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Gustavo Gil exaltado al Salón de la Fama de los Navegantes del Magallanes

19/12/2012 12:10 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

imageEste jueves 20 de diciembre los Navegantes del Magallanes exaltarán a los peloteros Vidal López, Luis ‘Camaleón’ García, Ramón Monzant, Jesús ‘Chucho’ Ramos, Lázaro Salazar, Gustavo Gil, Dámaso Blanco, Oswaldo Olivares, Dave Parker, Clarence Gaston, los directivos Carlos Lavaud, José Ettedgui, Edgar Rincones y el narrador Felo Ramírez. A continuación un texto que escribí a la memoria de Gustavo Gil. El astronauta. Gisela apretaba el libro y corría a ver las imágenes en youtube. Tenía varias semanas preguntándole a Sebastián como había sido aquella noche de la llegada del hombre a la luna. Las figuras de los astronautas flotando sobre el polvo lunar la maravillaban. Se había asustado cuando Buzz Aldrin bajó de la escalerilla y recogió el pie. Soñaba que ayudaba a los astronautas a recoger piedras y revisar el ambiente, quizás apareciera un canguro blanco o se oyera el canto de los gallos. Sebastián soltó la carcajada cuando Gisela le preguntaba y le contaba por los astronautas y la luna. Luego de cenar compartieron varios minutos viendo un atlas lunar. Sebastián trató de explicar que en la luna la fuerza de gravedad era una sexta parte de la que había en La Tierra. Los cabellos castaños de Gisela se agitaron. Se agarraba de los brazos de Sebastián y zapalateaba. Siempre llegaba de la escuela buscando a Sebastián. __Papá, encontré otro video del Apolo 11. Se ve La Tierra azulita. ¿Porqué es azul? Sebastián terminaba de teclear en la laptop y alborotaba la pollina de cabellos ondulados. Habló de un tipo de oxígeno llamado ozono que hacía una envoltura sobre el planeta. Un filtro que permite la vida en el planeta. Parte esencial de la atmósfera. Gisela pegó las manos del vidrio de la puerta, cuando Sebastián carraspeó, notó unos papeles que salían de las últimas gavetas. Se acercó al escritorio y los brazos se le engarrotaron al ver la portada de la revista. __Papá que bonita esta revista. Nunca la he visto en las librerías. __Dejó de salir hace más de 35 años. Era mi youtube, mi laptop, mi ipad, mi todo. Todos los jueves la esperaba bajo una mata de almendrón frente a la librería. La niña levantó tres páginas movidas para ver una fotografía. El crujido del papel amarillento llenó de humedad y polvo el aire. Un estornudo estalló en el dorso de la mano. Varias partículas de saliva rociaron las tramas de la imagen incrustada en las fibras de celulosa. Sebastián sacó su pañuelo y secó el papel. Un pelotero saltaba sobre otro que se deslizaba entre una almohadilla y un terreno arenoso. __¿Como se llama esta jugada papá? Sebastíán levantó la revista, aquel jueves pasó todo el trayecto de la librería a su casa imaginando como hacía aquel segunda base para suspenderse en el aire y lanzar a primera base. Había escuchado por radio los pormenores de la acción. Aquella foto coincidía con lo que había visto en su mente mientras el locutor radial se emocionaba. __Es un dobleplay. Gisela pasó los dedos por la punta de la nariz y entrecerró los ojos. Se acercó hasta casi confundir sus ojos con el papel. Esa jugada no es así. Había visto infinidades de dobleplays y en todos el segunda base se corre hacia un lado, nunca salta sobre el corredor. Ni Robinson Canó, ni Chase Utley, ni Dustin Pedroia, ni Brandon Phillips, ni José Altuve, ni Ian Kinsler, ni Omar Infante. A ninguno de ellos le pasa por la mente la idea de dar ese brinco. __Papá ¿porqué ese jugador prefería tirar a primera de esa forma? Así se podía dar un buen golpe. Sebastián se sobó los antebrazos. Metió las manos en los bolsillos traseros del pantalón. Dio un pequeño salto y aterrizó con los pies separados. Explicó que aquel pelotero era uno de los dos mejores defensores de la segunda base que había nacido en el país. Gustavo Gil desde sus días en el Cartografía Nacional de la liga distrital de Caracas había destacado en la posición. Luego saltó al profesional con el Valencia Industriales. Allí formó una combinación de