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Uno de los grandes

05/05/2013 17:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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Cuidado, que viene uno de los grandes. Quique González presenta esta noche en Cádiz su "Delantera mítica". El poeta eléctrico, encumbrado en listas de ventas, elogiado por la crítica y abrazado por un público leal, camina por el lado agradecido de la vida, peleando a la contra, fiel a sí mismo. Quién le iba a decir al artista de Lavapiés, afincado en Cantabria cuando no duerme en hoteles, que quince años después de sus atribulados comienzos haría de su carrera un modo de vida, y de su repertorio, la banda sonora de otras muchas. Trabajito le ha costado.

Quique ha salido un rato de su universo personal para certificar que no le gusta cómo van las cosas en el mundo real. Tal vez, para la próxima, vuelva a replegarse en su quehacer sentimental diario, espejo de tantas canciones agridulces y rotundas, pero aquí está, zarandeado por las circunstancias, dispuesto a cantar alto y claro, suave y tierno, a los presidentes de la desesperación. Con el cuchillo entre los dientes. "¿Dónde está el dinero?", pregunta el juglar asombrado, indignado.

El chico que debutó en el Rincón del Arte Nuevo, que aprendió a componer durante una larga convalecencia tras un accidente de moto, y que perdió a su madre justo un mes después de estrenarse en directo, a los diecisiete años, se ha convertido en un clásico. Este año cumplirá cuarenta tacos. Se admiten apuestas sobre sus mejores discos, prueba irrefutable del nivel alcanzado. Acaso el hermoso "Salitre 48", el crudo "Kamikazes enamorados", el excesivo "Avería y redención" o el brillante "Pájaros mojados", plagado de piezas imprescindibles.

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Quique buscó un profesor de guitarra y encontró al maestro Carlos Raya (Mclan, Fito y Fitipaldis), con quien labró la senda. No fue fácil. Quique tenía madera de estrella del folk-rock hispano, pregonaban los buscadores de tesoros. Su primer disco, "Personal", no obtuvo, en cambio, el favor de público, ni el apoyo de la industria, tan cruel y torpe con el rock en este país. Nadie quiso asumir la responsabilidad del presunto fracaso, Quique anduvo perdido, hasta que tropezó, por así decirlo, en la misma piedra que el gran Enrique Urquijo. "Tienes un mes para darme una canción", le dijo el atormentado trovador de secretos. Quique le entregó una joya: "Aunque tú no lo sepas"., basada en un poema de Luis García Montero. El chaval triunfó, claro, pero no resultó suficiente, Urquijo murió en una casapuerta de Malasaña, Quique paseó sus nuevas canciones sin respuesta, hasta que la misma discográfica que le expulsó del redil, Universal, volvió sobre sus pasos en falso y editó "Salitre" sin más. Publicó las maquetas, diamante en bruto. Y Quique, que ya bajaba al Sur a menudo, vio la luz desde Conil de la Frontera, o se dejó llevar por los aires de Menorca, la ciudad del viento. Vuelta a empezar.

Rebelde, íntegro y coherente, Quique pugnó contra la mediocridad, en el momento crítico del negocio musical, y se retiró al azaroso rincón de la independencia, la autoedición. Tampoco fue fácil el viaje en comtramano, pero no había vuelta atrás, ni rendición. Quique reinventó su nombre, marcó el territorio con un extraordinario álbum en directo y se enroló en la otrora independiente Dro sin dejar de ser autónomo. González arriesga el dinero, se juega el tipo, se desnuda cada noche. Los dos últimos discos, grabados en la meca Nashville merced al impar Brad Jones, han asentado su carrera. Quique gasta ya sonido particular, un sello de distinción. Quizá, por ventura, no haya firmado aún su obra maestra, como su adorado Bob Dylan. Como sostiene José Ignacio Lapido, otra figura de primera categoría, otro poeta eléctrico que merece mayor ponderación, la independencia exige autoestima, dignidad e instinto de supervivencia.

De chico, Quique quiso ser lateral derecho del Madrid. No pasó la prueba. Ejerció de animador turístico en Mallorca, curreló en un Mc Donalds en Londres, golfeó con la aristocracia del barrio. Su padre siempre ha sido uno de sus mejores amigos. Y el cine, la manera de explicar la inexplicable. De ahí que escriba imágenes en modo automático. Suele demostrar buen gusto a la hora de fichar guitarristas de mente despierta, mete la gamba de vez en cuando en el Caralibro, como todo el mundo, y jamás reniega de los "putos héroes" que rondan por sus canciones: Neil Young, Wilco, Van Morrison, Tom Petty, los Secretos, Nacha Pop y un montón de poetas malditos.

Cierra Quique su semana andaluza en la sala Anfiteatro, a partir de las diez de la noche. Viene en forma, con nueva banda. Trae canciones de melancolía y pequeños rocanroles.


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Autor:
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Fuente:
rosasymosquitos.com
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Reportaje
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