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El Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo-Colombia

08/03/2011 11:19 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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Tiene una capacidad para 1.300 espectadores y fue construido con el fin de presentar todo tipo de espectáculos de ópera y musicales, conciertos, ballet clásico, danza contemporánea y obras de teatro.

Cuenta con tres niveles (Platea, Balcón 1 y Balcón 2) y un espacio diseñado para que todos los espectadores tengan desde cualquier localidad una excelente vista y recepción sonora, desde el que está muy cerca del escenario, como el que se ubique en la última fila de la sala, a 28 metros de distancia.

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El Teatro Mayor fue construido pensando no sólo en la comodidad del público, sino también en la de los artistas. Por eso tiene cinco camerinos y vestuarios, así como un cuarto especial con el fin de que los artistas tengan un espacio apropiado para realizar los respectivos calentamientos previos a las presentaciones. De igual forma tiene una amplia zona de descarga de escenografía que va directo al escenario, generando una gran facilidad para traer todo tipo de espectáculos.

Cuenta con un foso de orquesta de 7.70 x 20.40 metros, con capacidad para 75 músicos y estructurado por dos plataformas móviles que permiten subir y bajar la orquesta.

La tramoya tiene 49 barras para subir y bajar luces, escenografías y telones, 2 puentes de iluminación y un espacio para seguidoras de luces.

La vuelta al mundo

Pocas veces tenemos en Bogotá la posibilidad de pensar en programarnos con anticipación para disfrutar de grandes espectáculos en vivo. Exceptuando algunas instituciones que confirman la regla, nuestros eventos culturales, por razones que podemos adivinar sin mayores esfuerzos, van organizando sus agendas en la medida en que corre el tiempo. Esta característica de nuestra oferta artística bogotana ha cambiado radicalmente, con la aparición del Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo. Inaugurado en el mes de mayo del año 2010, gracias a los beneficios de la administración distrital y la empresa privada, el Centro Cultural que lo acoge se ha convertido en el referente más ambicioso, en materia cultural, de la ciudad. No sólo cuenta con una mega-biblioteca con capacidad hasta de 150 mil libros, como asegura su entusiasta publicidad; no es importante únicamente por sus adelantadísimos servicios de consulta, de video, de espacios de diversión, por sus salas de exposiciones o por el ambiente de acogedora imponencia que cobija a sus visitantes. Creo que la importancia de fondo que tiene este lugar radica en el hecho de que, poco a poco, Bogotá se va conectando con el espectro cultural internacional.

mayor1Teresa Salgueiro, voz de Madredeus, Portugal.

Quien esto escribe ha sido, desde su más tierna infancia, de «profesión, espectador». He disfrutado desde niño de todo lo que tenga que ver con la confrontación estética entre un público que busca y un objeto artístico que se pone al frente del mismo. El hecho de que hoy por hoy se consolide un lugar de las dimensiones del Centro Cultural Julio Mario Santo Domingo, es un triunfo de nuestros más preciados anhelos. Y poco a poco nos vamos acostumbrando a su arriesgadísima oferta de espectáculos. Sin embargo, como somos un país de polemistas, yo recuerdo que, en años no muy lejanos, nos quejábamos nostálgicos porque en Colombia no se veía casi nada del repertorio artístico mundial y, para poder saber lo que sucedía más allá de nuestras fronteras, había que salir de nuestros estrechos límites. Ahora, cuando el Teatro Mayor nos ofrece un volumen extraordinario de espectáculos escénicos, no son extrañas las voces que se quejan porque «hay demasiado» y «no se puede ir a todo».

Foto: Carol Friedman

Jessye Norman, soprano estadounidense.

