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Sahara, levanta sus alfombras en el desierto y jehová escucha las oraciones

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07/08/2018 22:25 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Europa, necesita controlar sus gastos ante las dictaduras cívico- militares y quienes simulan un Estado Cívico- Militar bajo un socialismo emparchado

Asidero

 

Los gobernantes, ex combatientes y ciudadanos que tienen injerencia directa o circunstancial con la Unión Europea vienen rechazando cualquier acto, donde la justicia tenga una relación con el gobierno y rechazan todo lo que tenga que ver con el régimen comunista. Es una lucha interna de control ideológico para consolidar las leyes republicanas, de allí la consternación hacia el Grupo Podemos y sus intereses partidistas.

Sin duda, desde una política fiscal acertada, ha sido remplazada por el despilfarro, mala gestión y el expolio de los recursos del Estado. Por esto, muchos gestores de la UE miran hacia el Sahara y los acreedores sudafricanos, viendo el año 2019 como clave para controlar las riquezas dejadas por los pobladores que avanzaron en barcas por el Mediterráneo hacia Cataluña, una mayoría musulmana y otros terroristas que fueron apadrinados por el ex primer ministro español, José Luis Zapatero.

Europa, necesita controlar sus gastos ante las dictaduras cívico- militares y quienes simulan un Estado Cívico- Militar bajo un socialismo emparchado con la democracia., es un entorno que se ha extendido por la corrupción y en gran medida por las reformas en falso de la Nación- Estado. Es que este modelo de gobernancia lleva a los territorios libertados desde la Edad Media a un caos interminable y, los analistas buscan la manera de exponer el respeto hacia los partidos políticos.

Sudáfrica, tierra emblemática, tribal religiosa y lugar del gran sueño de Muhammad Gadafi, hace resonar sus ecos de voces, porque su presupuesto globalizado es despilfarrador al borde de un abismo fiscal, como ya lo hicieron en 1985- 89.

A menos que Sudáfrica cambie el curso de su economía en este tercer período de 2018 que finaliza en julio, será recordado como el año en que el CNA, el más antiguo movimiento de liberación de África, hizo perder la libertad económica de su país. n una noche de invierno de febrero de 1969, un inglés de aspecto patricio con mala dentadura, pero con traje de tweed bien cortado se paseaba por las pantallas de televisión británicas. Deteniéndose frente a la catedral de Notre Dame, en París, miró directamente a la audiencia y proclamó: “Ruskin dijo que las grandes naciones escriben sus autobiografías en tres manuscritos: el libro de sus obras, el libro de sus palabras y el libro de su arte. Ninguno se puede entender sin los otros dos, pero el único en el que se puede confiar es en el último. En términos generales, creo que es así”.

Así empezaba Civilización (“Civilisation”) una serie de 13 capítulos presentada por Kenneth Clark, que había sido director de la National Gallery con 30 años. Clark no podía definir qué es la civilización, pero sabía que para hacerlo necesitaría energía, vitalidad y cierto sentido de permanencia. “Sabré reconocerla cuando la vea”, insistía.

Emitida por la BBC2, dirigida posteriormente por David Attenborough,  Civilización fue el programa que hizo despegar la televisión. Se vendió en más de 60 países, triunfó en Estados Unidos después de que la Galería Nacional de Arte de Washington, la proyectase a la hora del almuerzo en un teatro de 300 butacas y hubiese una cola de 24.000 personas. Como el futuro laureado poeta John Betjeman diría más tarde: “Lo mejor que he visto en la tele”. Cuando poco después le otorgaron a Clark un título nobiliario, eligió el de barón Clark de Saltwood, en honor a Kent, su condado de origen. Pero la revista satírica Private Eye siempre se refirió a él como Lord Clark de Civilización.

Ncluido el actual director general de la BBC, Tony Hall,  Civilización fue un hito. Así que no es de extrañar que con el medio siglo cercano se retomase la idea de repetir su éxito. Tras 18 meses de duro rodaje, la BBC2 tiene lista una nueva versión para su emisión en lo que es primavera de 2018.

