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Las sentencias o cómo ampliar la base social del independentismo

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14/10/2019 23:07 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Creo que sería, de verdad, un buen ejercicio leerse entera la sentencia del procés, al igual que la que recientemente condenó a los chicos de Altsasu. No lo he hecho, aunque de aquí y allí he leído algunas partes. Digo que lo entiendo como un buen ejercicio porque estoy seguro que quien estuviera cerca de los hechos, no estaría de acuerdo con bastantes de sus argumentaciones: son juicios de valor. Me temo que quienes juzgan son carne de cañón para dejarse llevar por sesgos. Si quieres saber de qué va esto de los sesgos, echa un vistazo a algunos de los artículos en los que Jeffrey J. Rachlinski evidencia la increíble forma en que los jueces deciden lo que deciden. Cuando digo increíble me refiero a que, por ejemplo, impongan multas más altas a un club en función del nombre que tenga. Sí, según el nombre: mismo delito, pero distinta pena porque el nombre del establecimiento incluía un número más alto en un caso que en otro.

Como no puedo entrar en detalles porque no he leído ninguna de las dos sentencias, lo que aquí escribo me sale desde el sentido común. Respecto al caso de Altsasu, ¿la consecuencia es que la Guardia Civil será más apreciada allí?, ¿la consecuencia es una mejor predisposición por parte de la gente que vive allí ante las instituciones del Estado y una mejor convivencia? Acción-reacción-acción. Se ha reforzado aún más el círculo vicioso con la exageración de las penas impuestas. Respecto al procés, ¿la consecuencia es que se desalienta al movimiento independentista?, ¿la consecuencia es que se proyecta una vara de medir equitativa respecto a otros delitos? Más de ocho años en Altsasu o trece en el caso de Oriol Junqueras. Imposible, como ciudadano de a pie, entenderlo.

Creo que la sentencia del procés va a ensanchar la base social del independentismo. España empieza a representar, a través de sus dirigentes, un no-lugar. Da igual lo que pretenda representar, el caso es que es un espacio en el cual uno, si pudiera, preferiría no estar. ¿Cómo tener orgullo de semejante bodrio?, ¿cómo tragar con los Borbones?, ¿cómo soportar a un rey emérito que es pura vergüenza viviente? Da igual que te sientas a gusto o no con la república: cualquier cosa menos esta bazofia institucional que nos tragamos día sí y día también. No sé cómo será la alternativa, pero peor difícilmente puede ser.

España parece seguir siendo (para cierta parte de su población) una, grande y libre: indivisible, imperial y no sometida a influencias extranjeras. Algo así como una entidad autohenchida de orgullo y satisfacción, que diría el campechano. Nunca me he sentido independentista de convicción, pero a lo mejor lo acabamos siendo porque no hay otra salida mejor. Dice la sentencia del Tribunal Supremo (no se preocupen, sus señorías, que ya lo escribo con mayúscula inicial) que no hay derecho a decidir. No existe, no puede ser, no hay lugar, es una quimera. Está bien la reflexión porque si le quitas el objeto directo (decidir la independencia) y lo dejas así, sin más -«no hay derecho a decidir»- entonces va a resultar que todo queda más claro: la cárcel, más o menos amplia, es el lugar que habitamos. No tenemos derecho a decidir. Lo decide, claro está, el Tribunal Supremo.

Es un argumento bestial: no sois quiénes para autoorganizaros. Hay una ley divina, por encima del bien y el mal, que nos incumbe a todos: España, una, grande y libre. O lo que quiera el Tribunal Supremo, da igual. El caso es que no hay derecho a decidir. Y los políticos que hurguen en esa vía están engañando a la ciudadanía que les vota. Deben hacer saber a la tropa que están ahí para recibir las órdenes del estado democrático de derecho, que poco a poco se va pareciendo a la España, una, grande y libre. Hay una ley, una gran ley, y es inamovible por los siglos de los siglos. Da igual que la historia nos haya ido zarandeando conforme las culturas ganan y pierden poder. Llegó un momento en el que se dibujaron unas fronteras que pervivirían hasta el infinito y más allá. Palabrita de niño Jesús.

Insisto, creo que la sentencia del procés traerá, como es lógico, más independentismo. Simplemente como reacción ante la mierda que, si no, se le echa a la gente encima. Lo peor de todo es el sufrimiento de quienes están en la cárcel. Te caigan mejor o peor, ese no es un lugar en el que pasar mucho tiempo. Espero que los chicos de Altsasu sean fuertes, como los políticos catalanes encarcelados. Yo, desde aquí, le doy vueltas y no lo entiendo. Porque dicen de los encarcelados que son nacionalistas. Como si los del pobre paracaidista no lo fueran, que no había más que ver la jeta que se le quedó otra vez al hijo del campechano. Ya está bien de jugar con la bandera, cojones. Perdón, Su Alteza, yo no quise...

Por cierto y para terminar, ¿indultar? No, no. Eso es para Armada o Tejero por el 23-F, para Barrionuevo o Vera por los GAL o para algún funcionario público al que se le fue la mano en un calabozo. Ah, bueno, o también para algún colega de partido político propio o ajeno (hoy por ti, mañana por mí) que cayó en la tentación de sacarse un dinerillo extra. Los indultos son lo que son, no nos vayamos a confundir.

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