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Séneca y la brevedad de la vida

27/01/2022 13:04 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Cuando se habla de filosofía se mencionan nombres como el de Aristóteles, Platón, Pitágoras o Demócrito, por el valor de sus ideas en la humanidad. Pero al igual que ellos existieron muchos otros que también son importantes como sucede con Séneca, un pensador estoico de la Antigüedad

          La dramaturga estadounidense Susan Glaspell, afirmó alguna vez: “Vivimos ahora. No viviremos siempre. No volveremos a vivir. Este es nuestro breve momento. Esta es nuestra única oportunidad”. Los seres humanos nacemos, vivimos y entendemos que nuestra existencia no es eterna en este mundo; además de saber lo incierto y en muchos casos, lo repentino que puede llegar a ser el final de la vida en cada persona, por cuanto nunca se logra conocer el tiempo y la forma exacta en que todo esto sucederá.

            Pero lo más complejo de todo, no solo está en que este hecho sea una posibilidad permanente para quienes estamos vivos actualmente, sino que también tenemos el inconveniente de no encontrarnos preparados de ninguna manera para afrontar y asumir esta realidad, al momento de manifestarse. Las personas desde que nacen y viven en el entorno del cual participan, aprenden una serie de conocimientos y cualidades necesarias para la supervivencia de los mismos ante numerosas tareas o situaciones; más los esfuerzos por prolongar y preservar lo mejor posible la vida humana, no son lo bastante suficiente como para formar seres aptos y capaces de remediar definitivamente la muerte, por muy opuesta y desarrollada que aspire convertirse la cultura humana frente a dicho fenómeno.

 

           

           Esta temática ya ha sido reflexionada y expuesta anteriormente de distintos modos, por varios personajes reconocidos que han realizado múltiples aportes a la humanidad a través de sus obras como ocurrió con Lucio Anneo Séneca, quien fue uno de los filósofos más representativos de la escuela estoica durante el Imperio Romano y del cual se hará mención a lo largo de esta publicación.

            Para comenzar hay que señalar a Séneca como un filósofo, escritor y orador nacido en Córdoba (España), el año 4 a.C. Proveniente de una familia distinguida de la provincia Bética del Imperio Romano; cursó estudios de gramática, retórica y filosofía desde temprana edad, lo que favoreció en este una gran producción de profundas ideas filosóficas sobre temas de moral y ética, añadiendo a ello diversas obras literarias influenciadas por la doctrina y el auge del pensamiento estoico en aquel entonces. 

 

 

            Tanto sus tratados filosóficos como sus obras de carácter literario, se componen y son producto de una enriquecida suma de experiencias cotidianas y meditaciones personales en donde la búsqueda de la sabiduría, el desarrollo de las virtudes y la práctica del bien en la vida humana están contenidos. Entre muchos de sus diferentes escritos se pueden mencionar los siguientes: Cartas a Lucilio, Sobre la felicidad, Consolación a Helvia, Edipo y De la brevedad de la vida; obra última a la que se dará especial atención para entender con más profundidad la cosmovisión de Séneca.

             En uno de los fragmentos del capítulo X del texto escrito que se pretende abordar en esta ocasión, se describe lo que sigue: “La vida se divide en tres tiempos: lo que es en el momento presente, lo que fue en el pasado y lo que será en el futuro. De estas tres situaciones de nuestra vida la más corta es la que vivimos en el presente; es dudosa la que nos falta por vivir, y la única cierta es aquella que ya hemos vivido”.

 

 

            Después en una epístola moral concebida por el mismo autor a cerca de la misma temática, retoma de modo más directo lo antes mencionado: “Infinita es la velocidad del tiempo, y se nota mejor cuando se mira hacia atrás, porque el presente escapa a los que quieren considerarlo: tan rápida es su fuga. ¿Quieres saber la razón de esto? Consiste en que todos los tiempos pasados se reúnen en el mismo punto, se les considera en conjunto y en seguida desaparecen en el olvido. Además, en cosa tan breve no puede haber largos intervalos. Nuestra vida no dura más que un momento, y todavía menos de un momento; pero la naturaleza, dividiendo este momento, le ha dado apariencia de mayor duración”.

            Si observamos con detenimiento los mensajes que trasmiten los dos cortos fragmentos descritos hace un momento, es posible considerar que el tiempo pasa sobre nuestras vidas en un abrir y cerrar de ojos, porque vivimos a través del tiempo y esa realidad además de ser difícil de asumir, parece estar muy fuera de nuestro control por más esfuerzo que hagamos para reponerlo. De allí el repetido concepto que aparece una y otra vez a lo largo de todo el libro, sobre la brevedad e inmediatez en que se desarrolla nuestro diario vivir.

 

 

            Sin embargo, lo que fundamentalmente más se aborda dentro de esta creación literaria es la exhaustiva realización de una crítica constructiva al derroche que muchas veces cometemos las personas de nuestra propia vida en cosas inútiles, además del mal hábito que tenemos en desperdiciar el tiempo y lamentarnos luego por esta razón, tal y como lo deja saber el escritor español en las citas que se muestran a continuación:

La búsqueda de la sabiduría, el desarrollo de las virtudes y la práctica del bien en la vida humana son fundamentales

“No tenemos poco tiempo: es que nosotros perdemos mucho. La vida es suficientemente larga y se nos ha concedido con liberalidad para que pudiésemos terminar las empresas de mayor importancia, si toda ella se emplease debidamente. Pero cuando se desperdicia indolentemente entre placeres y lujos, cuando se gasta en cosas inútiles, llega por fin el último momento que nos obliga a reflexionar, y entonces nos damos cuenta de que ha pasado, sin llegar a comprender como se ido. La verdad es que no hemos recibido una vida breve, si andamos escasos de tiempo, es que lo derrochamos”.

