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'Falcon y el Soldado de Invierno' 1x01: ¿Y ahora qué demonios hacemos sin Capitán América?

19/03/2021 09:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

[ESTE ARTÍCULO CONTIENE SPOILERS DE FALCON Y EL SOLDADO DE INVIERNO]

Sufrir, luchar, el rollo de siempre. Con Falcon y el Soldado de Invierno, que acaba de estrenarse en Disney+, Marvel Studios ha vuelto al thriller político, ese que tan buen resultado le dio con la saga del Capitán América, con sus conspiraciones gubernamentales y sus peleas cuerpo a cuerpo. Al fin y al cabo, las superproducciones comandadas por Steve Rogers (Chris Evans) han sido de las más aclamadas del MCU.

Sin embargo, reconocemos que, después de lo refrescante y estimulante que ha resultado ser Bruja Escarlata y Visión, cuesta asimilar que ahora toca volver a la Marvel más realista y terrenal. O, al menos, eso deja entrever el primer episodio de la ficción centrada en Sam Wilson (Anthony Mackie) y Bucky Barnes (Sebastian Stan), los 'besties' de Steve, ahora sin Steve.

La serie arranca pocos meses después de los hechos acontecidos en Vengadores: Endgame. Recordemos que en la reunión superheroica, ambos protagonistas regresaban en los últimos minutos tras desaparecer cinco años a causa del chasquido de Thanos (Josh Brolin). Después de derrotar al titán, les tocaba decir adiós a Rogers, que cedía su escudo a Falcon antes de irse al pasado con Peggy Carter (Hayley Atwell).

Falcon y el Soldado de Invierno, cuyo primer capítulo sirve para presentar personajes e introducir tramas, además de dejar claro lo traumático que es vivir sin el Capitán América, arranca con Sam y Bucky tratando de encajar en un mundo en el que ya no ejercer de héroes y que ha seguido adelante en su ausencia, con todo lo que eso implica.

Sam Wilson plancha su camisa, se acomoda la americana y mira de soslayo el escudo que le dio Steve. Acto seguido, lo mete en una funda de cuero. "¿Qué se siente?", pregunta una voz en off. "Como si fuera de otro", responde el vengador alado, mientras frunce el ceño en un primerísimo plano. Fundido a negro, música motivacional y un avión militar que surca el cielo. Al parecer, el bueno de Sam está echando una mano a la Fuerza Aérea norteamericana en Túnez, donde una organización criminal, LAF, ha secuestrado a uno de sus enlaces militares, el capitán Vasant.

Así arranca una espectacular escena de acción de casi 10 minutos, una persecución por los cielos y entre cañones en la que Wilson, con la ayuda inestimable de Redwing, el dron que va pegado a su propulsor con alas, domina peleas cuerpo a cuerpo, esquiva disparos, sortea explosiones y misiles, y derriba helicópteros enemigos. Como buen vengador, el héroe consigue salvar al capitán justo antes de que el espacio aéreo libio se lo prohíba.

Nos reencontramos con Falcon tratando de arreglar el motor de su traje en la terraza de un bar tunecino. un hombre se acerca para agradecerle que los vengadores devolvieran a su mujer a la vida. Acompaña a Wilson el soldado Joaquin Torres (Danny Ramirez), que ha seguido su hazaña desde tierra firme. Ojito con este personaje porque, en los cómics, él es el nuevo Falcon después de que Sam se convierta en Capitán América. Volviendo a la serie, Torres le cuenta al vengador que está rastreando con el móvil la imagen de una mano roja, manifiesto de unos alborotadores que se hacen llamar los Sin Banderas (Flag-Smashers). "Quieren un mundo unificado, sin fronteras", le explica.

Recordemos que Sin Banderas (Flag-Smasher en inglés) es un villano marvelita que responde principalmente a la identidad de Karl Morgenthau, aunque en la serie podría convertirse en mujer en manos de la actriz Erin Kellyman. En las viñetas, se trata de un un ricachón al que Capitán América conoce bien, y que fundó la organización terrorista ULTIMATUM en su lucha contra el nacionalismo. Por lo pronto, en pantalla no le faltan seguidores...

Sin embargo, Sam tiene ahora otras prioridades, como la de homenajear a Steve Rogers en un acto en el El Museo Nacional del Aire y el Espacio del Instituto Smithsoniano, en Washington D.C. "Steve representó lo mejor en todos nosotros", lo oímos decir frente a una amplia audiencia de personas trajeadas y periodistas, entre los que se encuentra Jim Rhodes (Don Cheadle): "Necesitamos nuevos héroes, unos que encajen con los tiempos que vivimos. Los símbolos no son nada sin los hombres y mujeres que les dan significado".