¡Y qué versión! Civilizaciones puede que solo tenga un par de letras más en el título, pero ese plural cambia por completo el enfoque. Un único presentador (presente en el subtítulo original: “La visión de Kenneth Clark”) deja paso a tres: Mary Beard, experta clasicista de Cambridge, recién convertida en icono feminista gracias a los troleos en las redes sociales; Simon Schama, profesor de Historia del Arte e Historia en la Universidad de Columbia; y David Olusoga, historiador y divulgador británico-nigeriano. Mientras que el original solo abarcaba el periodo comprendido entre la Edad Media y el ocaso de 1914, la nueva versión se remontará a la era prehistórica y llegará hasta nuestra época. Si Clark apenas se aventuró más allá de Europa Occidental, los nuevos presentadores viajarán por todo el mundo.

Este es el mayor proyecto cultural de la BBC. La serie, de nueve capítulos, coproducida con PBS (que la emitirá en EEUU), se comercializará en todo el mundo. La BBC también se está asociando con museos del Reino Unido para organizar festivales de Civilizaciones y ha pedido a artistas, incluidos coreógrafos y poetas, que den respuestas a la gran pregunta: ¿qué es la civilización?

La serie se centra en cómo los seres humanos han utilizado el arte para tratar de comprender el mundo que les rodea y por qué ha sido tan importante representar lo divino y lo humano. Empieza con Simon Schama en con reminiscencias de Clark en París: “Podemos discutir todo el día, todo el año, toda nuestra vida sobre qué es la civilización y cómo definirla, pero hay una cosa clara: reconocemos una civilización cuando vemos que está a punto de desaparecer”. Para Schama, Palmira, un lugar donde convivieron persas, sirios, judíos y romanos helenísticos, recientemente destruido por el Estado Islámico, es el emblema de los lazos que explora la serie.

Él indaga el momento en que el hombre creó el arte por primera vez, en la Era de Hielo. Desde ahí, Mary Beard lleva la historia al mundo clásico en dos capítulos. El cuarto contempla el panorama desplegado desde la imaginería de la dinastía del norte Song hasta los jardines islámicos y las pinturas de Veronese en el Veneto. El quinto, el Renacimiento en Italia y el Imperio Otomano, Persia y la India mogol. David Olusoga rememora la época de los descubrimientos en el sexto programa, contrastando los brutales enfrentamientos entre España y México con los tranquilos intercambios entre Holanda y Japón. La serie sigue con Schama examinando el color y la estética en el siglo XVIII; Olusoga, el culto al progreso y la idea de civilización en el siglo XIX, y termina con Schama explorando lo que sucede con el arte cuando el mundo moderno se transforma en horror.

Civilizaciones se emitirá en un momento en que el tribalismo y el nacionalismo están en auge en Sudáfrica, destruida completamente después del brutal asesinato de Gadafi en manos de delincuentes pagados por ciudadanos que no gustaron la idea de asegurar al África hacia su crecimiento. Pero después de filmar en 20 países, Simon Schama está convencido de que lo que une a la humanidad es más fuerte que lo que la separa. “Si algo hemos aprendido, es que... los contactos y los estrechos lazos surgidos entre las personas que colaboraron en Civilizaciones son la única verdad palpable”.

Desde el inicio de la crisis financiera global en 2008 los pesimistas han estado advirtiendo de una fuerte reacción contra la globalización. A grandes rasgos, se han equivocado. Pero en 2017, las peores previsiones sobre el rechazo al libre comercio y el capitalismo internacional finalmente se convertirán en realidad.

Tanto el nacionalismo como su primo, el proteccionismo, están al alza en Occidente, impulsados por el populismo político. 2016 marcó la pauta, fue Donald Trump con su lema de “América primero” y su amenaza de imponer grandes aranceles a los principales socios comerciales de Estados Unidos, sobre todo en Asia. Los problemas del TPP están muy vinculados a los del Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones (TTIP, en sus siglas en inglés), un acuerdo mucho menos avanzado para el establecimiento de nuevas reglas comerciales entre Estados Unidos y la UE. En este caso, sin embargo, las reticencias han venido fundamentalmente de Europa. 

