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Sobre el pensamiento liberal progresista

04/09/2018 07:40 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Si algo hay que agradecer al liberalismo es su oposición al despotismo, por supuesto que estamos hablando del liberalismo progresista y no de ese otro maniqueo liberalismo individualista nacido al calor de la reforma protestante y que sirve de excusa a muchos reaccionarios

Hablamos del liberalismo republicano precursor de la Revolución Francesa, del liberalismo inglés y del liberalismo que alumbró la independencia de América en su tiempo y dentro del contexto oportuno.

Aún perviven en el continente americano muchas formaciones políticas que se reivindican liberales y que durante décadas conformaron el clásico bipartidismo entre liberales y conservadores, hasta la irrupción del socialismo, que no era otra cosa que el comunismo devenido en socialdemocracia a comienzos del siglo XX.

Fueron esos republicanos emancipadores del colonialismo europeo, que siempre hicieron gala de la defensa de la libertad frente a la autoridad impuesta militando activamente en el respeto a la diversidad y la pluralidad de pensamiento, algo que implica necesariamente a la democracia.

Cuantas menos leyes tiene un Estado más libres son sus ciudadanos, que no deben estar sometidos a la disciplina y control de gremios o corporaciones, que terminan convirtiéndose en mafias y nidos de corrupción que algunos oportunistas quieren mezclar con los partidos políticos, desde dentro y desde fuera.

En España el liberalismo aparece con el siglo XIX con la proclamación de la Primera República y la Constitución de Cádiz, conocida como “La Pepa”, pero el embrión de ese liberalismo español de muy diversos signos va a ser abortado con la reinstauración del absolutismo.

Ese liberalismo probablemente hubiera crecido y se hubiera arraigado con la presencia francesa en tierras de España, de lo cual cabe deducir que fue un error expulsar a los franceses, para caer en manos de los borbones.

El liberalismo progresista se manifiesta con la llegada de la Segunda República en la Agrupación al Servicio de la República por José Ortega y Gasset, Gregorio Marañón y Ramón Pérez de Ayala, pero de nuevo se va a ver truncado por la asonada militar del fascismo encabezada por Franco y las contradicciones que surgen en la Guerra Civil.

En cuanto al liberalismo surgido de la reforma protestante hay que retroceder hasta 1523 y recordar las primeras escaramuzas del naciente protestantismo de la mano de Ulrico Zuinglio, muerto en la Guerra de Kappel, que enfrentó a católicos y protestantes.

Toda sociedad necesita de una regeneración periódica para actualizar su pensamiento

Ulrico, se oponía a las reclutas que hacía el Papa para servirle como soldados, al ayuno impuesto por la iglesia, al celibato, a la adoración a las estatuas, a la celebración de la misa, a los sacramentos y a la designación de cardenales, obispos y curas, generando la primera respuesta al Sacro Imperio Romano Germánico.

A nada de esto va a ser ajenos los pensadores de siglos posteriores que van a dar paso a grandes debates filosóficos y a nuevas corrientes cada vez más alejadas del pensamiento conservador y de las tiranías ejercidas por las monarquías y la iglesia.

Spinoza, Descartes, Rousseau y Hegel darían paso a Feuerbach, Kant, Marx y otros tantos que cambiarían para siempre la tiranía del pensamiento de la Iglesia.

Los sucesores de los “hermanos suizos” derivaron en lo que hoy se conoce como Menonitas de los cuales surgieron los famosos Amish, una de cuyas características es precisamente el rechazo de la autoridad del Estado y que va a influir notablemente en la vida política de EE.UU. y en la redacción de su Constitución, después de sucesivas olas migratorias.

Dicho esto, el liberalismo a lo largo de los años se ha visto influenciado por muy diversas corrientes del pensamiento humano al que no es ajena la religión y sus múltiples iglesias.

Pero el liberalismo político progresista ha sido asumido desde comienzos del siglo pasado por la socialdemocracia como respuesta al comunismo y al conservadurismo.

Otra cosa es que los socialdemócratas, no se reivindiquen como liberales progresistas, algo que les iría mucho mejor que mantener su herencia socialista y su descendencia marxista, que supone a estas alturas de siglo XXI un lastre considerable.

Así que los autollamados partidos liberales no son otra cosa que intentos de sucedáneos de los conservadores, que en tiempo presente se acercan más al fascismo que a los desaparecidos democratacristianos en los cuales pretendieron reencarnarse los conservadores latinos.  

Llamar liberal a secas a un partido político como Ciudadanos, cuya única razón de existir el fomentar el odio contra el nacionalismo catalán y reivindicar las esencias del nacionalcatolicismo es todo un despropósito.

 El llamado neoliberalismo es una forma encubierta de neofascismo que pretende ocupar parte del espectro de la derecha y heredar un “título nobiliario” en desuso.

Ya es hora de que los liberales progresistas conformen una organización política diferenciada del ya más que confuso socialismo y su prima la socialdemocracia.

 

 

@ordosgonzalo

 

 

gonzalo   alvarez-lago   garcia-teixeiro


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