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Quince jóvenes poetas venezolanos

08/05/2013 07:30 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Nesfran González Suárez

Escritor venezolano. Nace en San Antonio del Táchira el 13 de junio de 1980. En 2000 recibe el título de T.S.U. en Tecnología de Alimentos. Desde el año 2001 reside en el estado Aragua.

Ha publicado: Entre Huellas y Grietas (1er lugar mención poesía joven en Bienal Ciudad de la Juventud 2001, Selección Poética Senderos Literarios 2004) Profecías para Urbano (El perro y la rana, 2008) Blanca Amada y otros relatos (Proyecto Expresiones, 2010) Los Inquilinos, poesía reunida 1997-2010 (Proyecto Expresiones 2011) El lado oscuro de tu almohada (2do lugar en I Concurso Internacional de Nanoliteratura, mención Nanonovela, Proyecto Expresiones 2011)

Aquí todo es silencio (2do lugar II Concurso Por una Venezuela Literaria, mención poesía, 2012) y Ama de Casa (Ganador del Concurso Internacional de Poesía Breve en Homenaje a la poeta María Calcaño, 2012) En la red: www.letralia.com y www.proyectoexpresiones.ning.com

Alas en duermevela

Un rumor se escurre en la alcoba:

tu olor a piel dormida.

Nido de péndulos.

Álgebra básica

Mis fantasías:

Son relaciones

directamente proporcionales

a la suma

de todos tus pudores.

Hipótesis

Si nuestra historia

ha tenido

sus altas y bajas,

entonces

¿por qué resumirlo todo

en el valor de un instante?

Willy McKey

(Caracas, 1980). Licenciado en Letras por la UCV, donde es tesista de la Maestría en Estudios Literarios y se desempeña como productor editorial. Su primer poemario, Vocado de orfandad (2007), resultó ganador del premio Fundarte, mención poesía. Es colaborador de Papel Literario y ProDaVinci.

0010.

La conjura será de los vocados de orfandad

—a ellos el gozo taciturno—

somos las ofrendas, nuestras

voces perdidas, el abrevadero,

las aguas del contagio.

Giraremos, balbuciendo hasta acabarnos

la garganta

—la vuelta común, inventaremos

un sonido nuevo, un bramido—

la intemperie del cansancio, atenderemos

el lugar para el rezo

—todo quejido y cada herida

deviniendo plegaria, laudo—

(seré una oración en nombres de ausentes)

Habrá en las raíces algo de beber,

mudos y crédulos entregaremos al pasado

todos los ojos

que cada verso leído sea otro que nos roban

que cada uno carcoma,

que cada lectura sea hurtada,

que lo dicho nos delate torpes de palabra.

Reinventaremos el grito

bajo las pieles curtidas

y nos ungiremos con su sangre negra

y seca

—in absentia, allí nuestro bautismo—

morirán en derredor los roncos,

los infames,

todos sus calcos

expirarán juntos un verso indescifrable

clave de mapas,

cruz de bitácoras,

silencio.

***

Saldremos,

manando de bocas ulceradas agua nueva;

tendremos la fiebre vieja. Frente al fuego

en nuestros pechos tronará un zumbido;

alas de langosta;

gruñidos de manada;

las voces de un ave negra

(serán ecos animales,

reminiscencias para el reposo)

Fe

y alguna palabra tendrá sentido

: lugar

Allí nos llenaremos de verdad, hacer cuerpo,

hacer sombra,

silencio.

El alma en la boca y tendré miedo, hermano:

me tragarás vencido,

me olvidarás temprano,

me disolveré en tu boca.

—yo estaré muy lejos de tu voz, quemándome

en tus oídos, habitando el aire, percutiendo—

(antípodas sonoros, huiremos)

***

Al fondo del abismo, una osamenta

y sobre ella la roca. El altar urgente

huérfano de ungidos

—vencidas las consignas, hoy resucitará

la diosa blanca conjurada por el odio—

(mostraremos nuestros lomos tasajeados

por encima de ella, el dolor, sus sangres,

la calavera fraterna

reconociéndonos en cada pacto antiguo)

Borrarás tu nombre, yo el mío

y una voz ordenará derribarlo todo,

"Ya es la hora

—nos dice—

: se ha cumplido"

nuestra voz.

(Fragmento, mientras se pudren las raíces del primer Hevea brasilensis!)

Divina Poesía, / tú de la soledad habitadora, a consultar tus cantos enseñada con el silencio de la selva umbría,

tiempo es que vuelvas ya a esa culta Europa que tu nativa rustiquez desama.

Mientras, nosotros venceremos.

Haremos un secreto milenario de este nuestro ocio de chicle:

haremos una bomba honda, rosada.

Masticaremos: así usaremos la boca en silencio

masquemos, masquemos, masquemos

como si en la intermitencia se nos fuera la vida

y venceremos.

Que el hedor a canela | tutti-frutti no permita

que la idea se nos salga vuelta idea

que ni siquiera entre un nuevo bocado: masquemos, mastiquemos, masticados.

Venceremos, venceremos, venceremos.

