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¿Es posible cambiar la minería por la conservación de bosques?

23/03/2017 02:10 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Comunidades campesinas de Espinar en Perú cambiaron su forma de pensar y después de años de esperar que la minería sea la solución, se dieron cuenta de que necesitaban conservar su agua y buscar el reconocimiento como Área de Conservación Regional (ACR)

Mongabay Latam / Jack Lo Lau

- ¿Cuántas hectáreas serían conservadas con la categorización de esta nueva área?

- ¿Cuál es la actividad económica con la que buscan reemplazar a la minería?

Santos Huamaní de cincuenta y cuatro años, y de un metro con sesenta centímetros de altura señala con el dedo un pequeño riachuelo que baja desde la punta del cerro. “Cuando era niño eso era como un río, no lo podíamos cruzar. Ahora da pena”, dice y sigue caminando colocando las manos atrás, dando pasos lentos hacia lo más alto para llegar a su casa, a cuatro mil ochocientos metros sobre el nivel del mar.

Los recuerdos del actual presidente de la comunidad de Manturca, distrito de Coporaque, provincia de Espinar, Cusco, están claros. “Antes había más agua. Ahora en época seca da ganas de llorar, es triste, los animales se ponen flacos, no hay nada”, cuenta Santos Huamaní.

Cuatro horas separan a Cusco de Espinar. Una ruta llena de curvas, cielos relucientes y nubes que parecen de algodón. Un camino que prepara al visitante para un paraje destinado a sorprender. Dicen en Espinar que albergan la segunda maravilla del Cusco y quieren hacerla conocida en todo el mundo. Sin embargo, cuando buscas información sobre Espinar en Google, te topas con tres palabras que retratan un escenario distinto: minería, contaminación y metales pesados. Un panorama que hoy se quiere cambiar.

La caminata en Tres Cañones te muestra increíbles paisajes, además de su muy bien conservado bosque de queuña, uno de los más representativos del sur de Perú. Foto: Jack Lo Lau.

Acá estamos

Esta zona de Cusco que limita con Arequipa y Puno, sirvió como un corredor en la época de la colonia que conectaba las áreas ganaderas de la región altiplánica sur con los valles interandinos del Cusco, como se detalla en el estudio “Minería, desarrollo y gestión municipal en Espinar”, realizado por Servicios Educativos Rurales (SER) y el especialista Eduardo Cáceres. Basta andar unos minutos en los alrededores de Espinar, para darte cuenta de que su principal actividad económica sigue siendo la crianza de alpacas, llamas y ovejas.

“Espinar forma parte de lo que en Cusco se conoce como las provincias altas. Espinar, Chumbivilcas, Quispicanchis, Paruro, son las provincias altas. Y siempre han sido vistas por el centralismo cusqueño como las provincias pobres que basan su economía en la autosubsistencia. Siempre ha sido ninguneada”, cuenta para Mongabay Latam, José de Echave, exviceministro de Gestión Ambiental del Ministerio del Ambiente y un experto conocedor de Espinar y su desarrollo en las últimas décadas. A ello, agrega que “la llegada de la minería reestructuró el territorio y rompió una lógica y una dinámica económica, social, cultural y ambiental. Esta actividad genera impactos ambientales significativos y la población responde con levantamientos y quejas”. El 21 de mayo de 2012, luego de una protesta que denunció la contaminación y el inadecuado trabajo de las operaciones mineras, se declaró el día de la dignidad en Espinar, que desde entonces se celebra todos los años. En abril de 2013, el Monitoreo Ambiental y Sanitario Integrado y Participativo del Ministerio del Ambiente confirmó lo que la población ya había advertido: la contaminación de suelos y aguas en Espinar. En agosto de 2015, Margarita Ccahuana Córdova de la comunidad campesina Alto Huancané, ubicada a una hora de Manturca, murió por una enfermedad renal relacionada directamente a una intoxicación crónica con arsénico y cadmio. “No hay voluntad política para solucionar los problemas en Espinar. Hasta ahora no se han hecho bien todos los exámenes para determinar si hay una lógica de causalidad de la presencia de la minería y los impactos ambientales, a pesar de todos saber que sí existen estos impactos”, recalcó De Echave.

