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6 poemas de Elizabeth Bishop (EEUU, 1911--1979)

09/11/2020 15:17 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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Un arte

El arte de perder se domina fácilmente;

tantas cosas parecen decididas a extraviarse

que su pérdida no es ningún desastre.

Pierde algo cada día. Acepta la angustia

de las llaves perdidas, de las horas derrochadas en vano.

El arte de perder se domina fácilmente.

Después entrénate en perder más lejos, en perder más rápido:

lugares y nombres, los sitios a los que pensabas viajar.

Ninguna de esas pérdidas ocasionará el desastre.

Perdí el reloj de mi madre. Y mira, se me fue

la última o la penúltima de mis tres casas amadas.

El arte de perder se domina fácilmente.

Perdí dos ciudades, dos hermosas ciudades. Y aun más:

algunos reinos que tenía, dos ríos, un continente.

Los extraño, pero no fue un desastre.

Incluso al perderte (la voz bromista, el gesto

que amo) no habré mentido. Es indudable

que el arte de perder se domina fácilmente,

así parezca (¡escríbelo!) un desastre.

INSOMNIO

La luna en el espejo del buró,

a un millón de kilómetros, se mira

(con orgullo, tal vez, pero nunca

nunca, esboza una sonrisa)

está mucho más allá del sueño, o

tal vez ella duerma de día.

Si el universo la abandonara,

lo mandaría al demonio

y encontraría un curso de agua,

o un espejo, donde morar;

así que envolved el asunto en una telaraña

y arrójalo a un pozo

a ese mundo a la inversa

donde la izquierda está siempre a la derecha,

donde la sombra en realidad es el cuerpo,

donde toda la noche están despiertos,

donde playa es el cielo, como acá

hondo es el mar, y tú me amas.

ANÁFORA

Cada día empieza con tanta

ceremonia, con pájaros, campanas,

el silbato de una fábrica;

a cielos de un oro tan blanco se abren

nuestros ojos, a paredes tan brillantes,

que por momentos nos preguntamos

"¿De dónde viene la música, la energía?

Y el día ¿para qué criatura inefable se creó,

que seguro perdimos?" Ah, sin demora

aparece él y al instante asume su forma

terrena, al instante cae

víctima de la vieja conspiración

adquiere la memoria y una fatiga

mortal mortal.

Más lento, entra en el campo visual

y se derrama sobre las caras moteadas,

oscureciéndose, condensando toda su luz;

a pesar de todo el sueño

malgastado en él con esa mirada,

padece nuestros usos y abusos,

se hunde en la marea de los cuerpos,

se hunde en la marea de las clases

rumbo a la noche, al mendigo de la plaza

que, agotado, sin lámpara ni libro

prepara estudios fantásticos:

el fenómeno ardiente

de cada día de inacabable

inacabable aceptación.

CASABIANCA

Amor es el chico parado en la cubierta en llamas

tratando de recitar "El chico parado en

la cubierta en llamas". Amor es la declamación

tartamuda del hijo que mira de pie

mientras el pobre barco incendiado se hunde.

Amor es el chico obstinado, el barco,

hasta los marineros que nadan y bien

quisieran tener unas gradas en la escuela

o una excusa para haberse quedado

en el muelle. Y amor es el chico en llamas.

PELEA

Los días, que no pueden acercarte

o no quieren

y la distancia, que trata de parecer

más obstinada,

pelean, pelean, pelean conmigo

continuamente

sin probarte menos querido ni menos deseado.

Distancia: ¿Te acuerdas, toda esa tierra

abajo del avión;

esa costa

de playas borrosas enterradas en la arena

estrechándose indistinguibles

todo el camino,

todo el camino hasta donde mis argumentos se terminan?

Días: Y pensad

en ese caos de instrumentos,

todos para causar un efecto:

anular la experiencia del otro,

eran como un

calendario abominable

"Saludos de Por siempre & Jamás S.A."

El sonido intimidante

de estas voces

que tenemos que encontrar por separado

puede y va a ser vencido:

Los Días y la Distancia se desbocaron otra vez

y se alejaron

ambos para bien de un campo de batalla manso.

CHEMIN DE FER

Sola por las vías del tren

caminaba con el corazón batiente.

Tal vez estaban demasiado juntos

o muy separados los durmientes.

El escenario, empobrecido:

una mata de pinos y el roble; más allá

de su fronda, mezcla de gris y verde,

vi el pequeño estanque

como una lágrima antigua

donde vive, sucio, el ermitaño,

lúcidamente aferrado

a sus heridas año tras año.

El ermitaño disparó su escopeta

y el árbol junto a la cabaña se agitó.

Sobre el estanque se esparcieron ondas

y la gallina voló haciendo clo-cló.

"¡Hay que poner en marcha al amor!"

gritó el viejo ermitaño.

Un eco, desde el fondo del estanque,

trató y trató de darle la razón.


Sobre esta noticia

Autor:
John Miller (1051 noticias)
Fuente:
blogdeleonbarreto.blogspot.com
Visitas:
568
Tipo:
Reportaje
Licencia:
Distribución gratuita
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