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Emiro Vera SuárezMiembro desde: 03/07/17

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Hace 13h

Bolivia, entrara en un gran agujero negro y sus puntos de desarrollo controlados por el sionismo norteamericano

Asidero

Cuando en octubre de 2003, Carlos Mesa asumió la presidencia del Estado, lo hizo en virtud de la sucesión constitucional prevista ante la renuncia del Presidente electo mediante sufragio universal. Ante la dimisión de aquél en junio de 2005, el entonces presidente de la Excma. Corte Suprema de Justicia, Dr. Eduardo Rodríguez, se hizo cargo de la primera magistratura mediante el mismo mecanismo que su antecesor y hasta la asunción al mando de Evo Morales.

Recuerdo que hace un tiempo y con absoluta razón, Carlos Mesa le aclaró a Evo Morales que el ejercicio de primera autoridad política del Estado, derivado de la renuncia de Sánchez de Lozada, no fue un interinato. Del mismo modo, la designación de la actual primera magistrada del Estado obedece a la sucesión prevista por el Art. 169-I de la Constitución Política del Estado (CPE). En tal mérito, lo hizo por derecho propio, en su condición de Presidente de la Cámara de Senadores; de donde se concluye que su investidura emana de la máxima norma en la jerarquía jurídica del país y de ninguna ley de excepción que, eventualmente, podría situarla como autoridad interina.

Por otra parte, su mandato, sin importar el tiempo previsto para el fenecimiento del periodo constitucional, no está supeditado al retorno del original Presidente o titular del cargo, por su ausencia definitiva, resultando intrascendente que Jeanine Añez Chávez gobierne, siempre en el marco de la Constitución, dos meses. La vacancia dejada por Morales faculta a la Asamblea Legislativa Plurinacional a evitar un interregno desde todo punto de vista peligroso para la institucionalidad. Luego si un Estado, como el Boliviano, que ha seguido ritualmente la manera que prevé para el caso, la designación de Añez como su gobernante, con todas las facultades que para esa autoridad prevé la propia Constitución; es decir sin las limitaciones, que en casos de algunas otras autoridades designadas por el poder político o ejecutivo, transitoriamente, por mecanismos distintos a los que la propia ley señala, ¿por qué tendría que ser etiquetada como interina?

Pero aún más, el ordenamiento jurídico también prevé que ante ausencia temporal del Presidente del Estado, asumirá esas funciones el Vicepresidente y ante ausencia de éste, el Presidente del Senado, llegando la sucesión hasta el Presidente de la Cámara de Diputados; casos en los que el eventual sustituto asume circunstancialmente el cargo y únicamente hasta que el Presidente reasuma el ejercicio de la primera magistratura. No es el caso de Añez, porque su mandato no tiene, temporalmente, más limitación que la que habría tenido el ex presidente Morales, es decir hasta el 22 de enero de 2020. El carácter interino de la Presidente se disipa irremediablemente, si por haber asumido función en el Órgano Ejecutivo, ha perdido su mandato en la Cámara Alta. En consecuencia, si a través de mecanismos idóneos, ella se viera obligada a prolongarse en el cargo por razones de tiempo, entonces sí su calidad sería de interina.

Por lo demás, y de no ser por el corto tiempo que queda a este periodo constitucional, Jeanine Añez Chávez no tiene limitación para ejercer irrestrictamente sus funciones y con todas las facultades previstas en el Art. 172 de la CPE. De esta manera, únicamente son interinos los presidentes no elegidos mediante los mecanismos regulares previstos por la Constitución, como lo fueron José Mariano Serrano, José María Pérez de Urdininea entre varios otros, los resultantes de golpes de Estado como en su historia los hubo varios, o los que asumen en virtud de lo previsto por el Art. 169-II de la CPE.

La Presidente del Estado Plurinacional goza de los poderes que vistos desde una triple perspectiva se desglosan en poderes propios, poderes compartidos y poderes de control, como los tuvo su antecesor, y ninguno menos.

Así, el título de Jeanine Áñez Chávez es el de “Presidente Constitucional del Estado Plurinacional de Bolivia”, sin ningún otro adjetivo.

