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S.O.S. Democracia

18/11/2016 02:50 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Estamos inmersos en las "guerras culturales", cuya principal herramienta es la desinformación y la propagación del discurso de odio. Si pactamos, la primera víctima será la democracia y, por ende, nuestras libertades cívicas

S.O.S. democracia

Por Teresa Da Cunha Lopes 

 

 

Antonio Gramsci : “Il vecchio mondo sta morendo. Quello nuovo tarda a comparire. E in questo chiaroscuro nascono i mostri "

Morelia, Mich. 17 nov. 2016.-Tres factores fueron determinantes en la reciente elección estadounidense : la estrategia de desinformación; la recuperación del espacio público por el racismo y, como consecuencia la resurgencia del nacionalismo tribal.

La desinformación en redes alcanzó una viralidad que la transformó en una herramienta poderosa de manipulación de la opinión pública durante toda la campaña electoral y, es ya evidente que lo continuará siendo durante la transición y se transformará en un instrumento de control político interno a lo largo de la presidencia Trump.

La mayor parte de las personas no hace la diferencia entre lo que es verdadero o falso, cita como fuente a Facebook, a Twitter o al "The Oignon" y otros sitos intox, y continúa argumentando sobre la base de " pseudo hechos", aún y cuando hayan sido desmentidos. Los editoriales del New York Times o del Washington Post son leídos por una minoría ilustrada, pero el National Enquirer está en todos los supermercados y Breitbart se ha posicionado como el modelo comunicacional del neofascismo, con su histeria ideológica supremacista y su constante uso de falacias, difusión de hechos falsos, creación de " actualidades" alternativas.

La sistemática propagación de información falsa o inexacta, aunada a la intervención de un ejército de bots que crearon el proceso de difusión viral de la misma y que atacaron cualquier tentativa de rectificación o de respuesta del otro campo, propiciaron un conducto de amplificación mediática de la narrativa del odio que fue "normalizada", o sea reciclada como paradigma "aceptable" y como movimiento de empoderamiento de los grupos " alt-right".

En consecuencia, el hecho de que el odio ciego al otro es terrible, es feo, es indignante quedó escamoteado, porque se presentó como una manifestación " natural" de la ira de los que " no tienen voz" o que fueron " marginalizados por el sistema" y que ahora son presentados como una "fuerza democrática " de masas . Como movimiento populista y no neofascista.

Ahora bien, esta es otra falacia. Los movimientos populistas son siempre pluralistas, sin embargo a lo que asistimos es a la manifestación política de tentaciones autoritarias y dictatoriales, cuyo motor es la exclusión y que tienen como meta la instalación del nacionalismo étnico / tribal como eje central de las opciones de políticas públicas y de un nuevo orden internacional.

O sea, el uso intencional ( y consciente) de la desinformación como estrategia de campaña, abrió el espacio público a un oportunista que usó como palanca la deriva económica de determinados grupos anclados en el sistema productivo ( obsoleto) industrial del siglo pasado y cuyo punto de apoyo para mover ese resentimiento fue el racismo, la xenofobia y los miedos que nacen de las incertidumbres sociales. En suma, " normalizó" el discurso de odio y transformó lo inaceptable, o sea la discriminacion en conducta política "aceptable ".

Ahora bien, antes de la " normalización " de lo inaceptable operada por la campaña de desinformación organizada por Bannon y por Jared Kushner, como eje central de la campaña de Trump, lo que llamamos de racismo, de antisemitismo, homofobia, misogenia, islamofobia, etc, en suma las diversas variantes del discurso de odio estaban controladas, ubicadas en la periferia del espectro político, sometidas por un paradigma político y social que las excluía de los medios de comunicación masivos y de la irrupcion en la política " mainstream " .

Durante las últimas décadas, esas variables productoras de la violencia de los nacionalismos tribales, de las exclusiones sociales, de las políticas discriminatorias, habían sido excluidas del espacio público porque el debate democrático, eficientemente desmontó y positivamente evidenció que el discurso del odio, de la violencia del nacionalismo étnico, de la exclusión de las mujeres y de la discriminacion contra las minorías era (es) incivilizado, muestra lo peor del humano y es disrruptor de la cohesión social, . O sea, que el discurso de odio es inaceptable en las democracias avanzadas de finales del siglo XX y del siglo XXI, además de contener las semillas de la destrucción, desde el interior, de los regímenes democráticos, pluralistas, socialmente liberales.

Sin embargo, lo que usó la campaña Trump, con un oportunismo político maquiavélico, fue explotar el hecho de que esas variables estaban latentes, que esas fuerzas estaban ahí, que esas conductas de ataque a la democracia social y liberal (y de acoso y exclusión del otro) solo esperaban la ocasión de salir a la luz.

Solo necesitaban de un proceso de " normalización ". Es ahí donde entran en el juego las redes sociales y sus posibilidades infinitas de amplificación de la desinformación para potenciar el resurgimiento del racismo como instrumento de política y, sobre este elevar el nacionalismo tribal a la categoría de " visión de futuro".y de " política de estado".

Las redes sociales, los blogs, los bots, los periódicos electrónicos, el anonimato de los trolls, crearon el medio ambiente para la conquista de espacios por el discurso divisivo, excluyente del odio racista, religioso y/o de la misogenia y permitieron la "normalización "de conductas y tácticas neofascistas, inconstitucionales, violatorias del cuerpo de referencia garantista de los derechos fundamentales y, completamente indiferentes a los mínimos de decencia humana o a cualquier principio de convivencia democrática .

