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(II) Al fusilar a Lluis Companys, el general Franco trató de cambiar el curso de la historia de Catalunya, pero fracasó

13/10/2015 04:30 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Si la vida y la obra de Lluís Companys no fueran historia habría que invertarla para que los niños de su país tuvieran una refernecia exacta de lo que es ser Catalán. Su final fue para él un final feliz, aunque pueda parecer una tragedia

 

Companys nunca se cruzaba de brazos: a las 8 de la noche (6 de octubre de 1934) proclamó el «Estado Catalán» dentro de una República Federal. Invitó a la formación de un gobierno republicano provisional en Cataluña. Y pidió serenidad, vigilancia y civismo. Desde el balcón de la Generalidad, correspondió a los gritos de una gran multitud agitando su pañuelo. Sabía que aquello no iba a durar, pero durante 24 horas, Cataluña sería libre de la Anti-libertad.

El Consejero de Gobernación de Madrid, de tendencias y actos fascistas, dijo públicamente que estaba dispuesto a fusilar a todos los directivos de la alianza, pero el problema sería por donde empezar. Fuera los coches circulaban haciendo sonar sus claxons y alguien había repartido banderas catalanes.

Por supuesto se esperaba una intervención militar a cargo seguramente del comandante en jefe de la cuarta división orgánica, el general Batet, quien declaró el estado de guerra. Pero en realidad el Decreto de Estado de Guerra, era medida adoptada y decretada en Madrid con anterioridad. La artillería del ejército quedó emplazada frente al palacio de la Generalidad y se produjo un choque entre fuerzas del ejército y los Mossos de escuadra que causó un muerto y 17 heridos. Durante toda la noche se produjeron enfrentamientos entre fuerzas del ejército y en general jóvenes. La autoridad militar cercó la Generalidad y aunque había una puerta trasera, nadie huyó. Companys propuso que se fueran todos los consejeros y le dejaran a él solo enfrentarse al general Batet. Todos fueron detenidos.

Companys fue detenido junto con el gobierno en pleno, el presidente del Parlamento, el alcalde y los concejales de Barcelona, los jefes y oficiales de los Mozos de Escuadra. Encarcelado en el buque Uruguay, fondeado en el puerto de Barcelona. Todos estaban sonrientes y animosos, conscientes de haber servido a la república y a la causa catalana. Quedó suspendido el Estatuto de autonomía de Cataluña. Los detenidos fueron trasladados a Madrid en enero 1935. Reclamaron ser juzgados por el Tribunal de Garantías constitucionales. Companys fue el único en ser oído al respecto, los demás fueron sometidos a la justicia ordinaria. El President fue juzgado y condenado por rebelión el 6 de junio de 1935 por el Tribunal de Garantías Constitucionales, a 30 años de cárcel. Dicho tribunal estaba formado por 21 vocales, diez votos a favor y ocho en contra. El hecho fue calificado por el fiscal como “golpe de estado regional”, nueva figura de delito, con la agravante de premeditación.

Permanecieron detenidos y encarcelados hasta la victoria electoral del Frente Popular a las elecciones de febrero del 1936.

Todos los detenidos condenados a inhabilitación absoluta fueron trasladados al penal de El Puerto de Santa María (Cádiz). Entre los defensores estaba Angel Ossorio, luego embajador de la república, autor de una de las mejores biografías, después de su fusilamiento.

Tras la victoria del Frente Popular, Companys salió en libertad y recuperó la presidencia de la Generalitat y en previsión de un posible golpe militar, nombró al capitán Frederic Escofet como Comisario General de Orden Público de Cataluña

Más que elección fue un tsunami. Sus ondas impidieron siquiera reunir el parlamento. El Jefe de Gobierno Manuel Azaña,   indultó ipso facto a los consejeros de la Generalitat que salieron de la cárcel aturdidos por las aclamaciones de la gente. Uno dijo “no sabía que el pueblo de Puerto de Santamaría fuera catalanista”. En el recorrido de vuelta a casa se encontraron con comitivas de bienvenida en muchos pueblos españoles y luego de todos los catalanes, porque los periódicos habían dado la noticia.

Companys salió de la cárcel y en seguida fue a visitar a su abogado y amigo Angel Ossorio. Lucía un traje raído y deteriorado. Ossorio le anunció que había invitado a cenar a Azaña y a su esposa. Le dijo que no era cena protocolaria y que no había necesidad de vestirse. Companys le tomó la palabra y se presentó con el traje de “presidiario”, que todos contemplaron. En un aparte Ossorio se lo hizo ver, en broma, pero el expresident le contestó: “No me pude cambiar porque…! no tengo otro traje!” Y su abogado que conocía sus estrecheces, le dijo: “Y la derecha no hace sino acusarle de ladrón!!”. ¿De qué vive Companys-comenta Ossorio en su biografía Y se respondió a sí mismo: Companys vive de arruinarse. Vive de no vivir. Su riqueza está en su empobrecimiento. Día tras día ha ido vendiendo las fincas que heredó de su padre y así ha consumido el último terrón. Su pluma y no sus salarios de político son quienes le mantienen. Durante la cena Azaña fue el único que habló sin parar..De Azaña Companys logró una cosa de ultima hora, pero buena. Consintió tras mucho rogarlo- cambiar a casi todos los oficiales de la Guardia Civil y de asalto, caracterizados como antirepublicanos.. ¡Y esos cambios fueron una de las diferencia entre la victoria republicana y el triunfo del golpe!.

