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Pedir ayuda

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16/07/2017 07:38 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Foto: Alyssa Reeder

No me creo Wonder Woman, pero nunca me ha gustado tener que pedir ayuda. Si puedo hacer algo por mí misma, lo hago y punto. No me gusta depender de los demás, ni en exceso ni de ninguna manera.

Este ¿defecto? ¿cualidad? ¿característica de mi personalidad? (no logro decidirme) me ha reportado grandes alegrías a lo largo de mi vida. Por ejemplo, he sido capaz de lidiar con un banco o con las eléctricas francesas sin que me tomaran el pelo o de sacarme una segunda carrera sin dejar de trabajar y usando todo tipo de transportes públicos (no tengo coche y el carné de conducir lo único que hace es acumular polvo en la cartera) para ir a examinarme a un pueblo a una hora de donde vivo. Y sé que estas pequeñas victorias me saben mejor porque yo, y solo yo, soy la responsable de conquistarlas.

Pero esta cabezonería ¿aragonesa? ¿feminista? (tampoco me decido) me ha ocasionado también bastantes daños y perjuicios. Del último de ellos, sin ir más lejos, aún sufro las desagradables consecuencias.

Foto: Simon Upton para Roxy

Viernes por la mañana. Salgo de casa con mi maleta tamaño cabina de Ryanair pero bastante pesada (los por si acasos , esos grandes enemigos de los viajes) camino de la estación dispuesta a subirme en un autobús rumbo a Barcelona (parada técnica del viaje) para pasar un fin de semana con mis amigos del colegio en Gerona.

Bien. Pues nunca llegué a subirme en ese autobús. Mi maleta (rosa fucsia, por cierto) lo intentó, pero mi hombro decidió que viajar con mi maleta en el maletero podía ser una buena idea, así que se salió de su posición anatómicamente correcta para quedarse colgando de mi brazo, un brazo cuya mano seguía aferrada al asidero de la maleta.

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Voy a ahorrarme los detalles escabrosos, pero el resumen es que mi maleta, mi bolso, mi billete de autobús, una bolsa con croissants de chocolate (soy una buena invitada) y yo acabamos en una ambulancia camino de las urgencias del hospital, donde pasé dos estupendas horas del mediodía del viernes dando explicaciones de qué hacía allí y, sobre todo, de por qué llevaba conmigo una maleta rosa fucsia tan bonita (palabras de una de las celadoras que empujaron mi silla de ruedas por los pasillos del hospital). ¡Ay, pobre! ¿Y te ibas de viaje? ¡Qué mala pata, bueno, qué mal brazo, jeje! Sí, yo tampoco podía parar de reírme.

Anécdotas aparte y aquí viene el meollo de la cuestión, yo sé desde hace quince años (o sea, más de la mitad de mi vida) que se me sale el hombro. Tengo esa suerte. Sucesivas luxaciones y subluxaciones me han familiarizado con los términos médicos para lo que me pasa, con los distintos tipos de rehabilitación que existen, con una hipotética operación y, lo que es más importante, con los gestos y movimientos que yo sé que puedo hacer o que no.

Y la verdad es que yo sabía perfectamente que mi hombro podría no soportar el colocar la maleta en alto en el maletero, pero lo hice igualmente. Porque yo las cosas, a ser posible, las hago sola. Otras veces (muchas) he sido capaz de poner la maleta encima de las demás y sin ningún problema. Pero el viernes, por lo que fuera, no pude.

Así que supongo que mi reclusión forzada de este fin de semana se debe a ese ¿defecto? ¿cualidad? ¿característica de mi personalidad? que me impide pedir ayuda hasta que no es estrictamente necesario. Pero si algo he aprendido este fin de semana es que, si no quiero perderme algunas de las cosas buenas de la vida (como un finde de verano fuera), tengo que aprender a pedir ayuda. Y, sobre todo, tengo que aprender que no pasa nada por pedir ayuda. Eso no me va a hacer menos válida, menos capaz o menos digna de saborear esas pequeñas victorias de las que hablaba antes. Porque la realidad es que todos necesitamos ayuda en un momento u otro de nuestra vida, para unas cosas o para otras. Y forma parte del juego aceptarlo, agradecerlo y seguir adelante. Avanzar. A Gerona o adonde haga falta.

"Parte de nuestra existencia reside en las almas de quien se nos aproxima"(Primo Levi, Si esto es un hombre )

PD. Menos mal que todas las nubes tienen un lado plateado (el lado bueno de las cosas).


Sobre esta noticia

Autor:
Infashionwithyou (64 noticias)
Fuente:
infashionwithyou.blogspot.com
Visitas:
60
Tipo:
Reportaje
Licencia:
Distribución gratuita
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