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Trump no sabe que hacer con tantos muertos no calculados

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06/04/2020 06:54 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Vamos a tardar en empezar a ver algo de luz al final del túnel, pero las próximas dos semanas serán muy pero que muy dolorosas", dijo en su comparecencia diaria ante los medios

El hombre que todo lo sabe y nunca se equivoca, tuvo el lunes un arrebato de humildad. Donald Trump se vio obligado a renunciar públicamente a sus planes para reabrir la actividad económica en Pascua. Después de que los modelos matemáticos que maneja su Administración le convencieran finalmente de que el covid-19 será una tragedia de grandes dimensiones. En una rueda de prensa mucho más sobria y comedida de lo habitual, el presidente predijo que el nuevo coronavirus dejará entre 100.000 y 240.000 muertos en Estados Unidos, una cifra que supera al total combinado de bajas estadounidenses en las guerras de Corea y Vietnam. "Vamos a tardar en empezar a ver algo de luz al final del túnel, pero las próximas dos semanas serán muy pero que muy dolorosas", dijo en su comparecencia diaria ante los medios.

Un médico realiza un test de coronavirus en Wuhan, China.

 

La inteligencia de EEUU cree que China falsea a la baja sus datos de coronavirus

Las proyecciones estadísticas citadas por Trump beben de varios estudios académicos, como el ya célebre del Imperial College de Londres u otro de la Universidad de Washington que predice que el pico de ingresos hospitalarios se producirá el 15 de abril, tres días después de la fecha que el presidente se había marcado para reabrir el país. Y la horquilla de muertos prevista refleja solo el mejor los escenarios posibles, que podría alcanzarse si se evita el colapso de los hospitales, llegan los respiradores reclamados y se mantienen las medidas de confinamiento y distanciamiento social. "Es duro. La gente está sufriendo. La gente está muriendo. Es incómodo desde el punto de vista social y económico, pero, si queremos salir de ésta, es la respuesta a nuestros problemas", dijo el director del instituto de enfermedades infecciosas, el doctor Anthony Fauci, uno de los héroes de esta crisis.

Trump no quiso, sin embargo, ordenar la cuarentena nacional y explicó que en gran medida sus prisas por reabrir el país se debían a las recomendaciones de sus amigos empresarios, que le habrían instado a dejar que el virus cumpliera su ciclo de devastación sin arrastrar a la economía en su camino. "Mucha gente me decía que navegásemos la ola tratándolo como una simple gripe. Pero esto no es la gripe, es mucho más cruel". Lo que sí hizo fue extender durante 30 días las medidas federales para mitigar la epidemia, unas medidas mucho menos ambiciosas hasta ahora que las adoptadas por los gobernadores y las adoptadas en países europeos..

Sin máscaras ni guantes y con la gente en la playa

En estados como Florida seguían abiertas las playasllenas de gente a rebosar, pero su gobernador se vio obligado a ordenar el martes el confinamiento de la población en sus casas tras ver cómo la Casa Blanca dejaba de cantar victoria y el número de contagios en su estado superaba los 7.000. En todo el país se han superado los 205.000 casos, que han dejado hasta ahora 4.500 fallecidos.

El principal vector de la crisis sigue instalado en Nueva York, donde su gobernador tomó medidas adicionales cerrando todos los parques de juegos para niños en la Gran Manzana. "Nunca volveremos a ser los mismos. No creo que volvamos a la normalidad", dijo Andrew Cuomo, informa Idoya Noain.

En el Congreso, mientras tanto, se empieza a hablar de un masivo programa de empleo federal para hacer frente a la debacle económica que se avecina. Algo parecido a lo que se ensayó durante el New Deal, en días de Roosevelt. Un paquete mayúsculo de inversión para reconstruir las infraestructuras o llevar la banda ancha de internet a todo el país, una idea a la que Trump dio todo su respaldo. 

