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Edelmiro Franco VMiembro desde: 04/05/20

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Consuelo González de Perdomo, relata con el alma su drama de seis años, tres meses y 10 días de secuestro en las selvas del sur de Colombia, y deja fluir las emociones en su cautiverio de forma libre y diáfana

                     Consuelo González: Un relato desde alma…

                                      (enero 2008)

Consuelo Gonzàlez de Perdomo (Foto tomada del diario  El Universal ) 

  Por: Edelmiro Franco V

Consuelo González de Perdomo, relata con el alma su drama de seis años, tres meses y 10 días de secuestro en las selvas del sur de Colombia, y deja fluir las emociones en su cautiverio de forma libre y diáfana.

La excongresista, después de ser liberada de forma unilateral por parte de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), narró a este periodista, lo que no había contado.

Fueron 35 minutos de diálogo pausado con esta dirigente política del suroccidente colombiano, en el apartamento donde ha permanecido sin salir a la calle, desde que llegó procedente de Caracas, el pasado 14 de enero.

Ella, junto con la excandidata a la vicepresidencia de Colombia, Clara Rojas, su compañera de cautiverio, quien también fue liberada por el grupo rebelde, se convirtieron en la esperanza de los otros 44 rehenes canjeables que mantienen las FARC, en verdaderos campos de concentración en las profundidades de la selva.

Cuando le preguntó qué le gustaría contar, que no haya contado, en sus diferentes encuentros con la prensa en Caracas y en Bogotá, sonrió y después de unos segundos de silencio respondió: La solidaridad de los hombres de la Fuerza Pública.

“Resaltar -dijo- el altísimo grado de solidaridad y generosidad de la mayoría de los miembros de la Policía y del Ejército; resaltar esa valentía y ese coraje con que han enfrentado esa situación tan terrible. Yo creo que son dos factores que el pueblo colombiano debe conocer, porque a pesar de tanta dificultad que tienen que vivir, lo hacen con dignidad, con responsabilidad, con sus familias, con su vida, con la institución”.

Sentada en una silla en la sala del apartamento de su hija, en un sector de clase media alta, en un ambiente donde aún está el árbol de Navidad, con papa Noel y ramos de flores que recibió en la noche del pasado lunes cuando llegó de Caracas, Consuelo González de Perdomo, hizo una crónica oral de su propio secuestro.

 ¿Qué pensamientos tuvo la primera noche del 10 de septiembre del 2001, cuando fue secuestrada en el Huila (suroccidente)?

 CG: -Mientras estábamos corriendo a velocidades altísimas no podía sino sentir un miedo inmenso y una angustia porque no sabía que iba a pasar…

Después de la media noche que logramos ubicarnos en un campamento, no pude conciliar el sueño pensando en lo que estaría sintiendo mi familia: Mis hijas, mi esposo, mi mamá, mis hermanos. Esa era mi preocupación.

 Su esposo, Jairo Perdomo, “el negro”, como usted le decía, murió un año después de su cautiverio, por un infarto. ¿Cuáles fueron sus pensamientos el día que se enteró de su fallecimiento?

 CG: -Me parecía imposible y no podía creer que él ya no existiera. A veces con rabia le decía mentalmente que por qué no había hecho un esfuerzo para que me hubiese esperado… (un silencio prolongado)

Sentía no estar con mis hijas en ese momento. Sentía no haber estado con él en el momento de su muerte. Era una gran tristeza porque había perdido a alguien que creía mucho en mí. En mis capacidades, en mi trabajo. Fue muy triste… (vuelve el silencio)

¿Cuánto tiempo le duró ese duelo?

CG: -Fue un tiempo larguito… (levanta la cabeza y fija su mirada al techo) …Porque siguió siendo como el centro de mis conversaciones con mis compañeros, durante meses. Yo hablaba de él, contaba hechos que me sucedieron con él.

¿Qué recuerdos agradables tiene de su esposo?

