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Los techos verdes en grandes ciudades, han mejorado el medioambiente, la vida de sus habitantes y bajado las temperaturas

04/12/2015 07:28 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Los tejados verdes ofrecen grandes ventajas a los edificios : mejoran su climatización, prolongan su vida, reducen el riesgo de inundaciones; filtran contaminantes y CO2 del aire; actuan como elemento acústico porque el suelo bloquea los sonidos de alta y ayuda en los de baja frecuencia

Techo verde o azotea verde o es el techo de un edificio que está parcial o totalmente cubierto de vegetación, ya sea en suelo o en un medio de cultivo apropiado. No se refiere a techos de color verde, como los de tejas de dicho color ni tampoco a techos con jardines en macetas. Se refiere en cambio a tecnologías usadas en los techos para mejorar el hábitat o ahorrar consumo de energía, es decir tecnologías que cumplen una función ecológica.

El término techo verde también se usa para indicar otras tecnologías "verdes", tales como paneles solares o módulos fotovoltaicos. Otros nombres para los techos verdes son techos vivientes y techos ecológicos.

Los techos verdes necesitan  mayores requisitos estructurales, muy especialmente los intensivos. Algunos edificios ya existentes no pueden ser modificados porque no soportarían el peso del suelo y vegetación. Los costos de mantenimiento pueden ser mayores según el tipo de techo. También es de importancia la impermeabilización al agua: instalar una adecuada capa impermeable y a prueba de raíces puede aumentar el costo de instalación.

El techo verde moderno, según la Academia de Ciencias de California, construido con cuidado mínimo cubierto con plantas del país o no nativas resiste mejor un clima riguroso que el inhóspito de un techo de tejas y no es más caro que aquel.

Los techos verdes se pueden aprovechar para cultivar frutas, verduras y flores y mejoran el clima del edificio, alargan la vida del techo; reducen el peligro inundaciones; filtrar contaminantes y CO2 del aire; actuar como elemento acústico porque el suelo bloquea los sonidos de baja frecuencia y las plantas los de alta frecuencia; filtran contaminantes y metales pesados del agua de lluvia; proteger la biodiversidad de zonas urbanas.

Un techo verde es un componente clave de un edificio autónomo. Un estudio realizado hace un tiempo por Brad Bass de la universidad de Toronto demostró que los techos verdes también reducen la pérdida de calor y reducen el consumo de energía en invierno.

En un estudio reciente sobre el impacto de estructuras verdes en la zona de Manchester los investigadores comprobaron que los techos verdes ayudaban a bajar las temperaturas especialmente en zonas urbanas: “agregar techos verdes a todas las estructuras puede tener un efecto dramático en la temperatura de la superficie, manteniendo la temperatura por debajo de los promedios de los años 1961-1990… Los techos verdes tienen mayor impacto, allí donde la proporción de edificios es alta y la de evaporación es baja. Por lo tanto la mayor diferencia ocurre en el centro de las poblaciones.”

Algunos techos verdes, dignos de imitarse son, por ejemplo, los jardines de cultivos intensivos como los techos de Manhattan. Los techos verdes pueden ser clasificados en intensivos, "semi-intensivos" o extensivos, según la profundidad del medio de cultivo y del grado de mantenimiento requerido. Los jardines en los techos tradicionales requieren un espesor de suelo considerable para cultivar plantas grandes y césped tradicional, se los considera "intensivos" porque requieren mucho trabajo, irrigación, abono y otros cuidados. Los techos intensivos son de tipo parque con fácil acceso y pueden incluir desde especias para la cocina hasta arbustos y árboles pequeños. Los techos "extensivos", en cambio están diseñados para requerir un mínimo de atención, tal vez desmalezar una vez al año o una aplicación de abono de acción lenta para estimular el crecimiento. En general los techos extensivos se visitan sólo para su mantenimiento. Se les puede cultivar en una capa muy delgada de suelo; la mayoría usa una fórmula especial de compost o incluso de "lana de roca" directamente encima de una membrana impermeable. Esto puede proveer sustrato para musgos y especies tales como Sedum.

Otra distinción importante son los techos horizontales o con pendiente. El declive de estos últimos reduce el riesgo de mal drenaje del agua, si bien presenta también mayores problemas para mantener húmeda la tierra.

