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¡Perro mundo! Cifuentes, el grano en el culo del PP y Ciudadanos

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11/04/2018 08:18 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Crónica 5: Quemar a Cifuentes, poner en jaque a Ciudadanos, Gabilondo presidente, el PP a la Oposición, las encuestas contra Ciudadanos, puntos para Podemos

Por Lope, el mejor amigo del hombre

Una familia numerosa tiene sus ventajas frente a la de dos miembros, como era la que formábamos mi difunto amo y yo. En la numerosa hay más comida sobrante que en la otra, considerando además lo poco que comía con mi ex. Había que repartir entre los dos las sobras que él sacaba de los contenedores. Siempre fue bueno conmigo, pero me daba los trozos de pizza peores, o sea, con menos salami, beicon y demás tropezones, incluyendo el queso.

Ahora distingo bien los ingredientes, porque forman parte de mi dieta. Mi nuevo amo encarga a menudo pizzas por teléfono, cuando monta en casa partidas de videojuegos online. A sus amigos les mola mucho el juego de League of Legends, y a mí, ponerme morado de comida basura como uno más del equipo, ¡su mascota Lope! —como me llaman ellos—. Sentir que se forma parte de un grupo humano es una sensación buena para un perro. Ganas peso y se te disparan las hormonas de la felicidad.

En las conversaciones de mi nuevo amo con sus amigos, descubrí una clave de entendimiento distinta a la predominante en las tertulias que la familia mantenía a diario. Mi amo y sus amigos no discutían, pensaban igual o de forma complementaria. Los escuchaba atentamente mientras zampaba a mis anchas.

Mi amo hablaba de lo intolerable que resultaba mantener en la presidencia de Madrid a Cifuentes. Era una mentirosa patética y tenía que dimitir sí o sí.  Si su madre lo hubiera oído decir eso, seguro que le habría contestado desafiante: ¿y si no, qué vais a hacer? O algo así.

En cambio, sus amigos añadieron más argumentos a la tesis de mi amo, asegurando que Ciudadanos haría lo que tuviera que hacer, sin que le temblara la mano, como en Murcia. Eso había dicho Rivera —el jefe del partido en el que militaban todos—. Así que, si el PP no  cambiaba a Cifuentes por un repuesto —bromeó mi amo—, habría un nuevo gobierno en Madrid. Pero mi amo no especificó cómo iban a hacerlo.

Esta mañana, en la discusión habitual de los desayunos, su madre, sí lo hizo: “lo haréis votando a favor de Gabilondo”. A lo que añadió que, si Ciudadanos hacía presidente al socialista con el apoyo de Podemos, se iba a enterar Rivera en las próximas encuestas. Hasta Jiménez Losantos —citó la madre— dejaría de votar a Ciudadanos. Así empezaba la discusión que acabaría como el rosario de la aurora, según apostilló la asistenta.

El ayuntamiento de Madrid en manos de Podemos —argumentó exaltada la madre—, y ahora encima, el gobierno de la Comunidad. ¡Arde Madrid! —afirmó con rotundidad—. Y ya podían los cachorros de la derecha, que se habían pasado a Ciudadanos, lamentarlo en sus carteras —insinuó mirando fijamente a su hijo—. En Madrid subirían los impuestos como en el resto de CC AA, y encima la izquierda repondría el impuesto de sucesiones y donaciones dentro del ámbito familiar. ¡Qué se preparase Rivera si le daba el gobierno a la chusma podemita y a su mayordomo Sánchez!

En ese sentido, los amigos de mi amo coincidían en que el PP no tendría huevos —literalmente— de mantener a Cifuentes. En caso contrario, que se fueran preparando para chupar banco en la oposición antes de las elecciones del año 19 —bromearon divertidos—. Los populares se iban a tragar toda la ¡mieeeerda! que les sacara Gabilondo de los cajones. Con Podemos de socio, seguro que investigaban la corrupción del PP madrileño desde la época de los Etruscos,  ¡por lo menos…! Se partían de risa.

Por la mañana, la madre de mi amo había dicho que Rajoy no iba a cesar a Cifuentes a su regreso de Argentina. Primero, porque había que dejar que se acabara de quemar con la moción de censura que le iban a montar socialistas y podemitas, además del desgaste mediático al que iba a estar sometida todo el tiempo. Y segundo, porque si Ciudadanos apoyaba la moción de censura y le daba el gobierno a la izquierda, su electorado le pasaría factura. ¡Fijo que sí!

El jaque mate a Cifuentes de Ciudadanos serviría para poner en jaque a Rivera. Y si al final no votaban a favor y se abstenían —impidiendo de ese modo que Gabilondo ganara la moción de censura—, Ciudadanos haría el ridículo padre permitiendo que siguiera Cifuentes de presidenta, después de tanto blablablá de regeneración —dijo imitando a su hija que escuchaba atentamente, preparando su discurso de ataque—. El problema de Ciudadanos en Madrid —aclaró la madre— era que Cifuentes disponía de un perfil político que competía con el de ellos y, desde luego, Cifuentes tenía más tirón que el chiquilicuatre de Aguado. Tanto si era ella la próxima candidata por Madrid, como si lo fuera la vicepresidenta Santamaría, ¡Aguado no daba la talla!