Companys no creía en los agoreros. Lo había vaticinado desde tiempo antes. Esta vez, no habría un golpe clásico, sino un alzamiento militar. Muchos de los militares activistas, que seguían en el gobierno Azaña tenían sus navajas preparadas: Goded, Franco, Mola, Queipo, Varela, Aranda, Moscardó… seguían complotando, tranquilos “La rebelión en Barcelona- comentó Companys -la ha anunciado hasta Indalecio Prieto, porque el propio general Goded la había proclamado anticipadamente. Y Zugazagoitia, quien en 1941 sería fusilado después de Companys, sabía que el general pidió audiencia con Azaña en Madrid y éste ni le contestó y al embajador norteamericano Claude G.Bowers, el único americano “bueno” de la península, que estaba evacuando a sus conciudadanos que vivían en España porque sabía mucho de las Quintas Columnas fascistas que se preparaban en Biarritz. El presidente Azaña en vísperas del 18 de julio cuando habló con el embajador americano Bowers ni le mencionó el golpe de estado que se preparaba sino que le habló con detalle, de las innovaciones de los jardines de palacio y se su casa veraniega de Santander.

Companys había organizado la resistencia a la sublevación militar del 18 de julio apoyándose en el capitán Frederic Escofet como Comisario General de Orden Público de Cataluña. Durante toda la guerra encabezó el Gobierno de Cataluña, si bien creó una consejería en cabeza en la persona de Josep Tarradellas y Joan. Trató de mantener la unidad entre los partidos y sindicatos que lo apoyaban, a pesar de que excluyó el catalanismo radical representado por Estado Catalán. Aun así, esta unidad fue muy difícil por las tensiones entre comunistas y socialistas agrupados en el Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC) y anarquistas de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) apoyados estos últimos por los troskistas del POUM, mientras que las posiciones de obediencia estrictamente catalana se iban diluyendo. Ya en vísperas del alzamiento, Companys estaba en Barcelona angustiado como nunca. La batalla del 18 de julio de 1936 en Barcelona la ganó con diversos aliados no esperados.

Las fuerzas obreras que en Cataluña que habían hecho fracasar la sublevación militar-fascista el 18 de Julio, formaron luego el ejército de Cataluña, un ejército leal a Catalunya y los sindicatos preservaron como pudieron las instituciones, y hasta dieron refugio a muchos vascos y a su ejército en retirada. Defendieron el Ebro y tomaron pueblos de Aragón  y Valencia. El mérito de Companys, entonces, fue conseguir que finalmente, que el conjunto de organizaciones obreras catalanas se integrasen en el gobierno de la Generalitat.

El lado humano de Lluís Companys lo muestra el hecho que, desbordado por la gran cantidad de asesinatos que se produjeron a la retaguardia los días posteriores al fallido golpe de estado (con el arsenal de armas del cuartel de Santo Andreu manejadas por los pelotones de la CNT-FAI ), se enfrentara a ellos para dejar partir del puerto de Barcelona en barcos extranjeros a unas cinco mil quinientas personas sospechosas de alinearse contra el régimen republicano.  “Con las armas en manos de exaltados en una situación extrema, yo no podía garantizarles la vida“-se limitó a decir. Una de las personas que se beneficiaron fue Ramón de Colubí el cual, años después, sería su abogado defensor en el último consejo de guerra.

A partir de octubre de 1937 se sucedieron sus enfrentamientos con el Gobierno republicano del doctor Juan Negrín, instalado en Barcelona, y el abril de 1938, después de la ocupación de Lleida, escribió una amarga carta al presidente del Gobierno español, quejándose de las arbitrariedades que estaba cometiendo y de la marginación que sufría el Gobierno catalán. Negrin fue peor y egoísta, peor que un cero a la izquierda.

Siempre fue partidario del diálogo y la convivencia en unos días en que todo parecía resolverse a tiro limpio

Con el lehendakari José Antonio de Aguirre

El 23 de enero del 1939, cuando la vanguardia de las fuerzas franquistas entraba en Barcelona, Companys cruzó la frontera francesa junto con el lehendakari José Antonio Aguirre y se exilió en Perpiñán (Francia), trasladándose después a París para trabajar en la representación  del exilio de la Generalitat (Consejo Nacional de Cataluña). Acabó finalmente a La Baule-les-Pins (Loire-Atlantique, Bretaña), quedándose en Francia a pesar del peligro que corría, en un intento desesperado para no perder el contacto con los médicos que cuidaban de su hijo Lluís Companys y Micó (1911-1956), que sufría una grave enfermedad mental. Este hijo había sido fruto de su primer matrimonio con Mercè Micó, de la que se divorció para casarse con Carme Ballester, su segunda y última esposa.

