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Ildefonso Falcones: "Vivimos en un mundo de promesas falsas"

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07/10/2019 19:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

DAVID YAGÜE

  • El escritor barcelonés lanza nueva novela, 'El pintor de almas', centrada en la Barcelona del modernismo.
  • "La independencia de Cataluña sería el mayor error histórico que podríamos cometer".

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Vuelve Ildefonso Falcones a Barcelona, y lo hace con El pintor de almas (Grijalbo, 2019). No es la Barcelona del medioevo, la de su celebrada La catedral del Mar, sino la del Modernismo, la de la lucha obrera, la de la Semana Trágica... Y juntar Barcelona y Falcones es hablar de éxito editorial. Sin embargo, en esta ocasión, la novedad viene con cierto regusto amargo ya desde antes de la novela. En la dedicatoria, escribe el escritor barcelonés que este libro "lo inicié con salud y he puesto su punto final tecleando con mil alfileres clavados en las yemas de mis dedos. Quiero dedicárselo a todos aquellos que luchan contra el cáncer, y también a quienes nos ayudan..."

¿Ha sido esta su novela más difícil?

Sí, personalmente sí. La catedral del Mar fue muy difícil, pero fue un esfuerzo alegre. En esta se han mezclado emociones felices con momentos de desesperanza, de debilidad física y de todo lo que conlleva una enfermedad como el cáncer. Ha sido una obra que he culminado en unas condiciones ciertamente delicadas y adversas.

¿Cómo se encuentra?

Ahora me siento bien, me quitaron la quimioterapia hace viente días y me van a operar en breve, así que estoy tratando de recuperar defensas. Estoy cojonudo, aunque tengo la voz tomada y tengo algunos efectos que no se van, pero estoy mejor, voy recuperando capacidad que es lo que la quimio te quita. Lo importante de todo esto es poder luchar, tengo un hermano que murió en agosto de cáncer y en un mes le dijeron que la quimio no funcionaba. Pero yo tengo la oportunidad de luchar, tengo el apoyo de los médicos buenísimos, de la ciencia, hay que luchar y tirar para adelante. Yo confío en salir adelante.

¿Con ese mensaje quería mandar algún tipo de mensaje a sus lectores con los que comparte enfermedad?

Sí, pero yo más que nada deseaba dar las gracias a las personas de mi entorno, porque una dedicatoria la haces a las personas que quieres. En estos momentos te das cuenta de que hay mucha gente que te quiere, que te apoya y que te soporta, porque lo importante es que te soporten, porque se pasan momentos duros en los que no tratas con justicia a los que tienes a tu lado. Ahora bien, si esta novela sirve para que alguien que puede estar desesperado, como ha habido momentos que yo he estado, vea que trabajando se puede salir adelante, que hay que continuar, que hay que superarlo... Bienvenido sea, pero yo tampoco puedo ponerme como ejemplo de nada.

En esta novela, Falcones se adentra en la Barcelona de principios de siglo XX, y, aunque cambia de época, mantiene las claves que le han hecho un best seller internacional: hay historia, arte, lucha de clases, contra los fanatismos, superación, amores imposibles... en la historia del joven Dalmau y su novia Emma.

Es su novela más contemporánea

Sí, lo es, pero sigue siendo histórica: no había aviones, había pocas coches, la luz era a gas... Nos pilla lejos, pero era un escenario muy interesante y atractivo.

Describe una Barcelona muy convulsa... ¿cómo la de ahora?

Creo que no existe esa convulsión ahora; entonces había bombas, manifestaciones de los asalariados, una burguesía que, por los motivos que fuera, dejó una Barcelona maravillosa... Hoy en día no hay nada parecido, la Torre de las Aguas y poco más, no existe ese vuelco en la ciudad. Hoy la situación es convulsa de manera diferente y por motivos bien diferentes... No es lo mismo, no es la lucha obrera la que nos lleva a la situación de actual de Barcelona y Cataluña.

Toda novela histórica es un ejercicio de nostalgia de un tiempo que no se pudo vivir. Pone en boca de sus personajes esa sentencia de que "Barcelona era una ciudad sin amor"...

Sí, puesto en boca en uno de los personajes más queridos en Barcelona, como era Maragall. Veía una ciudad donde primaba los intereses económicos de la burguesía frente a los obreros, las huelgas no acostumbraban a funcionar, había esquiroles a la orden del día, sustituir obreros era la táctica prefereida de los nuevos empresarios. Era muy complicado.

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Muestra como en la Semana Trágica la violencia se dirigió contra la Iglesia y no contra la burguesía...

Tras la Semana Trágica, de miles de obreros quemando iglesias, edificios religiosas, escuelas, atrincherados, disparando... Esos burgueses pagaron una semana de salario como si hubieran trabajado. Había ese paternalismo y condescendencia con la clase trabajadora, que esta despreciaba. Ahí fue cuando se dieron cuenta de cuál iba a ser su papel en la sociedad y la política. Entonces la burguesía se fueron de rositas...

Narra cómo hacían fiestas mientras la ciudad ardía...

Efectivamente, miraban todo aquello como si les fuera ajeno.

Hoy también habría ocurrido...