dobleplays de altos kilates con Teodoro Obregón. Empezaron a llamarlo el Maestro de la segunda base. __Así es más rápida la jugada. Parece mentira pero en esta época de mejoras técnicas en el juego, esta jugada ha disminuido en velocidad y vistosidad. Durante la noche Sebastián tuvo que levantarse varias veces. Gisela alzaba los brazos y saltaba sobre el colchón. Si floto. Estoy en la luna. Allá está Neil Armstrong. Mira Gustavo Gil se quedó en el aire y la pelota no se mueve. Sebastián quiso hablarle. La niña seguía apretada a un hilo del espacio sideral, parecía un personaje dibujado en la presentación de ‘Perdidos en el espacio’. Prendió y apagó la luz varias veces. Gisela cayó en el colchón. Son muchos kilómetros recorridos desde la tierra para venir a dormir. La mañana siguiente Gisela se atragantó con el cereal. Antes que Sebastián se levantara de la mesa le comentó que tenía que inscribirla en un equipo de béisbol. Alida hizo una seña de ‘eso se le pasa más tarde’. En la noche Sebastián hubo de prometer que al día siguiente preguntaría por un cupo en un equipo de béisbol. Al terminar la conversación Gisela se soltó de los dedos de Alida. Se metió entre Sebastián y el señor de uniforme glauco y añil. El señor se agachó con las cejas en pedazos. Sebastián titubeaba entre dejar las manos en los bolsillos o tratar de calmar a Gisela. Desde las seis de la mañana solo hablaba del equipo de béisbol y la segunda base. Alida tuvo que aceptar llevarla a la academia de béisbol. Por la manera como hablaba con el manager sabía que aquello le iba a durar mucho más de lo que pensaba. Papá. El señor Prudencio me explico como se llama el movimiento que hacían los segundas bases. Pivot. En inglés quiere decir algo así como girar, saltar. Dice que Gustavo Gil es el segunda base venezolano que mejor ha hecho ese movimiento, inclusive mejor que Marcano Trillo, aunque este fue una estrella en Grandes Ligas. Alida se llevó las manos a la boca. De inmediato agarró a Gisela. El granito refulgía en la cara de la mujer. Le bañó todas las rodillas con agua oxigenada y Gisela ni movió las pestañas. Varias veces trató de saltar sobre los corredores que iban a segunda base y terminó regada sobre la arena alrededor de la almohadilla. __¿Porqué no la sacaste del juego Sebastián? __Parecía un toro bravo. Tenía los zapatos enterrados hasta el centro de la tierra. Los ojos eran de anaconda. Hasta cuatro veces Gisela cayó en la arena. De inmediato se levantaba y lanzaba la pelota al pitcher. Se iba a un lado de la base y se tapaba las rodillas en posición defensiva. Sebastián intentó entrar al campo. Gisela se iba hasta el right field y amenazaba con saltar la cerca. Toda la noche esperó sentada frente a las percusiones de la máquina de escribir. Sebastián deslizaba los dedos sobre las teclas, cada campanita al final de la línea hacía levantar la barbilla de Gisela junto a la subida de la página. Quería saber como hacia el segunda base para saltar sobre el corredor sin caerse. Sebastián se pasó la mano por la espalda. Es un proceso. Al principio se va a dar varios golpes. Hay que practicar mucho. Ver como lo hacen los expertos. Empezar a hacer el movimiento sólo. Después ir al campo y ensayar junto al campocorto. ¿No tienes otra revista donde salgan más fotografías? Volvió a tomar el Sport Gráfico. Veía a Gustavo Gil tan arriba en el salto. Le parecía que caminaba en el aire. Es el instante de la foto. Luego caía en la arena sobre sus pies, eso es lo que se perfecciona hasta que lo haces como caminar. Ajustó varias tiras de adhesivo sobre las rodillas. Varios minutos discutió y rogó ante las manos en jarra de Sebastián. Luego de encerrarse de un portazo. Alida pegó la oreja a la pared del cuarto. Por la rendija de la puerta se quedó de hielo. Gisela giraba el cuerpo frente a la cama. Se retiraba varios metros y emprendía una carrerita, frente a la cama saltaba y caía sobre el colchón. Repitió la rutina hasta que parecía volar. Sebastián habló con Alida. Pasaron varios minutos deliberando. Alida no parecía muy convencida. El abrazo de Gisela y el ‘Yuupi’ cuando Sebastián le dijo que se pusiera