CG: (sonríe) - El compromiso permanente y el entusiasmo que le ponía a mi trabajo político. Vivía en función de ayudarme a conseguir un elector donde llegara, con quien estuviera, siempre metía el tema de mi aspiración política y llegaba con mucho entusiasmo a la casa a decirme fulano de tal te va a acompañar.

 Pero también recibió noticias de vida…

 CG: -Sí, mi nieta María Juliana (expresa alegría y satisfacción en su rostro).

 Esa mañana cuando me enteré de que había nacido María Juliana, porque desde antes de su nacimiento ya hablábamos de ella como si hubiera nacido, no pude menos que darle gracias a Dios por ese hecho y la verdad la esperaba desde hace tiempo.

 Desde antes de mi secuestro aspiraba y quería disfrutar los nietos. Cuando Patricia Elena me cuenta en el mensaje de ese 12 de septiembre, no pude menos que llenarme de una felicidad inmensa… Patricia me dijo: Mamita aquí estamos María Juliana, Gus (esposo de Patricia) y yo para saludarte… Entendí que la niña había nacido.

 ¿Cómo se la imaginaba?

 CG: (vuelve sonreír) -Casi como es, porque Patricia Elena me la había descrito casi al pie de la letra y tenía esa idea formada de la niña.

 En el tiempo de su cautiverio, usted y sus compañeros hicieron largas y agotadoras marchas, una de tres meses para trasladar a los rehenes, al extremo opuesto del sitio del secuestro (suroriente) y estuvo en unos siete campamentos. ¿Puede describir el peor espacio donde estuvo encarcelada?

CG: -Un campamento donde era muy reducido su área… El piso era de tabla, tuvimos que contar cuantas tablas conformaban ese piso y dividirlo por el número de secuestrados para definir cuantas tablas deberíamos ocupar cada uno para poder dormir (…)

Finalmente nos tocó a cada uno tabla y media a cada secuestrado y éramos 32 en ese momento.

¿Cómo hace una mujer, ¿cómo hace un ser humano para mantener la intimidad en estos espacios tan reducidos, en estos calabozos en la espesura de la selva?

CG: (Aprieta fuerte los labios) -Estábamos en un campamento de los denominados “cárcel del pueblo”, ellos arreglaban un sitio y organizaban un sanitario, pero si estábamos en caminatas me parecía terrible desde el momento en que me tocó por primera vez hacer una zanja y allí realizar las necesidades personales y siempre en presencia de un guerrillero.

  ¿Qué se siente en ese momento?

CG: -La primera vez no pude evitar decirle al guerrillero: ¡retírese! No me atendió y me devolví, porque no me sentía capaz de algo tan privado realizarlo en compañía de alguien que no era de mi confianza… Insistí y el guerrillero me dio la orden que no le volviera a sugerir, porque él no podía alejarse de mi lado.

Por favor… por favor váyase… y él no se movía… Sentía rabia y humillación.

En el 2003 aparece con un grupo de secuestrados en una prueba de vida, Jorge Briceño (Mono Jojoy), el jefe militar de las FARC se ven enjaulados y cercados con alambre de púas… ¿Qué sintió al ver a uno de los máximos comandantes guerrilleros? 

CG: -Sentí rabia, preocupación porque no sabía cuál era el motivo de su presencia. Sentí alegría cuando conocí que autorizaba la comunicación con las familias e íbamos a tener pruebas de supervivencia.

¿Cómo describe a este hombre, que es uno de los que da las órdenes para secuestrar, pero también para liberar a los rehenes?

CG: -Se cree un ser suficiente, distante. Me pareció paciente frente a unas voces (de los secuestrados), que, en algún momento dado, eran duras…  Físicamente es alto y pasado de kilos.

¿Qué diferencia hay entre un jefe como Mono Jojoy y los otros guerrilleros, sus carceleros del día a día?