Yo no sé qué es más censurable: si pecar por defecto o por exceso, pero no es muy difícil imaginar mis preferencias. Ahora, en nuestro convulsionado presente, los espectadores colombianos podemos acercarnos a muchos momentos fundamentales de la escena mundial en un espacio con todas las condiciones ideales para su disfrute, sin necesidad de salir de casa. Hasta bien entrada la década del setenta del milenio pasado, en Colombia se podían ver espectáculos artísticos de alto nivel y los visitantes internacionales aparecían con relativa frecuencia. Luego, la horrible noche de nuestros conflictos apagó la posibilidad de confrontarnos con el mundo. Pero, por fortuna, el asunto ha ido cambiando. El año pasado, para no ir más lejos, en el 'Santo Domingo' tuvimos personalidades inmensas del mundo de la música como Daniel Barenboim, Gustavo Dudamel, Jessye Norman o Cyprien Katsaris. Los que nos movemos en el universo de las artes escénicas tuvimos invitados de privilegio como el grupo de danza moderna Pilobulos, o el de teatro La Cuadra de Sevilla. La lista es muy larga y creo que cualquiera puede realizar su propio balance, acercándose a los archivos virtuales del teatro.

El pianista y director Daniel Barenboim.

La oferta y la demanda

Este año, el asunto se multiplica puesto que la lista suma, sin entrar en demasiados detalles, mucho más de 50 espectáculos de primera calidad, no sólo en la sala para 1.200 espectadores, sino en la sala alterna donde se pueden ver las nuevas propuestas de la escena nacional. El aficionado, el curioso, el despistado, el neófito, el exigente, todos, nos hemos encontrado con una sábana de programación atortolante, que nos obliga a aprender a organizarnos y no perdernos de lo que el Santo Domingo nos ofrece. Para comenzar, en enero se abrieron sus puertas con un nombre mítico para los amantes de las transformaciones sonoras de la segunda mitad del siglo XX. Se trató de la presencia del gran compositor norteamericano Philip Glass, figura ya legendaria en el espectro musical de nuestros tiempos. Pero no sólo es importante que un nombre emblemático como el del creador de Einstein on the beach estuviese entre nosotros, sino que daba gusto ver agotada la boletería y el público asistiendo entusiasta a llenar las localidades. Porque no se trata solamente de decir que los espectáculos vienen, sino de que exista un público que se interese por ellos. Y para que el asunto funcione, se necesita un equipo de profesionales que, como el comandado por su director, Ramiro Osorio, en el Teatro Mayor, garantice la estrategia para 'la invención' de los espectadores.

A lo largo del año, a su vez, vendrán grandes intérpretes del teclado, como la colombiana Blanca Uribe, el dúo BDB de España, de nuevo el gran Cyprien Katsaris de Francia/Chipre, Pascal Rogé, de Francia, Vladimir Feltsman, de Rusia/USA, Simon Mulligan y Peter Donohoe, de Inglaterra, Gabriela Montero, de Venezuela o la sorprendente colombiana Claudia Calderón.

Foto: Alejandro Flórez Aguirre

Philip Glass, compositor estadounidense.

Asimismo, otro grupo de solistas será el encargado de consolidar el impacto de la programación del Teatro Mayor: virtuosos como el violinista israelí Itzhak Perlman, el chelista alemán Johannes Moser, el violinista austríaco Benjamin Schmid, el ensamble de percusión mexicana Tambuco o el Cuarteto Latinoamericano de Cuerdas de México, están en la cartelera central del Santo Domingo . Con ellos, comparten presencia la Orquesta Filarmónica de Bogotá, la Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia o la Orquesta Sinfónica del Estado de México, con solistas como Johannes Moser, Vicente Amigo, Benjamin Schmid o Gabriela Montero. Y, sumándose a la lista, estarán el barítono ruso Dmitri Aleksandrovich Hvorostovsky y el tenor mexicano Ramón Vargas.