el uniforme, terminaron de aflojar los nervios de Alida. En el carro se pasaba los dedos por las manos. Contaba las veces que iba a saltar sobre segunda base. Tienes que estar preparada para jugar donde te pongan. Cada posición tiene su encanto. Papá ¿y Gustavo Gil también se rompía las rodillas? Sebastián cambió la palanca a drive y el carro saltó hacia el medio de la calle. Buscó en el retrovisor hasta encontrar los cabellos de Gisela enroscados en la frente. El sol rodeaba un cuadrado de nubes sobre los árboles del estadio. Varios impactos rebotaron sobre el carro en el estacionamiento. Gisela arrugó la cara y metió el guante bajo el brazo. Yo quiero jugar. Los goterones mojaron la grama y la arcilla del infield. Alida sugirió regresar. Gisela se pegó a la ventanilla. Hay sol mamá, seguro que ahorita escampa. Al bajar la intensidad de las gotas, Sebastián apagó el motor. Gisela sacó una mano y dijo que el agua se había ido. Antes que Alida volteara la niña abrió la puerta y corrió hacia el campo. Tocó la grama y anduvo en puntillas entre tercera y segunda base. Un señor salió del dugout. ¡Eres una fiebrosa! Hay que esperar que caliente el sol. Corrió hasta la grama detrás de segunda base. La imagen de los astronautas agarrados de una cuerda en el espacio sideral le hacia voltear cada dos segundos hacia segunda base. Pasaba minutos soldada a youtube. Soñaba con levitar sobre aquellos confines y agarrarse de la cuerda hasta agarrar la pelota y soltarla a primera. Empezó a lanzar la pelota hacia el cielo y giraba hasta atraparla. El resto de los niños saltó al campo. Un niño que jugaba campocorto se quedaba mirando con ojos de sorpresa los ensayos de pívot de Gisela. Se llevó el índice al oído hasta que la niña agarró su entrega y desde el aire casi lanza a primera. Cayó sobre las rodillas. Una foto de Gustavo Gil a un costado de segunda base luego que un corredor lo atropellara invadió su mente. La sucesión de gráficas mostraba como el vuelo del segunda base se vio afectado porque le entregaron la pelota muy abajo. Batearon un roletazo entre segunda y tercera base. El campocorto agarró la pelota hacia adelante. Gisela titubeó al ver la pelota salir de su compañero. De primera base venía un niño corpulento como un tren. Deseó tener los resortes que tanto había soñado adherir a sus zapatos, tal como una vez hizo el ratoncito Jerry para escapar de Tom el gato. Había pasado toda una mañana sabatina husmeando el colchón. Sebastián tosió y le dijo que los resortes del colchón eran muy grandes y era difícil adaptarlos a sus zapatos. Gisela saltó varias veces sobre el colchón hasta llegar a las tres cuartas partes de la pared. Corrió hacia la almohadilla, agarró la pelota justo cuando empezaba a caer. Su salto tropezó con los zapatos del corredor y cayó con las manos por delante. El árbitro canto quieto. Gisela reclamó que había saltado sobre la base. En las Grandes Ligas los árbitros han cantado out más de una vez en una jugada así. Gisela pasó toda la tarde preguntándole a Sebastián porque los árbitros de Grandes Ligas cantaban out esa jugada y el árbitro que le había tocado la sentenció quieto. Además yo agarré la pelota mucho antes que llegara el corredor. Pero ganaron el juego hija, eso es lo importante. Hay que seguir adelante. Los árbitros son seres humanos, se equivocan, o tienen distintos puntos de vista sobre una misma jugada. Pero las reglas son las mismas Papá. Deberían recordarse de eso. Gisela intentó ir a la oficina. Vamos a comer primero. Gisela fue la primera en terminar la comida. Alida dijo que iba a tener que pensarlo mejor y mandarla a jugar más seguido. Ni siquiera probó el postre. Sebastián la encontró registrando las páginas de Sport Gráfico. No aparece ninguna foto donde haya una jugada parecida. Papá ¿por qué no llamamos a Gustavo Gil y le preguntamos por esa jugada? Sebastián buscó a Pulgarcito, Hansel y Gretel, Tío Tigre y Tío Conejo, Buzz LightYear y Buddy, el Patito Feo, el ratón Miguelito y cucarachita Martínez. Gisela se escondía bajo la almohada. Ninguno de ellos tenía el teléfono de Gustavo Gil. Papá no quiero ninguno de esos