"Gracias, Capitán América", afirma, mirando la imagen de Steve, y, señalando al escudo, concluye: "Esto te pertenece". Sam ha preferido entregar el arma de vibranium al museo para que lo exponga junto con el resto de pertenencias de Rogers. ¿Por qué no ha querido coger él el relevo como el nuevo 'Capi? Tal y como le explica a Máquina de Guerra, porque siente que pertenece a su amigo. "El mundo está roto, todo el mundo está buscando a alguien que lo arregle", afirma Jim.

La siguiente secuencia nos traslada al hall de un lujoso hotel. El brazo biónico de Bucky hace su entrada triunfal traspasando con furia una pared. El personaje, aún con melena, va a la caza de un hombre al que protegen varios guardaespaldas. Disparos, armas arrojadizas, todo vale antes de llegar a su víctima, ahogarla y decir: "Hail Hydra". Segundos después, el Soldado de Invierno (está claro que esto pertenece a su pasado) repara en un huésped asiático que lo ha visto todo y, con un último disparo a ese hombre inocente, despierta de la pesadilla.

Volvemos a ver a Bucky (ahora sí, Bucky) sentado en un sofá. Su psicóloga (Amy Aquino), esa que el gobierno le ha puesto para asegurarse de que no vuelve a descarrilarse, le pregunta si aún tiene pesadillas. En primerísimo plano picado, él responde: "No". Tras resistirse unos minutos, finalmente decide hablar, aunque sin decir la verdad. Confiesa que el día anterior había tachado un nombre de su lista de enmiendas. Se trata de la senadora Atwood, un peón de Hydra durante años que había seguido abusando de su poder tras la desaparición de la organización. "No te preocupes. Use tus tres reglas", dice Bucky.

La mentira empieza con el repaso de las reglas. "Regla número uno: No puedes hacer nada ilegal", dice la psicóloga, mientras lo vemos horas antes manipulando el coche de la mujer. "Regla numero dos: Nadie sale herido". Promete que no hirió a nadie, pero lo observamos mientras se acerca al coche y noquea al copiloto. "¿Y qué hay de la regla número tres?", pregunta la terapeuta. "Ya no soy el Soldado de Invierno, soy Bucky Barnes, y tú eres parte de mis esfuerzos para enmendar las cosas", oímos que le dice a la mujer, forzando lo que parece querer ser una sonrisa.

La psicóloga trata de hacer entender a Barnes, hermético como siempre, que debe confiar en la gente y nutrir sus amistades. "Dame un respiro, esto es nuevo para mí. No he tenido ni un momento para lidiar con nada", se explica él, otra vez en primerísimo plano picado, a la defensiva. "Ahora que has parado de luchar, ¿qué quieres?", pregunta la psicóloga. "Paz", contesta, sin que ella lo crea. Es libre, pero no sabe para qué.

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Minutos después, en las calles de Nueva York, Bucky se encuentra con Yori (Ken Takemoto), un 'amigo' octogenario de origen asiático al que invita a comer sushi. Este, a cambio, le consigue una cita con la camarera del local. Durante el almuerzo, el anciano le habla de su hijo, que trabajaba para una consultoría y, durante una estancia en el extranjero, murió, pero no sabe cómo. ¿Y esa cara tan apesadumbrada de Barnes?

Otra escena, otro lugar de EE UU: Delacroix, Luisiana. Sam llega a una especie de lonja en la que su hermana Sarah (Adepero Oduye) se encarga de mantener a flote (nunca mejor dicho) el negocio familiar. Ella quiere vender el barco de pesca de sus padres, pero él insiste en pedir un préstamo y tratar de rescatar el legado de sus progenitores.

Volviendo a Nueva York, Bucky, caballeroso y centenario (106 años, ni más ni menos) como es, se presenta en la cita con un ramo de flores. Gracias a este divertido encuentro, la mejor secuencia del primer episodio junto con la de la terapeuta, descubrimos que el taciturno vengador recientemente ha intentado ligar por internet, que tenía una hermana, que estaba muy unido a sus padres y que es malísimo jugando al Battleship. Sin embargo, su buen humor cambia cuando la joven menciona la misteriosa muerte del hijo de Yori.