“De una manera u otra, la minería utiliza otros minerales que son ausentes en la zona. Estos se infiltran en los suelos y fuentes de agua, se mezclan con el agua de los bofedales y comienza a cambiar de color o tonalidad. La acidez varía, así como también la cantidad de nutrientes. Eso se ha visto en muchas partes del Perú. La mina puede decir que no contamina, pero a varios kilómetros hay una quebrada donde se esta infiltrando el agua contaminada que produce la mina y eso ocurre mucho. Por ejemplo, en la parte alta de Moquegua, en el límite con Puno, cerca de San Antonio de Esquilache, hay un bofedal que se ha secado por completo por la minería. Ahora está negro y eso no se puede volver a recuperar. La contaminación ha matado la diversidad biológica que había ahí”, dijo para Mongabay Latam, Daniel Montesinos Tubée, Ingeniero Agrónomo, Magister en Ciencias Forestales y Doctor en Ciencias Ecológicas (PhD) de la Universidad de Wageningen, Holanda, que durante los últimos años se ha pasado estudiando los pajonales altoandinos de Cusco, Puno, Moquegua y Arequipa.

A conservar

El Gobierno Regional de Cusco, junto a las comunidades campesinas de Manturca, Cerritambo y Mamanihuayta, de los distritos de Coporaque y Suyckutambo, en Espinar, han decidido proteger lo más preciado que tienen: el agua. Para ello, están pidiéndole al gobierno la categorización de más de 39 000 hectáreas de páramos, quebradas y montañas, como Área de Conservación Regional (ACR) a la que han llamado Tres Cañones. “Se quiere mejorar la calidad de vida de las tres comunidades. Creemos que conservando este territorio, se pueden promover otras actividades como el turismo, que puede generar ingresos sin afectar el entorno. En este contexto, vamos a reforestar 100 hectáreas de colle, queuña y demás especies nativas, y así ayudar a la regeneración de los suelos”, dice el ingeniero Alberto Gonzáles Puma, Responsable del repoblamiento vegetal del ACR Tres Cañones. Hay que resaltar que además de esta área, hay tres más que la región quiere impulsar: el circuito Cuatro lagunas en la provincia de Acomayo, la cadena de nevados de Ausangate en el distrito de Ocongate y la zona de Urusayhua en La Convención.

En Tres Cañones es la unión de los ríos Cayomani, Cerritambo y Apurímac, para formar el Gran Apurímac. Foto: Jack Lo Lau.

Tres Cañones es un lugar mágico. Es donde se unen los ríos Cayomani, Cerritambo y Apurímac, para formar el Gran Apurímac. Caminar en esta zona es realmente especial. A más de 3900 metros sobre el nivel de mar, puedes encontrar profundos farallones de hasta más de 200 metros de profundidad, donde se pueden hacer deportes extremos como rapel o escalada. Te puedes topar con impresionantes bosques de piedras formados hace más de 2000 millones de años que parecen salidos de una película del Señor de los Anillos. Te puedes refrescar en ríos de agua fría y transparente que van brotando de ojos de agua y de las partes más altas de las montañas. Especies amenazadas como el puma, la vicuña, la gallareta gigante, el picocono gigante, el flamenco común, el zambullidor plateado y el sapo andino buscan vivir en armonía. Además, se encuentra el complejo arqueológico Mauka Llaqta, repleto de construcciones circulares y semicirculares, del que se piensa fue un pueblo que abastecía de tejidos, quinua y kañihua a los incas.

El complejo arqueológico Mauka Llaqta es uno de los atractivos turísticos de la zona. Foto: Jack Lo Lau.