También es envidiable el techo verde del Chicago City Hall, el ayuntamiento de la villa en Illinois.

Los techos verdes modernos colocados justo para mantener vegetación en un medio de cultivo son un fenómeno relativamente reciente. Sin embargo los países escandinavos han usado techos de pasto por muchos siglos. La tendencia moderna comenzó cuando Alemania desarrolló los primeros en la década de 1960 y ahora se han extendido a muchos países. Se calcula que alrededor del 10% de los techos en Alemania son verdes. Se están volviendo populares en Europa y en Estados Unidos.

Algunos países europeos, incluyendo Alemania, Suiza, Holanda, Hungría, Suecia y el Reino Unido, tienen asociaciones que fomentan los techos verdes. La ciudad de Linz en Austria paga a los constructores para que instalen techos verdes. En Suiza hay incluso una ley federal sobre techos verdes. Gran Bretaña comenzó lentamente pero las políticas sobre este tema han alcanzado fuerza, especialmente en Londres y Sheffield.

Combatir el efecto de “isla de calor” es otra razón importante para construir techos verdes. Los edificios tradicionales absorben la radiación solar y después la emiten en forma de calor, haciendo que las ciudades tengan temperaturas por lo menos 4° C más altas que las zonas circundantes. En el techo del City Hall de Chicago la temperatura en días muy calientes suele ser 1, 4 a 4, 4° C mucho más baja que la de los edificios tradicionales circundantes.

Suiza tiene uno de los techos verdes más antiguos de Europa, creado en 1919 en la planta de purificación de agua del lago Moos, Wallishofen, Zúrich. Sus tanques de filtración tienen techos de hormigón armado de 30.000 metros cuadrados. Para mantenerlos frescos y evitar el crecimiento de bacterias tiene una capa de arenisca de 15 cm. provista de una capa aisladora de asfalto. Encima de esto se ha colocado una especie de prado con plantas de numerosas clases especies, algunas de las cuales se encuentran extintas localmente.

En la Academia de Ciencias de California (San Francisco) está en construcción un techo ondulante.

En Francia hay un enorme techo verde de 8.000 m2 que ha sido incorporado dentro del nuevo museo L'Historial de la Vendée que se inauguró hace años. El nuevo edificio de la Academia de Ciencias de California, se encuentra en construcción en el parque Golden Gate de San Francisco el un techo verde  proveerá casi una hectárea de vegetación nativa designada para proteger algunas especies locales en peligro.

El Ayuntamiento de Barcelona ha emprendido desde 2014 una amplia campaña de renaturalización de los tejados, cubiertas y balcones de la capital. La motivación principal no es sólo repintar la cara a la ciudad, sino dotarla de cubiertas vegetales que permitan la captación de agua de lluvia y la absorción de CO2.

Barcelona ofrece grandes posibilidades de desarrollar las cubiertas vegetales (terrazas ajardinadas) en sus edificios. El ajardinamiento de las azoteas es una tendencia incipiente, como atestiguan algunas edificaciones destinadas a oficinas, hoteles o sedes corporativas. "La jardinería de las terrazas no debe ser valorada sólo por sus aspectos decorativos, sino porque permite que la vegetación se considere como un elemento más de la construcción dentro de las ciudades", explica Felip Pich-Aguilera, arquitecto pionero en la incorporación de valores a la edificación (ahorro energético, reciclados, jardinería...).

Los arquitectos señalan como lugares idóneos para estas transformaciones las terrazas más cálidas, que sufren una fuerte insolación, pues el ajardinamiento actúa como colchón climático para hacer que el interior de la vivienda sea fresco y confortable. La arquitectura verde (tendencia a naturalizar los sistemas constructivos) "va a más", agrega Pich-Aguilera, que advierte un interés creciente el sector de oficinas, los hoteles o el ámbito doméstico para crear estos ambientes.

El ajardinamiento de balcones y terrazas permite revalorizar y dar identidad a los exteriores de los edificios, pero sobre todo ayuda a crear "un filtro climático entre el exterior y el interior de las viviendas", agrega el arquitecto. No sólo ayuda a refrescar la viviendas, sino también a depurar el aire, puesto que "las plantas y la vegetación transforman el CO2 en oxígeno".

En esta aventura, el Ayuntamiento de Barcelona no parte de cero. Ya se ha recorrido cierto camino. En la actualidad, cualquier construcción nueva que se lleve a cabo ya plantea la instalación de una cubierta verde, ligada a la implantación de sistemas de captación de energía.