CG: -Él tiene la autoridad que le da su posición dentro del secretariado y como tal es respetado entre sus guerrilleros. El guerrillero raso lo mira con respeto y mucha admiración.

Yo le planteé que necesitaba la Biblia, que necesitaba un radio, y me respondió que me los haría llegar. Y me llegó la Biblia y el radio.

 ¿Qué significó tener la Biblia en sus manos?

CG: -Era como tener el instrumento más poderoso que me permitía fortalecerme con su lectura, con sus pasajes y con sus mensajes.

 ¿Qué pasaje leyó y releyó?

 CG: -Dos pasajes del Nuevo Testamento. Aquel en el que se narra el hecho de los apóstoles de estar en una barca dormidos y se despiertan con una tempestad asustados. Tienen miedo y el señor les dice: No temáis. Yo estoy aquí. Soy yo.

Y el otro que me impresionaba y siempre lo conectaba con mi oración era la liberación del señor a Pedro y a Pablo por predicar su palabra. Fueron sacados de la cárcel porque se durmieron los guardias, pero fue una acción divina porque fueron los ángeles los que permitieron eso.

¿La Biblia le dio vitalidad espiritual?

CG: -Sí. En mi oración visualizaba mucho mi liberación, amarrándola a la historia que se había hecho con Pablo y Pedro. Y siempre le decía al señor que quebrantara a la guerrilla como había quebrantado a los guardias de Pablo y Pedro, mientras estaba en prisión.

¿En qué momento oraba, en qué espacios y cómo las hacía?

CG: -De 4:30 de la mañana hasta las cinco donde estuviera, casi siempre acostada y en silencio.

¿Qué pensó el 16 de diciembre pasado, cuando los guerrilleros le anunciaron su liberación?

CG: -Le cuento que no pude dormir. Fue una noche en vela, el sueño se espantó. Pensaba muchas cosas: ¿Será cierto?, ¿No se dañará?, ¿Dejar a mis compañeros?...

El secuestro es : violación de los derechos humanos al más alto nivel, en el mayor grado

Pero al mismo tiempo decía: Que dicha voy a abrazar a mis hijas, voy a estar con ellas, con mi mamá, con la niña y lo más importante: vuelvo a ser libre, puedo decidir sobre mi vida, puedo decidir sobre mis asuntos, puedo disfrutar de ese derecho de la libertad.

Cuando salen del campamento a caminar rumbo a la libertad, cruzando la manigua, y los ríos que se entrecruzan entre sí, ¿Cuáles fueron sus emociones y pensamientos?

CG: -No me sentía libre del todo, pero libre de los alambres de púas, liberada de estar encerrada tras unas mallas. Sentía que cada paso era un paso hacia la libertad y cuando se presentaron los impasses que todos conocemos (la suspensión de la entrega el 31 de diciembre), lógico que me saltó la preocupación.

 El 31 de diciembre lloré porque creía que se había complicado lo nuestro.  Me preocupaba que se dificultara todo y que las FARC, tomaran la decisión de no liberarnos. Me preocupaba que, si no se daba la liberación, me ubicaran en otro sitio. Entonces decía: Si no se produce la liberación que nos regresen donde los compañeros.

¿Cómo fueron esos diez días últimos de su liberación, es decir del 1 al 9 de enero?

CG: -Fueron días tranquilos, a excepción de dos oportunidades que oímos el paso de los helicópteros y tres bombas que escuchamos a una distancia prudente. Teníamos dos comidas al día: Un desayuno fuerte, más o menos a las nueve o diez de la mañana y almuerzo-comida dos o tres de la tarde.

Siempre que caminábamos veíamos a los guerrilleros transportando hasta gallinas para la comida. Me producía risa ver cargando a los guerrilleros hasta las gallinas.

No teníamos radio ni Clara ni yo y teníamos que pedirle el favor al encargado nuestro que nos facilitara un radio para poder oír los mensajes a las 5 de la mañana.