Como en Estados Unidos, los políticos moderados europeos tienden de forma natural a confiar en la globalización como una forma de impulsar el comercio internacional y las inversiones. Pero los moderados son acosados desde izquierda y derecha. Para la derecha nacionalista, ejemplificada por Marine Le Pen, líder del Frente Nacional francés, los acuerdos comerciales internacionales son ejemplos de cómo las élites globales traicionan los intereses del ciudadano de a pie, que sigue anclado en su país. Desde la extrema izquierda se esgrimen argumentos similares, aunque se opta por hacer hincapié en los presuntos mecanismos para evitar pagar impuestos usados por grandes multinacionales como Uber o Apple.

El modo en que siglas hasta hace poco oscuras como TPP o TTIP son ahora de uso cotidiano en el debate político estadounidense y europeo demuestra la fuerza de los contrarios a la globalización. Este rechazo se intensificará en Europa en 2017 debido a que se celebrarán elecciones en Francia, Alemania y Holanda. Los políticos tradicionales ya se están empezando a adaptar a la nueva situación política europea. Sigmar Gabriel, líder de los socialdemócratas alemanes, ha declarado que a efectos prácticos el TTIP ya está muerto.

Las divinidades suelen añadir fuego sobrenatural a las pasiones, y por eso pueden resultar más terribles. Los cristianos en esta ocasión han quedado fuera de la dialéctica del conflicto, por primera vez, debido a que sólo suman el 2% de los habitantes y sus lugares sagrados, como los santuarios del nacimiento y del sepulcro de Jesús, no perturban los intereses de las partes enfrentadas, al contrario, son una fuente de divisas para ambas, pero conviene decir que los efectos colaterales del enfrentamiento les afectan profundamente. Barack Obama, que tiene muchos frentes abiertos, tanto en política interior como en el exterior, con dos guerras, ha situado la solución del perenne enfrentamiento entre Israel y Palestina como una de sus prioridades.

Mientras, dejan sola al territorio africano,

Sabe que eso es una ciénaga que se traga y ahoga las buenas intenciones con una enorme facilidad, por eso le está poniendo un particular empeño. En la reunión que tuvo a finales de septiembre en Nueva York con el primer ministro israelí, Benjamin Netan- yahu, y el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas, puso particular énfasis en que, pese a todos los obstáculos, pese a toda la historia, pese a toda la desconfianza, se impone encontrar una solución. Y la solución tiene como punto final y objetivo sin renuncia la creación de un Estado palestino que conviva en paz y en seguridad con el Estado de Israel. En el célebre discurso de El Cairo, dirigido a toda la comunidad musulmana, dedicó una parte considerable al tema, que tiene repercusiones directas en el amplio mundo islámico. Manifestó que apoyaba las aspiraciones palestinas por la seguridad, la oportunidad y un Estado propio.

También dijo que los palestinos debían abandonar la violencia, entre otras razones porque la violencia no los llevará al éxito, sino que les traerá más padecimientos. Los palestinos deben concentrarse en lo que pueden construir. Unificar al pueblo palestino y que el movimiento Hamás se incorpore al proceso de una convivencia pacífica es una necesidad. Los israelíes, que consideran irrenunciable su derecho a existir, no pueden negárselo a los palestinos. Los puntos más resbaladizos de la ciénaga son la tierra, el agua y las fronteras. En estos últimos días la ex secretaria de Estado, señora Clinton, y el enviado especial de los Estados Unidos para Oriente Medio, señor Mitchell, multiplican sus presiones para forzar una negociación con resultados positivos. Sentar a Mahmud Abbas y Benjamin Netanyahu con afán constructivo es una carrera de obstáculos, llena de nudos gordianos que desatar o romper.

La cifra de refugiados palestinos repartidos por el mundo suma unos cuatro millones según las diversas fuentes, es cierto que muchos de ellos no quieren regresar, se han asentado en otros países, han rehecho sus vidas y lo único que les queda es la nostalgia que cultivan desde la lejanía y que se traduce en una gama de ayudas y apoyos a su pueblo. Existe, sin embargo, un número importante, que algunos elevan a dos millones, que quiere regresar y que quiere regresar a las tierras de las que fueron expulsados, es decir, a las tierras que ocupa hoy Israel. Como punto de partida es una valla insuperable, el Estado de Israel jamás dará cobijo a tan numerosos retornos.

