpemos por esto. No se trata de una condición permanente. La cultura para la paz es algo que se siembra, crece y desarrolla, algo para lo que nos podemos y debemos educar y, ¡cuanto más pronto empecemos mejor!

 

Cultura para la guerra                

Así como podemos cultivarnos para la paz, también es posible hacerlo para la guerra. Entre estos dos extremos yo diría que la gran mayoría de los venezolanos hemos vivido por varias generaciones en el término medio, guiados principalmente por el sentido común. Puede que no sepamos mucho de consenso, pero sí sabemos de hermandad y compasión. Incluso mientras se añadían episodios de dictaduras y confrontaciones en la historia contemporánea mundial, nosotros destacábamos por escribir páginas de solidaridad y confraternidad. Por eso es que incluso hoy, después de 15 años de discursos y acciones de guerra fomentados desde el poder central, nos sigue sorprendiendo el odio tan despiadado con el que actúa la dictadura castromadurista a lo largo y ancho de toda su estructura de poder, desde sus fuerzas de choque armado en las calles, pasando por la indefensora del pueblo, la fiscalía, los tribunales, medios de comunicación, ministerios y demás organismos públicos hasta llegar a sus caras más visibles: Maduro y Cabello. Todo ese odio, toda esa forma tan inhumana de tratar al otro, no es propio del venezolano, no nos pertenece, es literalmente importado. 

Lo que más temen hoy los usurpadores de nuestra democracia es que se les rompa su consenso de terror de Estado

Es vital entender aquí que todos los que hoy ocupan altos cargos se formaron desde antes que Chávez llegara al poder en las lides de la guerra, es decir, en el arte de odiar. Ya fuera en Cuba, las FARC, el ELN o dónde fuere, esta gente sí se adoctrinó, entrenó y formó dentro de la cultura de la guerra y, claro está, en estos 15 años se han dado a la tarea de replicar estos centros de deformación humana en el país. De allí que haya habido tanto tráfico de "estudiantes" venezolanos a Cuba e "instructores" cubanos a Venezuela. De allí que sea tan difícil para la oposición lograr el primer paso básico para comunicarse con el gobierno que es ser reconocido, porque para odiar y poder matar sin remordimiento, también el primer paso es desconocer, despojar al otro de rostro o cualquier seña que nos recuerde que es humano, un humano igual que nosotros.        

 

Diálogo o dignidad

Hasta ahora cada vez que la oposición ha asistido al diálogo con el chavismo (contando sobre todo los "diálogos electorales") lo ha hecho con la pistola en la cabeza, lo que sólo ha servido para legitimarlos, decirles "sí, yo te reconozco aunque tú no me reconozcas a mí". Y en esa misma medida, la humillación les ha dado licencia para tratarnos como seres que no merecen ni el nombre, prácticamente insectos a los que dejan vivir de sus migajas siempre que no les molestemos... Sí, sé que suena muy fuerte decirlo así. Y no, no estoy incitando a la violencia o al rencor. No creo en las armas, como tampoco creo en los golpes armados, ni mucho menos en las intervenciones de los EEUU. Lo que quiero es que terminemos de entender de una vez con quiénes estamos lidiando y que en este momento no hay ningún indicio para pensar que pueda salir algo bueno de algún supuesto diálogo. No por ahora, por lo menos.

Siendo así, entonces lo que nos queda es continuar lo comenzado por los estudiantes hace mes y medio pero llevándolo a un nuevo nivel. No hablo de una salida masiva a la calle, sino del desconocimiento absoluto, generalizado y rotundo de toda la estructura del poder aplicado en todos los campos del quehacer ciudadano y por todo aquél que quiera un mejor futuro para Venezuela. Sí, ¡a ti que estás sentado te estoy hablando! Revisa el lugar que ocupas en la dinámica nacional. Reúnete con tus vecinos, compañeros de trabajo y otros círculos. Articula estrategias de resistencia NO-violenta que puedan debilitar las redes del poder. Hay que hallar sus puntos débiles. ¿Seguiremos acaso financiando las armas con las que matan a los estudiantes con el pago de nuestros impuestos? ¿Seguiremos votando con el actual CNE? Documéntate. Revisa otras experiencias exitosas de resistencia civil. Crea puentes con los sectores populares. Todos somos pueblo.

Hay cientos de estrategias distintas de protesta NO-violenta. La creatividad y la capacidad organizativa son los únicos límites. ¿Qué tal si en una empresa se reúnen los trabajadores y llegan a un acuerdo con los jefes para no atender más clientes gubernamentales? ¿Qué tal si se acuerdan planes de contingencia para atender las posibles sanciones por el impago de impuestos? ¿Cómo sería si todos los consumidores se abstuvieran de pronto de comprar ciertos productos o servicios que favorecen a algunos personeros del gobierno. ¿Qué decir si en este momento se produjese un paro nacional selectivo que sólo cortase los suministros oficialistas? El 350 integral es posible y debe comenzar cuanto antes.   

Lo que más temen hoy los usurpadores de nuestra democracia es que se les rompa su consenso de terror de Estado. Si sus pistolas ya no nos asustan, ellos sacarán entonces sus tanques y cañones, pero pierden de vista que con el 350 ya hemos recuperado nuestro valor más preciado: la dignidad. Con la dignidad de los estudiantes y la dignidad de quienes nos negamos a vivir resignados por los próximos 50 años, ya no habrá arma que nos doblegue. Este nuevo escenario los deja a ellos sin respuesta porque el único lenguaje que conocen es el de la intimidación y la violencia armada. Por ahora seguirán llamando al diálogo de la humillación con la misma ligereza con la que cacarean improperios. Pero sabremos que el 350 integral, aplicado con cabeza y estrategia  en puntos neurálgicos de la estructura chavista, sí está dando sus frutos, cuando dejen de cacarear y en lugar de llamar al diálogo vengan a negociar.

 


Sobre esta noticia

Autor:
Alejandro Ascanio Vernet (1 noticias)
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Tipo:
Opinión
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