Treparemos hasta la insomne epifanía del mamón para decir,

para decir (chupando), para decir (encandilados), para decir (en mamón macho):

Este es el aposento, / testigo de un dolor nunca explicado, del drama fugitivo

de un momento

y en un violento fin inesperado | lanzarnos de cara contra el suelo

porque ni el buen mamón nos ha escuchado;

mas venceremos.

Resolveremos la gran novela común:

daremos cuerpo a las ficciones acordadas

y sin miedo narraremos las noveletas de la patria, de la muerte

porque tenemos épica, señora

porque sabemos exportar ejércitos

y nos aseguramos de que en nuestros billetes

por fin sonrían un negrito, un indiecito, una niñita,

¡tamboré!

perezosos gigantes

junto a otras especies en extinción.

Por eso, con suerte, venceremos.

Vuelve, D. P., a tus ciudades con canal para ciclistas

porque acá tenemos soberanía subterránea

chicle negro y pesado que mueve al autobús, al tanque y al ministro:

venceremos.

Mil perezosos gigantes se han derretido debajo de mi casa desde el Pleistoceno.

Un millar de megaterios abrasados, hidrocarburos, combustibles,

una manada de megaterios vuelta chorro negro, Mene Grande.

Zumaque 1, venceremos.

Ya no habrá alocuciones, D.P., sino comunicados:

memoranda, notificación y último aviso.

No habrá tiempo para leer, usted perdone,

pero lleve el control de las circulares numeradas,

venga mañana a las cinco y pida un número,

hablaremos con usted y con la tierra en lenguas muertas

(pachamamabrasandomegatheriums)

y venceremos.

Nuestra bomba de chicle cooperante, colectiva y vuelta masa

esfera fucsia que explotará contra un zarcillo

punzante, afilado, verde oliva.

No un pendiente... no, señora: un zarcillo

un zar menudito que destella con el dorado de las caponas

y contrasta su tanto verde oliva en derredor:

bomba de chicle, bomba de gasolina, bomba de tiempo, venceremos.

El hombrenuevo tiene 2.000 años

(o un poco más), D. P. 25 siglos, más o menos

(o un poco más).

Venceremos.

Pero todavía no, D. P.

Megatherium, not yet,

not yet.

Not yet.

Espera un poco, un poquito más.

Deja que pase | otro ratito | de felicidad.

‘Venceremos, venceremos, venceremos’;

perezosos gigantes: venceremos;

todos, como los megaterios, algún día caducaremos,

de nuevo

expiraremos.

Venceremos. Venceremos. Venceremos.

Aarón Almeida Holmquist

(Caracas, Venezuela. 1981) Docente, escritor, artista urbano y promotor cultural. Egresado de la Escuela de Artes Visuales Rafael Monasterios de Maracay en la especialidad de Artes Gráficas. Estudiante del 7mo semestre de Lengua y Literatura en la Universidad Pedagógica Experimental Libertador (UPEL, Maracay). Forma parte de la directiva del Archivo de Arte Correo y Poesía Visual Internacional Keyla Holmquist. Ha fusionado sus textos poéticos con el Arte Correo, la técnica de escritura y lectura táctil Braille, la técnica del Stencil, acciones callejeras y múltiples instalaciones por varios estados y museos del país. Ha participado en diversos talleres literarios a nivel nacional. Colabora asiduamente en prensa, revistas y panfletos literarios. En el 2011 es seleccionada su obra C.S. para participar en el 36 Salón Nacional de Arte Aragua. Trabajo bidimensional en el que por medio de la escritura, el collage, y otras técnicas como sistemas de comunicación, logró dar forma a un inmenso relato, dictado entre versos, basado en 40 poemas de su autoría. Para el 2012 es nombrado ‘Nuevo valor en el arte’ por el Centro Cultural Higuaraya Capanaparo en la celebración de su 38 aniversario. Actualmente se desempeña como facilitador de la Casa Nacional de las Letras Andrés Bello dentro del Sistema Nacional de Talleres Literarios. Cuenta con un poemario inédito titulado Una sola carne.

Puesta en escena

Â

Érase una vez la paz

Yo reía

Era tronco de vivo pavimento

No vestía sayales con peste a extravío

ni escribía

manuscritos de guerra

Era una cometa con sueños a bordo

dueño de un itinerario libre de puñales

Hoy

no ha sido fácil entender

que se es un pendejo de cartón

Un mimo llorón con epidemia

Un enamorado

con el destrozo

a cuestas

Sueño inválido

Empuñé mis manos deshidratadas de fe

me vestí de ruegos

y tomé al hijo de Dios como rehén

para que no te marcharas

Heme aquí

La plaza

A C.S.

A la plaza La Soledad en la ciudad de Maracay

A menudo

suelo desviarme hacia ese ruedo

acampar entre sus gestos

de distancia

y retirada

El viaje

trepa la adopción

y su torpeza

el trasnocho de un afecto

y su equipaje

Evocar es un empleo tembloroso

solíamos felices

penetrarnos sin saberlo

Esa plaza


Sobre esta noticia

Autor:
Correo Cultural (16441 noticias)
Fuente:
correocultural.com
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Tipo:
Reportaje
Licencia:
Creative Commons License
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