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17-05-2013 11:16
El húngaro Béla Guttmann, un tipo con pinta de entrenador de los de entonces, falleció en 1981 en Viena. Sin embargo, su sombra sigue siendo alargada en Lisboa. Diecinueve años antes había echado sobre el Benfica una suerte de maldición gitana: el equipo del águila Vitória padecería una larga sequía de títulos tras su marcha. De nada sirvió que en 1990, cuando se iba a disputar la final de la que hoy se llama Champions League entre el Milan y el Benfica en la capital austriaca, los portugueses peregrinaran hasta su tumba y depositaran una corona. Quizá para intentar alejar el maleficio de forma definitiva. Mas estaba claro que Guttmann no quería flores.
El técnico, nacido con el siglo veinte en Budapest, llevó a ese equipo, en el que se alineaba un veinteañero llamado Eusébio da Silva Ferreira, a lo más alto. Ganó dos Copas de Europa seguidas, en los años 1961 y 1962, nada menos que al Barça de Kubala y al Madrid de Di Stéfano, respectivamente. Tras este último entorchado, daría un portazo virulento a su periplo portugués. Todo partió de su llegada al club, cuando propuso una recompensa especial en su nómina por la obtención de títulos. Los entonces directivos del Benfica accedieron, quizá pensando que la propuesta del míster contenía cierta dosis de farol. Sin embargo, pronto se percatarían de que no era así. Y no pudieron cumplir las expectativas económicas.
Guttmann había jugado de manera brillante como centrocampista en el MKT Budapest y en el Hakoah Vienna, participando con su selección en 1924 en los Juegos Olímpicos de París, donde no pasaron de los octavos de final. En 1926 emigró a los Estados Unidos enrolándose en varios equipos del incipiente soccer . Como entrenador, ejerció también su magisterio en Hungría, Holanda, Rumania, Italia, Chipre, Brasil, Uruguay, Austria, Suiza y Grecia.
La maldición de Guttmann era para un siglo. Ya va medio transcurrido. En ese tiempo, el conjunto lisboeta ha jugado hasta 7 finales y las ha perdido todas. Las de la Copa de Europa en 1963 y 1990 (ambas ante el Milan), la de 1965 (con el Inter), 1968 (con el Manchester United), 1988 (con el PSV Eindhoven), la de la Copa de la UEFA de 1983, ante el Anderlecht y la de la Europa League, este miércoles, ante el Chelsea. Incluso sería víctima de su propia predicción, en la temporada 1965-1966, durante un regreso efímero a su banquillo, el Benfica sería eliminado de forma contundente en cuartos de final de la Copa de Europa por el Manchester United. Algunas de esas finalísimas, como la de anoche en Amsterdam, las perdieron de la forma más cruel: en el último minuto del tiempo extra. Las caras desencajadas y los ojos acuosos de sus hinchas en las gradas del Amsterdam Arena eran todo un poema. Seguro que muchos se acordaron, una vez más, de tan fatídico pronóstico del técnico magiar.
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