En cuanto a lo que se conoce como 'Músicas del Mundo', el asunto también es especial: un homenaje a nuestra representante en la World Music, Totó la Momposina, comparte presencia con el lanzamiento de la versión 44 del Festival de la Leyenda Vallenata, así como la gran Cesaria Évora, de Cabo Verde, la cantante de fado portuguesa Teresa Salgueiro, nuestro grupo derock Los Aterciopelados, el grupo de jazz, góspel y R& B Take 6, o Djavan, del Brasil. Si usted, lector, se entusiasma con el flamenco, allí tendremos al guitarrista Tomatito, al Pele y a Dorantes, a Madera Vieja o al bailaor Farruco. Y, por supuesto, estarán los grandes espectáculos escénicos: desde el inmenso John Malkovich, quien nos visitará en octubre con el espectáculo lírico-teatral La comedia infernal, pasando por el Odin Teatret, una de las más grandes leyendas de la escena del mundo, quienes vendrán con su espectáculo titulado El sueño de Andersen. De igual forma, veremos la Compañía Nacional de Teatro de México con Zoot Suit (la obra que inmortalizase en el cine Luis Valdez) y Ser es ser visto, así como la antología de la zarzuela de España con el espectáculo titulado Viva Madrid. Por Colombia, tendremos dos obras míticas de Federico García Lorca (El público y Comedia sin título), así como el enigmático El león en invierno. De igual forma, se rendirá un homenaje especial al grupo Umbral Teatro, de Carolina Vivas e Ignacio Rodríguez, en la celebración de sus 20 años de actividades ininterrumpidas.

El violinista israelí Itzhak Perlman.

Por supuesto, la danza no está excluida del Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo. Por un lado, el grupo L'Explose, del colombo-español Tino Fernández, con la obra que estrenaron en el 2010, EnOtraParte. Junto a ellos, la compañía canadiense de Marie Chouinard, Corpo, de Brasil, los siempre impactantes miembros del Netherlands Dance Theatre, el Ballet de Leipzig, el Ballet Folklórico de la Universidad de Guadalajara, el Ballet de Santiago de Chile y, cerrando, el Tercero Excluído, de Colombia.

¿Demasiado? Por fortuna. Lo importante es aprender a seleccionar y a convertirse en un espectador que busca y sabe encontrar. Así como en el mundo del rock podemos por fin ver grandes espectáculos en nuestros escenarios (desde el ya mítico Rock al Parque, hasta los mejores nombres de la constelación galante del planeta electrónico), el mundo de las artes escénicas tiene su lugar de privilegio ahora en el norte de la ciudad. La administración distrital ha sabido apostarle de manera inteligente a la cultura.

Porque, es necesario repetirlo, la sociedad colombiana en todos sus estratos no puede encontrar su verdadero destino mientras no entienda que la vida cultural —la presencia del arte a todos los niveles— es el ingrediente necesario para que podamos convivir sin necesidad de estarnos matando o robando los unos encima de los otros. Es estimulante ver, poco a poco, la biblioteca del Centro Cultural Santo Domingo poblándose con niños y jóvenes, muy jóvenes, los verdaderos dueños del amable laberinto que nos ocupa. En la semana que escribo, viene presentándose, con positivo entusiasmo, Los siete dedos de la mano, del Canadá. Y pareciese que los espectadores colombianos les tendiesen a sus visitantes sus manos de diez dedos para ser cómplices de la magia y del entusiasmo.

El Centro Cultural Julio Mario Santo Domingo ha llegado para convertirse en un lugar del nuevo milenio en los extramuros del norte de Bogotá. Junto al nuevo Teatro Colón, al Teatro de Bellas Artes, al Teatro Colsubsidio, entre otros, este espacio comienza a establecer una ruta con un altísimo destino para un futuro que ya se ha convertido, desde hace varios meses, en delicioso presente. Para terminar, quisiera terminar diciendo que el Santo Domingo debe convertirse en la casa de todos los que necesiten del Arte, por supuesto, pero con el anhelo de que los que salgamos de allí podamos ser cada día mejores seres humanos.

Fuente: Ciudad Viva


Sobre esta noticia

Autor:
Correo Cultural (14977 noticias)
Fuente:
conartedevenezuela.com.ve
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Tipo:
Reportaje
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