Joan Puigdollers admite serias dificultades. De entrada, resolver los problemas técnicos que las cubiertas verdes plantean a la hora de determinar las estructuras de los edificios. Y, ese condicionante técnico conlleva casi siempre un encarecimiento de la construcción, un factor muy que tener en cuenta momentos de crisis.

Tambien se consideran verdes los paneles solares o módulos fotovoltacos

 Es una de las opciones del Verd i de la BiodiversitatLa, la rentabilización de los denominados "espacios de oportunidad" -entre los que se incluirían las cubiertas de edificios, terrados, balcones y muros- que prevee el Pla de Barcelona 2020 que fue aprobado el año pasado es decir un año antes que el de Francia.

Las cubiertas vegetales pueden ayudar a mitigar el efecto isla de calor típico de las ciudades. "La idea de crear cubiertas verdes o cubiertas frescas es positivo, pues amortigua el calor sobre la superficie, proporciona más confort, ahorra refrigeración y da un aspecto interesante a los edificios", explica Javier Martín Vide, catedrático de Geografía Física de la Universitat de Barcelona y especialista en climatología, que valora la reducción de consumos energéticos.

También entidades privadas, como alguna escuela de negocios y algunos hoteles, como el Omm -su restaurante, el Roca Moo- dispone incluso de un huerto elevado en el que se cultivan algunos de los productos que sirve a sus clientes-, han dado pasos en la misma dirección.El potencial de crecimiento es grande. Un estudio realizado por el Ayuntamiento cifra en algo más de 2.600 hectáreas la superficie de Barcelona que está edificada, lo que equivale aproximadamente a una cuarta parte de la extensión del municipio.El 67% de las cubiertas de las edificaciones son terrados y azoteas planos, el 13% correspondería a cubiertas de tejas con pendiente y el 20% restante a cubiertas ligeras. Lógicamente, no toda esa extensión de terreno elevado es susceptible de acabar convirtiéndose en nuevo verde urbano.

Un factor que impide ir más allá- como en Paris- es el hecho de la antigüedad del parque inmobiliario barcelonés: seis de cada diez edificios de viviendas de la ciudad fueron construidos con anterioridad a 1960. Una gran mayoría de ellos -y también buena parte de las edificaciones posteriores a esa fecha- no son compatibles con un ajardinamiento a gran escala... pero  admitirían, por lo menos, unas más modestas macetas o jardineras.

En una ciudad tan construida y compacta como es Barcelona, en la que no resulta nada sencillo aumentar la superficie de parques y jardines -si bien para los próximos años están previstas nuevas conquistas de la magnitud del parque lineal de Sant Andreu-Sagrera, con extensión de unas 40 hectáreas, más del doble que el parque de la Ciutadella-, los jardines de altura constituyen, si no una alternativa, sí al menos un buen complemento.

Según los técnicos, los beneficios que puedan aportar a la mejora de la calidad de vida son diversos. A los de carácter estético, hay que sumar el factor de la biodiversidad y el ahorro de energía que permite la vegetación al actuar como elemento aislante. Asimismo, contribuye a incrementar la calidad del aire al absorber partículas contaminantes, CO2 o, simplemente, polvo, y ayuda a aprovechar mejor el agua de lluvia.

Javier Martín Vide, catedrático de Geografía Física de la Universitat de Barcelona, afirma que las ciudades tienen un microclima, fruto del consumo de combustibles fósiles (petróleo, gas...) y otras fuentes energéticas (alumbrado, metro, aires acondicionados). Por eso, hace más calor en el centro que en la periferia o las zonas rurales. Esta anomalía es más ostensible en el horario nocturno, pues de día la contaminación la enmascara.

La promoción de las cubiertas vegetales en las azoteas y los patios de Barcelona se enmarca en una estrategia mucho más amplia y que incluye operaciones mucho más ambiciosas, como la de hacer penetrar el verde en la ciudad desde Collserola hasta prácticamente el mar mediante corredores urbanos -franjas con presencia dominante de vegetación y de uso prioritario de peatones y ciclistas-, como el que ha de conectar el parque de la Ciutadella con los Tres Turons a través del paseo de Sant Joan o como el que, procedente de la ribera del Besòs, el nuevo parque de la Sagrera y la reformada plaza de las Glòries, alcanzará también la Ciutadella.