En pocos segundos, cuando lo vemos huir afligido de la cita y llamar a la puerta del señor, entendemos por qué: el hijo del anciano nos mira desde una foto colocada en un altar. Es el huésped al que mató Bucky en aquel hotel; Nakasima, a juzgar por lo que se lee en el cuaderno en el que el vengador tacha ahora sus esfuerzos por enmendar el pasado.

Antes de que nos dé tiempo a asimilar nada, volamos a Suiza (¿no querías aventura global? Tomad aventura global), donde Torres, con el móvil grabando en el bolsillo, se infiltra en una reunión masiva de Sin Banderas. Un silbido capta la atención de todos los allí presentes y alguien empieza a repartir máscaras.

En pocos segundos, suena la alarma de un banco próximo y dos bolsas salen disparadas desde las ventanas del edificio, seguidas por un fornido individuo con la misma máscara. Mientras los seguidores allí congregados distraen a la policía, Torres trata de arrestar al líder, pero este, de fuerza sobrehumana, no tarda en quitarle la pistola, lanzarlo por los aires y patearte la cara hasta dejarlo inconsciente.

En otra sucursal bancaria lejos de allí, Sam y su hermana tratan de conseguir un préstamo para mantener el negocio familiar. Pero, por muy interesado que el hombre que los atiende esté en sacarse una selfie con un vengador (que lo está, y mucho), no puede darles la ayuda económica que necesitan al no haber tenido ingresos en los últimos cinco años. ¿Lo mejor de esta charla? Las preguntas sobre si existe algún fondo para héroes o si Stark les pagaba un sueldo. Una vez en la calle, y pese al hartazgo de Sarah, el héroe insiste en salvar el legado familiar como sea.

Ya de regreso en casa, Sam recibe un mensaje de Torres y una foto de su cara golpeada. También comparte con él las imágenes del altercado en Suiza que grabó con su móvil, en las que se ve a su atacante. Y como si con esta nueva amenaza no fuera suficiente, Sarah entra en el salón y enciende la tele. En ella, vemos la comparecencia de un miembro del Gobierno, al que ya vimos en el Smithsoniano.

"Necesitamos una persona que encarne los grandes valores de América", dice: "Necesitamos a alguien que nos inspire otra vez. Alguien que pueda ser un símbolo para todos. En nombre del Departamento de Defensa y nuestro comandante en jefe, nos enorgullecemos de anunciar hoy que EE UU tiene un nuevo héroe: uníos a mí para dar la bienvenida al nuevo Capitán América". Un hombre con un traje similar al de Steve Rogers y su escudo aparece sonriente y guiña el ojo mirando a pantalla, para sorpresa y consternación de Sam.

Ya sabemos que se trata de John Walker (Wyatt Russell), el nuevo 'Capi', un personaje recurrente en los cómics de la Casa de las Ideas desde los 80, que acababa convirtiéndose en Super-Patriot a cargo del Gobiernos norteamericano después de que retirasen a Rogers. Unos años después, se convertiría en U.S. Agent.

Aún no sabemos qué papel jugará este personaje en Falcon y el Soldado de Invierno. Tampoco la forma en la que este patriotismo yanqui ahora representado en Walker entrará en conflicto con los antinacionalistas Flag-Smashers. Ni siquiera hemos visto aún el reencuentro entre Bucky y Sam (de momento, el primero no responde a las llamas del segundo).

Este primer episodio sirve para sentar las bases de lo que se viene, ahondando en la situación marginal en la que se encuentran nuestros protagonistas, como esos soldados que regresan de la guerra traumatizados y la sociedad, aunque los admira, les da la espalda en su reincorporación a la vida cotidiana. La serie también deja claro el tono que prevalecerá en sus seis episodios: un thriller global, en la línea de Capitán América: El Soldado de Invierno y Civil War, con altas dosis de acción y emoción con dos peces muy fuera del agua.

A Bucky y Sam les toca lidiar con el legado de Steve en pantalla, igual que a Stan y Mackie les toca lidiar con el legado de Evans fuera de ella. Toca pasar el relevo, el de Capitán América, pero también el de Falcon. Las expectativas son altas, sobre todo tras el apoteósico éxito de Bruja Escarlata y Visión. De momento, con este episodio introductorio, solo podemos decir que a Bucky le sientan muy bien la terapia infructuosa, las citas con millennials y el corte de pelo, y que Sin Banderas podría ser justo lo que una serie que explora y reflexiona sobre el patriotismo americano actual necesita.

Falcon y el Soldado de Invierno está disponible en Disney+.


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