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Golpe de Estado, represión, riesgo de guerra civil y pasividad internacional: la situación en Birmania es "insostenible"

01/04/2021 02:12 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Birmania no levanta cabeza. La situación en el país desde el golpe de estado militar del 1 de febrero empeora con el paso de los días, y la violencia cada vez es mayor. La población, desesperada, continúa con las protestas diarias y muchas de ellas pacíficas, que terminan en todas las ocasiones con represión y asesinatos por el ejército y la junta militar al mando, liderada por el comandante Min Aung Hlaing.

El control total del poder lo mantiene el ejército tras el encarcelamiento de la líder Aung San Suu Kyi, una de las personas clave en la transición democrática y con el control del gobierno hasta el golpe. El ejecutivo elegido en las elecciones de noviembre de 2020 no convenció a los militares, que detuvieron a gran parte de ellos, iniciando así una nueva etapa de dictadura. Sin embargo, la población birmana se resiste a aceptarlo y puede desencadenar en una situación similar a una guerra civil.

Esta semana, la enviada especial de la ONU a Birmania (Myanmar), Christine Schraner Burgener, advertía del riesgo de una guerra civil y un "baño de sangre inminente" en Birmania por parte del Ejército golpista y ha pedido al Consejo de Seguridad que considere "acciones significativas que puedan revertir el curso de los acontecimientos" en este país asiático.

Según apunta la Asociación para la Asistencia de Presos Políticos de Birmania, el balance desde el 1 de febrero es de 510 fallecidos y 2.574 detenidos, en un país donde el respeto a los Derechos Humanos brilla por su ausencia. "Se vive un punto de tensión máximo", explica a 20Minutos Mario Esteban, investigador principal de Asia-Pacífico del Instituto Elcano.

Por otro lado, Javier García González, socio fundador y CEO de la ONG Colabora Birmania, destaca a este medio que los flujos de personas en la frontera con Tailandia están aumentando: "Este lunes cerca de 2.000 personas trataron de cruzar la frontera para huir de los bombardeos del ejército sobre sus aldeas, con la desagradable sorpresa de que el gobierno tailandés les ha devuelto y ha rechazado darles cobijo".

Tras la escalada de tensiones vivida en las últimas semanas, el ejército ha demostrado que no le va a temblar el pulso y está dispuesto a poner en práctica la represión total sobre su población, e incluso llegar a la guerra civil.

Sin embargo, los jóvenes pueden jugar un papel fundamental como líderes de las protestas: "Las generaciones que tienen ahora entre 16 y 30 años, que han vivido los años de la transición democrática y han disfrutado de ella, no están dispuestas a tolerar el golpe de estado y aceptar la dictadura, por ello llevan dos meses de guerrilla urbana. La población civil está muy dispuesta a luchar hasta el final y no dejarse vencer. Es una de las claves que marcará el futuro del país", apunta García.

Por otro lado, Esteban detalla que a su juicio no se podría hablar en ningún caso de guerra civil, porque no hay dos bandos sino solo uno: "Es el ejército reprimiendo a la población, por lo que no habría guerra como tal". En la misma línea se muestran desde Colabora Birmania, que ven "poco probable" la posibilidad de una guerra civil, "ya que para eso sería necesario armar a la población y no parece que eso sea posible sin la colaboración de algún país extranjero. Y por el momento, parecen no estar por la labor de alimentar un conflicto civil armado en Birmania".

Además, cree que una de los principales aspectos que determinará el futuro es la unión de la junta militar: "Si la población logra seguir resistiendo la represión y los militares comienzan a dividirse, tendrán muchas más opciones de frenar el golpe de estado. Si el ejército se mantiene unido, será mucho más difícil derrotarles. Por ahora, no se vislumbra ninguna fractura entre las tropas".

La comunidad internacional observa lo que sucede desde la distancia y sin involucrarse demasiado en los problemas de la antigua Birmania y actual estado de Myanmar. Sin embargo, el pasado domingo se emitió un comunicado por parte del Pentágono -y firmado por los jefes de las Fuerzas Armadas de 12 países- en el que se condenaba a los militares por la masacre que perpetuaron el día anterior, cuando dejaron al menos 114 muertos por todo el país, seis de ellos niños de entre 10 y 16 años, tras otra jornada de protestas.

Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Países Bajos, Japón, Corea del Sur y Australia son algunos de los estados firmantes. Lanzan duras críticas al uso de fuerza letal contra civiles desarmados y señalan: "Urgimos a las Fuerzas Armadas de Myanmar a cesar la violencia y trabajar para restaurar el respeto y la credibilidad por parte de la población". Sin embargo, más allá de condenas públicas y amenazas de bloqueos, los países occidentales y las organizaciones internacionales no aparentan tener la tarea de frenar el golpe de estado en Birmania como una de sus prioridades.

Por otro lado, está el papel que juegan tanto Rusia como China. Ambos tienen derecho a veto en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, en caso de que este dictamine una operación sobre el terreno. Además, este sábado, mientras se disparaba indiscriminadamente a una parte de los ciudadanos, se celebraba en Naypyidó, la capital, un desfile militar que conmemoraba el 76º aniversario de la rebelión contra la ocupación japonesa.

A esta celebración declinaron su participación diversos países debido al golpe de estado, pero China y Rusia -además de la India, Pakistán, Bangladesh, Vietnam, Laos y Tailandia- sí acudieron y legitimaron a la junta militar. Min Aung Hlaing, que se describió como "el guardián de la gente", lo celebró con una cena de gala alumbrada por un retrato de sí mismo proyectado en el cielo.

La realidad actual de Birmania es que los escenarios están totalmente abiertos y ambos expertos coinciden en que nadie sabe qué pasará: "La situación actual es insostenible y todo puede pasar en los próximos días", declara García. Además, añade que ya hay problemas para cubrir las necesidades básicas de la población y el país está totalmente colapsado: "Ya empiezan a tener problemas de abastecimiento en muchas partes del país. Los cajeros no funcionan, las redes de transporte están suspendidas y casi todos los negocios están cerrados".

Por otro lado, los próximos movimientos que realicen los grupos étnicos armados de Birmania pueden dar un giro. Este martes enviaron un ultimátum a la junta militar, amenazando con anular su acuerdo de alto el fuego si continúa la matanza indiscriminada de manifestantes. Su hipotética unión con los manifestantes podría poner en jaque a la junta militar y aumentar los índices de violencia.

Por último, desde Colabora Birmania denuncian que la junta militar realiza persecuciones y asesinatos a los funcionaros que se niegan a seguir trabajando y la cifra de niños muertos va en aumento. "El diagnóstico actual sobre Birmania es pesimista, porque parece que va a prolongarse en esta línea. Por desgracia, parece que lo más probable ahora es que la represión de la junta militar logre vencer y mantenerse en el poder", concluye el experto del Instituto Elcano.


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