“Nunca he perdido tanto dinero y nunca he trabajado tanto”. Es lo primero que dice el famoso chef José Andrés al teléfono desde Washington. No es un lamento: sencillamente, un modo de comenzar la charla sin edulcorantes, con la crudeza que merece la situación. Durante la charla, el cocinero manifiesta su voluntad de volar a España de inmediato: “He pedido el permiso”. Su ONG,  World Central Kitchen, actúa ya en Madrid, Valencia y Barcelona, en concreto, desde Terrassa, con el chef Carles Tejedor al frente. Otros colectivos como Health Warriors, Food for Good BCN, Gastrofira, Comer Contigo o Food 4 Heroes han prendido el fuego para auxiliar a necesitados.

Dar de comer al hambriento y dar de ver al sediento. Es lo que hacemos los cocineros. Es fácil de entender, ¿no?”

World Central Kitchen nació en el 2010 y el cometido es actuar en las emergencias, en huracanes, en terremotos. Una epidemia es otra cosa: “Va de menos a más, va aumentando. No hay nada destrozado, no es una guerra. Estamos ante una crisis humanitaria de proporciones bíblicas”.

Más tarde, desde Terrassa y tras haber mandado 1.600 comidas a un casal y un servicio de atención a inmigrantes y refugiados en Barcelona por encargo del Banc dels Aliments,  Tejedor dirá algo parecido: “Al estar prohibida la movilidad,  es muy complicado lo de los voluntarios. Mucha gente quiere colaborar pero hay que ver cómo. Problemas con el producto, con el empaquetado, con el etiquetado”. A partir del lunes dispondrá de bandejas con capacidad para un “plato único o combinado que pueda cubrir las necesidades”, lo que permitiría alcanzar las 2.000 comidas diarias. . Carles usa recursos e instalaciones del cátering Valors Food y tiene en mente encender otra llama en Barcelona: “Lo ideal sería que la Generalitat nos ofreciera las cocinas de un colegio”.

“En EEUU, estamos dando unas 120.000 comidas al día en unas 25 ciudades”, hace recuento José Andrés, y otras 30.000 en zonas en las que trabajaban antes del azote vírico, como Bahamas, Venezuela o Colombia. Aunque está a punto para redoblar esfuerzos: “En dos o tres meses podríamos estar en 250.000 comidas al día. En dos o tres años, hemos repartido unos 14 millones”. Las cifras son una medida de la necesidad. Y sin aportaciones públicas: el dinero sale de recursos propios o de donaciones privadas. Cuenta con la complicidad y el compromiso de gente como Leonardo DiCaprio o Laurene Powell, empresaria y viuda de Steve Jobs. Espera José que el Gobierno federal ayude, en algún momento, con los gastos. “Pero nosotros somos prácticos y no podemos esperar a que lleguen esos fondos. Esto costará mucho dinero. Veremos cómo se paga”.

Avirusndrés se pregunta por qué no se actuó antes: “Nosotros empezamos en Yokohama, en Japón”. Asistieron al pasaje de un crucero. Después atendieron también a los viajeros de otro barco, este en Oakland, California. “Seguía el 'coronavirus' desde Wuhan y mi cabeza ya llevaba dando vueltas a eso”. Cuando empezó en Washington habían comprado “miles de mascarillas”, que entregaron a los hospitales. “Es un poco raro que los cocineros llevemos mascarillas a los hospitales”. Habla de una ONU fallida y reclama auténticos dirigentes: “El liderazgo y la acción rápida son más importantes que un buen discurso”.

Celebra que haya organizaciones con cocineros dispuestos a enfundarse guantes y mascarillas, pero la dispersión podría ser estéril: “Hay que organizarse bien, hay que tener lógica, hay que centralizar las donaciones para que no se pierdan”. No se trata solo de la buena voluntad, sino de la eficacia.

Acude a los símiles militares, corrientes en estos días de trinchera: “La batalla cuerpo a cuerpo es en los hospitales, pero la guerrilla es en cada barrio, en cada calle, en cada edificio”. Y resume su quehacer con el evangelio, menos arrollador que la plaga bíblica del comienzo: Dar de comer al hambriento y dar de ver al sediento. Es lo que hacemos los cocineros. Es fácil de entender, ¿no?”.


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