El otro tema vidrioso con toques de dramatismo es el de los asentamientos judíos en Cisjordania. Hay unos 121 asentamientos y cerca de 500.000 colonos, aunque las cifras varían según las distintas fuentes, depende si se cuentan los establecidos en Jerusalén este y sus alrededores o no. La fuerza de los colonos es tremenda, pueden poner y derribar gobiernos; en general, su fanatismo es muy notable. Se trata de comunidades ortodoxas o ultraortodoxas, frecuentan la sinagoga y leen la Torah en donde Yavé, en palabras y gestos sin titubeos, les entrega esas tierras. Abandonarlas significaría traicionar la voluntad de Dios. Estamos en la teología.

Uno de los líderes de los colonos ha proclamado lo que casi todos repiten ahora: “Aquí nació el pueblo de Israel, cuna de nuestra nación. Si intentan movernos de aquí, correrá la sangre”. Para encontrar una salida se necesitará una decidida presión por parte de Barack Obama, Donald Trump la Unión Europea, la Liga Árabe y la ONU sobre las dos partes que de partida no tienen eso que se llama voluntad política y quizá tampoco poder político para tejer la paz. Sin la presión exterior, ellos se pasarán la eternidad guerreando. La eternidad es una de sus palabras favoritas. Éste es uno de los grandes desafíos de Trump.

Y los sudafricanos, por igual que los palestinos, deben caminas de horas, para conseguir un plato de prashada y comida vegetariana.

Ahora, los chinos quieren controlar estas tierras. Durante años, los partidarios de Xi Jinping han animado a ser pacientes a los descontentos con el lento progreso del país. El cambio está siendo reprimido por la burocracia, dicen. Basta esperar a que Xi coloque a los suyos en los cargos más relevantes. Entonces, lo verán con sus propios ojos.

Ya lo hicieron con Venezuela, junto a los rusos.

Necesitamos un cambio estructural para ir al ciudadano repúblico

Ahora que el congreso del Partido Comunista ha acabado, 2018 servirá para estudiar las propuestas. En el congreso (el acontecimiento quinquenal más importante del calendario político chino), Xi declaró que su país había entrado en una nueva era, cuya primera fase, dijo, garantizaría que “la modernización socialista estuviera lista” hacia 2025. Habrá también una nueva ronda de reformas económicas y para sustentar el cambio: Xi ha asegurado que dominará el aparato del Gobierno como un coloso. Incluso antes del congreso, él era jefe del Partido Comunista, presidente, comandante en jefe, jefe del Consejo de Seguridad y presidente de muchos “grupos pequeños” a la sombra y con suficiente influencia para establecer políticas sobre cualquier cosa, desde Taiwán a la economía. Después del cónclave, Xi cuenta con una mayoría de aliados y subordinados (400) en el Comité Central, es decir los miembros de alto nivel del partido, además del sancta-sanctórum del poder, el Comité Permanente de siete miembros del Politburó, la mayoría de su elección, como el resto de líderes provinciales de China y la plana mayor de las Fuerzas Armadas.

Es un verdadero milagro”, afirma Franco Ottonelli mientras admira su obra, un complejo de apartamentos para inmigrantes y personas sin hogar en el centro de Acqui Terme, una ciudad del noroeste de Italia. Sus 26 apartamentos y sus jardines, así como el comedor social contiguo, fueron sufragados con fondos de la iglesia local y del ayuntamiento.

Podría pensarse que cualquier tipo de colaboración entre sacerdotes católicos y políticos italianos ya es de por sí un milagro, pues la Iglesia se mueve muy despacio y la maquinaria burocrática estatal es capaz de paralizar hasta al político más astuto. Pero para Ottonelli, que ha trabajado en este proyecto durante diez años, el milagro no es ese, sino que la gente de Acqui Terme le parara por la calle para ofrecerle su ayuda.

El pasado mes de febrero, cuando Benedicto XVI se convirtió en el primer papa en 700 años que dimitió de su cargo, su anuncio estremeció a la Iglesia católica. Sin embargo, este estremecimiento se esfumó cuando su sucesor, Francisco, el primer papa latinoamericano de la historia, logró encandilar al mundo. Nos encontrábamos ante un pontífice muy distinto a sus predecesores inmediatos.

