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El libro azul que le dio muerte a mi país

09/09/2018 21:03 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El teléfono repica, no quiero saber de nadie

Fuente Literaria

El libro azul que le dio muerte a mi país.

Los niños ya no están, la casa en un silencio profundo envuelve mis pensamientos y no se donde tomar el transito debido, ante los surcos de la vida.

Aquellos días de la Semana Mayor, descansaba en una cabaña de madera, un poco lejana de los turistas y bañadores en Palma Sola, a diez minutos de la ciudad donde nací en Puerto Cabello. Sin duda, este extremo de la playa es un buen lugar para reflexionar y, siempre buscaba entre aquellas personas, alguna que hablase francés, pero, Nailette llego por otro sendero y su casa me gustaba mucho, por ser acogedora. No había diferencias entre las dos cabañas a pesar de las distancias.

Luego, vino mi esposa amada, Thais y siempre me acompaña, ahora en forma de mariposa revoletea mi teclado y un aire fuerte entra por el ventanal, siempre esta a mi lado, guardiando mis sueños o mis pasos.

Jamás, pensé en casarme, fue una decisión brusca, quizás por celos, en años anteriores, cuando Dorcas se graduó de médico y yo estaba a meses de graduarme de docente. En la Iglesia Evangélica donde me congregaba desde que tenia dos años, empezaron a opinar. La intromisión de terceros quebranta cualquier pensamiento hasta desboronar ese sueño, luego Thais y mis dos hijos plenaron los surcos del camino.

El teléfono repica, no quiero saber de nadie. En el pasado verano, la hojarasca se llevo todo, hasta mi alma, pero, las poetas argentinas y chilena que leía a menudo se envolvieron en mantas para irse con los vientos.

A en los barrios, no hacen fiestas y los centros comerciales a oscuras

Todos, tenemos prisa, unos por vivir, otros por fallecer, nos unimos en el callejón, cada quien, tiene su audiencia.

Pero, al atardecer voy al malecón de Tandil, ambas, las primas tienen tiempo que no recorren juntas el malecón y prosigo mi viaje a Puerto Cabello, sin prisa voy transitando su viejo malecón para escuchar a medianoche el sonido de los vapores allí amarrados en su atraque.

Hemos viajado por mucho tiempo, desde aquella vieja cabaña, cuyas maderas laten en el tiempo. Todo me huele a humedad, pero estoy sentado en la espera de mis nietos. No volverán, familias abandonadas, muertes abruptas, un desorden de país. Gracias a los cubanos y este comunismo que nos atrinchera a la muerte.

Y, a los ancianos se nos acusa de vender nuestro salario, ganado por años de servicio. La luna roja se filtra por muchos hogares, sus hijos no están, las madres lloran desesperadas, a nadie les importa.

La gente se reúne y ser interpela, por una bolsa de comida, eso valemos. Voy a encontrarme con mi mismo mundo, somos unos intrusos en nuestro propio país, gobiernan los cubanos y colombianos.


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Autor:
Emiro Vera Suárez (790 noticias)
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Tipo:
Opinión
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