Los cambios de época suelen ser, a veces, inesperados. Los dinosaurios, por ejemplo, no estuvieron preparados para el cambio. Ni siquiera se enteraron del asteroide que, supuestamente, impactó en Yucatán y acabó con ellos hace 650 millones de años.

Por supuesto, quienes menos enterados están acerca de que las cosas han cambiado son los que manejaban el esquema reemplazado. Están en el epicentro, demasiado cerca de los hechos. Y eso también se da en política.

 

Los masistas creyeron que el esquema político creado por quien había llegado a la política solo para legalizar los cocales del Chapare podía durar para siempre.

Ahora, cuando un esteroide más grande que el de Yucatán impacta en la política boliviana, el asteroide de un pueblo cansado de la más descarada dictadura que existió en Bolivia, quienes creían que el ambiente reinante era el normal y debía ser eterno, se sorprenden.

Algunos protestan, exigen que las cosas vuelvan a ser como eran antes, y no están enterados de que las cosas cambiaron para siempre. Que hay cambios geológicos y políticos irreversibles.

En un momento decisivo, los bolivianos decidieron que la aberración política que estaban sufriendo debía terminar. Y lo decidieron -eso es lo sorprendente- sin que nadie les hubiera dicho que debían actuar, ni cómo debían hacerlo.

Un cansancio general, un hastío compartido, un decir se acabó, ya no va más, que esto era una aberración, que un ignorante e inmoral se mantenga en el gobierno por tanto tiempo, violando leyes y constituciones, negando referendos, era algo que debía acabarse.

Bloqueos en una cuadra, varios bloqueos, innecesarios, pero firmes, en todo el país, en todas las ciudades, bloqueos civilizados, pacíficos, es el espectáculo que algunos extranjeros no vieron. Y son esos extranjeros que hablan de golpe de Estado.

Con esto, no quiero decir que Evo es un mal presidente, le admiro como tal, a la vez, la manera que elimino la comida chatarra de las corporaciones y multinacionales, pero, el turno era para Álvaro García Linera, un hombre preparado y fue quien manejo el Estado de una manera intachable, pero, recordemos, la experiencia latina no es la cubana y acá se equivocaron los isleños en querer implementar su modelo en el Sur, no queremos presidentes por siempre, pueden regresar como lo hizo Putin en Rusia, pero, el líder ruso es de confiar, acá hay muchos manejos extraños, ciudadanos que lograron colarse en la estructura de poder para aplicar la corrupción.

Es una desgracia y pena, la izquierda latina

 

Si hubieran prestado atención a lo que ocurrió en Bolivia habrían aprendido cómo es cuando un pueblo se levanta. Gandhi, Wallesa, todos juntos, estaban en el espíritu de los bolivianos, a pesar de que los analistas y políticos extranjeros que hablan de golpe no lo hayan visto.

Pero no importa. La ceguera no es pecado. Ya aprenderán a entender lo que pasó en Bolivia. Pero sobre todo el ejemplo cundirá para que los pueblos de Venezuela, Cuba, Argentina, Nicaragua, Irán y México aprendan cómo hay que hacer para librarse de estas dictaduras.

La izquierda desea alternabilidad de poder.

Evo Morales se hizo del Gobierno el 2006 en alas del voto popular y se aleja de la presidencia repudiado por una parte del pueblo que sufragó por él, pero le puso un signo de parece con el referendo. el pueblo voto en un 52%. Tuvo el despertar de un alba y parte ensombrecido por una noche lóbrega y oscura. Un muerto bastaría para su renuncia, había dicho y se cuentan al menos 100 vidas cegadas, sumando siete más antes de su partida. Entró mintiendo al Palacio Quemado y ahora persiste en el exilio dorado, cuando dice, sin eco, que lo derrocó un golpe de Estado. Todos saben que el pueblo lo echó bajo el peso del descomunal fraude electoral el 20 de octubre, con el funesto antecedente de haber burlado a más del 50% de electores en rechazo a su cuarta repostulación.