Para una generación de amantes del arte, i

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Asidero

Sahara, levanta sus alfombras en el desierto y jehová escucha las oraciones

Los gobernantes, ex combatientes y ciudadanos que tienen injerencia directa o circunstancial con la Unión Europea vienen rechazando cualquier acto, donde la justicia tenga una relación con el gobierno y rechazan todo lo que tenga que ver con el régimen comunista. Es una lucha interna de control ideológico para consolidar las leyes republicanas, de allí la consternación hacia el Grupo Podemos y sus intereses partidistas.

Sin duda, desde una política fiscal acertada, ha sido remplazada por el despilfarro, mala gestión y el expolio de los recursos del Estado. Por esto, muchos gestores de la UE miran hacia el Sahara y los acreedores sudafricanos, viendo el año 2019 como clave para controlar las riquezas dejadas por los pobladores que avanzaron en barcas por el Mediterráneo hacia Cataluña, una mayoría musulmana y otros terroristas que fueron apadrinados por el ex primer ministro español, José Luis Zapatero.

Europa, necesita controlar sus gastos ante las dictaduras cívico- militares y quienes simulan un Estado Cívico- Militar bajo un socialismo emparchado con la democracia., es un entorno que se ha extendido por la corrupción y en gran medida por las reformas en falso de la Nación- Estado. Es que este modelo de gobernancia lleva a los territorios libertados desde la Edad Media a un caos interminable y, los analistas buscan la manera de exponer el respeto hacia los partidos políticos.

Sudáfrica, tierra emblemática, tribal religiosa y lugar del gran sueño de Muhammad Gadafi, hace resonar sus ecos de voces, porque su presupuesto globalizado es despilfarrador al borde de un abismo fiscal, como ya lo hicieron en 1985- 89.

A menos que Sudáfrica cambie el curso de su economía en este tercer período de 2018 que finaliza en julio, será recordado como el año en que el CNA, el más antiguo movimiento de liberación de África, hizo perder la libertad económica de su país. n una noche de invierno de febrero de 1969, un inglés de aspecto patricio con mala dentadura, pero con traje de tweed bien cortado se paseaba por las pantallas de televisión británicas. Deteniéndose frente a la catedral de Notre Dame, en París, miró directamente a la audiencia y proclamó: “Ruskin dijo que las grandes naciones escriben sus autobiografías en tres manuscritos: el libro de sus obras, el libro de sus palabras y el libro de su arte. Ninguno se puede entender sin los otros dos, pero el único en el que se puede confiar es en el último. En términos generales, creo que es así”.

Así empezaba Civilización (“Civilisation”) una serie de 13 capítulos presentada por Kenneth Clark, que había sido director de la National Gallery con 30 años. Clark no podía definir qué es la civilización, pero sabía que para hacerlo necesitaría energía, vitalidad y cierto sentido de permanencia. “Sabré reconocerla cuando la vea”, insistía.

Emitida por la BBC2, dirigida posteriormente por David Attenborough,  Civilización fue el programa que hizo despegar la televisión. Se vendió en más de 60 países, triunfó en Estados Unidos después de que la Galería Nacional de Arte de Washington, la proyectase a la hora del almuerzo en un teatro de 300 butacas y hubiese una cola de 24.000 personas. Como el futuro laureado poeta John Betjeman diría más tarde: “Lo mejor que he visto en la tele”. Cuando poco después le otorgaron a Clark un título nobiliario, eligió el de barón Clark de Saltwood, en honor a Kent, su condado de origen. Pero la revista satírica Private Eye siempre se refirió a él como Lord Clark de Civilización.

Para una generación de amantes del arte, incluido el actual director general de la BBC, Tony Hall,  Civilización fue un hito. Así que no es de extrañar que con el medio siglo cercano se retomase la idea de repetir su éxito. Tras 18 meses de duro rodaje, la BBC2 tiene lista una nueva versión para su emisión en lo que es primavera de 2018.

