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La tiranía de la mayoría

14/09/2016 08:20 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La creencia de que la democracia es reductible a un mero ejercicio de mayorías, es el primer paso para convertirla en una demagogia

*En respuesta a la Editorial de Juan Arturo Covarrubias "Las mayorias mandan" publicado en el diario Reforma

La democracia pese a ejercer mecanismos de decisión mayoritaria, su esencia descansa en el poder de decisión de cada individuo como ser pensante y racional.

Dicho lo anterior, causa extrañeza que en el artículo “Las mayorías mandan” de Juan Arturo Covarrubias (publicado el 9 de septiembre en el diario Reforma http://www.reforma.com/aplicaciones/editoriales/editorial.aspx?id=96762) no solo nulificara la autonomía individual sino que reprodujera magistralmente lo que John Stuart Mill bautizara como “la tiranía de la mayoría”.

En su artículo Covarrubias expresa que las convicciones de la mayoría deben prevalecer sobre la minoría o que de lo contrario se retrocedería en el ejercicio democrático del país, todo esto en relación a la oposición existente del “matrimonio igualitario”.

El punto de vista de que la mayoría debe regir sobre el interés de la minoría no es una concepción valida si el único argumento en cuestión es ser eso “mayoría” pero sin mayor sustento substancial, y eso se puede rebatir desde varias perspectivas.

Desde el campo de la filosofía política, se tiene presente la perspectiva de Stuart Mill en donde bajo ninguna consideración es más justo “imponer el silencio a una sola persona a que si esta tratara de imponérselo a toda la humanidad”, y la razón de ello es que la mayoría no está exenta de equivocarse.

Cuando el autor del mencionado artículo habla de “la mayoría del pueblo mexicano” lo hace no defendiendo una idea, sino la superioridad numérica, como si ello obligara a que la minoría debiera pensar de la misma manera, lo cual resulta altamente peligroso.

Recordemos que corrientes ideológicas como el comunismo stalinista o maoísta abrazaron con fuerza esta creencia para legitimar acciones que a la postre llevarían a cometer grandes atrocidades contra sus propias poblaciones, basta con voltear a ver el “chavismo” venezolano y las consecuencias que tuvo gobernar solo para la “mayoría”.

Desde la disciplina de la Lógica, Covarrubias comete una falacia de tipo “ad popolum” que significa validar una afirmación solo porque la mayoría también lo hace, lo cual resulta fácilmente descartable.

La democracia pese a ejercer mecanismos de decisión mayoritaria, su esencia descansa en el poder de decisión de cada individuo como ser pensante y racional

El autor considera que si la mayoría del pueblo considera que el matrimonio homosexual es malo es porque seguro así es, pero… hace 500 años la mayoría de las personas creían que la tierra era plana y resulta que no lo era.

El argumento “ad popolum” apela a la tradición para validar un fenómeno que se cree intransmutable, en este caso creer que la figura clásica del matrimonio debe defenderse solo porque siempre lo ha sido así es tratar de negar la evolución propia de la sociedad y del pensamiento de sus individuos.

Finalmente desde el ejercicio de las políticas públicas, la iniciativa presidencial en primer lugar se hace en apego a los principios de la Constitución, la cual NO está sujeta en ninguna forma al derecho canónico por lo que introducir concepciones religiosas al debate solo lo atiborra de elementos que carecen de validez técnica.

Preguntarse si Dios aprueba o no el matrimonio igualitario, no es tan relevante como cuestionar si la iniciativa disparara la cantidad de personas que podrán acceder a los beneficios del seguro social y si este lo podrá soportar, o si un alza en casamientos incidirá en lo que obtiene Hacienda del impuesto sobre la renta. 

Así mismo, aun y cuando la mayoría de la población pueda creer que algo está “mal”, si se tienen argumentos para demostrar lo contrario, es la obligación del “policy maker”, tal y como señala el célebre profesor Giandomenico Majone, de persuadir y educar a la población para que estos la acepten y la apoyen.

Hacerse para atrás y cruzarse de brazos ante la oposición de la propuesta, solo porque ello resulta impopular, contravendría el proceso obligado de debate y análisis que merece toda política pública.

No resulta justo tergiversar el sentido propio de la democracia para hacerla embonar con nuestras creencias.

Se puede estar en contra del matrimonio igualitario, pero hacerlo arrollando los derechos de las minorías es convertir la democracia en demagogia.


Sobre esta noticia

Autor:
Kevin Zapata (13 noticias)
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Opinión
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