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04/06/2021

Muchos quieren usar la sabiduría de Adam Smith como justificación a su egoísmo. Esto sin siquiera tomar en cuenta las diferencias históricas en las que se desarrolló el pensamiento de Smith. Y, sobre todo, sin siquiera haber prestado atención al trabajo del "padre del capitalismo"

Adam Smith es una de las mentes que más ha influenciado la historia de la humanidad sus propuestas económicas han contribuido a la expansión de las capacidades humanas de manera notable. El desarrollo del capitalismo ha sido acompañado de la influencia de su obra, sobre todo de su famoso trabajo en "La Riqueza de las Naciones", [1] donde se encuentra el concepto más asociado con su nombre, la llamada: "mano invisible del mercado".

 

Una versión simplificada de este concepto nos dice que el mercado no requiere de intervención externa para encontrar la forma más eficiente de distribuir recursos entre productores y consumidores. A ojo de pájaro, se puede decir que en la mayor cantidad de casos esta noción se cumple. Los vendedores establecen un precio y en caso de que los consumidores no lo valoren optarán por acudir a otro productor o en su defecto no acudirán a ese bien. Sin embargo, y como es natural pues el texto de Smith fue publicado ya en 1776, está noción tan básica se ve afectada por otros factores que el mercado no predice con sencillez, o por lo menos su transición no es tan eficiente como algunos sostienen fervientemente.

 

El mercado es susceptible a fallar al mismo nivel que el Estado. Como sostiene Stiglitz, un mercado incompleto en el que el acceso a la información es desigual o es incompleta el reparto no va a ser eficiente.[2] Los ejemplos de esto son diversos y se reducen al sencillo ejemplo de las compras para el hogar; una persona que desconoce el precio real de los productos a los que accede puede estar pagando precios inflados e injustificados sin darse cuenta de que a la vuelta de la esquina existe una mejor oferta.

 

Las visiones más liberales dirán que es el consumidor el que decide el valor justo por la transacción, pero esto no pasa de una posición ideológica. En economía lo que se busca es un equilibrio de mercado para garantizar eficiencia, es decir, un sistema más productivo con mayor ganancia para todas las partes. La información incompleta reduce está eficiencia y desplaza el rendimiento de la economía afectando al consumidor, reduciendo su capacidad de gasto en otras áreas, y en más de un caso afectando al productor original pues la ganancia termina siendo concentrada en el intermediario.

 

Un caso ejemplar ha sido evidenciado por Martín Caparrós quién, en su libro "El Hambre", [3] aborda el poco retratado caso de la especulación en el mercado de valores del sector de la producción alimenticia. En su trabajo se detalla cómo año a año el alimento del mundo es manejado de manera poco ética cuando grandes empresas compran la producción de pequeños y medianos agricultores a precios bajos, antes de que el cultivo esté listo, para luego vender a precios elevados a las grandes compañías productoras de alimentos procesados. El problema radica en que estas compras no toman en consideración la posibilidad de pérdida de la producción de los agricultores, quienes caen en ciclos de endeudamiento impagable que los empujan a seguir vendiendo de manera adelantada a intermediarios que registran ganancias exorbitantes.

 

Para agregar la cereza del pastel, Caparrós también pone en evidencia cómo en más de una ocasión, con la ambición de mantener los precios elevados ante el exceso de demanda, las grandes industrias de alimentos han desechado cosechas enteras, bien sea quemándolas o destinándolas al alimento de animales de granja con tal de que no pierdan la diferencia a la que aspiran. Todo esto mientras la OMS sostiene que el hambre está aumentando en el mundo y que alrededor de 8500 niños mueran diariamente por desnutrición, según Unicef, el Banco Mundial y la OMS.[4]

 

Frente a este tipo de contextos ¿Smith estaría satisfecho? ¿Diría que es falta de libertad de comercio como sostienen muchos de sus acólitos? ¿Diría que no hay que considerar la moralidad de las acciones en tanto traigan beneficio económico? Quién haya leído a Smith sabrá que un mundo sin moral está sumamente alejado de la obra y pensamiento del padre de la economía.

 

No es necesario darle muchas vueltas. El primer trabajo de Smith, "Teoría de los sentimientos morales", [5] nos acerca a un hombre consciente de la realidad humana como ser con una visión más allá del egoísmo. Un ejemplo de ello se puede ver en el siguiente apartado:

 

"Supongamos que el gran imperio de China, con todos sus miles de habitantes, fuera repentinamente tragado por un terremoto, y consideremos cómo un hombre de la humanidad en Europa, que no tenía ningún tipo de conexión con esa parte del mundo, se vería afectado al recibir la inteligencia de esta terrible calamidad. Me imagino que, en primer lugar, expresaría con mucha fuerza su dolor por la desgracia de ese pueblo infeliz, haría muchas reflexiones melancólicas sobre la precariedad de la vida humana, y la vanidad de todos los trabajos del hombre, que podrían así ser aniquilados en un momento.

Si fuera un hombre especulador, quizá también entraría en muchos razonamientos sobre los efectos que este desastre podría producir en el comercio de Europa, y en el comercio y los negocios del mundo en general. Y cuando toda esta fina filosofía terminara, cuando todos estos sentimientos humanos hubieran sido expresados con justicia, él seguiría sus negocios o su placer, tomaría su descanso o su diversión, con la misma facilidad y tranquilidad, como si no hubiera ocurrido tal accidente.