cuentos. Sebastián hubo de improvisar varias canciones infantiles con letras sobre jugadas en segunda base y las carreras que daban los árbitros ante jugadores furiosos por sus sentencias. Pronto las zetas brotaron de los labios de Gisela. Sebastían salió en puntillas. Pasada la media noche volteó hacia la almohada de Alida, dormía apaciblemente. Seguía oyendo una conversación amortiguada por las paredes. En la puerta quedó paralizado. ‘Señor Gustavo Gil ¿Cómo hace usted cuando un árbitro canta quieto cuando usted tenía la pelota un minuto antes que llegara el corredor? No, no me puedo tranquilizar porque está perjudicando a mi equipo’. Sebastián adelantó dos pasos hasta una lámpara de pedestal. Se agachó con la mano en la barbilla. ‘Yo he visto varias fotos de usted discutiendo con los árbitros con la boca muy abierta. Eso no es quedarse tranquilo’. Varias veces la almohada subió en el espaldar, la cobija estrujó todas las sonrisas de Hello Kitty. Gisela disparaba a diestra y siniestra. La voz a la distancia parecía rodar en una carretera llena de baches. Y ¿Cómo hace usted cuando le dan un golpe duro en una jugada en segunda base? Pero es que a veces los tacles son tan fuertes que provoca quedarse en el piso. Y a veces hay cortaduras. ¿Con que detiene la sangre? Eso es lo que más me asusta. ¿Dónde consigo aceite de palo, hojas de árnica y pencas de sábila? Sólo he visto las pomadas que venden en la farmacia. Voy a decirle a mi papá para que las consiga en el mercado o en el campo. Si, es una posición muy dura, pero es la que me gusta, porque hay que estar de acuerdo con el short stop, y hay que estar pendiente a la vez de la pelota y del corredor que viene de primera, también del pitcher cuando hay corredor en segunda, hay que saber cuando se va a voltear’. Sebastián intentó acercarse a la cama. Gisela pestañeó varias veces. Saltó en punta de pie hasta el mueble de la ventana. ‘¿Por qué a los segundas bases los llaman camareros señor Gustavo? Pero los short stops también hacen las mismas acrobacias. ¡Ahora entiendo! El segunda base recibe la pelota y después tiene que girar en el aire para lanzar a primera base, y todos en fracciones de segundo. Igual que cuando un camarero lleva una bandeja a una mesa, deja unos platos y después se da la vuelta y se dirige a entregar unos vasos en la mesa de enfrente. Para que usted vea yo siempre lo comparé a usted con un astronauta. La fotografía de Sport Gráfico donde usted aparece flotando sobre segunda base me hizo recordar las imágenes de Neil Armstrong y Buzz Aldrin en la luna. Parece como si tuviese alas en los tobillos’. El resto de la noche Sebastián siguió escuchando voces apagadas a través de las paredes. Aún le costaba entender aquella conversación telefónica. Ya hubiese querido intercambiar pareceres con tal dominio del tema. Se cepilló a velocidad de luz. Sin llegar a la mesa empezó a charlar con Alida. Toda la noche se la pasó escuchando la disertación de cómo jugar segunda base. Una niñita llamada Gisela habló con Gustavo Gil como si fuera su manager. Gisela arrugó el entrecejo y dejó la cucharilla sobre el plato de cereal. ¿De que hablas papá? Sólo conozco a Gustavo Gil por la fotografía de tu revista. ¿Seguro que no te acuerdas de cómo discutías con el señor Gil? ¿De cómo se hacía para discutir con un árbitro? Mamá llévame a la escuela por favor. Mi Papá está inventando cosas. Ya no le voy a decir que me lleve al estadio. La puerta giró, partículas de polvo flotaron sobre la luz atenuada que llenaba de atardecer la persiana. Una chemise blanca deslizó entre las sillas de semicuero negro y los bordes de fórmica que contenían el escritorio. Gisela levantó los dedos en busca de los ojos que revisaban unos papeles sobre el rodillo de la máquina de escribir. Apenas salía un susurro de sus labios. Papá ¿Cuál es tu segunda base preferido? Hay varios. Había un señor llamado Charlie Gehringer, lo llamaban el hombre mecánico por lo preciso de sus movimientos. También Nelson Fox, fue muy importante para Luis Aparicio. Marcano Trillo, magistral. Roberto Alomar, muy bueno. Gisela metió los dedos en la palma de la mano. Pero ninguno hacía esa flotación de astronauta de Gustavo Gil. Alfonso L. Tusa C. Ramón Monzant exaltado al Salón de la Fama de los Navegantes del MagallanesPosted: 18 Dec 2012 01:12 PM PST

