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Tres meses con problemas respiratorios: el mal pronóstico de los infectados pese a no pasarlo grave

24/03/2021 10:07 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Apenas cumplido un año desde que llegó la pandemia, todavía hay múltiples incertidumbres por resolver acerca de la Covid-19. Más allá de conocer el mecanismo de ataque del SARS-CoV-2 cuando irrumpe en un organismo, también es relevante saber qué cicatrices deja una vez el cuerpo ha conseguido recuperarse, pues en muchas ocasiones la batalla continúa tiempo después de haber estado infectado.

En los últimos meses se han ido detectando distintas secuelas, más o menos frecuentes en según que pacientes. Ahora, un estudio llevado a cabo por siete centros hospitalarios de España señala que sufrir limitaciones respiratorias es muy probable en personas que han permanecido ingresadas por la enfermedad.

Según la plataforma Worldometers, más de 100 millones de personas de todo el mundo se han recuperado de una infección por coronavirus. Pero haberse recuperado no siempre implica que el organismo vuelva a ser el mismo al que era antes de contagiarse. Muchos todavía cargan con las consecuencias del coronavirus días, semanas e incluso meses después de haber sido dados de alta.

Es el caso que han estudiado varios investigadores españoles -coordinados por el Hospital San Pedro de Logroño y el Centro de Investigación Biomédica de La Rioja (CIBIR)- que, tras un análisis exhaustivo, concluyeron que los pacientes de coronavirus que han estado ingresados en planta con una afectación severa o leve-moderada mantienen, a los tres meses de haber sido dados de alta, una limitación respiratoria.

"El estudio se inició porque con anterioridad, cuando tuvieron lugar las anteriores infecciones del coronavirus (MERS, SERS), había algunas personas que presentaban lesiones residuales a nivel pulmonar después de la infección" explica a 20minutos el principal investigador del estudio, José Ramón Blanco. El también director científico del CIBIR cuenta que no quisieron centrarse tanto en lo que era en la infección, sino que "lo que nos preocupaba era qué consecuencias podía mantener esto a nivel personal", por lo que presentaron el proyecto al Instituto Carlos III -que había convocado unas becas de investigación-, "y fue uno de los proyectos seleccionados".

Para el estudio, publicado en la revista 'Clinical Microbiology and Infection', analizaron la recuperación de 108 pacientes de Covid-19 -con una edad media de 50 años y sin alteraciones respiratorias previas- que ya habían vuelto a sus domicilios tras haber superado la enfermedad en el hospital, donde estuvieron ingresados en planta (no en UCI).

A la investigación se unieron también los Hospitales Reina Sofía de Córdoba, Reina Sofía de Murcia, Valdecilla de Cantabria, Costa de Sol de Marbella, de Burgos, Clínico de Zaragoza y San Pedro de Logroño, para poder contar con un espectro más amplio. "Nos interesaba mucho la distribución geográfica para que no fuera un único hospital, porque ahí siempre puede haber unas características propias de la población. Por tanto, para evitar sesgos, se incluyeron resultados de diferentes regiones a nivel nacional", asevera Blanco.

Según cuenta Blanco, vieron que se estaban documentando posibles lesiones y alteraciones residuales a nivel pulmonar en personas que habían sufrido la Covid-19 ingresadas en el hospital, "y lo que vimos es que, tres meses después del alta, aún persistían algunas alteraciones en la propia función respiratoria. Estas pruebas estaban más deterioradas en aquellos que, en el momento del ingreso, habían estado más graves. Es decir, había una relación con la severidad del cuadro", indica.

La conclusión a la que han podido llegar -aunque resaltan que la información sobre las consecuencias a largo plazo es todavía "limitada"- es que, sobre todo en los casos más graves, el "déficit de difusión" (intercambio gaseoso en los pulmones) "todavía estaba presente después del alta hospitalaria".

Y es que, como señalan, a diferencia de los coronavirus anteriores (como el SARS o el MERS), la Covid-19 "no parece ser solo una afección respiratoria", sino que se trata más bien de "un proceso infeccioso viral que involucra múltiples sistemas", lo que hace que algunos supervivientes presenten "síntomas graves persistentes y disfunción orgánica".

Aunque se trata de alteraciones que, según prevén los investigadores, van "disminuyendo y desapareciendo" con el paso del tiempo, sus efectos pueden suponer un deterioro de la calidad de vida. Síntomas como la disnea, la fatiga o la respiración entrecortada a la hora de caminar pueden mermar en el día a día de quienes los sufran y, por tanto, alterar su actividad habitual. Efectos que pudieron recopilar tras someter a los voluntarios, a los tres meses de haber sido dados de alta, a pruebas de función pulmonar, paseos de seis minutos, tomografías computarizadas de tórax y muestras de suero y esputo inducido, entre otras.

