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MARTÍN MORALES: RITORNELLOS VISUALES PARA UN NUEVO PAISAJE

10/05/2010 12:14 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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Por Nydia Gutiérrez

"el hábito reúne en razón de una repetición periódica una serie de actividades y medios, pero el papel de esta repetición no es otro que producir una diferencia, gracias a la cual se pasa de una actividad a otra, o se conjugan una y otra, a través de un medio a otro. Decimos, entonces, que el hábito posee ritmo"

Gustavo Chirolla, "Arte y Territorio"

La obra de Martín Morales denota el recorrido inteligente de un artista intuitivo y estudioso que desde sus inicios, en los años setenta en Mérida, se mantiene en incansable ejercicio creativo; en ese andar esta exposición muestra algo aún más interesante: la obra continúa renovándose. Se revela aquí la transición paulatina que en la ultima década abrió sus pinturas hacia una enriquecedora vinculación con el espacio de la vida misma, con los procesos fenomenológicos donde ella ocurre. Solo pretendemos observar en esta breve reflexión la manera como sus paisajes de siempre aparecen hoy expandidos, liberados de las estructuras cinéticas que los sostuvieron –siempre velados- a lo largo de varias décadas, lo cual constituye un giro fundamental del artista hacia preocupaciones mas cónsonas con el devenir actual del arte.

Cualquier visión de su cuerpo de trabajo no puede esquivar como elemento constitutivo su quehacer con y para los demás; entre el nutrido grupo de artistas que trabajan en ese rincón especial que es Tovar en el panorama artístico de Venezuela, Martín Morales ocupa el lugar especial del maestro. Allí ha sido puente para la información que en más de una ocasión renovaría las prácticas de compañeros y discípulos y hoy termina por renovar la propia. Primer discípulo de su obcecada investigación, el maestro aprende.p1010044

Como artista es heredero de las enseñanzas modernas que permitieron el ejercicio de una pintura libre de obligaciones representacionales, y que contó con la geometría y el cinetismo como elementos de trabajo; pero en su prolongada afiliación a las formas que tantas satisfacciones le han reportado al arte venezolano, Morales mantuvo sin vacilaciones una poética personal que nunca abandonó el paisaje y que estuvo siempre al servicio de un efecto evocador, sin las durezas de la abstracción pura. La valoración de nuestras cualidades sensibles jamás se quebró frente a los rigores de la visualidad organizada por patrones geométricos. Aunque rondara mil veces sobre la misma senda y aun cuando el ejercicio formal llegara a agotarse en ocasiones, de ese mismo sustrato que ha trillado sin pausa surgen ahora los recursos transformadores; la reflexión sobre las preocupaciones actuales del arte en el más amplio contexto le reclamaron la transformación del suyo y de allí que, con un entusiasmo siempre joven, hoy su geometría se instala en el espacio objetivo, abierta a la vida.

En las obras de esta muestra, las pinturas de siempre parecen observar como otras obras se despliegan y se liberan de la trama implacable de su estructura (hace ya unos diez años que sus ensayos con las jaulas para pájaros, de riguroso cinetismo, liberaban plumas blancas en el entorno secreto de su estudio) La obra se permite aquello que tan bellamente definiera Aldo Rossi como Il Contaminatio, la permeabilidad entre la obra y su entorno, la aceptación de su existencia como uno más en el mundo, la salida de su encapsulamiento ideal entre las formas y sus efectos ante nuestros ojos.

Aquí están ahora "Las Puertas del Alma", y "La Llovizna", y las piedras del camino, y la pureza del círculo acoge un "Arco de Encuentro"; el paisaje ya no es más imagen sino cuerpo sensible. Reterritorializado, como dice Gustavo Chirolla al definir la idea de geoestética, el paisaje ya no es pura contemplación, sino acción de apropiación que involucra al forastero que lo aborda con sus deseos y sus estrategias; que lo funde como parte de sí mismo, que no lo advierte más como el modelo enfrente, sino como experiencia vivida. La naturaleza y el paisaje son ahora constituyentes del artista; uno y otro se confunden, afectándose y transformándose mutuamente. En este conjunto el paisaje se encuentra entre su audiencia, constituye para ella un bloque de sensaciones, no una imagen, mas allá de su belleza o esmero formal; ostenta ahora cargas de sentido adicional con la organicidad de las piedras como dato contaminante de la idea por la realidad. La relación nueva de Martín Morales con esos paisajes que estuvieron siempre velados detrás de sus mallas cinéticas, es la de confusión con, no la del testigo visual de, un territorio.

Siguiendo a Chirolla recordamos que del arsenal de sus hábitos con ritmo, sus ritornellos, (en palabras prestadas de Deleuze y Guattari), Martín extrajo ciertos códigos que al cruzarse con otros códigos de otros cuerpos se convirtieron en sus recursos para apropiarse de esos otros cuerpos: los retazos de la naturaleza ideal de sus pinturas anteriores son hoy retazos de la existencia, orgánicos, cargados de historias y afectos. La insistencia y repetición con los que llegó a conocer los mas íntimos recodos de la geometría que velaba sus pinturas le abren las puertas del mundo.


Sobre esta noticia

Autor:
Correo Cultural (14152 noticias)
Fuente:
conartedevenezuela.com.ve
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Tipo:
Reportaje
Licencia:
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