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Sembrando en la ciudad

02/02/2014 21:50 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

31/01/2014 | Las botas de caucho de Carlos rechinaban contra el piso de la casa de cultivo mientras ayudaba a Ana a limpiar el plástico y las mallas que impiden la invasión de las plagas. Allí tienen sembradas 363 matas de pimentón, cuya cosecha debería estar lista en un mes, para ser vendida en las ferias comunales y mercados de trueke.Ana Rotondaro recuerda que todo comenzó hace tres años, con una idea y la necesidad de salir adelante por ellos mismos, para sus familias y su patria. Primero fueron vecinos y luego compañeros de la comuna "Casco del Pueblo", integrada por 8 consejos comunales que conviven en el municipio Paz Castillo de Los Valles del Tuy, en Miranda."El Trueke se da por los intercambios solidarios que practicaban los indígenas, por eso tenemos que copiar la solidaridad de nuestros aborígenes, quienes luchaban y no tenían ese egoísmo de decir lo 'mío es mío', sino, 'lo mío es del colectivo'", dice Yaide Corrales, mientras su hijo Carlos, de 10 años, le pide permiso para ir a jugar fútbol en la cancha de tierra, al lado del conuco.Producen en los patios de sus casas, cultivan en espacios abiertos ociosos o terrenos baldíos. Tras tres años de lucha compartida el proyecto ha avanzado en acción, contando no sólo con el aporte inicial en semillas y productos para la siembra, sino también con la formación agroecológica por parte del Fondo Nacional para el Desarrollo Agrario Socialista (Fondas)."El Inces también nos capacitó durante 6 meses en agroecología y desarrollo sustentable. Igualmente comenzamos a hacer enlaces con el Ministerio de Agricultura y Tierras, y el Ministerio para el Ambiente", explica Yaide con la foto de los meses de lucha reflejada en sus ojos."Somos de la comuna, somos del trueke y somos un grupo de 7 personas que emprendimos esta lucha hace 3 años. Primero participamos en las mesas técnicas de telecomunicación para intercambiar conocimientos", añade. Luego fusionaron ese conocimiento con la producción.La idea era ir engranando una cosa con la otra, por ello los afrodescendientes, los artesanos, las dulceras criollas, los libros vivientes se unieron, hasta que llegaron a ser 150 personas con la visión de hacer un mercado de Trueke, donde cada quien llevara lo que sabía, podía y quería hacer para intercambiarlo entre ellos mismos, según lo que necesitara cada quien.Juntos, en colectivo, tuvieron una idea, construyeron un proyecto, porque sabían que era importante consolidar la producción agrícola en los mercados de Trueke. Para alcanzar esa meta se propusieron impulsar 64 patios productivos. Gracias a su esfuerzo y su tesón contaron con el apoyo del viceministerio de Economía Comunal y hoy siembran pepino, pimentón, lechosa, cilantro y cebollín.Practican la siembra agroecológica: utilizan tierra óptima, que no necesita ni químico ni fertilizantes, 50% de tierra negra y 50% de gallinaza. "Somos guardianes de las semillas", reafirma esta truekera, porque las semillas deben ser originales, del campo y del campesino, para mantener la fertilidad de los suelos y asegurar el alimento para el pueblo.Por ello, insisten en impulsar el quinto objetivo histórico del Plan de la Patria: cuidar el planeta y el medio ambiente, uno de los legados que dejó Chávez cuando decía que todo debía ser verde para que el planeta se mantuviera vivo; y de allí advertía la necesidad de luchar contra los transgénicos, de hacer de Venezuela un país libre de ellos.El maíz transgénico, que después de que se siembra, se daña, no sirve para volverlo a sembrar. No sucede así con el maíz originario del conuquero, que ha sido conservado con ceniza y luego sembrado; esa semilla se da y luego es el alimento del mismo agricultor.La colecta del conuco -que crece entre varias manos- luego se intercambia entre los comuneros a los mercados del Sistema de Trueke, para beneficiar al colectivo. Este sistema, que es parte de la nueva economía social, "es la nueva cara de la Venezuela de hoy, porque lo viejo se va desempolvando para traerlo a lo nuevo", rescata Corrales, rememorando las enseñanzas ancestrales.Ana Rotondaro también siembra, cosecha y practica el trueque "porque este sistema lo es todo para mí, pues abarca desde mi familia, hasta las compañeros lejanos, con los que siempre intercambiamos saberes y haberes con el mismo cariño, porque somos como hermanos".Luego de un largo suspiro