¡Y qué versión! Civilizaciones puede que solo tenga un par de letras más en el título, pero ese plural cambia por completo el enfoque. Un único presentador (presente en el subtítulo original: “La visión de Kenneth Clark”) deja paso a tres: Mary Beard, experta clasicista de Cambridge, recién convertida en icono feminista gracias a los troleos en las redes sociales; Simon Schama, profesor de Historia del Arte e Historia en la Universidad de Columbia; y David Olusoga, historiador y divulgador británico-nigeriano. Mientras que el original solo abarcaba el periodo comprendido entre la Edad Media y el ocaso de 1914, la nueva versión se remontará a la era prehistórica y llegará hasta nuestra época. Si Clark apenas se aventuró más allá de Europa Occidental, los nuevos presentadores viajarán por todo el mundo.

Este es el mayor proyecto cultural de la BBC. La serie, de nueve capítulos, coproducida con PBS (que la emitirá en EEUU), se comercializará en todo el mundo. La BBC también se está asociando con museos del Reino Unido para organizar festivales de Civilizaciones y ha pedido a artistas, incluidos coreógrafos y poetas, que den respuestas a la gran pregunta: ¿qué es la civilización?

La serie se centra en cómo los seres humanos han utilizado el arte para tratar de comprender el mundo que les rodea y por qué ha sido tan importante representar lo divino y lo humano. Empieza con Simon Schama en con reminiscencias de Clark en París: “Podemos discutir todo el día, todo el año, toda nuestra vida sobre qué es la civilización y cómo definirla, pero hay una cosa clara: reconocemos una civilización cuando vemos que está a punto de desaparecer”. Para Schama, Palmira, un lugar donde convivieron persas, sirios, judíos y romanos helenísticos, recientemente destruido por el Estado Islámico, es el emblema de los lazos que explora la serie.

Él indaga el momento en que el hombre creó el arte por primera vez, en la Era de Hielo. Desde ahí, Mary Beard lleva la historia al mundo clásico en dos capítulos. El cuarto contempla el panorama desplegado desde la imaginería de la dinastía del norte Song hasta los jardines islámicos y las pinturas de Veronese en el Veneto. El quinto, el Renacimiento en Italia y el Imperio Otomano, Persia y la India mogol. David Olusoga rememora la época de los descubrimientos en el sexto programa, contrastando los brutales enfrentamientos entre España y México con los tranquilos intercambios entre Holanda y Japón. La serie sigue con Schama examinando el color y la estética en el siglo XVIII; Olusoga, el culto al progreso y la idea de civilización en el siglo XIX, y termina con Schama explorando lo que sucede con el arte cuando el mundo moderno se transforma en horror.

Civilizaciones se emitirá en un momento en que el tribalismo y el nacionalismo están en auge en Sudáfrica, destruida completamente después del brutal asesinato de Gadafi en manos de delincuentes pagados por ciudadanos que no gustaron la idea de asegurar al África hacia su crecimiento. Pero después de filmar en 20 países, Simon Schama está convencido de que lo que une a la humanidad es más fuerte que lo que la separa. “Si algo hemos aprendido, es que... los contactos y los estrechos lazos surgidos entre las personas que colaboraron en Civilizaciones son la única verdad palpable”.

Desde el inicio de la crisis financiera global en 2008 los pesimistas han estado advirtiendo de una fuerte reacción contra la globalización. A grandes rasgos, se han equivocado. Pero en 2017, las peores previsiones sobre el rechazo al libre comercio y el capitalismo internacional finalmente se convertirán en realidad.

Tanto el nacionalismo como su primo, el proteccionismo, están al alza en Occidente, impulsados por el populismo político. 2016 marcó la pauta, fue Donald Trump con su lema de “América primero” y su amenaza de imponer grandes aranceles a los principales socios comerciales de Estados Unidos, sobre todo en Asia. Los problemas del TPP están muy vinculados a los del Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones (TTIP, en sus siglas en inglés), un acuerdo mucho menos avanzado para el establecimiento de nuevas reglas comerciales entre Estados Unidos y la UE. En este caso, sin embargo, las reticencias han venido fundamentalmente de Europa. 

Como en Estados Unidos, los políticos moderados europeos tienden de forma natural a confiar en la globalización como una forma de impulsar el comercio internacional y las inversiones. Pero los moderados son acosados desde izquierda y derecha. Para la derecha nacionalista, ejemplificada por Marine Le Pen, líder del Frente Nacional francés, los acuerdos comerciales internacionales son ejemplos de cómo las élites globales traicionan los intereses del ciudadano de a pie, que sigue anclado en su país. Desde la extrema izquierda se esgrimen argumentos similares, aunque se opta por hacer hincapié en los presuntos mecanismos para evitar pagar impuestos usados por grandes multinacionales como Uber o Apple.