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Este jueves 20 de diciembre los Navegantes del Magallanes exaltarán a los peloteros Vidal López, Luis ‘Camaleón’ García, Ramón Monzant, Jesús ‘Chucho’ Ramos, Lázaro Salazar, Gustavo Gil, Dámaso Blanco, Oswaldo Olivares, Dave Parker, Clarence Gaston, los directivos Carlos Lavaud, José Ettedgui, Edgar Rincones y el narrador Felo Ramírez. A continuación un texto que escribí a la memoria de Ramón Monzant. Un flaco que lanza durísimo Miguelín seguía sumergido en la pantalla de la computadora. Las detonaciones y humaredas lo abstraían de tal manera que ni los gritos más operáticos de Estefanía quedaban arropados por la sinfonía de los grillos y los reflejos bermejos del sol entre las nubes del horizonte. Varias veces había desconectado el aparato, escondido el disco del video-juego, bajado los breakers, cambiado la contraseña de la máquina, suspendido la mesada de fin de semana. Miguelín siempre terminaba instalado entre los estallidos de efectos audiovisuales. Estefanía hundía las manos desde las sienes hasta el occipital. Varias veces templaba a Miguelín hacia la sala y le explicaba las desventajas de ser un adicto a los videojuegos. ‘Se te cae el apartamento encima y pareces un muñeco de cera sonriendo como un bobo frente a la pantalla’. Llegaron días difíciles de intolerancia y forcejeos por impedir el acceso a la computadora. Un atardecer Miguelín llegó agitado. Cerró la puerta y se sentó en la silla de extensión. Inspiró varias veces hasta que sintió un río de frescura en el pecho. __¡Mamá! ¿Alguna vez escuchaste de un pitcher flaco y alto que jugaba en los años cincuenta con el Magallanes? Estefania se mordió el labio superior, registró todas las telarañas del techo y metió las manos en los bolsillos traseros del pantalón. Carraspeó varias veces. Corcoveó dos veces hasta que hundió el índice en las teclas del celular. Pasó como diez segundos en contestar. Desde que salió el divorcio solo sabía del padre de Miguelín cuando este hacía los depósitos quincenales o cuando avisaba que lo iba a buscar el segundo sábado de cada mes. Jacinto catañeteó los dientes y gagueó por instantes. ¿De cuando acá Miguelín interesado por la pelota? Estefania replicó que la maestra había hecho una pregunta y que había prometido de premio un cd de video juegos. Jacinto pidió que le comunicara con Miguelín. __Creo saber quién es ese pitcher flaco del Magallanes que tiraba durísimo. Si era de los años cincuenta no puede ser otro. __¿Quién es papá? __Si quieres saber tienes que ir conmigo el próximo sábado a ver un juego de pelota. Miguelín protestó. Alegó que tenía una competencia de video-juegos con sus amigos. Jacinto detuvo su bicicleta anaranjada detrás de un jabillo que crujía sus cachitos ante una ráfaga de viento. Casi se pincha las manos al tratar de apoyarse en el tronco del árbol para fijar la cadena entre la bicicleta y un tubo de agua. Mientras sacudía sus palmas apretaba el paso hacia la biblioteca. Revisó varios libros y microfilms hasta encontrar lo que buscaba. Juegos de béisbol amateur en Maracaibo. Encuentros de la Liga Carolina. Clase B con el equipo Danville Leafs. Y enfrentamientos del Magallanes en la LVBP a principios de los años cincuenta. Anotó todo lo que pudo. Sacó fotocopias. Y cuando se descuidaron los empleados de la biblioteca sacó una cámara y tomo varias fotografías. Salió a paso redoblado del recinto. Cuando divisó el jabillo soltó las piernas hasta que abrió el candado. Luego fue a un Cyber y compró un cd. Pasó como media hora explicándole al técnico del lugar como quería disponer esa información en el cd. Esa noche volvió a sonar el celular. Lo que leía Jacinto sobre el pitcher apagó el timbre del teléfono en la novena repicada. Ignoraba que ese pitcher flaco mantuvo el record de victorias en una temporada de LVBP hasta que el Carrao Bracho lo rompió con 15 triunfos en la temporada 1961-62. El flaco había ganado 14 en la 