En este contexto, el Gobierno Regional de Cusco ya tiene una serie de planes para la zona una vez el Estado entregue la categorización como ACR. “Se implementarán centros de investigación con viveros experimentales para estudiar las formas de reproducción de la flora amenazada en el área y a su vez se capacitará a las comunidades para plantar especies nativas que se encuentran en peligro de extinción. Para ello se dotara de un vivero con tecnología moderna, los insumos vegetales serán recolectados en el área de influencia del proyecto con la finalidad de ya estar adaptadas a las condiciones climáticas, edáficas y de altura. Los plantones producidos en estos centros serán plantados en zonas dentro del área del ACR”, explicó.

Pero también quieren trabajar en el repoblamiento de especies en peligro como las vicuñas. La conservación de este camélido es vital porque “permite la recuperación de otras especies nativas, como el cóndor, la taruca y las aves” y agregó además que  la vicuña puede generar ingresos económicos para la comunidad, “con la venta de la lana, tema en el que también capacitaremos a los pobladores”, cuenta a Mongabay Latam, la bióloga Mariela Caballero del Castillo, Especialista Ambiental del Gobierno Regional Cusco y actual residente del proyecto del ACR. Es así que los pobladores se han empezado a interesar por la conservación y el turismo, en lugar de seguir esperando que actividades extractivas como la minería traigan el tan añorado desarrollo sostenible de la zonas altas de Cusco.

Más sobre

Altas paredes de hasta 250 metros te irán resguardando en el camino. Formaciones rocosas de más de dos mil millones de años. Foto: Jack Lo Lau.

El clima está cambiando

Santos Huamaní mira al horizonte y sigue señalando con el dedo. “Aquí no más es Arequipa. Al otro lado está Puno. Lamentablemente no se ve porque está nublado. Ya no se sabe cómo va a estar el clima”, dice el presidente de su comunidad, quien espera que con la categorización de ACR, puedan recibir más apoyo y visitas.

“Nosotros queremos el ACR porque nuestros recursos propios están desapareciendo. Antes vivíamos natural, sanos, hasta medicina sacábamos del monte. Pero ya no hay nada de eso. Ahora tenemos contaminación. El tiempo ha cambiado. Por ejemplo, la lluvia se iniciaba en agosto, setiembre, y era ideal para empezar a sembrar. A partir de diciembre la lluvia ya caía con fuerza. En cambio, por ejemplo, ahora estamos fines de febrero y recién está empezando la lluvia”, vuelve Huamaní y agrega: “si nosotros no le dejamos un lugar sano a nuestros hijos y nietos, ¿quién lo va a hacer?”.

La actividad agrícola en la zona es de autoconsumo. Quinua, papa, oca, kañihua, son sus principales alimentos. Foto: Jack Lo Lau.

Sin embargo, este recién es un primer paso, en el que el Gobierno Regional de Cusco (GORE Cusco) tiene muchas expectativas y responsabilidades. “El GORE (Cusco), una vez categorizada el área, tiene que incluir dentro del Plan Maestro algunos programas enfocados al manejo de pastos, agua, agricultura sostenible y obviamente impulsar la actividad turística con la plena participación de la población local. Hay mucho por hacer, como mejorar la carretera, poner senderos y miradores, mucha información o señalética, para que sea un atractivo bien informado de los visitantes. Se tiene que generar una activa dinámica de actividades que la población y autoridades tienen que realizar en busca de una mejor calidad de vida de la gente”, dijo para Mongabay Latam, Ronald Catpo, Director de Áreas para la Conservación de la Asociación para la Conservación de la Cuenca Amazónica (ACCA) que trabaja apoyando el cuidado y protección de los territorios en Cusco y Madre de Dios.

