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UPTAMCA. Me niego a aceptar esta realidad Institucional

06/11/2016 21:48 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Hoy en día me atrevo a hablar de precarización de la gestión institucional. En el sector estudiantil, nuestros jóvenes no reciben la debida atención en el tema cultural, deportivo y recreacional

El lugar de trabajo para muchos de nosotros representa el segundo hogar, en el transcurren buena parte de los mejores años de nuestra vida. Recuerdo que en mis tiempos de estudiante de esta institución, me maravillaba con la vaga posibilidad de llegar a formar parte de su cuerpo profesoral, esto en función de que tuve el privilegio de contar con profesores de altísima categoría, refriéndome a sus competencias profesionales, sentido de pertenecía, vocación de servicio y posición férrea ante cualquier circunstancia que pudiese alterar el debido funcionamiento institucional.  

Realmente era deseable para cualquier profesional tener la oportunidad de trabajar en una organización como el antiguo CULTCA, así como en casi todas las empresas públicas, dado que en esos tiempos, que parecen muy remotos, las organizaciones contaban con suficiente presupuesto para cubrir los costos del funcionamiento pleno. Esto incluía todo el programa de adiestramiento y desarrollo del personal, lo cual garantizaba la formación integral de los trabajadores, actualizándolos en las diversas innovaciones que aplicaran para su área, el funcionario además de recibir ese apoyo para optimizar su labor diaria, también adquiría herramientas para su retiro, en caso de querer independizarse por cuenta propia. No era el paraíso, pero las condiciones laborales eran satisfactorias, lo cual aunado a un sueldo con poder adquisitivo respetable, te atornillaba a tu puesto de trabajo. No podemos decir que aún es así, o que ha mejorado esa gestión sobre el talento humano del personal universitario.

También recuerdo que existía un elemento mágico que generaba un clima organizacional óptimo, en esos tiempos la institución tenía vida propia, brillaba en épocas como la navidad, los carnavales y semana santa. Justamente un elemento dinamizador era la incansable labor de Extensión Universitaria. Por esos años, el presupuesto institucional destinaba importantes recursos a esa tercera pata de la mesa que sostiene la gestión universitaria, junto a la vital Docencia e Investigación.

Hoy en día me atrevo a hablar de precarización de la gestión institucional. En el sector estudiantil, nuestros jóvenes no reciben la debida atención en el tema cultural, deportivo y recreacional. Se están perdiendo la insustituible experiencia de desarrollar sus potenciales habilidades histriónicas al no existir el teatro universitario, que tantas buenas experiencias generaron en el pasado, tampoco pueden formar parte del Orfeón, la Estudiantina, la Coral o el grupo de danzas, porque si estos cuerpos existen, se encuentran en una expresión muy disminuida que impide masificar estas actividades culturales a toda la población estudiantil. Hay quienes pensamos que esta fase de la vida universitaria contribuye más a la formación integral del egresado que la capacitación académica per sé.  

El Campus Universitario de nuestros estudiantes se restringe a un balcón o un pasillo

Con tristeza veo como mis estudiantes al salir de clase, se sientan en el piso rojo de la sede central para tratar de aprovechar la señal del WI-FI que es allí donde es más intensa -esto habla del nivel de desarrollo de los servicios tecnológicos con que cuenta esta Universidad- dado que el único espacio que permitía el encuentro en esta sede, era la cantina que se quemó hace más de un año y que no ha comenzado su restauración hasta fecha. El Campus Universitario de nuestros estudiantes se restringe a un balcón o un pasillo. Lo cual debería estar a punto con los 45 años de fundada que tiene nuestra ahora Universidad. Canchas deportivas adecuadas y suficientes, piscinas, espacios abiertos, residencias estudiantiles, no están en los planes de desarrollo de nuestro presupuesto perennemente deficitario. Asistir como en otrora, a un encuentro deportivo inter secciones, carreras o sedes, se quedó en el pasado, eso tampoco lo disfrutan nuestros estudiantes como atletas, ni nosotros como espectadores. Que agradable sería presenciar estos espectáculos extra cátedra.

En relación a otro gran programa, me atrevo a decir que la investigación universitaria nunca había estado tan debilitada en nuestra casa de estudios. Cuando vemos que el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) posee en su haber 80 premios Nobel entre sus egresados y profesores, simplemente asumimos que se trata de cosas de otro mundo, de gente sifrina. Nuestras capacidades para fomentar la investigación en los estudiantes y profesores son imperceptibles. La poca vinculación del alumnado con esta fundamental área, se reduce al proyecto socio comunitario y desatiende las infinitas potencialidades de proyectos privados que podrían ser favorecidos con el estímulo y los recursos adecuados, envolviéndolos en esa atmosfera mágica de los proyectos de investigación particulares, que podrían convertirse en sus modos de vida con grandes aportes a la institución y al país que tanto lo necesita. Ver como nuestros estudiantes no poseen proyectos académicos que a su vez podrían ser sus proyectos de vida simplemente es angustiante. En sus conversaciones no se distinguen frases como “estoy poniendo a punto mi nueva versión”, “estamos escogiendo las mejores vías de financiamiento” o “estoy realizando los trámites para exportar”.     

La docencia como el principal programa de la gestión universitaria no está en mejores condiciones. Igualmente la expresión de esta área es muy débil. Nos hemos acostumbrado a “dar clases” en circunstancias no favorables con aulas sin las condiciones adecuadas, servicios de apoyo estudiantil, como le comedor que no cubre los requerimientos nutricionales de los hijos de la patria con las mayores reservas de petróleo del mundo, como desayuno y cena se entrega una arepita, una empana o un tequeño con un vaso de aguas frescas -como dice el Chavo-. El almuerzo tampoco es meritorio de un halago. Los servicios médicos y odontológicos son insuficientes, así como el transporte, las becas y bibliotecas. Es decir, si para la razón de ser de esta institución que son los estudiantes no hay recursos ¿qué se puede esperar para el resto de la comunidad universitaria?   

Por eso insisto que ya es tiempo suficiente para evaluar la gestión de quienes llevan las riendas de  esta nueva Universidad, podemos ya determinar el estilo y enfoque de la tarea rectoral y manifiesto mi preocupación por lo que le depara esta inercia a la Casa de Estudios Superiores más importante de nuestra región. No me resigno a esta triste realidad. A mi modesto juicio bastaría con la restauración del deber ser institucional, establecido en los programas de Docencia, Extensión e Investigación, con una gestión efectiva desde el punto de vista de las metas, eficiente en el manejo de los recursos y sensible a las demandas de la comunidad universitaria, sin desatender los aportes de los paradigmas emergentes y la tecnología.

Nuestras capacidades para fomentar la investigación en los estudiantes y profesores son imperceptibles

 


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