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Te despiertas y ves publicaciones de personas que, aparentemente, tienen "educación", o que se reivindican como profundamente religiosos, o que se identifican como " superiores" por su seudo status social, u otros, que el día anterior te saludaban con una cálida simulación de amistad, vecinos, "amigos", familiares y, descubres todo lo podrido que son, lo degenerado de sus mentes, el odio obsesivo que vomitan, en cada publicación de Facebook, en cada retweet .

Un miasma.La toxicidad de la desinformación, de la viralidad de las teorías del complot, del ciber acoso y de la difamación en línea. El cóctel de la manipulación de la opinión, que de Goebels a Bannon no ha cambiado sustancialmente las reglas, pero que las nuevas tecnologías han potenciado.

Desinformación que otros comparten, que otros aplauden, que otros "normalizan" . Que muchos difunden. Que otros espían con morbo. Es así que se reproducen los mini-Trumps . Los seguidores ciegos. Los creyentes en las teorías del complot. Los que niegan todo: niegan el cambio climático, niegan los avances científicos, niegan la igualdad social, niegan la modernidad. Son exactamente los mismos que rechazan los principios compartidos de la democracia, el paradigma de los derechos humanos y lo hacen, a partir de una posición de profundo desprecio por el " intelectualismo" y lo que definen como el " elitismo " de los liberales y de la academia.

Es así que se reproduce y perpetúa la violencia contra las minorías, contra las mujeres. Es de esa " normalización" y de las complicidades que genera que se fortalecen las discriminaciones. Que se levantan murallas de ignorancia cuyos cimientos son la mentira, la calumnia, la entronización de "realidades" alternas .

Es así que, "cuando necesitamos de ideas, de carisma, de unificadores, parece ser que en su opuesto, no tener ideas, no ser creativo, no poseer carisma, no presentar programas concretos, ser ofensivo, ignorante, discriminador y divisivo se ha transformado en “fortaleza” y que son estos trazos negativos el requisito esencial para transformar a los “monstruos” que viven entre nosotros en candidatos televisivos ganadores.", tal como escribí en una columna, intitulada "Los Monstruos también ganan elecciones ", publicada el 9 de mayo del presente año.

En consecuencia, me parece que la propuesta de entrar en una dinámica del "discurso de reflexión ", que he leído en muchas columnas de pundits liberales o de izquierda, sobre la necesidad de dar voz y de escuchar a los que votaron a Trump, es una narrativa que me parece suicida y que solo nos llevará a la aceptación de lo inaceptable. O sea, que es en esencia, otro vehículo para la "normalización "del discurso de odio y que además elimina la resistencia al mismo.

No debemos dar espacios a los racistas, ni a los supremacistas blancos, ni a los anti derechos humanos de las minorías, ni a los "alt-right" .

Al revés, los debemos combatir reforzando los principios ideológicos fundamentales de las democracias occidentales contemporáneas : equidad, estado de derecho constitucional, respecto total por los DESC .

No debemos hacer diferencia entre los que se asumen como racistas y aquellos que votan en apoyo a los racistas, pero que proclaman que no son racistas. Si no lo son, o son idiotas o son oportunistas. Aún y cuando justifican su voto bajo todo tipo de " razonamientos " y de ponderaciones, al final del día, son los que colocaron en el poder a un oportunista que usó el racismo como punto de apoyo para llegar a la Casa Blanca.Son los que votaron el Brexit, son los que votaron contra los acuerdos de Paz en Colombia, son los que marchan contra las familias bajo pretexto de defender " a la familia ", son los que pretenden controlar las Cortes supremas para instaurar la regresividad de los derechos.

No debemos pactar con los que quieren hacer registros de sectores de la población en base a su religión, ni con los que hablan de implantar deportaciones masivas de emigrantes. No debemos pactar con los que quieren controlar la Suprema Corte para iniciar una fase de regresiva dado de los derechos humanos. No debemos aceptar el debilitamiento de las organizaciones internacionales ni de los principios fundamentales del derecho internacional público .

No debemos olvidar que la información es la columna vertebral de la democracia, el instrumento que permite la construcción de una opinión racional sobre la cual decidir de las opciones políticas. La recuperación de la fiabilidad y de la confiabilidad en la información publica, en la comunicación social es imprescindible para una transición adecuada a la nueva economía electrónica, para las opciones científico - tecnológicas que tenemos a la disposición para implementar nuevos estilos de vida, para la convivencia democrática, para el funcionamiento de las instituciones garantes de los derechos fundamentales y para asegurar la sobrevivencia de sociedades pluralistas e inclusivas.

Debemos ser combativos, no ceder un centímetro de lo ya conquistado, dejar la estrategia de la " contención " y pasar a la acción. Usar las redes y las nuevas tecnologías para la transición a una nueva economía, a nuevas formas de acción y de participación política y, sobretodo para la difusión de la cultura y masificación del acceso al conocimiento .

No nos engañemos : estamos inmersos en las "guerras culturales" y si claudicamos, las primeras víctimas serán nuestras libertades cívicas, nuestras opciones de vida y nuestras posibilidades de vivir en paz.


Sobre esta noticia

Autor:
Teresa Da Cunha Lopes (281 noticias)
Visitas:
3705
Tipo:
Opinión
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