El más frívolo desastre que pudiera ocurrirle ocasionaría una perturbación más real. Si mañana perdiera su dedo meñique, no dormiría esta noche; pero, siempre que no los viera, roncará con la más profunda seguridad sobre la ruina de cien millones de sus hermanos, y la destrucción de esa inmensa multitud le parece claramente un objeto menos interesante que esta mísera desgracia suya.

Para evitar, por lo tanto, esta mísera desgracia para sí mismo, ¿estaría un hombre de la humanidad dispuesto a sacrificar la vida de cien millones de sus hermanos, siempre que nunca los hubiera visto? La naturaleza humana se asusta con horror al pensar, y el mundo, en su mayor depravación y corrupción, nunca produjo un villano tan capaz de entretenerlo.

¿Pero qué hace esta diferencia? Cuando nuestros sentimientos pasivos son casi siempre tan sórdidos y tan egoístas, ¿cómo es que nuestros principios activos deben ser a menudo tan generosos y tan nobles? Cuando estamos siempre tan profundamente afectados por lo que nos concierne a nosotros mismos, que por lo que concierne a otros hombres; ¿qué es lo que impulsa a los generosos, en todas las ocasiones, y a los mezquinos en muchas, a sacrificar sus propios intereses por los mayores intereses de los demás? No es el poder blando de la humanidad, no es esa débil chispa de benevolencia que la naturaleza ha encendido en el corazón humano, la que es capaz de contrarrestar los más fuertes impulsos de amor propio. Es un poder más fuerte, un motivo más forzado, el que se ejerce en tales ocasiones. Es la razón, el principio, la conciencia, el habitante del pecho, el hombre interior, el gran juez y árbitro de nuestra conducta".

 

En este extracto se ve un elemento de Smith que muchos no comprenden, o maliciosamente, mal enseñan respecto a su visión de la economía o incluso del propio capitalismo. Smith no era un ser inmoral ansioso de riqueza a través de la explotación de otros. Smith era liberal, le incomodaba la intervención del poder en el mercado, pero el mercado y su mano invisible no eran agentes por encima del ser humano. El ser humano es para Smith un ser racional que utiliza al comercio para mejorar su calidad de vida, para acceder a mejores productos y servicios. Todo esto a través de la productividad, probablemente un concepto tan importante para Smith como el mismo mercado.

 

No hay que olvidar que, en "La riqueza de las naciones", Smith cuestionaba seriamente a los terratenientes, a quienes reclamaba la extracción de riqueza sin aportar en nada a la economía pues su ingreso provenía únicamente de la explotación del trabajo ajeno. La desaprobación de Smith sobre las rentas era tal que llegaba a compararla con el robo, de manera literal. Al mismo tiempo, Smith era sumamente consciente de que el empresariado tenía intereses   del resto de la sociedad. Es así como llega a mencionar que "La gente del mismo oficio rara vez se reúne, incluso para entretenerse y divertirse, pero la conversación termina en una conspiración contra el público, o en algún artificio para subir los precios."

 

De esta manera termina siendo evidente que el también llamado "padre del capitalismo" seguramente estaría opuesto al modelo de explotación del capitalismo moderno. La noción de un mercado desregulado solo en torno de los grandes intereses de las elites económicas no se alinea a su teoría filosófica ni económica. Si bien es cierto, Smith era consciente de la ambición individual nunca demostró ser un sociópata dispuesto a la opulencia de pocos a pesar del malestar y sufrimiento de muchos. Recordemos que: "Ninguna sociedad puede prosperar y ser feliz si en ella la mayor parte de sus miembros es pobre y desdichada".

 

Para que los debates sociales y académicos sigan siendo productivos es fundamental romper arquetipos y nociones sobre los autores clásicos. En un mundo en donde se ha simplificado demasiado a Smith y a Marx se vuelve necesario que politólogos y científicos sociales reflexionen alrededor de la filosofía detrás de los planteamientos de los autores detrás de las corrientes más prevalentes de nuestra era. Y más allá de eso, es fundamental romper con la falsa dualidad de bueno y malo. En su esencia tanto Marx como Smith redactaron visiones y planteamientos con los que buscaban explicar su sociedad. Mientras más claro tengamos esto, nos resultará más fácil aceptar que en su humanidad cada autor, por más brillante que sea, está sujeto a críticas y a contrapropuestas y podremos plantear explicaciones de nuestra respectiva era y sociedad sin tantas cargas históricas.

[1] Smith, A. (1992). Investigación sobre la naturaleza y causa de la riqueza de las naciones [1776]. México DF: Fondo de Cultura Económica

[2] Stiglitz JE 2019. People, power, and profits: Progressive capitalism for an age of discontent. London,  England: Penguin Books Ltd.

[3] Caparrós, M. (2014). El hambre. Anagrama.

[4] ACNUR. (2019). “¿Cuántos niños mueren de hambre al día y qué puedes hacer para evitarlo?”. Disponible en: https://eacnur.org/blog/cuantos-ninos-mueren-de-hambre-al-dia-tc_alt45664n_o_pstn_o_pst/

[5] Smith, A. (2009). La teoría de los sentimientos morales [1759]. Buenos Aires: Alianza Editorial.

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