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25/11/2018

A pesar que antes ya me he centrado en este tema, estimo es un drama sobre el que mucho se debe ahondar, claro que con la esperanza de superar lo que considero una aberración atentatoria de las más nobles causas democráticas

La fragmentación de la sociedad venezolana, estrategia de quienes llevan varios lustros en el nefasto ejercicio del poder con aspiración hegemónica, parece que se ha cumplido a tal punto, que ya no les hace falta insistir en ello, no de su parte, pues ahora quienes les adversamos, nos encargamos de tales menesteres.

Aquí puede leer: El socialismo del siglo XXI o un sueño hecho añicos

A pesar que antes ya me he centrado en este tema, estimo es un drama sobre el que mucho se debe ahondar, claro que con la esperanza de superar lo que considero una aberración atentatoria de las más nobles causas democráticas.

El asunto, harto conocido, empezó con la estigmatización social entre ricos y pobres, ellas y ellos, blancos y negros, siguiendo con patriotas y antipatriotas y una andanada de segregación y descalificaciones generales, llegando a asumir la categorización de escuálidos a pesar de ser mayoría los demócratas que nos les oponemos. Pero como el asunto era entronizar las diferencias para materializar aquella conseja de divide y vencerás, procuraron, y lograron con creces, inocular la desconfianza a tal punto que hemos llegado a creer que el liderazgo opositor, todo, sin excepción, se dedica a la trapacería, que son cómplices de lo que dicen combatir a pesar de haber sido perseguidos, golpeados, inhabilitados, apresados, exiliados, torturados y muchas otras aberraciones más, con lo cual la anti-política se ha configurado como una tendencia en la Venezuela de hoy, tal como fuera a finales de los noventa del siglo XX, lo que por supuesto, sólo gratifica a los jerarcas del régimen con vocación dictatorial.

No pretendo erigirme en el defensor del liderazgo político, entre otros asuntos porque les estimo capaces de atender tales encargos, correspondiéndoles asumir sus adeudos a quienes incumba, no sin dejar de reconocer, a mi entender que, en lo estratégico, mucho han errado. Pero la desintegración política ha sido tal, que el aparato comunicacional-propagandístico del gobierno, al mejor estilo de Joseph Goebbels, logró sembrar la duda y la desconfianza de ese liderazgo, al tiempo de aupar apetencias personales, asunto corroborable en el discurso oficialista que ha alentado candidaturas presidenciales, como fuera el caso de Ramos A.,  por un lado, así como la notoriedad que otros bajo la misma egida pretenden dar en diferentes espacios a María Corina, Capriles, Borges y otros, notoriedad según su utilidad mezquina desde el mismo cubil, dependiendo de la evaluación que hacen de cada líder de acuerdo a las circunstancias, lo que no ha aplicado en la particularidad de Barbosa, a pesar de ser el actual presidente de la AN, pues no le estiman como una opción protagónica capaz de desgastar y consecuentemente deshacer la unidad.

Tal maquiavelo proceder encuentra su razón de ser en los resultados de las parlamentarias del 15D en la que la oposición se presentó monolíticamente unida y logró arrasar con el oficialismo, lo que sin duda sembró la esperanza cierta que este gobierno era derrotable, lo que ellos bien entendieron, sueño opositor efímero que acabo cuando aparecieron propuestas, discursos y hasta acciones individuales, de donde surgieron propuestas de salida que entusiasmaron -referendo, reforma, constituyente, …-, y seguidamente nos llevaron al naufragio de la expectación cuando ninguna se concretó. Lo que así pasó, más allá de las estafas jurídicas del TSJ obsecuente, por la pérdida de la unidad.

El divorcio en las filas de la oposición, nos llevó a plantearnos otros caminos que trajeron más desgracias y más divisiones -no pasarán, no se atreverán, es ilegal, abandono del cargo, votar, no votar-, cada una de las cuales nos plantearon alternativas irrealizables en sus proyecciones, como la de la elección de la elección de gobernadores, pasando por la ANC o más reciente, la del 20M pasado, además de aupar de manera soterrada ilusiones irreales de diversos sectores como la llegada de los marines y otras quimeras más, todo ello sin obviar el sentido de la inmediatez, recuérdese el famoso: ¡Maduro vete ya!

La anti-política se ha configurado como una tendencia en la Venezuela de hoy

Puede leer: Más allá del dilema de votar o no votar 

Claro que la situación calamitosa nos ha llevado a niveles de desesperación en la que brotan espejismos que terminan en más frustración a pesar de tantos esfuerzos y mayores costos, lo que nos ha provocado el buscar culpables, estando a la orden del día, ese liderazgo que ahora vilipendiamos a radiar en reemplazo de quien sabemos, hace lo suyo y muy bien. Ha sido tal la contaminación de esa mala forma de hacer política, que hasta la hemos hecho parte de nuestro repertorio, asunto así patentado en los insultos, descalificaciones e improperios que en las redes nos proferimos a quienes de manera democrática asumen una vía u otra, según se nuestra mirada.

Así ha sido en el caso de quienes, por necesidad se han visto compilados a lograr el carnet de la patria o para surtir gasolina, estigmatizados como colaboracionistas, lo mismo entre quienes quieren votar o desestiman ese andar, siendo similar el tratamiento a quienes intentan plantear un camino o estrategia para salir de este mar rojo profundo de calamidades. Verbigracia el Frente Amplio y otros tanteos más, mostrando el cenit cuando entre quienes se alían a los opositores son venezolanos desilusionados y molestos provienen del otrora chavismo. Recuérdese el canto de Alí Primera en el aula magna, uff, craso error.

Aquí les dejo: El carnet de la patria o cuando la necesidad y la realidad se imponen.

Y es que ha sido tal el éxito de la fragmentación social, que en ocasiones acogemos para sí, posturas y comportamientos discriminatorios que tanto criticamos, además de perder valores democráticos como el pluralismo y la diversidad, apego a las leyes e instituciones, la tolerancia y el respeto, entre otros, incluyendo opciones como el dialogo y la negociación.

De manera que, desde mi restringida mirada, me atrevo a preconizar lo esencial, incluyendo: el deslindarnos de esas formas nefastas de hacer política para dignificarla, entender que la verdadera, y pareciera que la única, opción esta en la unidad, asunto que le acompaña la experiencia de los cincuenta protagonizada por personajes como Betancourt, Caldera y Villalba, que es necesario asumir el rol dirigencial con un discurso real, concreto, viable y esperanzador, tender puentes con la diversidad para sumar voluntades y así lograr el quiebre de la coalición dominante.

Siendo vital el volver al redil democrático para recuperar el país y la civilidad, quizás nos corresponda hacer sacrificios y hasta en algunas oportunidades virar la mirada o taparnos la nariz, lo que en nada implica renunciar a la justicia, que como bien indica el adagio, en ocasiones tarda, pero siempre llega. Así, de lo que se trata es de emplear la razón pragmática, pura y simple. Aunque no simplista.

Aquí: Nimiedades para la transición en Venezuela

 

@OrestesSalerno

Un Libre pensador

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