En alguna oportunidad llegamos cansadísimas y a las nueve de la noche nos acostamos. El programa (radial) ese día era el de Caracol que empieza a las doce de la noche (“Las voces del secuestro”), nos quedamos dormidas hasta las dos de la mañana. Nos perdimos dos horas de mensajes. En esas dos horas mis hijas me saludaron. No las escuché y eran para el 31 de diciembre.

¿Dónde y cómo durmieron?

CG: -En el suelo sobre un plástico, Debajo de una carpa y extendíamos un plástico. El último día, el 9, dormimos en hamaca en una casa, porque el suelo donde estábamos estaba lleno de hojas y nos dio miedo de las culebras.

Era una carpa de tela camuflada dos hamacas y un suelo lleno de hojas secas de palos, y de ramas…

¿Qué pensamiento se le cruzó por la cabeza?

CG:  -De frustración. Temía que se presentara algún operativo y todos sabíamos cuál era el desenlace.

Y el amanecer del 10 de enero, el día cero de la libertad…

CG: -Nos despertamos y el día estaba oscuro y opaco, pero rápidamente se fue aclarando y el cielo quedó completamente despejado. Nos bañamos temprano, nos arreglamos, desayunos y salimos hacia el sitio.

 Nos bañamos en un caño pequeño (riachuelo), cerca de donde estábamos. Desayunamos una sopa de gallina, arepas y café.

Ustedes salieron bellas, bonitas… ¿en qué momento se maquillan?

CG: -No nos arreglamos, no nos maquillamos. Salimos con la ropa que nos había dado la guerrilla. Llegan los helicópteros, nos recibe la Cruz Roja e inmediatamente nos dicen que nos cambiemos de traje porque estábamos llenas de barro y ellos nos entregan la sudadera que nos pusimos.

¿Cuándo salen de esa casita qué pensaban ustedes mientras caminaban hacia la libertad?, Creo que fueron 20 minutos.

CG: - Clara iba adelante y yo detrás. Creí que ya era un hecho que estaba a un paso de la libertad. Los guerrilleros iban unos adelante y otros atrás.

Cuando sale del bosque y ve el helipuerto con las aeronaves del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), ¿qué se dijo a si misma?

 

CG: -Seguridad de que ya todo iba a salir bien.

En el encuentro con los delegados del CICR y del Gobierno venezolano, usted saluda a cada una de las personas, pero también se estrecha en abrazos… ¿Cuál fue el abrazo que más sintió?

CG: -El de Piedad Córdoba, porque había sido compañera en el Congreso, porque habíamos compartido muchísimas veces, porque habíamos estado presente en eventos del partido de interés social y político.

 Y cuando levanta vuelo el helicóptero desde el caserío La Paz (en el departamento de Guaviare, suroriente de Colombia), ¿se sintió libre?

CG: -Claro que me sentí libre… Pensé que fácil es esconderlo a uno en ese tapete verde y me parecía un sueño que yo no estuviera debajo de esa selva y recordé a mis compañeros de cautiverio que estaban allá abajo.

Salen rumbo a Caracas, porque fue el gobierno venezolano el impulsor de la misión humanitaria, ¿Qué sintió en la pista del aeropuerto de Maiquetía?

CG: -Emoción, felicidad, seguridad, y alegría. Ahí si no tuve una milésima de sentimiento de temor, de preocupación… estaba libre.

 Permanece cuatro días en Caracas y el lunes 14 de enero viaja a Bogotá, en donde fue recibida en medio de gritos de alegría y lágrimas de los familiares de sus compañeros que se quedaron en la selva. ¿Cómo vivió este momento?

CG: -Quería encontrarme con las familias de mis compañeros y quería que estuvieran todos ellos para abrazarlos y para entregarles todas las pruebas que traía y me dio tristeza porque esos compañeros que quedaron allá no estaban viviendo lo que yo estaba viviendo…

Y esas familias que estaban ahí ansiosas, llenas de esperanza por mi llegada, no pudieran abrazarlos a ellos. Sentía que cada que uno de ellos me abrazaba, ellos pensaban que estaban abrazando a su ser querido y traté al máximo que ese abrazo que yo les daba estuviera lleno de amor, de sinceridad y solidaridad.