Importancia

Los pajonales altoandinos predominan en Tres Cañones. Es un ecosistema localizado entre los 3000 y 4500 metros sobre el nivel del mar. En Perú se encuentra principalmente en la zona central de los Andes y se extiende hacia el sur, desde Cajamarca, Junín, Huánuco, Huancavelica, Pasco, Ayacucho, Cusco, Arequipa, Moquegua hasta Tacna. Es una esponja natural muy delicada, por eso las quemas y el sobrepastoreo hacen que no se pueda restablecer como debería. Es por ello que es una importante fuente de agua que necesita ser conservada, como lo recomiendan quienes han estudiado este ecosistema. “Además, los pajonales resguardan especies endémicas. Y esas son plantas o animales que son propios de ese lugar, que han evolucionado en esa zona y por ende son diferentes a otras especies. Si ese ecosistema se daña o se malogra, esa especie endémica se extingue. Con la conservación se protege a largo plazo. Y eso es algo que cuesta hacer entender a la población”, dijo Daniel Montesinos Tubée, ingeniero agrónomo y sobre todo un apasionado de los pajonales altoandinos.

La conservación de los pajonales alto andinos son de vital importancia para el cuidado del agua, un recurso que cada vez es más escaso. Foto: Jack Lo Lau.

“Los pajonales de altura se caracterizan por tener bofedales y estos son como comunidades de plantas subacuáticas donde se almacena mucho carbón. Entonces, si uno cava un bofedal, puedes encontrar varios metros de carbón que ha sido almacenado por miles de años. Entonces,  estos bofedales que son las principales nacientes de agua, tienen altos contenidos de nutrientes. Cuando uno seca el bofedal, está secando estos colchones de agua permanentes”, puntualizó Montesinos Tubée. A esto, Catpo agregó una razón más para  la conservación de estos espacios, ya que “también están asociados a unos tubérculos de importancia local para autoconsumo o comercio como el olluco, oca y mashua. También sus pastos son utilizados para la construcción de techos y adobes. Inclusive generan un microclima que regula las condiciones de temperaturas extremas”.

Una de las especies que abundan en Tres Cañones es la queuña (Polylepis). Capaz de crecer hasta por encima de los 5000 metros de altura a muy bajas temperaturas, regula el clima, almacena el agua, previene la erosión de los suelos y dicen que tan solo utiliza el 5 % del agua que necesita un eucalipto. En la misma línea, “mantienen un equilibrio biológico con otras especies. Es decir, la queuña, que es el árbol que predomina en Tres Cañones, necesita de diversas especies de aves e insectos para la polinización. Se crea un ciclo biológico donde hay continuamente visita de especies de fauna a la zona. Y eso ayuda a que se mantenga un equilibrio. Si uno quema los bosques o los pajonales, estos animales migran, se van, desaparecen. También es de vital importancia la conservación de estos bosques por todo el oxígeno que nos dan los árboles”, dice Montesinos Tubée, reafirmando la importancia de conservar esta futura ACR, donde se encuentra el más extenso bosque de queñua del sur de Cusco y el norte de Arequipa, con 2348 hectáreas, además de dos rodales de Puya de Raimondi que representan el 25 % de todos los rodales de esta especie en el Cusco.

Cirilo Hancco, su esposa Juliana y su hija Roxana. Foto: Jack Lo Lau.

La unión hace la fuerza

En la comunidad campesina de Cerritambo también han entendido la importancia de su conservación. “El agua, la alimentación, es lo básico. Con el dinero no pasa nada. Si nadie produce comida, ¿qué vas a comprar?”, dijo el presidente de la comunidad Mauricio Víctor Cajibilca, a Mongabay Latam, mientras pasteaba sus alpacas al lado de su casa. “Nos estamos yendo al facilismo de la mina. No hemos estado pensando en el futuro. Estamos a tiempo de cambiar y por eso queremos conservar nuestra tierra. Agua es lo que necesitamos”, sentenció la autoridad local. A unos metros de él, estaba Santos Huamaní contando y señalando con su dedo cómo esos altos montes andaban cubiertos de nieve, cómo esos pajonales eran “verdes de verdad”, y cómo todos esos campos alguna vez estuvieron repletos de ovejas, llamas y alpacas.

