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La historia del zuliano que tiene más de 50 años proyectando películas

22/06/2015 21:28 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Daniela Bracho imageFoto: Cortesía Cine Club LUZEn el casco central de Maracaibo, desde una esquina del interior del antiguo Cine Urdaneta, un joven de 14 años vivía deslumbrado con la luz que se escapaba de la sala donde tomaban forma todas las películas de la época. Nelson Ferrer, vendedor de cotufas, no se conformó con ser espectador de esa magia: la vivió desde adentro.

Era la Maracaibo de 1965. Gobernaba el país Raúl Leoni. Fue la década que vio nacer clásicos del cine, La dolce vita de Federico Fellini, Psycho de Alfred Hitchcock, época en la que también Woody Allen se estrenó como cineasta al presentar su primera película, What's Up, Tiger Lily?, hechos que marcaron, inconscientemente, el destino de Nelson. "En los ratos libres me iba a la cabina de proyección y que a ver la película. Los operadores primero me enseñaron a embobinar películas, y luego me dejaron meter con las máquinas", contó a PANORAMA.

Vivió durante su infancia en la calle Colón, en el casco central de Maracaibo, lo que afirma fue clave para desarrollar esa pasión por el cine desde pequeño, "porque en esa calle existía en aquel tiempo dos cines, el Cine Colón y el Teatro Urdaneta".image El azar y su osadía le permitieron dar el paso que cambiaría su vida para siempre. Una noche, el operador que debía estar de guardia sufrió un percance y no puedo asistir al cine, "llegó el dueño de la empresa Urdaneta, el señor Manolo Colmenárez en persona se apareció en la sala porque esa noche había estreno. El encargado del cine le pasó el dato de que yo sabía manejar los aparatos, me preguntó que si podía proyectar la cinta y le respondí que sí. Y así proyecté mi primera película, no recuerdo el título pero fue un Western en formato 35 milímetros".

A partir de ese momento, se convirtió en el 'comodín' del Cine Urdaneta, cada vez que el equipo de operadores necesitaba ayuda, porque no se permitía contratar a menores de edad, "luego mi abuelo pudo conseguirme un permiso en el ministerio del Trabajo, hice un curso más intensivo de proyección con la empresa Baralt, en el Teatro Ávila, que también quedaba cerca de donde vivía. Ahí fue donde comencé realmente a trabajar en esto", recordó, rodeado de cientos de libros y cintas en la sede del Cine Club Universitario de LUZ, en Maracaibo.

Luego de su preparación, a partir de 1967, comienza su paseo por todos los cines que tenía Maracaibo en esa década, "por las noches trabajé en el Teatro Baralt como operador de prueba, después pasé al Ávila, y luego al cine más lujoso de la época, el Teatro París, ubicado en el barrio Cerros de Marín, ahí fui segundo operador (...) Luego trabajé en el cine Los Andes, en la calle Los Andes, el cine Alcázar que quedaba en La Limpia, actualmente es una zapatería, el cine Paramao en Los Haticos, el cine Paraíso en doctor Portillo, estaba entrenado para todos esos equipos (...) También trabajé haciendo avances en el cine Occidente que actualmente es un taller mecánico en doctor Portillo, el cine Bella Vista, el cine Principal y el Tropical, el Principal quedaba donde ahora está el centro comercial Puente Cristal, el cine Imperio que todavía existe la fachada, ahora es un taller de motos en la entrada de Santa Lucía (...) Yo trabajé también en el cine Lido, en cuatro años trabajé en casi todos los cines antes de entrar al Cine Club de LUZ".

imageNelson tiene ahora 66 años y 50 de ellos dedicados a la proyección de películas en el Zulia. Su labor dentro de las salas la compaginó con su trabajo en agencias distribuidoras de películas. Cuando cuenta que trabajó en Columbia Pictures, se ríen y lo tildan de 'loco', "mucha gente no me cree pero en Maracaibo existió, en la calle Padilla, antes que la transformaran en avenida, la oficina de Columbia Pictures, donde está el colegio Los Próceres, en toda la esquina quedaba la sucursal. Ellos tenían su agencia principal en Caracas y tenían su sucursal, de aquí salían películas incluso para Colombia. Fueron 8 meses de trabajo en el departamento de técnico y de revisión, se revisaban las películas y se ponían en condiciones para que la nueva sala pudiese exhibirla", contó entre risas.

Fue su empatía y 'don de gentes' lo que le proporcionó, sin buscarlo, el pase directo al Cine Club Universitario de La Universidad del Zulia, para ocupar el cargo de proyeccionista. Entre 1969 y 1970, trabajó en Zuliana de películas, distribuidores de material europeo, Paramount, Disney, Universal, y ocasionalmente de Fox y Warner. "Ahí fue donde conocí al profesor Sergio Fachi, uno de los fundadores del Cine Club. Iba a buscar películas, y en la gerencia me decían 'a ese señor solo dele una película y un cartelito, que esa gente de la universidad lo que pagan son dos lochas' (...) Pero él y yo empatizamos, hicimos una pequeña amistad, yo siempre le daba hasta seis carteles, trailers, cualquier cosa le daba (...) Hasta que un día me preguntó que si quería trabajar en el Cine Club y le dije que sí".

imageCuarenta y cinco años después, no se arrepiente de esa decisión. Sus cinco años de experiencia en cines de la ciudad, lo ayudó a comenzar su labor dentro de LUZ, siendo su primer proyecto el Cine Cubo, "se inauguraron en la Feria de la Chinita en 1970 que se hizo en la avenida 5 de Julio, uno se instaló en Delicias con 5 de Julio y otro en Santa Rita con 5 de Julio. Eran muy pesados, eran inmensos; luego se modificaron, se hicieron algunas piezas en aluminio en vez de madera para hacerlos más prácticos. Donde estuvieron más fue en la universidad, hay muchas fotos donde se ven los muchachos en el suelo viendo el cubo".

