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Rafael-José Díaz: "cuando se escribe un poema se está creando un mundo nuevo de la nada"

08/04/2013 04:10 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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Santa Cruz de Tenerife, España, 1971). Es licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de La Laguna (1989-1994). Fue lector de español en la Universidad de Jena (1995-1998) y en la Universidad de Leipzig (1998-2000). Dirigió entre 1993 y 1994 la revista Paradiso. Como poeta ha publicado seis libros: El canto en el umbral (1997), Llamada en la primera nieve (2000), Los párpados cautivos (2003), Premio Tomás Morales de poesía 2002, Moradas del insomne (2005), Antes del eclipse (2007) y Detrás de tu nombre (2009), Premio Pedro García Cabrera de poesía 2007. Un volumen titulado Le Crépitement, con prefacio de Philippe Jaccottet, recoge una selección de sus poemas traducidos al francés. También ha publicado entregas de su diario, entre las que cabe destacar La nieve, los sepulcros (2005). Ha publicado traducciones de los siguientes autores: Arthur Schopenhauer, Hermann Broch, Philippe Jaccottet, Gustave Roud, Pierre Klossowski, Jacques Ancet, Fabio Pusterla, Ramón Xirau y William Cliff. Como ensayista, ha publicado recientemente Rutas y rituales, una selección de sus ensayos escritos entre 1993 y 2003. Y, como narrador, acaba de publicar su primer libro de relatos, Algunas de mis tumbas y dos libros de prosas titulados, respectivamente Insolaciones, nubes y Disolución. Mantiene desde hace casi dos años el blog 'Travesías' (www.rafaeljosediaz.blogspot.com), en el que va publicando apuntes, relatos, poemas y textos misceláneos. Actualmente es profesor en el I.E.S. Pintor Antonio López (Tres Cantos, Madrid). Recientemente ha sido publicada su antología poética La crepitación (Poesía reunida 1991-2006).

Rafael Ayala Páez: ¿Podría platicarnos un poco acerca de su relación con la poesía?

Rafael-José Díaz: Sí, con mucho gusto. Se trata de una relación visceral. Algunos poetas se jactan de escribir desde la más tierna niñez (como si eso demostrara algo). En mi caso, intento olvidarme de cuándo empecé a escribir y no me importa pensar que lo que escribo hoy pueda ser lo último. La poesía a veces no es sino un lastre para vivir. Otras veces nos endosa una careta de santones de la que tardamos años en desprendemos (si es que lo logramos). A veces, muy raras veces, se escribe un poema como si se diera un pasito para acceder a un mundo un poco distinto del nuestro. Entonces hay que estar dispuesto a ver, a dejar de ver, a olvidar y, sobre todo, a no arrodillarse ante ningún dios instantáneo.

RAP: ¿Cuáles son sus influencias literarias? ¿Algún libro de poesía en particular ha tenido una decisiva importancia para usted?

RJD: No reconozco ninguna influencia literaria. Descreo de ese tipo de ansiedades. Fluencias, sí. Muchas fluencias, flujos y reflujos literarios. Se puede pensar que mi primera afirmación contiene una pizca de prepotencia. Que cada cual piense y sienta lo que en cada momento le apetezca —siempre que no pretenda que los demás piensen y sientan lo mismo. Cuando se escribe un poema —pero muy pocas veces se escribe un poema— se está creando un mundo nuevo de la nada. Una vida dentro de la vida. Ahí no hay influencias, dependencias o maestrías que valgan. Los maestros pretenden casi siempre imprimir las marcas de sus fustas en los lomos de sus sufridos discípulos. Estas relaciones sadomasoquistas en el seno de numerosas cortes literarias me producen verdadera repugnancia. ¿Libros de poesía que haya leído con agrado? Sobre todo aquellos que parten de la imposibilidad de decir y terminan en la imposibilidad de decir. O aquellos que, sin pretender decir gran cosa, dicen algo que en ese momento nos consuela, nos sana o nos enfurece.

RAP: ¿Considera que el lenguaje, en particular con respecto a su propia poesía, un acto íntimo?

RJD: Bueno, desde luego no es tan íntimo como otros actos... Y, por muy íntimo que sea, los poetas padecemos un exhibicionismo contumaz, estamos permanentemente deseando mostrar nuestras intimidades. Un lenguaje conservado en el desierto durante cuarenta días de soledad y de dolor sí que sería un acto auténticamente íntimo. Desde luego, la poesía se vive en una especie de clausura. Uno se emboza para alcanzar cierta separación de los demás, una particular ausencia de miradas ajenas que nos permita fijarnos exclusivamente en nosotros mismos. Entonces se saca lo que se pueda del interior —casi siempre es muy poco lo que se saca— y lo que se obtiene es un poema, es decir, un texto dotado del máximo grado posible de inutilidad.

