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Las Líneas del Negro : Un texto sobre los escritores que escriben para otros de Carlos Yusti

29/03/2010 13:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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Hace bastante que no me ocupo de los negros, es decir de esos escritores tarifados que escriben para otros. Escritores que en el ínterin de su propia "gran obra" por una calderilla le redactan las memorias a esas actrices en retirada o a uno que otro politicastro en plan de pensionado. También están los que escriben a destajo discursos de orden y afines. Hay algunos que se limitan a la redacción del artículo de opinión para el diputado que quiere estar en los periódicos dictando cátedra de sapiencia política, aunque sea un ágrafo que tiene una vaga idea de lo que es un libro.

Acuden a los negros algún escritor bloqueado al que la musa se la ha enamorado el repartidor de pizzas. O ese escritor famoso apremiado por la demanda y necesita entregar folios tras folios escritos para revistas, diarios y editores.

La vida del escritor con tarifa modular tiene el dulce aroma de lo risible, de esa tragedia cómica masticada en silencio y lejos del estruendo publicitario del mercado editorial. Recuerdo un hecho curioso ocurrido al escritor Javier Cercas. De paseo en Barcelona, de España se entiende, asistí a la celebración del día de San Jorge (libros y rosas). A lo largo de la Rambla barcelonesa se colocan distintas casetas con libros y en algunas acuden los escritores a firmar sus obras. Estaba Javier Cercas firmando ejemplares de su libro "Anatomía de un instante", cuando se acercó un negrazo alto y sin previo aviso le dijo: "Soy negro". Cercas ocupado en eso de las firmas y algo caído de la mata le dijo: "Si, lo he notado". El negrazo ripostó de nuevo: "Soy negro" y hizo énfasis en eso de la negritud. Cercas seguía en el despiste pensando que nadie lo hubiese confundido con algún turista de la rubia Alemania. El negrazo aclaró por fin: "Soy escritor y estoy disponible como negro" y le alargó una tarjeta al escritor. Javier Cerca tomó la tarjeta con embarazoso sonrojo.

Woody Allen en el texto, "Pluma de alquiler", relata la peripecia de un escritor y un productor de cine que ha obtenido los derechos de un clásico protagonizado por los tres chiflados y la cual ha comercializado de muchas maneras, no obstante quiere obtener una ganancia extra novelando la película y para ello contrata a un escritor que cree en la alta literatura. El productor para convencerlo le dice que muchos premios Nobel trabajan para él e incluso el Gabo forma parte de su nómina. El escritor ante la posibilidad de ganar un buen dinero se entrega a su tarea durante una noche de café. Fragmentos de su novelización no tienen desperdicio: "El destartalado Ford se detuvo ante una granja desierta y de él salieron tres hombres. Tranquilamente y sin razón aparente, el hombre de pelo oscuro agarró la nariz del hombre calvo con la mano derecha y lentamente se la retorció trazando un amplio círculo en sentido contrario a las agujas del reloj: un horrendo chirrido quebró el silencio de las Grandes Llanuras. 'Sufrimos', dijo el hombre de pelo oscuro. '¡Ay, la azarosa violencia de la existencia humana!'.

Entretanto, Larry, el tercer hombre, había entrado en la casa y, no se sabe cómo, había conseguido acabar con la cabeza atrapada en un jarrón de loza. Andaba a tientas por la habitación y para él todo se había vuelto aterrador y negro. Se preguntaba si existía un dios o si la vida tenía sentido...". El cuento ilustra un poco ese empeño estilístico que se impone el escritor de marras con respecto a la escritura.

Por norma no leo, en revistas o periódicos, los sesudos escritos de los políticos de oficio del color que sean. No lo hago por bellaquería, sino porque sospecho que algún negro tiene sus pezuñas literarias metidas en la redacción. Leí por casualidad el texto de las Líneas de Chávez titulado ¡Contraataque Bolivariano!(domingo, 21 de marzo de 2010) y me encontré con el siguiente lapsus: "Sólo con una ardiente paciencia conquistaremos la espléndida ciudad que dará luz, justicia, dignidad a todos los hombres, cantaba ese gran poeta francés Arthur Rimbaud". No sé, pero creo que la frase le pertenece a Pablo Neruda: "Sólo con una ardiente paciencia conquistaremos la espléndida ciudad que dará luz, justicia y dignidad a todos los hombres. Así la poesía no habrá cantado en vano".

Rimbaud me sonaba más a lectura de negro que a la de político circunstancial. Creo que el negro debe cuidar estos gazapos debido a que el personal cree seguir las líneas del presidente y en realidad sigue las líneas del negro, que como el escritor de Allen retuerce el estilo de rimbombancia lectora y matices culturales tratando de salvar la pesadez laberíntica del artículo y demostrar que sus lecturas van más allá de las contraportada de libros políticos.

Conozco a un escritor que la hace de negro; escribe diálogos y situaciones cómicas para obras teatrales comerciales, que le permiten llegar a fin de mes. Obras con esa frivolidad de enredos de alcoba y chistes de una ordinariez ampulosa. Algunos títulos anuncian los derroteros de la pieza: "Faldas y hormonas en la oficina", "Enviagrado de pasión", etc.

Le pregunto al escritor cual es el secreto para escribir para otros y me dice: "No lo hay cuando los recibos del alquiler, la luz y el teléfono se acumulan. Además ese teatro sólo requiere algunos chistes malos, actrices infladas de silicón y una buena dosis de vulgaridad en doble sentido para que la gente crea que se trata de humor inteligente. Además, si escribo como Shakespeare no meto las piernas bajo la mesa".

Hoy se ha desatado como una epidemia y todo hijo de vecina aspira convertirse en poeta, cuentista, novelista y en escritores de autoayuda. Ante la evidencia los negros huelen el negocio y cuelgan en la Internet su factoría con el lema copiado de novela policial: "Escritores en la sombra, sin firma". En la oscuridad como vampiros, como rufianes de poca monta con la navaja estilística entre las manos a la espera de los incautos que quieren ser autores a toda costa. Los negros han montado su fábrica de textos y libros que sin duda Balzac y Alejandro Dumas hubiesen envidiado con ojos agolosinados.

El gran Lichtenberg lo escribió:«En la actualidad, tres agudezas y una mentira hacen un escritor». La mentira es el negro escribiendo furioso escondido en el armario, de agudezas está repleta Google y lo demás es cobrar. ¿La gloria o el dinero?, para el negro la respuesta es obvia y el escritor, al cual el negro le ha escrito el libro, se queda con la gloria fugaz de casa de cultura regional.

Carlos Yusti :www.arteliteral.com


Sobre esta noticia

Autor:
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Fuente:
conartedevenezuela.com.ve
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Tipo:
Reportaje
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