cuenta que tiene 4 hijos, 11 nietos y 2 bisnietos. "De aquí no me saca nadie; mis hijos me dicen que me olvidé de ellos; pero si no conservamos esto, cómo los mantengo a ellos. Tengo que enseñarles que deben aprender a cuidar el planeta, porque si lo destruimos dónde vamos a vivir", cuenta con la mirada medio inundada.Ella, que se levanta a las 4:30 de la mañana para llegar a las 7 al conuco de donde sale a las 9 de la noche, asegura que lo que tiene debe compartirlo con los que no tienen, para que todos tengan lo mismo, porque "todos debemos tener los mismos derechos y deberes". Ana trabaja de sol a sol, lunes a lunes: "no hay día de descanso porque ellas no esperan", relata mirando el fruto que recogerá con sus propias manos, de la tierra.A sus 61 años de edad, insiste que con la siembra agroecológica están ayudando a preservar el medio ambiente. "Si los humanos seguimos consumiendo transgénicos no va a quedar nadie vivo, pues producen cáncer y muchas enfermedades. En cambio la comida natural, sin químicos, ayuda a mantenerte en el tiempo y en el espacio".Agricultura urbanaLas Casas de Cultivo familiar son un tipo de siembra con visión de la nueva agricultura urbana, propuesta por el Presidente Chávez, quien insistió en que se sembrara en los espacios urbanos que estuvieran baldíos y ociosos. Para ello hizo un convenio con Cuba, en septiembre del 2011, buscando intercambiar conocimientos e impulsar la transferencia tecnológica en cultivos de pequeña escala para sembrar en las ciudades.Con estos conucos urbanos se cambia la visión de que sólo en el campo se siembra. "Este espacio era un vertedero de basura por lo que decidimos rescatarlo para sembrar. Fuimos a capacitarnos 73 personas para armar las 6 estructuras en Cúa, Nueva Cúa, Independencia, Charallave y Yare", destaca Yaide.Brigadistas del personal técnico de la Fundación de Capacitación e Innovación para Apoyar la Revolución Agraria (Ciara) les enseñaron a armar cada tubería, a abrir las fundaciones, a enterrar cada una de las estructuras, a colocar las mayas de los lados, la canal y el plástico, que permite mantener la tierra pura, ya que no deja que nazca monte.En la casa de cultivo también conviven Keyla Herrera y Carlos Vargas, quienes explican que primero siembran en las mesas organopónicas a mediana escala yuca, auyama, pepino y ají, lechuga, cilantro, cebollín y plantas ornamentales. "La cosecha además de ir a un mercado comunitario o a las ferias de la economía comunal, fortalece la economía del país", agrega Keyla.La Agricultura Urbana permite que la gente de la ciudad consiga las hortalizas, legumbres y frutas a un menor precio que en los mercados privados, puesto que los productores no le revenden a nadie, para que ellos no le suban los costos.Lo que contribuye a la comuna"La comuna es la estructura de lo que nos une como pueblo, lo que tenemos en común entre un sector y otro, como ciudadanos y población. Es una cultura ancestral de cuando el indígena era el que garantizaba la comida y el vestido para toda su comunidad. Nosotros queremos que la comuna produzca la comida y el vestido, mediante las Empresas de Propiedad Social", reafirma Yaide Corrales mirando el cultivo.Además que cuente con un Mercal o Pdval, un Centro de Diagnóstico Integral (CDI), su farmacia, un Simoncito y escuelas con el fin de que la gente no tenga que salir de ahí, o no tenga que moverse de un lado a otro.Yaide, como muchos venezolanos, siente que "la comuna es la base de una nueva economía social en una nueva sociedad, donde todos nos conozcamos y hagamos una vida en común". Un sentir que avanza en acción y realidad con las Empresas de Propiedad Social que aumentan la producción en la Venezuela actual.Keyla acerca una taza de café para acompañar la conversación, mientras Yaide explica que con estas empresas el pueblo tiene la virtud de vender ellos mismos sus productos con más sensibilidad humana -como les gusta llamarlo- al colocar los precios de la producción más baratos en la comunidad. Yaide da otro sorbo a su café, para luego manifestar la razón de su esfuerzo: "Pues es para nosotros mismos, nuestros vecinos y compañeros", dice mientras ríe y ve a su hijo jugar sobre la tierra.Texto: María Victoria Rojas – Prensa MinComunas.Fotos: Gustavo Lagarde – Audiovisuales MinComunas.


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Autor:
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Fuente:
fundacionlaplomada.blogspot.com
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