A treinta minutos de distancia de Cerritambo, está la comunidad campesina de Mamanihuayta. Y la situación en la que viven no se diferencia mucho a lo que sucede en Cerritambo y Manturca. Es por ello, la decisión firme de conservar sobre todas las cosas. “Para ser sinceros, la minería no ha apoyado mucho. No es dable. Las comunidades que están más cerca son las que reciben algo, pero a la vez les contaminan sus ríos y se quedan sin agua limpia. Contaminados están. Nosotros estamos promoviendo que nuestros jóvenes se empiecen a dedicar a otras actividades como el turismo. Sabemos que es algo que será un proceso pero no estaremos destruyendo lo nuestro”, declaró Marcelino Ccama Hancco, presidente de la comunidad campesina de Mamanihuayta. “Acá tenemos lugares preciosos, estamos en un sitio privilegiado”, afirmó esta autoridad que no está lejos de la verdad.

Si uno sigue por el camino afirmado que corre paralelo al río Apurímac, rumbo al sur, además de toparse con cañones profundos y espectaculares paisajes, llegará al reconocido Cañón del Colca en Arequipa, la casa del cóndor andino y una de las maravillas del Perú. “El Gobierno Regional Cusco en alianza con el Gobierno Regional de Arequipa viene potenciando la implementación del corredor turístico (Tres Cañones-Colca) lo cual permitirá el incremento de la afluencia de turistas a la zona. Es así que la Dirección Regional de Comercio Exterior y Turismo viene capacitando a la población sobre la diversidad de servicios turísticos que deben estar preparados para recibir a los visitantes”, cuenta Mariela Caballero del Castillo, del Gobierno Regional de Cusco.

Buen vecino

En diciembre de 2010, se logró la categorización del ACR Choquequirao en Cusco. Más de 103 000 hectáreas repletas de restos arqueológicos y una vida peculiar que colinda con el Santuario Nacional Machu Picchu. La diferencia de esta zona cusqueña con Tres Cañones es que desde hace muchos años recibe turistas que buscan rutas alternativas en Cusco. “Esta ACR conjuga dos elementos importantes turísticamente. Dentro tiene el parque arqueológico del mismo nombre y a su vez se ubica al lado del Santuario Histórico de Machu Picchu. Tiene una alta belleza paisajística gracias a sus nevados, encabezados por el imponente Salcantay, caminos incas,  bosques de montaña, especies endémicas y amenazadas como el oso de anteojos, puma, el cóndor andino y el gallito de las rocas”, nos cuenta Ronald Catpo, que espera un poco más de acción por parte de las autoridades en esta área natural protegida y en todas las que estén por llegar. No son suficientes las buenas intenciones. La categorización tiene que venir acompañada de más trabajo por parte del Gobierno Regional de Cusco.

“El turismo ha sido el principal beneficio de Choquequirao, y así quisiéramos que sea en Tres Cañones. El turismo ha permitido implementar actividades como el arrieraje, elaboración y venta de artesanías y diversos servicios turísticos donde la población involucrada participa organizadamente a través de organizaciones comunales. Calculamos que se han beneficiado un total de 250 familias, entre las comunidades de Marampata, Yanama, Totora, Collpapampa, Huaracmachay, que es la mitad de las que hay en la zona”, comenta para Mongabay Latam, Mariella Caballero, que difiere un poco con la opinión de Catpo.

“Sinceramente, hasta ahora no se ha evidenciado un beneficio directo asociado al ACR. Hay una relativa mejora en la promoción de la actividad turística por parte de las empresas interesadas, pero no se define claramente como algo asociado al ACR, sino más bien al complejo arqueológico principalmente. Se han realizado algunas acciones orientadas a la mejora de la organización y fortalecer capacidades de personas que brindan servicios de turismo (arrieros), pero no se ha hecho mucho más. En este tiempo, no han podido conseguir financiamientos que permitan desarrollar los programas y actividades del Plan Maestro, y tampoco hay una presencia continua o permanente del personal del GORE en la zona”, afirma un preocupado Catpo, que espera que la conservación, con todas las actividades económicas que incluye, pueda llevar a las comunidades cusqueñas a tener una mejor calidad de vida y cuidar el agua que cada vez se hace más escasa.


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Mongabaylatam (41 noticias)
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