53-54. Estefania encendió la línea. Parecía que estuviese en el apartamento. __¡Caramba chico! ¡Tengo como cinco minutos llamándote! Miguelin no quiere soltar esos video-juegos. Jacinto habló alrededor de 15 minutos con Miguelín. Discutieron de violencia, de familia y de béisbol. El juego era a las ocho de la mañana. Quedaría tiempo suficiente para asistir a la competencia de video juegos al mediodía. __Acuérdate que es un juego infantil los juegos son de 6 innings.Miguelin aclaró que si iban a extrainning el se iba para la competencia. Jacinto ladeó la cabeza. Aquella noche un maremagnum de papeles, revistas y libros volaron y saltaron por la cama y la habitación. Jacinto buscaba la reseña y el box score de un juego que seguramente captaría la atención de Miguelín. Levantó el colchón, arrasó cada tramo del closet y la biblioteca. Cuando empezó a ver estrellitas y gusanos en el aire. Secó el ardor de sus mejillas y se tumbó en la silla de extensión. ¡Que duro resultaba convencer a un hijo de once años! ¿Cómo sería cuando cumpliera 15? Saltó como impulsado por una batería de resortes. Intentó recordar como pensaba él a los once años. Sólo halló un reguero de juegos, carreras, gritos y carcajadas. Nada de reflexiones. Luego se esforzó en visualizar el juego que buscaba. Sólo veía al flaco lanzando serpentinas con los Gigantes de San Francisco. Abrió la ventana y respiró hasta que sintió los pulmones inflamando su camisa de algodón y poliéster, 70-30. Algo tenía que salir de aquella mezcla. Los gritos de un árbitro subieron por las paredes hasta rebotar en el centro de la habitación y encender el pasillo. Estefanía tocó la puerta restregándose los ojos. A través de la rendija le dijo que todavía eran las cinco de la mañana. Miguelín soltó la manija y haló la silla. Había encontrado un video juego de béisbol. Ahora si entendería mejor lo que le quería enseñar su papá. Estefanía volvió a marcar el número de Jacinto. Entró al cuarto estirando los brazos y bostezando. Intentó bajar el volumen de las cornetas. Con cada movimiento que Miguelín hacía mediante el mouse, la voz del árbitro sonaba como si estuviera en la habitación. Jacinto le explicó lo que significaba ‘Play ball!’ y cada uno de los gritos. __La mejor manera que te familiarices con lo que hace un árbitro es asistiendo a un juego en vivo. Allí hasta puedes hablar con él. Claro, después que termine el juego. Miguelín soltó el mouse. __¿Ya sabes quien es el flaco? Jacinto se fue hasta aquella tarde de parrillada cuando su padre lo envió a comprar carbón. El juego de pelota estaba por comenzar y no se quería despegar del radio de galena que tronaba en la sala. Además que jugaban Caracas y Magallanes, por los eléctricos lanzaría ese pitcher que había ganado 10 juegos. El narrador inflamaba de emoción las cornetas del radio. ‘Por Magallanes subirá al montículo el estelar Ramón Monzant...’ El padre casi saca a Jacinto a empellones de la casa. En cada esquina que oía el rumor de un radio se detenía para oír como iba el juego. En la bodega se enteró de que el juego había llegado 0-0 al quinto inning. Preguntó la hora y casi le arranca la bolsa de carbón al bodeguero. Pasó volando por todas las cuadras. Quería detenerse a escuchar el juego. Sólo oía retazos de la narración. Llegó al patio pasadas las tres de la tarde. El padre tenía los brazos en jarra y una mirada cortante. Sólo el ‘escon’ de ponches de Monzant lo salvó de un regaño seguro. Corrieron juntos hasta la sala. Querían seguir al detalle el final del juego. Estaba vez fue un carraspeo de la madre que los hizo correr al patio para prender los carbones. Jacinto se apresuró a señalarle a Miguelín que no hiciera determinado movimiento. Fue muy tarde, al apretar el botón la pantalla se llenó de colores oscuros y el árbitro gritó ‘Balk’. Miguelín volteó hacia Jacinto y empezó el interrogatorio. El hombre miró hacia la puerta con ganas de salir corriendo. ‘Tantas jugadas que tiene el béisbol y tenía que preguntarme por la más difícil’. Miguelín le dio la espalda al video juego por primera vez en mucho tiempo. Parecía un buzo dispuesto a zambullirse en la explicación