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13/02/2018 20:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

HELENA RESANO. PERIODISTA

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Muchos fines de semana Lucila me pega un toque: "¿Qué haces hoy? ¿Te apetece pasarte por el centro comercial de Pozuelo? Vamos a tener un mercadillo sábado y domingo para recaudar fondos para Babies Uganda". Babies Uganda es una ONG pequeña, pequeñísima, que llevan tres mujeres maravillosas y que sale adelante sumando euro a euro. Y lo hacen tirando de imaginación, inventándose cada vez una iniciativa diferente: una obra de teatro, un mercadillo, una carrera... No manejan grandes presupuestos, no reciben ayudas. En verano cuentan con el apoyo de voluntarios que dedican parte de sus vacaciones a echar una mano allí, llevando a los pequeños a vacunar, organizando tareas en la casa de acogida. Saben que cada euro cuenta y que un euro aquí es un biberón, una cuna, un paquete de pañales o comida para dos semanas para uno de los bebés del orfanato que con mucho esfuerzo y mucho amor han conseguido abrir en Uganda.

La historia de Lucila es la historia de Javier Colomo, de AmigoSolidarios, de Enrique Álvarez de Deporte Integra o de Javier Corbo de Aztívate. Son las ONG que conozco de primera mano, con las que he colaborado en alguna ocasión. Sé cómo trabajan, sé el enorme esfuerzo que supone mantener en pie estas pequeñas organizaciones. Todos tienen sus trabajos y dedican su tiempo libre a esos proyectos que un día les robaron el corazón.

El escándalo de Oxfam Intermón les perjudica a ellos y a todos aquellos que trabajan en una ONG creyendo firmemente que trabajar por un mundo mejor es la mejor de las pasiones. Desde luego es la perversión en su versión más cruel. Acudir a un país devastado por un terremoto o una guerra o un huracán y aprovechar el caos para convertirte en un depredador sexual. Ampararte en tu organización, en esas siglas que para quienes lo han perdido todo son símbolo de esperanza, de que se les devuelva algo de seguridad, para actuar como un depravado. Contratar a menores y convertir la sede de tu ONG en un burdel. Sabiendo que nadie va a denunciaros, porque ¿quién se va a creer que quienes han ido a ayudar están abusando de menores y de mujeres de forma impune?

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Las denuncias de abusos sexuales sobre Oxfam han puesto en jaque el concepto de ayuda en emergencia. Juzgar a organizaciones tan grandes por la actuación de unos pocos es injusto, tremendamente injusto y, aunque cueste mucho estos días, hay que poner en valor el trabajo que hacen en las zonas de emergencia. En Siria, en los campos de refugiados de Lesbos, jugándose la vida en el mar como Proactiva Open Arms. En muchas ocasiones son los únicos que ofrecen ayuda: ni Estados, ni organismos públicos, ni ejércitos. Son ellos los que están dando cobertura. Su trabajo es vital. Y darles la espalda es poner en peligro el concepto más básico de lo que son las ONG, sus valores, generosidad y profesionalidad.

Si ya nos cuesta ayudar a las ONG, ahora nos han puesto la excusa que justifique nuestra conciencia. Yo por mi parte bajaré el foco y me fijaré en seguir respondiendo a la llamada de Lucila, de Javier o de Enrique cuando me lo pidan. Porque creo firmemente en lo que hacen y porque sobre todo... los admiro.


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