El modo en que siglas hasta hace poco oscuras como TPP o TTIP son ahora de uso cotidiano en el debate político estadounidense y europeo demuestra la fuerza de los contrarios a la globalización. Este rechazo se intensificará en Europa en 2017 debido a que se celebrarán elecciones en Francia, Alemania y Holanda. Los políticos tradicionales ya se están empezando a adaptar a la nueva situación política europea. Sigmar Gabriel, líder de los socialdemócratas alemanes, ha declarado que a efectos prácticos el TTIP ya está muerto.

Las divinidades suelen añadir fuego sobrenatural a las pasiones, y por eso pueden resultar más terribles. Los cristianos en esta ocasión han quedado fuera de la dialéctica del conflicto, por primera vez, debido a que sólo suman el 2% de los habitantes y sus lugares sagrados, como los santuarios del nacimiento y del sepulcro de Jesús, no perturban los intereses de las partes enfrentadas, al contrario, son una fuente de divisas para ambas, pero conviene decir que los efectos colaterales del enfrentamiento les afectan profundamente. Barack Obama, que tiene muchos frentes abiertos, tanto en política interior como en el exterior, con dos guerras, ha situado la solución del perenne enfrentamiento entre Israel y Palestina como una de sus prioridades.

Mientras, dejan sola al territorio africano,

Sabe que eso es una ciénaga que se traga y ahoga las buenas intenciones con una enorme facilidad, por eso le está poniendo un particular empeño. En la reunión que tuvo a finales de septiembre en Nueva York con el primer ministro israelí, Benjamin Netan- yahu, y el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas, puso particular énfasis en que, pese a todos los obstáculos, pese a toda la historia, pese a toda la desconfianza, se impone encontrar una solución. Y la solución tiene como punto final y objetivo sin renuncia la creación de un Estado palestino que conviva en paz y en seguridad con el Estado de Israel. En el célebre discurso de El Cairo, dirigido a toda la comunidad musulmana, dedicó una parte considerable al tema, que tiene repercusiones directas en el amplio mundo islámico. Manifestó que apoyaba las aspiraciones palestinas por la seguridad, la oportunidad y un Estado propio.

También dijo que los palestinos debían abandonar la violencia, entre otras razones porque la violencia no los llevará al éxito, sino que les traerá más padecimientos. Los palestinos deben concentrarse en lo que pueden construir. Unificar al pueblo palestino y que el movimiento Hamás se incorpore al proceso de una convivencia pacífica es una necesidad. Los israelíes, que consideran irrenunciable su derecho a existir, no pueden negárselo a los palestinos. Los puntos más resbaladizos de la ciénaga son la tierra, el agua y las fronteras. En estos últimos días la ex secretaria de Estado, señora Clinton, y el enviado especial de los Estados Unidos para Oriente Medio, señor Mitchell, multiplican sus presiones para forzar una negociación con resultados positivos. Sentar a Mahmud Abbas y Benjamin Netanyahu con afán constructivo es una carrera de obstáculos, llena de nudos gordianos que desatar o romper.

La cifra de refugiados palestinos repartidos por el mundo suma unos cuatro millones según las diversas fuentes, es cierto que muchos de ellos no quieren regresar, se han asentado en otros países, han rehecho sus vidas y lo único que les queda es la nostalgia que cultivan desde la lejanía y que se traduce en una gama de ayudas y apoyos a su pueblo. Existe, sin embargo, un número importante, que algunos elevan a dos millones, que quiere regresar y que quiere regresar a las tierras de las que fueron expulsados, es decir, a las tierras que ocupa hoy Israel. Como punto de partida es una valla insuperable, el Estado de Israel jamás dará cobijo a tan numerosos retornos.