Debió quedarse a luchar al lado de la comunidad. Y, no irse al exilio. A la vez, dejar de hablar de Trump y del sionismo, total, ellos son los que le compran la coca, como a Venezuela el petróleo, no seamos joker o inocentes,

El señuelo del régimen depuesto fue la instrumentalización del compatriota indio como peón político, imitando precedentes de idéntico cuño de anteriores gobernantes oportunistas. La asistencia de ciertos sectores étnicos a marchas, concentraciones y proclamaciones no era espontánea sino cotizada y prebendada. Supuestos dirigentes se favorecían en mucha mayor medida, además ponían en juego amenazas, multas en efectivo y sinnúmero de presiones sobre las poblaciones de ancestral sentido de comunidad y de obediencia a los mandones de turno.

Evo Morales dice sin recato de pertenencia nacional, que antes de él Bolivia era ignorada en el mundo incluso como parte de la geografía política universal. Sostiene aún que la nación salió del anonimato y es paradigma de admiración por obra suya. Lo objetivo es que cuanta tierra extranjera pisó -y lo hizo como uno de sus deportes favoritos- evidenció ante esos pueblos sus limitaciones e improvisación. Desde luego ello contrasta con exponentes intelectuales aimaras y quechuas dignos de acceder a las más altas funciones. Clara experiencia de que la elección de mandatarios no es cosa baladí ni de tomarse a la ligera, o ambas a la vez, sino que exige detenida reflexión.

A lo anterior se añade el bajo nivel educativo y cultural de grandes sectores poblacionales, convirtiéndolos maleables políticamente. Si agregamos el ingrediente corrosivo de la demagogia larvada por años y años de prédica mal intencionada de supuesta “discriminación” blancoide anti indígena, el efecto no puede ser otro que el odio racial no obstante tratarse de un país de enorme mestizaje. El partido MAS tomó a su cargo la propagación de esa letanía.

A propósito, se valió de un aparato de saturación propagandística a costa el Estado. Alrededor de 40 radioemisoras comunitarias están directamente monitoreadas al respecto. Cada día del año todos los medios de comunicación oral difunden mensajes de tinte racial indígena desde horas 6 a 8 de la mañana en lenguas originarias. El pecado capital de Evo Morales es haber profundizado la confrontación socio étnica en el país, cuyas consecuencias apenas se encuentran en sus inicios.

Con estos métodos de estudiada manipulación erigió un régimen totalitario y dictatorial. Si bien la población boliviana es mayoritariamente indígena más del 60% vive en áreas urbanas. Esta relación mejor enterada de la realidad restó el voto que el oficialismo diera por seguro. En fin, la narrativa alusiva podría extenderse mucho más en aras de la verdad.

La izquierda en Latinoamérica a excepción del Che Guevara, Hugo Chávez Frías y Álvaro García Linera no trabajaron hacia el pueblo y crear obras de infraestructura de categoría social, todo ese dinero fue robado en un 80%.

Áñez tiene la misión de convocar a elecciones generales en el menor tiempo posible, pero fundamentalmente, pacificar el país ante la ola de violencia, saqueos y vandalismo generados por grupos delictivos, especialmente en El Alto y La Paz.

Es censurable el perverso adoctrinamiento de gente indígena, bajo consignas equívocas de exclusión, racismo y auto victimización para fortalecer nostalgias de una izquierda socialista inescrupulosa, y misógina de identificación con el ex–presidente indígena y que, junto a otros sectores, representaron su base política corporativa sindicalista y gremial. Resulta aún más atroz, utilizarlos como carne de cañón y apronte para sus ignominiosos intereses de poder; diseminando en ellos, la animadversión y malquerencia hacia los “otros” en el conato recurrente de ahondar en viejas heridas sociales que creímos haber superado.

Fidel, Chávez y el Che sí son ejemplos de hombres de izquierda, como lo son, muchos indígenas que defienden sus premisas con principios de lealtad y esperanza.

* Escrito por Emiro Vera Suárez, Orientador Escolar y Filósofo. Especialista en Semántica del Lenguaje jurídico. Escritor. Miembro activo de la Asociación de Escritores del Estado Carabobo. AESCA. Trabajo en los diarios Espectador, Tribuna Popular de Puerto Cabello, y La Calle como coordinador de cultura. ex columnista del Aragüeño

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