En este momento de la entrevista, hacemos una breve pausa y ella se pasa la mano por su cabeza y se toca el cabello corto y bien cuidado, porque nunca dejo de hacerse el corte en cautiverio… cada mes uno de los suboficiales le arreglaba el cabello.

Nunca perdió su feminidad, su aroma de mujer, su orgullo, su temple de política liberal, sus ideales, que hoy más nunca se fortalecen para iniciar su otra batalla la libertad de los 44 rehenes que se quedaron entre rejas de púas.

Consuelo González de Perdomo, sale al pequeño balcón toma aire, mira el cielo, contempla el horizonte de la ciudad, y sin alambres de púa, sin carceleros, sin el ruido de helicópteros, aviones y bombardeo, hace otras reflexiones sobre su secuestro.

 ¿Qué significa para usted la palabra solidaridad?

CG: -Solidaridad es generosidad, es comprensión, es ayuda, es entendimiento, ofrecer afecto, es animar, estimular, darle a uno valor… es una palabra que encierra tanto… tanto, por eso ella resume todo.

Secuestro…

CG: -Violación de los derechos humanos al más alto nivel, en el mayor grado.

 Vida…

CG: -Es amar, es proyectarse, entenderse, es integrarse.

 Ausencia…

  CG: -Es vacío

 Muerte

CG: -En esta pregunta, la señora Consuelo, entrecruza las piernas y tras prologado silencio, como llegara a su memoria los recuerdos de su esposo, responde: ¡Que cosas pudiera decir de la muerte!... dejar de ser…

Nieta

CG: -Alegría, felicidad, ilusiones.

Selva

CG: -Angustia, soledad… distanciamiento.

Campamento

CG: -Es que en el campamento suceden cosas amables, difíciles. Amables porque es el lugar donde uno podía escuchar diariamente las voces de su familia, aunque siempre estábamos en él.

Es el poder descansar en algún momento del trajín de una caminata, de la angustia del día sin ilusiones, sin posibilidades… es el lugar donde puede uno, cuando se duerme alejarse de la realidad que uno está viviendo.

Cárcel

CG: -Limitación.

Alambre de púa

CG: -Dolor.

Garita

CG: -Armas, guardia.

Compañeros de secuestro

CG: -Solidaridad, generosidad, ayuda, estímulo, valor, dignidad.

Pruebas de vida

CG: -Optimismo, ilusiones

Clara Rojas

 CG: -Valor

 Emmanuel, el hijo de Clara que nació en cautiverio

CG: Como lo dice la Biblia; “Dios con nosotros”. Siempre consideramos que Emmanuel era un milagro de vida en medio de esa tragedia que es el secuestro. No puede ser otro el mensaje que tenga del nacimiento de Emmanuel.

  Próximo 26 Sep. Secuestro: Barbarie en las FARC (3)

          De nada vale un cadáver libre…

                (Enero-2008)

Para Yolanda Pinto de Gaviria, una mujer que vivió el drama del secuestro en su máxima expresión, por que su esposo, Guillermo Gaviria, fue fusilado por las FARC en cautiverio, “la vida es la que vale… de nada vale  un cadáver libre como me lo entregaron a mi”.

Foto: El Colombiano

Secuestro: Barbarie en las FARC (1) http://co.globedia.com/secuestro-barbarie-farc

*Estas historias hacen parte de un compendio de entrevistas |reportajes| 1998-2018

 El Silencio de las armas: https://whttps://www.youtube.com/watch?v=eH_HuWO_sy8&t=29sww.youtube.com/watch?v=eH_HuWO_sy8&t=29s

http://co.globedia.com/perfil/edelmiro-franco-v/

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