Es que no ha cambiado nada. Hemos llegado a un mundo que yo defino como de promesas falsas. Todas las que se nos hacen son falsas. Al político le da igual, promete lo que sea, no cumple y el ciudadano lo acepta. Ya lo damos por descontado, pero nuestro voto va en función de esas promesas. Hemos llegado a una sociedad muy poco crítica, mucho menos que aquella donde el obrero buscaba una educación laica para sus hijos, tenía ideales, luchaba y estaba dispuesto a dar la vida. Las promesas falsas no existían, estaba Lerroux que era un populista, pero no como ahora que vivimos un mundo de hipocresía absoluta.

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Sorprende el papel de la mujer en la época...

Conocía la época y el movimiento obrero, pero al investigar en profundidad veías que las mujeres encabezaban las manifestaciones con sus hijos para evitar que las fuerzas del orden pegaran a sus maridos. Salían a la calle a luchar por sus derechos. En aquella época la Iglesia, y eso creo que ha cambiado, trataba de hacer proselitismo a través de la beneficencia y los colegios: pensaban que si captaban a la mujer obrera, captaban al marido y los hijos. Ese era el objetivo, pero ellas pedían educación laica y libre. La Iglesia buscaba educar a operarios y operarias y ellas batallaba por la educación libre. Tuvieron un valor increíble.

Se ha novelado mucho sobre Gaudí, pero poco sobre el modernismo...

De la época se ha escrito mucho, ahí tenemos La ciudad de los prodigios, de Mendoza. Pero yo quería una novela sobre el modernismo y no solo de Gaudí, que tiene ya sus novelas como dices, aunque algunas tengan un contenido esotérico con el que no tengo nada que ver. Quería que el público conociera el verdadero modernismo, el de Domènech, que es igual de bueno que el de Gaudí. El modernismo ni empieza ni acaba en Gaudí. Pero la novela no es una lección de modernismo ni de lucha obrera, son solo el escenario.

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¿El Ayuntamiento de Barcelona no le ha dado un premio por cómo promociona la ciudad y su patrimonio?

(Resopla) No, no estoy muy bien visto. Ni siquiera consto en la relación oficial de escritores catalanes. En fin, es un tema que hay que dejar aparte.

Pero sus novelas han atraído, por ejemplo, a muchos visitantes a Santa María del Mar...

Sí, las visitas se han multiplicado. Y allá donde voy, hay gente que me dice que han visitado la Catedral de Mar por mi novela. Yo no creo que sea directamente por eso, pero sí creo que cuando una persona tiene varias opciones, la novela puede influir en esa decisión.

También sus novelas han presentado al resto de españoles una visión de la historia de Cataluña...

Sí y lo intento hacer con una mayor objetividad posible. Es la historia de una Barcelona convulsa, llena de contradicciones, no la ciudad plácida que nos encontramos hoy en día paseando entre edificios de la época.

¿Plácida? Entre lo que se habla de política e inseguridad últimamente...

Bueno sí, plácida ahora tampoco. Ahora Barcelona está una situación de tensión social constante, como toda Cataluña. Son conceptos erróneos, marcados por unas ideas basadas en el buenismo, en la progresía malentendida la que nos está llevando a una situación muy delicada.

También basada en algo que usted trata en su obra, cómo miramos a nuestro pasado...

Por supuesto. Intentan encontrara raíces en el pasado que están ahí: siempre he sostenido que Cataluña fue un país en un momento, hace 700 años. Pero ahora pensar que en virtud de aquello se debe pedir la independencia es el mayor error histórico que podíamos cometer. Tengo 60 años y estoy delicado de salud, pero creo que sería una hipoteca, una rémora para la juventud. Cuando veo a los jóvenes, a los estudiantes, manifestándose por la independencia pienso que están locos, porque si terminan siendo arquitectos, abogados, médicos o ingenieros no podrán trabajar en Europa ni en España. Se están cerrando las puertas a sí mismos. Sería la ruina. No entiendo esa visceralidad, cuando se convence a la gente con promesas absurdas y ridículas. Pero la realidad es esa, la independencia llevaría a la ruina más absoluta, al ostracismo. Habría que contar la realidad de lo que sucedería si se lograra la independencia, y esa verdad no se está poniendo sobre la mesa. Los políticos de todos los bandos solo hablan de utopías, de promesas falsas y barbaridades que nos llevan a una crisis absoluta.

Tras trece años de éxito, premios, una adaptación televisiva y otra ya en marcha, pero también la enfermedad, la denuncia de Hacienda... ¿Habría hecho algo diferente?

Claro. Por ejemplo, si a mi Hacienda me hubiera dicho que estaba haciendo algo mal, habría rectificado. Hacienda sabía cuál era mi situación porque nunca lo oculté. Al contrario, llegué hasta pleitear con ellos y gané. Y gané. Pero si en ese momento me hubieran dicho que eso me iba a llevar hasta aquí, habría cambiado al instante.

¿Cree que el éxito ha sido un acicate en esta causa?

Sin ninguna duda. Yo encabecé la campaña de la renta de un año. Es impactante para el ciudadano normal, que veinte días antes del incio de la campaña de la renta, los periódicos se vuelquen con filtraciones, con escritos que pasan la Fiscalía a los medios... Eso fue un acoso y sigue siendo un acoso.

Más allá de esta novela, ¿tiene más novelas en la cabeza?

Siempre hay proyectos, muchos. Pero tiene que aquilatarse a mi situación de salud actual. Este lo he terminado porque ya estaba metido en él y tenía que tirar. Pero ahora cuando proyecto a largo plazo me tengo que plantear otras cosas, hay que pensarlo: como estructurarlo, si es más corto... Hay que compaginar el trabajo con la vida, con la nueva realidad.


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