El otro tema vidrioso con toques de dramatismo es el de los asentamientos judíos en Cisjordania. Hay unos 121 asentamientos y cerca de 500.000 colonos, aunque las cifras varían según las distintas fuentes, depende si se cuentan los establecidos en Jerusalén este y sus alrededores o no. La fuerza de los colonos es tremenda, pueden poner y derribar gobiernos; en general, su fanatismo es muy notable. Se trata de comunidades ortodoxas o ultraortodoxas, frecuentan la sinagoga y leen la Torah en donde Yavé, en palabras y gestos sin titubeos, les entrega esas tierras. Abandonarlas significaría traicionar la voluntad de Dios. Estamos en la teología.

Uno de los líderes de los colonos ha proclamado lo que casi todos repiten ahora: “Aquí nació el pueblo de Israel, cuna de nuestra nación. Si intentan movernos de aquí, correrá la sangre”. Para encontrar una salida se necesitará una decidida presión por parte de Barack Obama, Donald Trump la Unión Europea, la Liga Árabe y la ONU sobre las dos partes que de partida no tienen eso que se llama voluntad política y quizá tampoco poder político para tejer la paz. Sin la presión exterior, ellos se pasarán la eternidad guerreando. La eternidad es una de sus palabras favoritas. Éste es uno de los grandes desafíos de Trump.

Y los sudafricanos, por igual que los palestinos, deben caminas de horas, para conseguir un plato de prashada y comida vegetariana.

Ahora, los chinos quieren controlar estas tierras. Durante años, los partidarios de Xi Jinping han animado a ser pacientes a los descontentos con el lento progreso del país. El cambio está siendo reprimido por la burocracia, dicen. Basta esperar a que Xi coloque a los suyos en los cargos más relevantes. Entonces, lo verán con sus propios ojos.

Ya lo hicieron con Venezuela, junto a los rusos.

Necesitamos un cambio estructural para ir al ciudadano repúblico

Ahora que el congreso del Partido Comunista ha acabado, 2018 servirá para estudiar las propuestas. En el congreso (el acontecimiento quinquenal más importante del calendario político chino), Xi declaró que su país había entrado en una nueva era, cuya primera fase, dijo, garantizaría que “la modernización socialista estuviera lista” hacia 2025. Habrá también una nueva ronda de reformas económicas y para sustentar el cambio: Xi ha asegurado que dominará el aparato del Gobierno como un coloso. Incluso antes del congreso, él era jefe del Partido Comunista, presidente, comandante en jefe, jefe del Consejo de Seguridad y presidente de muchos “grupos pequeños” a la sombra y con suficiente influencia para establecer políticas sobre cualquier cosa, desde Taiwán a la economía. Después del cónclave, Xi cuenta con una mayoría de aliados y subordinados (400) en el Comité Central, es decir los miembros de alto nivel del partido, además del sancta-sanctórum del poder, el Comité Permanente de siete miembros del Politburó, la mayoría de su elección, como el resto de líderes provinciales de China y la plana mayor de las Fuerzas Armadas.

Es un verdadero milagro”, afirma Franco Ottonelli mientras admira su obra, un complejo de apartamentos para inmigrantes y personas sin hogar en el centro de Acqui Terme, una ciudad del noroeste de Italia. Sus 26 apartamentos y sus jardines, así como el comedor social contiguo, fueron sufragados con fondos de la iglesia local y del ayuntamiento.

Podría pensarse que cualquier tipo de colaboración entre sacerdotes católicos y políticos italianos ya es de por sí un milagro, pues la Iglesia se mueve muy despacio y la maquinaria burocrática estatal es capaz de paralizar hasta al político más astuto. Pero para Ottonelli, que ha trabajado en este proyecto durante diez años, el milagro no es ese, sino que la gente de Acqui Terme le parara por la calle para ofrecerle su ayuda.

El pasado mes de febrero, cuando Benedicto XVI se convirtió en el primer papa en 700 años que dimitió de su cargo, su anuncio estremeció a la Iglesia católica. Sin embargo, este estremecimiento se esfumó cuando su sucesor, Francisco, el primer papa latinoamericano de la historia, logró encandilar al mundo. Nos encontrábamos ante un pontífice muy distinto a sus predecesores inmediatos.

Sudáfrica, tierra emblemática, tribal religiosa y lugar del gran sueño de Muhammad Gadafi

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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Emiro Vera Suárez (549 noticias)
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