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La Ley del Trabajo no es Clasista

25/05/2012 18:10 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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Si algo hubiese que aclarar es la noción absurda de que la ley del trabajo es un instrumento clasista, tal como pregonan algunas organizaciones sindicales. Tal afirmación significa, ni más ni menos, que esta importante ley es un elemento de negociación y de reconocimiento de derechos solo para un sector de la sociedad, contrario al contenido de la ley vigente que en su articulo artículo 1º señala: "Esta Ley regirá las situaciones y relaciones jurídicas derivadas del trabajo como hecho social", sin embargo, en todo su articulado no se encuentran referencias a la naturaleza de este hecho social, cómo se funda y por qué es social y no individual.

En verdad, la LOT reconocida como la segunda ley del país, después de la Constitución Nacional, es una normativa que debería regular las relaciones y convivencia entre sectores e instituciones. En primer término se trata de los derechos de los trabajadores reconocido por el Estado y por los empleadores. En segundo lugar, de las obligaciones del trabajador contraídas en el seno de los procesos productivos donde interviene, e igualmente importante, las obligaciones de los emprendedores o empleadores, generadores básicos de la relación de trabajo.

Mediante la LOT, como hecho social, la sociedad reconoce la calidad de las relaciones entre trabajadores y empleadores, pues si este vínculo no existiera, el trabajador pasaría a ser un sujeto que trabaja por cuenta propia o cuentapropista como corrientemente se les menciona.

Ahora bien si es una relación de tres partes la que se regula: el trabajador en primer término como sujeto materializador del valor, el emprendedor como el creador del proyecto o de la idea que da lugar a la oportunidad de empleo a través de sus empresas, y el Estado como intermediario de esta relación, la LOT es ni más ni menos que una ley con un profundo sentido social cuyo objetivo es asegurar el equilibrio, el consenso entre las partes, la progresión de los derechos del trabajador y la adecuada normatización de estas relaciones imprescindibles para el desarrollo de cualquier sociedad.

La reducción de la LOT a una ley clasista se deriva de la teoría del valor postulada por Marx, según la cual el único ente que agrega valor es el trabajo humano dependiente. Esta aproximación que se dice humanística, curiosamente deja de lado la importancia del conocimiento, de la creación y el riesgo, dimensiones que solo surgen como una expresión de la capacidad y creatividad del ser humano. El valor surge solo cuando el espíritu humano descubre su fuente y emprende el camino para materializarlo. El trabajo en este sentido es integral, se trata del arduo camino para concebir la empresa y su correlato en la materialización del objetivo.

Poco avanzará nuestro país si el gobierno insiste, bajo falsas premisas ideológicas, en convertir la LOT en un instrumento de confrontación entre victimas y victimarios, pues esta postura en su sentido más amplio significa el exterminio de una de las partes, en especial la de los emprendedores- empleadores que pasarían a ser sustituidos por el Estado. Como ha sucedido en todos los modelos socialistas en los cuales el Estado se convierte en patrón único, se destruye la representación sindical, acaban con el derecho a huelga y eliminan totalmente la contratación colectiva, tal cual como está ocurriendo hoy en Venezuela.

Esta versión clasista de la LOT es un genuino reflejo de las dificultades políticas e ideológicas dominantes en el liderazgo político tradicional de nuestro país, incapaz de superar las visiones primitivas de la lucha de clase como motor de la historia y del trabajo, como un acto de explotación ejercido por los dueños de los medios de producción. Reconocer la LOT como ley que expresa una relación social es otorgarle al trabajador dependiente su importancia como parte constructora en la generación de riquezas, producto del esfuerzo humano, lo cual sí es un hecho social fundante.

La LOT clasista separa a los trabajadores del resto de la sociedad, los deja en las manos todopoderosas del Estado. Es muy duro confrontar las experiencias de los trabajadores de las empresas estatizadas, que a golpes han aprendido que con el Estado socialista no hay pliegos conflictivos, ni protestas que valgan. El Estado-patrón no negocia, hay que obedecerlo. Esto lo han asimilado muy bien los trabajadores en Guayana y en las cientos de empresas estatizadas. Se acabaron los beneficios, las pólizas de salud, el trabajador debe usar los servicios de salud de su patrón, es decir Barrio Adentro.

Isaper@gmail.com @isa.pereirap


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vozdevanguardia.blogspot.com
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