RAP: Usted ha traducido la obra de Arthur Schopenhauer, Pierre Klossowski, Philippe Jaccottet, entre otros. ¿Puede describirnos brevemente el oficio de un traductor literario?

RJD: El traductor literario es un señor que siente cierta necesidad de leer textos literarios escritos en lenguas extranjeras y que, en un momento determinado, se atrinchera como un valiente entre diccionarios y gramáticas para ejercer uno de los pocos milagros que existen en este mundo: el de trasladar o transformar o reescribir o transcrear (dijo alguien) un libro escrito en esa lengua extranjera en la lengua propia del traductor. Se trata de una actividad que en pocas ocasiones se lleva a cabo con éxito rotundo. Es uno de los oficios más necesarios del mundo y, sin embargo, es de los peor pagados y de los menos reconocidos.

RAP: ¿Cree que el trabajo de los traductores a veces se ignora? ¿Qué podemos hacer para cambiar esto?

RJD: Creo que en la respuesta anterior contesté ya en cierto modo a esta pregunta. Yo no sé qué se podría hacer para mejorar las condiciones de vida de los traductores y la visión que se tiene de su trabajo. Como en casi todo, imagino que habrá que resistir y que luchar inventando permanentemente nuevas corazas y nuevas armas.

RAP: ¿Cómo describiría la poesía contemporánea española? En su opinión, ¿cuáles son sus limitaciones, sus profundidades con relación a las generaciones anteriores?

RJD: A la poesía española contemporánea la describiría como una señora con peineta vestida con un modelito de lo más fashion que cuando saca a pasear a sus caniches les recita haikus, alejandrinos o versos blancos para que mejoren en lo posible su forma de ladrar. A la segunda parte de la pregunta no sabría responderle. Las limitaciones que pueda padecer no le impedirán a esa señora, la poesía española contemporánea, seguir haciendo de las suyas en todos los saraos. Y en cuando a profundidades, no creo que disponga de ninguna, por lo que, pura superficie brillante como es, posee la virtud de reflejar todo lo que se le ponga por delante.

RAP: ¿Tiene usted algún consejo para los jóvenes poetas?

RJD: Que se alejen de los poetas y de la poesía tanto como puedan.

RAP: ¿Actualmente en qué proyectos literarios está trabajando?

RJD: En el ahora más inmediato, acabo de terminar una entrevista que muy amablemente ha tenido a bien enviarme un joven poeta venezolano y en la que casi nunca respondo a lo que me pregunta —quizá porque es quizá el único modo de responder realmente a algo. En otro orden de cosas, tengo dos libros de poemas huérfanos de editor y que muy probablemente enfermarán de falta de cariño paterno y terminarán sus tristes días en algún orfanato. También van apareciendo textos diversos, sobre todo en prosa, en el blog que desde hace dos años mantengo como un —discúlpeme la pedantería— laboratorio de escritura. Publico ahí no solo textos con los que abofeteo ciertas actitudes estéticas de lo más ridículas y pintorescas, sino también relatos, apuntes, poemas en prosa o fragmentos que recomiendo a todos aquellos que quieran comprobar el ruinoso laberinto en el que acaba convirtiéndose el jardín en el que una vez se creyó vivir en amena armonía.

Selección de poemas de Rafael-José Díaz

UNA MAÑANA

La luz de la mañana, plateada,

envolvía tus manos.

Mi despertar fue un grito

llevado por mis pasos hasta el cuarto

donde tú cosías

los bordes de mi ausencia.

La luz de la mañana era un sudario

que envolvía tu cuerpo.

Me deslicé en un llanto

hasta tu herida, hasta el borde

que tú cosías a otro borde

para formar mi rostro.

Tú estabas muerta para unir mi muerte

al ojo de la luz que era nuestra lengua

DESPERTAR

Despertar

es desplegar los bordes de tu sueño

en la cárcel de luz de la mañana.

Allí regresas a los nombres,

al páramo de la mirada,

al surco consabido de las horas.

Ves cómo se suceden las imágenes

y no las reconoces, porque adentro,

en la gruta del sueño, hablaban otra lengua.