“Pasáis la vida como si siempre fuerais a vivir; nunca se os ocurre pensar en vuestra fragilidad. Jamás tenéis en cuenta la cantidad de tiempo que ya pasó: los gastáis como si dispusierais de un caudal inmenso e interminable, siendo así que quizá ese mismo día que vosotros habéis destinado para pasarlo entretenido con un amigo, o en cualquier negocio, pudiera ser el último de vuestra existencia”.

“No hay motivo para pensar que cualquiera <<haya vivido>> largo tiempo porque le salieran las canas o porque le veamos con la cara arrugada; éste no vivió largo tiempo, sino que estuvo largo tiempo en la tierra. ¿Qué hizo, pues? Si piensas que navegó mucho aquel a quien una terrible tempestad arrancó del puerto, llevándolo de un lado para otro, y que empujado por la fuerza de vientos encontrados y furiosos avanzó hasta la tierra, moviéndose siempre por los mismos espacios. Éste no es que navegase mucho, sino que fue zarandeado mucho. Suelo sorprenderme cuando veo a ciertos hombres que piden tiempo y a la vez observo a esos mismos a quienes se lo piden, que se muestran excesivamente condescendientes. Los unos y los otros se fijan en aquello por lo cual se ha perdido el tiempo; ni el uno ni el otro tienen en cuenta para nada ese mismo tiempo. Como si no se pidiera nada y como si nada se concediera; sin embargo, se sigue jugando con una cosa que es la más valiosa de todas”.

“La vida más breve y agitada es la de aquellos que se olvidan de los tiempos pasados, desprecian los presentes y tiemblan ante el futuro; cuando han llegado al final de su vida, tarde ya comprenden los desgraciados que habían estado tanto tiempo ocupados para encontrarse después con que no hicieron nada”.

 

 

 

            No obstante, Séneca recomienda y pone de ejemplo ciertos principios prácticos, que a su criterio son lo más apropiado de aplicar a la hora de gestionar u organizar el tiempo en favor de cómo vivimos:

“Es propio de un hombre extraordinario, hazme caso a mí, y que se encuentra situado por encima de los errores humanos, el no dejar que se les escape la más mínima parte de su tiempo sin aprovecharse de ella; y, por ello, la vida más larga es la de aquel que se desprendió de todo cuanto la misma le ofrecía para dedicarse por entero a ella. Nada dejó, por consiguiente, sin cultivar y que no diera fruto; nada quedó pendiente de la voluntad de los demás; minucioso cuidador de su tiempo, nada absolutamente encontró que mereciera la pena de cambiarlo por él. De esta manera, la vida le fue suficiente; a esos, en cambio, cuya vida se lleva el pueblo la mayor parte, es natural que luego les falte a ellos”.

“Cada cual precipita su vida y trabaja con la ansiedad del mañana, cansándose con las cosas del presente. Pero aquel que aprovecha el tiempo en su beneficio, aquel que regula cada uno de sus días como si toda su vida hubiera de desarrollarse en cualquiera de ellos, ése ni ansía el mañana ni lo teme. Pues ¿Qué hay que pueda proporcionarle ya una sola hora de placer que no conozca? Todos le son conocidos, todos han sido experimentados hasta la saciedad; en lo demás, que disponga de su suerte la fortuna como quisiere; la vida discurre ya sobre seguro”.

 

 

            Y si en algo no se equivocó este personaje, de quien se ha venido hablando en el presente artículo, es cuando dice: “Nadie restituirá los años, y cuando mueras, nadie será capaz de hacerte vivir de nuevo. La vida seguirá adelante desde que comenzó a ser vida, y no retrocederá en su camino, ni se detendrá: ni un ruido siquiera, nada te advertirá de su velocidad; se deslizará suavemente, callada. No se prolongará más porque se lo mande un rey, ni por el favor del pueblo. Como se le ordenó desde un principio, así lo recorrerá; nunca se desviará y jamás sufrirá un retraso. ¿Qué se le va a hacer? Mientras tú andas distraído, la vida se apresura; entre tanto, llega la muerte, y ante ella, quieras o no quieras, será necesario que te desprendas de todo para recibirla”.

            Porque realmente la vida humana es el principal bien que toda persona tiene antes de poderse adquirir otro tipo de bienes, valores o recursos necesarios para subsistir en este mundo. Y aunque atender y cuidar de esta resulte un hecho complejo, la tarea cotidiana de intentarlo es y siempre será una responsabilidad individual que cada persona deberá asumir para sí misma, sea cual sea la manera como entendamos las cosas.  

“Séneca, fue uno de los filósofos más representativos de la escuela estoica durante el Imperio Romano”

 

 


Sobre esta noticia

Autor:
Arles Avancini (4 noticias)
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Tipo:
Opinión
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