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Un Haiku de dos horas...

20/04/2015 03:30 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Un Haiku de dos horas... Publicado en Noticias / por / el 20 abril, 2015 a las 10:00 am /

Cuando no se conoce o se esta? acostumbrado a la caracteri?stica forma de ser japonesa, resulta complicado declararse capaz de diferenciar entre lo que pudiera ser interpretacio?n excesiva y sobrecargada, o mera plasmacio?n de la natural manera de comunicarse del japone?s corriente. Aquellos que no hayan sido nunca consumidores de obras audiovisuales de origen japone?s encontrara?n dificultades a un doble nivel. Primero, en los rasgos propios del cara?cter nipo?n, sustentado a nuestros ojos en una excesiva contencio?n expresiva y una afeccio?n exagerada ante las emociones, asi? como un protocolo ri?gido en exceso o el hallazgo de motivos para rei?r o afligirse donde nosotros, quiza?, no los encontrari?amos. Y segundo, en la propia cultura narrativa, en la mismi?sima utilizacio?n del instrumento cinematogra?fico. A pesar de todo, en La Casa del Tejado Rojo, es placentero descubrir co?mo todos los elementos, en perfecta armoni?a, nos introducen paulatina e inevitablemente en la vida cotidiana de una familia burguesa de Tokyo, hasta llegar un momento en que sencillamente disfrutamos de lo comu?n, nos instalamos en la observacio?n y llegamos a compartir todo con los personajes, sus instantes y sus silencios. Es admirable co?mo se superan las evidentes diferencias de sensibilidad, y se llega a compartir la propia humanidad, distinta por fuera, pero la misma por dentro.

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Deliciosa en su sencillez, se trata de una pequen?a historia que transcurre, desapercibida, en un tiempo histo?ricamente grande. La peli?cula se despliega en tres niveles narrativos, siendo uno el tiempo presente, en que se nos presenta, con un arranque quiza? un poco artificial, el fallecimiento de Taki, la ti?a del joven Takeshi, una anciana mujer que nunca se caso?, y cuyos u?ltimos di?as despertaron en su sobrino un profundo intere?s por conocer ma?s a fondo su vida. Taki ha invertido gran parte de su tiempo libre en realizar su biografi?a, alentada constantemente por el joven, que se muestra particularmente interesado en conocer los detalles de sus experiencias amorosas. O de la ausencia de ellas.

Mientras uno de los hilos narrativos queda relegado al momento del fallecimiento, el velatorio, la recogida de sus enseres, la venta de la casa y, en definitiva, de todo lo que rodea a la ausencia del ser querido, un segundo hilo nos situ?a en esos u?ltimos di?as o semanas en que ti?a y sobrino se relacionan, siempre en un tira y afloja continuo que tiene como eje la biografi?a de Taki. Este nivel intermedio ejercera? las veces de coro narrador, comentando los sucesos concretos, equilibrando el tempo narrativo y complementando, fluida y apropiadamente, a la que es la li?nea principal: la historia de Taki, contada en su propio tiempo.

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El escenario de fondo de esa li?nea principal son los albores del belicismo imperialista japone?s, verdadero precursor de lo que luego se convertiri?a en la Segunda Guerra Mundial. Los ecos, primero lejanos, luego cada vez ma?s pro?ximos, de los acontecimientos que en ese momento sacuden la nacio?n de Hirohito, transforma?ndola en una ma?quina dispuesta para la guerra, resonara?n entre las paredes de la refinada y cuidada casa de los Hirai, la familia para la que trabaja como criada el personaje protagonista, que ha abandonado el norte humilde y rural, de nieves, campo y maneras incultas, para buscar un futuro en la ciudad. Asi?, el fantasma de la guerra evoluciona en el subtexto, ansiando impregnar las estancias de la modesta casa, cuya tranquilidad cotidiana se antoja, por momentos, inexpugnable. Al principio, cola?ndose como referencias anecdo?ticas en las conversaciones de los invitados. Luego tomando forma, ma?s ni?tidamente, dentro de la vida social diaria del pintoresco barrio del extrarradio de Tokyo. Y finalmente, aduen?a?ndose de los pensamientos de cada uno de los personajes, como una masa ensombrecida que acelera las emociones, radicaliza los instintos y, siempre respetando la moderacio?n y las particularidades del modo de ser japone?s, trastoca las vidas de los protagonistas, agazapada tras cada decisio?n. La falta quiza? de medios provoca, no obstante, que todo ese telo?n de fondo, de resonancias grandilocuentes, permanezca invisible a los ojos, sugerido tan so?lo a trave?s de ima?genes de archivo, rotativos de prensa de la e?poca o modestas

alusiones visuales, muy puntuales. ¿Le hace falta, realmente, ser capaz de escenificar ma?s expli?citamente el escenario de la guerra? No lo creo. Pero no puedo evitar pensar que, au?n cuando las referencias a la guerra introducen convincentemente el peso de su relevancia en la historia, una mayor capacidad de produccio?n hubiese elevado esta peli?cula a una categori?a comercial mucho ma?s justa para con el trabajo realizado. En cualquier caso, se construye una interesante dualidad entre el universo i?ntimo de la propia casa y el universo global externo, cuyas distantes fichas de domino? caen una sobre otra en la lejani?a, pero siempre amenazando con tocar de cerca sus vidas y quehaceres.

La Casa del Tejado Rojo transcurre liviana y discreta, para acabar con la vida, el amor y la muerte encontra?ndose en un suspiro, contenido y discreto. Una pluma al viento que, en los u?ltimos momentos, pesa ma?s y resulta ser ma?s densa de lo que nadie, en una primera mirada ingenua y condescendiente, hubiera imaginado. La fuerza de lo subyacente. La trascendencia grave de lo que hay ma?s alla? del silencio discreto y del te? que se sirve, libre de elipsis. El haiku hecho cine, y viceversa.


Sobre esta noticia

Autor:
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Fuente:
cineyear.com
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Tipo:
Reportaje
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