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La idea del Cine Cubo pronto se expandió hasta la emblemática camioneta estacionada en la sede del cine club, en Ziruma: "durante más de 20 años proyectamos películas en la camionetica (...) También lo llevamos a un festival internacional que hubo en el Ateneo de Caracas, estaba de presidente Margot Benacerraf y la gente invitada, más que todo europeos, cuando entraban al Ateneo, veían el camión y veían la proyección de cine, los espectadores y se quedaban asombrados. Se acercaban a preguntar dónde estaba el proyector, la cuestión de eso era lo dinámico". Este vehículo tan particular también viajó por Coro, Los Andes, Barquisimeto, fue hasta Santa Elena de Uairén y atravesó hasta Brasil, contagiando la pasión del cine más allá de nuestras fronteras.

En 50 años como proyeccionista, recuerda con una sonrisa nostálgica aquellas veces que dejó pasar gratis a la exhibición de películas, a jovencitos "que solo tenían el pasaje para regresarse a su casa".image "También recuerdo que una vez programamos una película de Fellini, 8 y medio, imagínate a los muchachos, acostumbrados a ver televisión o ver el cine comercial y ven una película en blanco y negro de un tipo que está en un circo y de pronto sale volando, es una película totalmente onírica, no rompían la sala porque decía 'esto es nuestro, es la universidad', pero la gente salía (...) Hubo alguien que preguntó ¿quién programó la película? Porque perdí los reales", cuenta entre carcajadas, acotando que a partir de ese momento el Cine Club comenzó a proyectar también películas comerciales, "y mucha gente esperaba que nosotros la proyectáramos porque pagaban 0, 50 o hasta un bolívar, y en el cine les costaba 5".

Nelson Ferrer es cinéfilo casi desde que nació, afirma, y es fanático de las películas antiguas, "me encanta el cine de época, Cleopatra, El manto sagrado. Me gusta mucho leer historias antiguas y cuando las veo reflejadas en el cine, las analizo, las comparo (...) También me gusta el cine que te ponga a pensar (...) La letra prohibida del Marqués de Sade, sobre los últimos años de su vida, con todo lo fuerte que manifestó en su obra, ese señor escribió dos libros que son parte de la literatura universal".

Oriana, de Fina Torres, es su película venezolana favorita, seguida por Araya de Margot Benacerraf y las películas de Román Chalbaud. Y justo con este director emblemático, fue posible que incursionara en el mundo de la producción cinematográfica, participando en la grabación de su película Manón, proyectada en 1986.

Luego de hacer un taller de dirección y producción en el marco de la inauguración del Festival Manuel Trujillo Durán, en 1961, "tiempo después, el Cine Club, junto con Gabriel Arriechi, que era el director en ese momento, y otro compañero Numa Villa, nos enfrascamos en ayudar a Román en hacer las tomas para el estado Zulia de la película Manón, con Mayra Alejandra y Miguel Ángel Landa. Estuvimos seis meses planificando la producción y una semana de filmación. Quedamos exhaustos".

imageFueron 15 días de carretera por todo el estado Zulia, hasta que hallaron la locación ideal para ambientar un burdel de carretera: una vieja gallinera cerca de la frontera con Colombia. "Hablamos con los dueños del lugar y aceptaron. Contratamos unos pintores ya que había que dibujar en la entrada del lugar una mujer con las piernas abiertas, en el área de la vagina debía estar situada la puerta del burdel. La misma noche que encontramos el sitio, los pintores hicieron su trabajo y dejaron tapada toda el área con una tela para no despertar polémica en el pueblo".

La grabación fue toda una travesía que aún recuerda con emoción a pesar de los tropiezos, porque al momento de comenzar a grabar "pasó el cura del pueblo y gritó que eso era una obscenidad, un montón de cosas, que atentaba contra la moral... al final bajó la guardia, se pudo grabar y se terminó pintando la pared de blanco esa misma noche".

En 1996, se jubiló de su cargo de proyeccionista, pero su labor ha continuado desde entonces y hasta la actualidad. Todas las semanas, pasadas las 9:00 de la mañana, llega al cine club a revisar el material y prepararlo para su próxima proyección. El cine le ha dado todo lo que tiene, recalca, y por eso trata de mantenerse al día. Para Nelson, el cine es lo más sublime, "el cine es mi vida y es todo lo que he sido más de la mitad de mi vida. No imaginé todo lo que viviría gracias a él".


Sobre esta noticia

Autor:
La Plomada (19828 noticias)
Fuente:
fundacionlaplomada.blogspot.com
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Tipo:
Reportaje
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Distribución gratuita
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