En una ciudad mediterránea como Barcelona, los terrados han cumplido históricamente una función socializadora y han suplido la falta de espacio de las viviendas de la ciudad para tender la ropa lavada, escenario de juegos infantiles y de verbenas y punto de encuentro de los vecinos.

En el futuro están llamados a paliar otro déficit de la ciudad, la escasez de zonas verdes. Estudios hechos hace unos años indican que la proporción de zona verde por habitante de Barcelona -siempre que no se tenga en cuenta la masa forestal de Collserola- apenas alcanza la mitad de la media recomendada por la Organización Mundial de la Salud, cifrada en 15 metros cuadrados por persona.

La capital catalana dispone de unas 560 hectáreas de parque urbano (contando las casi 200 de la montaña de Montjuïc) repartidas por sus diez distritos y se da la circunstancia de que el de mayor población, el Eixample (más de 264.000 habitantes) es también el peor dotado en este sentido, con sólo 11 hectáreas de parque. Además, en las calles de Barcelona existe una población arbórea de unos 162.000 ejemplares. Tocan, así pues, a un árbol por cada diez barceloneses.

Pero en el sector doméstico, esta transformación presenta más dificultades, puesto que los tejados están llenos de instalaciones que hipotecan el espacio (equipos de aire acondicionado, trasteros...). Aun así, los expertos consultados ven con muy buenos ojos la iniciativa del Ayuntamiento de Barcelona de emprender una campaña de renaturalización de las azoteas de la ciudad.

Àlex Puig, gerente de Vivers Ter, destaca que los edificios nuevos son los que están en mejores condiciones para abordar esta transformación. "Los tejados ya existentes están llenos de instalaciones, como maquinarias o trasteros. Se debe cambiar el formato de la edificación. No obstante, hay posibilidades de crear microjardines. Es cuestión de ver previamente cuál es la situación de los tejados y plantearse si se puede hacer", agrega.

El tópico dice que el jardín en un tejado es sinónimo de goteras. Pero esta es una idea antigua, pues hay elementos impermeabilizantes eficaces y seguros si están bien aplicados. Las soluciones que ha aplicado Vivers Ter son tan adaptables que incluso su ajardinamiento es compatible con las placas fotovoltaicas o los captadores solares térmicos. "Son fórmulas que permiten crear un espacio vecinal colectivo, como instalar una tele e invitar a la comunidad a ver un partido", destaca Puig.

Soluciones técnicas para reducir peso con ayuda del sistemas hortofrutócola 

Pich-Aguilera destaca numerosas técnicas que permiten reducir peso, entre ellas los sistemas hidropónicos (introducidos por el sector hortofrutícola), que permiten acondicionar las plantas sin necesidad de tierra y que hacen que, incluso, esta crezca con mayor intensidad, gracias a que en el riego se aportan los nutrientes que necesita la planta.

 

Para fomentar la conciencia ecológica entre sus trabajadores y el público en general, en 2011, el Infonnavit inauguró la azotea verde más grande de Latinoamérica. Esta azotea verde tiene 5.000 metros cuadrados, gran variedad de plantas, 300 metros de pista para hacer footing y un espacio para ejercitarse en yoga.

Los especialistas que desarrollaron el proyecto recomendaron un sistema para impermeabilización de cubiertas, resistente a raíces que  no necesita y libre de mantenimiento especial.

El entonces Presidente de México, Felipe Calderón Hinojosa, con la finalidad de seguir fomentando la conciencia ecológica, ordenó que se replique el esfuerzo en todas las dependencias del Gobierno Federal.

Las cubiertas ajardinadas incorporan bajo la tierra una lámina geotextil antirraíces para evitar que filtraciones de arena puedan obstruir los drenajes, así como para impedir que las raíces de las plantas puedan dañar los elementos inferiores de la construcción. También suelen incorporar paneles de nódulos, que poseen relieves en forma de botón donde pueden embalsar una pequeña cantidad de agua. De esta manera, las plantas pueden acceder a esa reserva en temporadas secas. Bajo estas láminas se ubica el aislamiento térmico (normalmente paneles rígidos) para soportar el peso de la tierra y las plantas sin deformarse y la lámina impermeabilizante del propio edificio.

 


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