"Lo que vimos, sobre todo, es que eran personas que tenían más fatiga a la hora de caminar, más disnea, etc. No podían caminar al ritmo que con anterioridad estaban caminando o hacer las actividades físicas a las que estaban habituados", explica Blanco, también médico adjunto de los servicios de enfermedades infecciosas del Hospital San Pedro (Logroño). "Había gente que te decía que hacer la cama le suponía un esfuerzo", añade.

Estas anomalías se producen por la propia respuesta del cuerpo a la infección. Concretamente, las protagonistas son las citocinas, proteínas que responden a la invasión del virus. Pero el problema se produce cuando esa respuesta es excesiva, fenómeno que se denomina 'tormenta de citocinas'. "Si hay un exceso de respuesta frente a esa agresión, eso no solo provoca daño al virus, sino que también puede provocar daño en tu organismo", detalla Blanco.

En este caso, según cuenta, vieron que los corticoides -medicamento que al principio de la pandemia no estaba tan consolidado como ahora para tratar la enfermedad- pueden ser útiles para controlar la inflamación y esa respuesta desmedida. "Es posible que si hiciéramos esta misma foto ahora, que ya se utilizan, las alteraciones que encontraríamos serían diferentes. Tendríamos un mejor patrón pulmonar", asegura.

Además, puesto que el estudio se llevó a cabo con personas sin patologías previas que no habían estado intubadas en el hospital, los resultados indican que lo más probable es que se observarían las mismas limitaciones respiratorias en pacientes más jóvenes.

Uno de los aspectos importantes del estudio, es que una de las pruebas que se llevaron a cabo para determinar la afectación de los pacientes es la del esputo inducido. "Esto no es una muestra de saliva, sino que se les pone un aerosol para generar una flema que sea importante y que venga de la parte baja del pulmón", cuenta José Ramón Blanco, añadiendo que sería equivalente a una broncoscopia.

"Es el verdadero valor de este estudio, ya que no lo hemos visto en ningún otro estudio a nivel nacional o internacional hasta la fecha", asevera Blanco, asegurando que esta información será también muy relevante a la hora de saber qué está sucediendo a nivel pulmonar o en la sangre periférica, "porque en ocasiones parece que el pulmón es un 'compartimiento estanco', y para nada. Lo que estamos viendo es que algunas alteraciones del pulmón llegan a salir fuera y se ven esas mismas alteraciones en sangre periférica, con lo cual es también importante", afirma.

A falta de más datos sobre el tema y de un estudio a mayor escala que incluya pacientes con distintos perfiles, los profesionales mantienen que lo más probable es que esas secuelas vayan remitiendo, descartando así el temor que surgió en los primeros meses de la pandemia.

Cuando decidieron iniciar la investigación, la preocupación se enfocaba básicamente en la posibilidad de que el pulmón, tras verse deteriorado por el virus, perdiera su elasticidad al inflamarse y dificultase así la movilidad respiratoria.

Pero, según ha asegurado a José Ramón Blanco, "eso no se ha producido", lo que apunta a que, eventualmente, esas anomalías serán cada vez menores hasta que desaparezcan. "Es curioso, porque en muchas ocasiones son cuadros fluctuantes", señala, asegurando que los pacientes aseguran sentirse mejor un día y algo peor al siguiente. "Pero sí que ellos van viendo que, según pasan las semanas, esta limitación cada vez iba siendo menor; que de alguna forma se iban recuperando, aunque no al cien por cien".

Ahora, el próximo paso es averiguar cuál es el plazo exacto de recuperación, cuánto tiempo tienen que estar esos pacientes con limitaciones pulmonares hasta volver a estar como antes de la infección. "Hay muchos proyectos a nivel internacional que lo que quieren precisamente es saber esto, si va a costar seis meses, tres meses o cuánto tiempo", destaca Blanco.

Para ello han continuado la investigación los mismos pacientes, pero con más marcadores, en un proceso del que ya están extrayendo los datos para hacer los análisis estadísticos. "Volveremos a generar información cuya importancia residirá también en que nos podrá informar de qué es les está ocurriendo en el momento de la infección aguda y si hubiese un tratamiento específico que favoreciera que estos pacientes se recuperaran antes o con menos lesiones", señala director científico del CIBIR.


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