de Jacinto. __Cuando el pitcher se monta sobre la caja de lanzar para ver las señas del catcher. Hay un momento cuando presenta la pelota y ya no puede lanzar a otra parte que no sea el ‘home’. Si lo hace, el árbitro le canta balk y los corredores avanzan una base. Miguelin reviró los ojos 360º. Giró el cuello con los ojos entrecerrados hasta una línea imperceptible. Escrutó cada una de las huellas del acné y el holluelo en la barbilla de Jacinto. Había demasiadas cosas que desconocía en aquella explicación. Por más que trataba de imaginar una caja de lanzar. ¿Quién sería el catcher? ¿Un espía?. Jacinto tuvo que simular estar sobre el montículo. Se fue hasta la pared del fondo. Señaló el centro de la otra pared e hizo un boceto oral del catcher. __Imagínate un tipo con una careta, una pechera y unas rodilleras, agachado justo ahí. Y acá adelante está el ‘home’. Le hace señas al pitcher con una mano mientras coloca la mascota en el medio de su pecho. Luego se fue hasta casi tocar la otra pared. Levantó la pierna y llevó la pelota detrás de la oreja. Miró hacia un lado y lanzó hacia la pared lateral. __Eso es un balk. Miguelín sacudió la cabeza. Trató de repetir la jugada varias veces en el video juego pero no entendía nada. Jacinto observó que el béisbol tiene muchas situaciones. La única forma de conocerlo a fondo es jugarlo en un campo, con peloteros de verdad, con grama y tierra y la emoción de dar el batazo importante o hacer el tiro que saque al corredor en la goma. Salió del cuarto con los ojos en el piso. Quería traer el estadio y meterlo en la habitación de Miguelín. El tono del celular sacudió la camisa de Jacinto. Se preparó para otra lenguarada de Estefanía. ‘Papá ¿todo eso que dice la revista que dejaste en el cuarto es verdad? ¿El flaco se llamaba Ramón Monzant? ¿Y lanzó en las Grande Ligas con los Gigantes de San Francisco?’ Jacinto sonrió. Atropelló las palabras. Se sentía muy animado porque Miguelín parecía interesado en el béisbol. Fue inevitable ver a su padre brincar varios segundos aquella mañana del 30 de abril de 1956. Lo vio tan contento que se atrevió a preguntarle. El hombre tomó a Jacinto por una mano y se sentaron en los muebles de la sala. ‘Ramón Monzant dejó a los Filis de Filadelfia en un hit y una carrera. A los Filis de Richie Ashburn y Del Ennis. Le ganó al zurdo Curt Simmons, el mismo que le lanza tan bien a Henry Aaron. Y eso que Monzant no quería ir a lanzar este año en Grandes Ligas. La carrera se la hicieron en el primer inning. De ahí en adelante el flaco apretó el brazo. Aunque dio 5 boletos silenció por completo a los Filis. Ponchó a 9″. Jacinto dejó el celular en su hombro para sorber un vaso de agua fría. ‘Así es Miguelin. Ramón Monzant lanzó 6 temporadas con los Gigantes. Dejó marca de 16-21 con efectividad de 4.38 en 316 innings’. Estefanía soltó las mazorcas que raspaba. Al quinto repique agarró el celular. La voz de Jacinto sonaba cual corredor de maratón en los cien metros finales. Estefanía estrujó los granos de maíz tierno en la bandeja. Luego que subió dos tonos su voz, Jacinto bajó la marcha. Miguelín quería ir al juego de pelota del sábado, y no había mencionado para nada la competencia de video juegos. Se notaba muy interesado en ‘el flaco’. Estefanía casi se corta los dedos con el asistente de cocina, los confundió con los granos de maíz. Preguntó donde quedaba el estadio y la hora del juego. Torció un poco los ojos. Levantar a Miguelín a las 8 de la mañana de un sábado sería un buen reto. Sus mejillas se estiraron al escuchar a Jacinto. __Si lo hubieras visto cuando le hablé de la actuación de ‘el flaco’ con los Gigantes de San Francisco. Los ojos le brillaban tanto como cuando está frente a un video juego. Los nudillos de la mano derecha de Miguelin sacudieron el calendario ecológico colgante. La puerta de caoba deslizó con un silbido oxidado. Estefanía protestó, le exasperaba que le interrumpieran el sueño. Le dictó el número desde la cama. Miguelín marcó el número. Cuando estaba a punto de colgar, la voz de Jacinto pasó de grave a aguda. ‘¿Squeeze play? ¿Cuadro adentro?’ Esos eran términos de alguien que conocía muy bien el juego. Miguelín apenas había empezado a saber de béisbol desde unos días atrás. Le habían prestado un video juego de béisbol avanzado. ‘Es fino papá. Salen las estrategias de los managers. Las conversaciones entre el pitcher y el catcher y hasta las discusiones con los árbitros. Pero si desconozco esas palabras difícilmente puedo avanzar en el juego’. Jacinto sonrió mientras buscaba las explicaciones más didácticas. En la escuela varios niños acertaron la pregunta. La maestra se pasó la mano por la nuca. Anunció que tendrían que compartir los premios. Sólo tenía dos cd. Cuatro niños habían escrito la respuesta correcta. Miguelín tuvo que alternarse con Carlitos. A ninguno de los niños les agradó la idea. Arrugaron el rostro y miraron la tabla del pupitre. Cuando le tocaba Miguelín se levantaba antes de que cantaran los gallos. Estefanía se sobresaltaba La manos le temblaban frente al pecho. Le reclamaba que casi le había provocado un infarto. Aquellas no eran horas para que un niño estuviera levantado. Miguelín hablaba con tal pasión de las situaciones del juego que Estefanía terminaba preguntando que era un ‘slider’ o donde quedaba el ‘bull pen’. Miguelín se atragantaba entre la arepa, el jugo de naranja y el juego imaginario que veía sobre el mantel de la mesa. A las siete de la mañana tocaban la puerta. Pasaba como media hora hasta que aparecía Carlitos con el índice en los labios. Si no fuera porque habían acordado levantarse temprano para entregar el cd, hubiera dejado que su mamá abriera la puerta y le dijera que viniera más tarde. Los gritos del ‘manager’ desde justo detrás del montículo paralizaron los pasos de Miguelín bajo la sombra del apamate. El sol aún escalaba hacia las diez de la mañana. El hombre agarró la mano derecha del pitcher y la llevó hasta casi tocarse la cabeza detrás de la oreja. Le dijo que levantara más la pierna izquierda. Cuando hizo el movimiento por su cuenta el ‘manager’ volvió a gritar. Esta vez desde los lados de tercera base. Debía mantener la vista fija en la primera base. Sólo viendo los pies del corredor podría descifrar si se iba o no para segunda base. Miguelin casi saltó la verja de tela metálica por el left field corto. Aquel olor a grama recortada, arcilla mojada y aceite ablandador de guantes lo templaba hacia el diamante. El pitcher levantó la pierna, soltó la pelota y el corredor arrancó para segunda. El ‘manager’ se llevó las manos a la cabeza. El pitcher le quitó la vista al corredor y este le robó todo el tiempo. La voz de Jacinto resonaba debajo del apamate como si estuviera en la tribuna del estadio. Apretaba el teléfono como si fuese a traspasarlo hacia la otra oreja. Explicaba que había encontrado a Miguelín en el estadio. Y ya iban por el tercer inning. ‘¡Qué te parece Estefanía! Y yo buscándolo en la sala de video-juegos’. Jacinto intentó hablar varias veces. Miguelín hacía señas de silencio y se acercaba a la línea de cal del left field. __¿Por qué el pitcher hace todos esos gestos con el catcher? __Está poniéndose de acuerdo con el catcher en que lanzamiento le van a hacer al bateador. Esa es una relación parecida a un matrimonio. El pitcher y el catcher deben hablar mucho antes, durante y después del juego. Jacinto miraba hacia el campo de pelota, recordó por un momento el jonrón que le bateó Willie Mays a Monzant en la Serie del Caribe de 1955, pero más brillaron todas esas temporadas donde ‘el flaco’ ganó más de 10 juegos para Magallanes. Aquella incandescente temporada con los Danville Leafs Clase B y el juego ante los Filis en Grandes Ligas, todavía le parecía ver a su padre saltar en la sala. Volteó hacia el apamate y vio la rueda delantera de la bicicleta. Sacó la llave del candado y se dirigió hacia el apamate. Cuando llamó a Miguelín lo único que escuchó fue que el pitcher estaba negando con la cabeza y se había bajado del montículo. Jacinto le dijo que se iba a perder la competencia de video-juegos. El muchacho se acercó más a la raya de cal del left field y tiró la mano derecha abierta hacia atrás.

Alfonso L. Tusa C.


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