La breve carta dirigida por el presidente de la Generalitat Lluís Companys a su cuñada el 10 de octubre de 1940, cinco días antes de ser fusilado “por rebelión militar” en el foso de Santa Eulàlia del castillo de Montjuïc, donde estaba detenido desde comienzos de mes es la última que se conoce y ecías asi: querida cuñada. Sabe y te ruego digas a mis hermanas Ramona y Nieves que estoy detenido en Montjuïc, bien de salud y de trato. Pero como al detenerme en Francia, no pude traer casi nada vengo desprovisto, y necesitaré algún dinero y ropa...”. Así comienza.

En la misiva, el político anunciaba su detención y encarcelamiento a sus hermanas, y les indica qué deben hacer para que pudieran visitarle: “Pedir permiso en Comandancia Militar”. Desconociendo el fatal destino que le esperaba: el consejo de guerra —que duró una hora— del día 14 y su asesinato en la madrugada del día siguiente, Companys les explicaba que en sus visitas, “dos a la semana”, tendrían que llevar “retratos pequeños como los de pasaporte”.

La carta, escrita en castellano, seguramente por imposición militar, a lápiz en una cuartilla con cuadrícula (de 21 por 14, 5 centímetros), termina con la frase “muchos afectos de tu cuñado”, firma autógrafa y fecha (10 de octubre) y ubicación (Montjuïc), seguido de una nota en la parte posterior de la hoja, en la que enumera una lista de necesidades básicas.:.... papel, sobres, dos libretas ó blocs, para apuntes - linterna”. Algunas cosas u objetos el propio Companys tachó de su lista. Entre los que se pueden leer bajo las tachaduras: una bufanda y una pluma.

Sorprende comprobar que este hombre de 58 años, que regresaba a Cataluña desde su exilio en Francia tras ser detenido por agentes alemanes (guiados por un policía español de lA embajada española de y entregado por la Gestapo a las autoridades franquistas, sacrificara la prenda de abrigo que tanto le habría protegido en las frías noches de octubre del castillo por el material de escritura. No había duda de que Companys, con sus escritos, quería dejar constancia de los hechos durante su arresto. Pero no tuvo ocasión.

Al escalofrío que produce poder leer la carta convertida en documento histórico, se añade el sentimiento de mezquindad al conocer que la misiva jamás llegó a su destino. Tras escribirla, Companys la entregó al teniente coronel de guerra Gonzalo Zarranz, que al salir de la habitación de la casa del capellán donde estaba aislado en secreto el político, la arrojó a una papelera. El texto se salvó del olvido cuando el ayudante del militar, sin que nadie lo viera, la recogió de la basura y la escondió.

Más de 76 años después, los herederos de este subalterno, que han conservado la carta enmarcada (con cristal para que se vieran las dos caras del papel) y colgada como si fuera un cuadro en su casa.

Los familiares más allegados de Companys jamás pudieron visitarlo hasta horas después del consejo de guerra. Las hermanas a las que iba dirigida la carta, que no supieron que se celebraba el juicio, llegaron a la fortaleza cuando ya se había acabado y pudieron ver y abrazar a su hermano solo durante tres horas, hasta la una de la madrugada, según escribió Ramona Companys en su diario.

 

Companys fue conducido a juicio el 14 de octubre de 1940. Al día siguiente fue fusilado.Hace justo un año la Associació Memòria i Història de Manresa publicó en su página web cinco cartas inéditas de Companys escritas en la prisión y dirigidas al industrial y político Jaume Creus, cuando ambos estaban encarcelados por los hechos del 6 de octubre de 1934.

Su última carta fue, sin duda, la que escribió a su mujer, Carme Ballester, pocas antes de morir. El presidente, mostrando templanza y una sangre fría increíble, aconseja a su esposa: “Reacciona contra el abatimiento. Relaciónate, distráete. Eso quiero... Haz lo que te digo, porque yo, tu Lluís, ya no sufriré; eso deseo que hagas, amor mío... No admitas, entonces, condolencias, ni lloros. Levanta la cabeza. Esta muerte, que afrontaré plácida y serenamente, dignifica”.

Fue fusilado en el Castillo de Montjuic a las seis y media de la madrugada, el 15 de octubre de 1940, y enterrado en el cementerio de Santa Eulàlia del castillo de Montjuic con sólo 58 años. Su última consigna fue "Per Catalunya!".

La represión franquista en Cataluña, el día del fusilamiento de su Presidente, contabilizaba 2760 personas ejecutadas, desde la entrada de las tropas fascistas en Barcelona el 26 de enero de 1939 hasta el 15 de octubre de 1940. Fueron ejecutadas en juicios sumarísimos, con muertes directas a tiros de pistola sin ningún tipo de garantías o trámites procesales, bajo falsas acusaciones.


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