En ese punto, intervino el padre de mi amo diciendo que al PP no le convenía dejar a Cifuentes demasiado tiempo al frente de Madrid. Estaba claro que querían quitársela de encima. Nadie en el PP creía a Cifuentes, y menos aún después de la declaración de las profesoras ante la policía, asegurando que fueron presionadas para firmar el acta falsa su máster, sin contar todo lo demás que estaba saliendo.

Los amigos de mi amo coincidían en que el PP no tendría huevos —literalmente— de mantener a Cifuentes

Eso sí, le dio la razón a su mujer en que el puesto lo quería Moncloa para la vicepresidenta Santamaría. Muy probablemente ella era la fuente del “caso máster”. Era lógico preguntarse quién había puesto el sobre con la información en el casillero del profesor garganta profunda, que se lo entregó a la prensa. Él no era más que un ventilador para la mierda que Moncloa había depositado en sus manos.

Su mujer le espetó que eso lo decía para desviar la atención de que el profesor garganta profunda era del PSOE y estaba de acuerdo con Sánchez y Gabilondo en la conspiración contra el PP. ¡Qué curioso que se le ocurriera filtrarlo a la prensa a un año vista de las elecciones en Madrid! Considerando que el tema llevaba años muerto de risa en la Rey Juan Carlos. La madre de mi amo aseguró categóricamente que, si bien Ciudadanos no disponía de un candidato a la altura de un peso pesado del PP, tampoco Gabilondo tenía recorrido.

Si Gabilondo llegaba a la presidencia de Madrid con la moción de censura —vaticinó su marido— se iba a quedar ahí mucho tiempo. "Tu partido lo sabe, querida, y el tuyo, también, hijo".

"Lo que queréis es llegar al gobierno sin haber ganado las elecciones" —explotó la madre dando un puñetazo en la mesa.

Su marido guardó un silencio prudente ante las salpicaduras de café que llegaron a su camisa.

"Nosotros no descartamos ningún escenario" —aseguró mi amo para desviar la atención del conflicto que crecía por segundos entre sus padres.

"¿Todos los escenarios, incluido el de retrataros con nosotros ante vuestro electorado?" —intervino su hermana explotando de risa, mientras soltaba el móvil, con Telegram en pantalla, junto a su tazón de colacao con cereales.

No pude evitar relamerme mirando la taza. El día anterior me terminé lo que se dejó y ¡eeestaba de morirse! —como dice mi amo.

"¡Mira quién fue a hablar! —saltó la madre—. La inscrita en el partido que saca para criticar el máster de Cifuentes al rey del Business en la compraventa de pisos de protección oficial, y al beca black, el listillo al que le pagaba la universidad de Málaga para que no fuera a clase".

"Lo del 'y tú más' ¡no cuela, madre! A tu partido le sale la mierda por las orejas y tú equiparándolo con una beca de mil y pico euros de Errejón —que no fue un abuso, sino un malentendido—, y una compraventa legal que hizo Espinar con su piso. ¡Aaanda que… ya te vale, madre! Y por cierto —añadió la hija, haciendo que la situación se pusiera fuera de control—, ¿tú no hiciste un máster en ese chiringuito de la Rey Juan Carlos que dirigía el mismo profesor del máster de Cifuentes? ¿Qué tal si nos enseñas el TFM, madre?"

La hermana de mi amo consiguió sacar a la madre de sus casillas completamente —como le dijo su padre, añadiendo que era una niñata sin sentido de la realidad—. Todos abandonaron rapidito el office camino de sus respectivos trabajos, cuando la madre lanzó su taza de café al suelo y montó  en cólera del todo.

Mi colega celoso y yo salimos por piernas también, pero nuestro curro era dentro de casa. Solo teníamos que esperar a que escampara y se fuera la ama madre de la cocina. ¡Pedazo de desayuno que nos metimos! —en palabras de mi colega que era leal con la ama madre hasta cierto punto.

Observando las conversaciones de mi familia, percibo que los humanos se escuchan unos a otros para llevarse la contraria, construyendo argumentos no para intercambiar opiniones sino para atacarse entre ellos. El resultado es que se estropean mutuamente la mejor comida del día.

Los perros hacemos lo contrario, escuchamos para obtener información. En eso nos parecemos a los espías. Pero cuando nos hablan los humanos, estamos atentos a lo que dicen para entenderlos e intentar llevarnos bien. No siempre acertamos en la interpretación, pero interés le ponemos mucho.

El jaque mate a Cifuentes de Ciudadanos serviría para poner en jaque a Rivera

 


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Autor:
Lope Lopez (6 noticias)
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