Pregunta, al despertar, por el origen

de la luz. Tal vez si lo descubres

regresarás al centro de tu sueño.

Procura no olvidar cuando despiertes

el idioma que hablabas como un ángel

en su lecho de nubes.

REVELACIÓN

Antes de ver el brillo del plumaje

cegar dentro del viento

la luz del horizonte,

mis ojos no sabían lo que era un cernícalo.

EL LÍMITE DEL SUEÑO

El límite del sueño es tu mirada

impresa en mi mirada sobre el borde

de la luz aquel día en que corrimos

desnudos por la orilla hasta abrazarnos.

UN MUCHACHO, EN LA PLAYA

Un tatuaje de luz sobre tus hombros,

una mancha solar, tu suave nuca

mordida por el fuego del deseo

que nacía en mi espíritu y moría en tu cuerpo.

EL CENTRO DEL DESEO

El lugar

es alto, solitario. La memoria

no ha borrado una tarde de deseo,

pero sí el rostro que aquí ardió

en el centro del deseo.

No sé si el breve incendio transparente

de las flores de almendro en el fuego solar

recuerda aquel incendio

de unos labios rosados

en el fuego aturdido del amor.

El color es el mismo, y la pureza.

El regreso, tal vez, desnuda la mirada

y hace más silencioso nuestros pasos.

Estaba solo, y escuchaba

el tránsito del viento entre presencia y recuerdo.

El lugar

es un perdido caserío

abierto al mar y a las montañas.

Sobre unas nubes, en el horizonte,

flotan las cumbres de otra isla.

Unas flores violetas contra el cielo dorado

de la tarde, la voz de dos ancianas

entremezclada con mi soledad,

el nisperero humilde de aquel patio:

aquí todo recuerda la ausencia de tu rostro.

(Las Vegas, Arico)

LUNA

La luna de dolor impreso

sobre los cuerpos que se amaban

no escuchaba el jadeo, ni las súplicas,

ni el pozo goteante de la sangre:

anidada en el cielo,

levitaba descalza sobre el agua,

y era un manto de ojos o luciérnagas

tendido sobre el cuerpo de la noche.

Inmóvil aleteo silencioso

que no desgarra el aire ni el aliento

creado por las bocas que se buscan

para unirse, olvidadas, sin rozarse.

La luna llena que dejaba

un rastro doloroso en nuestros cuerpos,

¿sabrá que es el amor la fragua

que transforma el dolor en un gozo sin nombre?

UNA TARDE, MUY LEJOS DEL UMBRAL

Lengua de luz sobre los montes

que rodean la casa:

lenta como el recuerdo se desplaza

y toca cada árbol, cada hierba.

Escribo en la terraza; en otro tiempo

la llamé transparente, y aunque dudo

que fuera exacta esa palabra, sé

que hoy la mano y los ojos habitan entre sombras.

Sólo esa breve lengua de luz tenue

que va lamiendo la ladera

sin ardor aparente, con la delicadeza

de una caricia tras un llanto inconsolable,

parece transcurrir al margen

del tiempo destructor,

como si hubiera un tiempo que pudiera sanar

con nueva transparencia las heridas oscuras.

Sigo escribiendo, y las palabras son

en mi mano una danza de preguntas

y dudas, aún muy lejos

del umbral en que todo es transparente.

Va a acabar el verano. ¿Acabará

también la luz hundida en la memoria

sin dejar una huella, una palabra,

un signo de su paso tan cerca de las sombras?

ALMENDRA

La noche no ha caído

aún sobre los cuerpos.

Cómo podría el viento

atravesar los rostros

si los labios insisten

en unirse a los labios.

No hay palabras, ni aliento,

sino el viento que gime

por sembrar en la luz

su semilla, su sombra.

No te gires, no mires

ese bosque de almendros:

las flores aún no pueblan

sus ramajes sedientos.

Nace el sueño en las bocas

que se funden dormidas.

La noche aún no nos hunde

en su oscura morada.

Más allá de este instante

aletea otro instante.

En la almendra que muerdes

duerme, ignorado, el tiempo.

(Caldera de los Marteles)

ÚLTIMA MORADA

La luz crujía como si quisiera

rasgarse, engullir sombra o espesarse,

y era sólo el sonido de su vientre

que empezaba a entreabrirse para acoger mi cuerpo.

EL TRÁNSITO

Lo que quiero decir sobre la luz

dorada y envolvente de esta tarde en Las Manchas

no lo logran palabras ajenas a la luz

y lo dice mejor el canto de los pájaros.

Golondrinas, sabed

que el azul de este cielo es irreal;

en vano vuestros vuelos perforan mi mirada

y en vano mi mirada perfora la verdad.

Devorado, ahora mismo, por la boca voraz

del horizonte, el sol ausente,

que fue hoy transformado de amarillo en naranja,

inaugura el oscuro destino de la luz.

No ser, tumbado en esta hamaca,

frente a un mar que se adentra en las tinieblas,

más que un ojo que sigue atento los retozos

de unos pájaros niños en el paciente almendro

Y ya la noche cubre los rescoldos

de todo lo que vimos en el día:

libélulas, almendros, labios, risas,

y cubre la mirada y sus hogueras.

(Las Manchas, Isla de La Palma)

LOS PASOS Y LAS SOMBRAS

Verás caer la noche y a una niña

que sale de su casa y ve la noche

caer mientras tú pasas hacia algún

lugar fuera del tiempo y de la vida.

AVE PERDIDA

¿Y qué palabra, ahora, harás salir

de tu boca extasiada en el regreso

de la luz a la luz, ave perdida?

He venido a escucharte. Me he escondido

al final del sendero,

donde es raro que nadie aparezca a esta hora.

Tu hablar es una danza.

Giras y giras sin descanso, mientras

mi lengua entumecida olvida su lenguaje.

El viento disemina

tu voz hasta el naciente del barranco,

tu cuerpo hasta el naciente de la voz.

En el centro, totémico,

el árbol al que adoras con tus vuelos,

unida a él, ¿es cierto?, por un lazo invisible.

Vas y vienes, misterio del día que termina

y consiente en caer, ave, en un pozo

que conoce tu ardor mejor que mi palabra.

Olvidar es tal vez

nacer a otra memoria en la que todo

regresa transformado a nuestros ojos.

Tu ardor y las palabras que he olvidado

se buscan más allá

de este instante en que ardes perdida en mis palabras.

(Agüimes)

LA LÁMPARA

La tormenta llegó después de separarnos.

Entre un trueno y el otro, en ese espacio

de espera y de temblor, pienso en la noche

que cruzas con tu lámpara. Tus pasos temblorosos.

Habíamos hablado todo el tiempo

con palabras sencillas que tal vez

no volveremos nunca a intercambiar.

El viento en los postigos, la lluvia entre tus pasos.

Parpadean las lámparas, sigo despierto, es frágil

todo intento de ver

el mundo con los ojos de la luz.

Es frágil y es heroico. La lluvia entre tus pasos.

Parpadean las lámparas, estoy

en un pequeño hotel. Hace cincuenta años

que tú vives aquí. ¿La verdad de la vida

se esconde en nuestros pasos, dime, o duerme tras ellos?

(En Grignan, con Philippe Jaccottet)

BRECHA SOLAR

Pienso ahora

que ha sido sólo aquí, en este banco

de un parque en el que fui

un niño que corría, se internaba

entre las hojas de la tarde

y se escondía

tras los troncos de arbustos y palmeras,

fingiendo olvidarse de su madre,

pero siempre pendiente de sus ojos, su voz;

que ha sido sólo aquí, en tantos días

de veranos sucesivos, de brechas

abiertas entre tiempos de ausencia o de ceguera,

donde el sol descorría

las cortinas de nubes, delicado,

y bajaba hasta el cuerpo, hasta la ropa

ligera que lo cubre en el verano,

hasta el libro, hasta el iris

de los ojos que leen, hasta

las manos que componen sin saberlo otro libro,

menos luminoso;

pienso ahora, también, aunque tal vez

lo haya sabido siempre, que estas nubes,

en su danza, descubren

y cubren, o desvelan y velan la mirada

calurosa del sol, y con sus gestos

de nada hacen que el cuerpo todo

se estremezca y recuerde lo que nunca sintió,

sienta ahora lo que nunca ha pensado

y piense en este instante y más allá

de este instante, del sello

huidizo del sol sobre el espíritu,

que ha sido sólo aquí, en este banco

de madera ya casi despintada,

donde el sol se ha entregado de verdad,

donde el cuerpo ha sabido,

desde siempre,

que su carne es un mínimo fragmento

del sol que ahora se derrama, tímido,

por una brecha abierta entre las nubes.

(Parque García Sanabria, Santa Cruz de Tenerife)


Sobre esta noticia

Autor:
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Fuente:
correocultural.com
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Tipo:
Reportaje
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