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Entrevista a Nell Leyshon "La importancia de la primera línea "

01/05/2014 10:40 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Por Marina Sanmartín

La importancia de la primera línea

"este es mi libro y estoy escribiéndolo con mi propia mano". El arranque de la primera novela de Nell Leyshon traducida al castellano, Del color de la leche, carece de mayúsculas y se presentó un buen día en la mente de la autora mientras daba un paseo. La idea ya llevaba tiempo revoloteando a su alrededor, desde que la invitaron a participar en la celebración del 400 aniversario de The King James Bible, en 2011, y Nell decidió que quería escribir una historia sobre los desposeídos. En ese momento se le ocurrió el personaje de Mary, una niña albina de quince años, que vive con su familia en una granja de la Inglaterra rural de 1830, que no sabe leer y a la que le cambia la suerte cuando su padre consigue "colocarla" como criada en la vicaría del pueblo.

Al principio Mary estaba destinada a protagonizar una obra de teatro, género en el que Leyshon se desenvuelve como pez en el agua (por algo ha sido la primera mujer en escribir una pieza para el Shakespeare 's Globe Theatre), pero la iniciativa no cuajó y pasaron un par de años hasta que llegó ese día y ese paseo en el que Mary impuso su voz.

"este es mi libro y estoy escribiéndolo con mi propia mano".

"Desde que empecé a escribir hasta que terminé el texto sólo pasaron tres semanas. Me convertí en Mary y plasmé sus palabras sobre el papel imbuida por un extraño sentido de la urgencia. Escribía mientras cocinaba, rodeada de la familia... todos me preguntaban qué estaba haciendo y yo, que no decía nada, no podía parar de escribir. Era ella. Siempre permito que los personajes se apoderen de mí, sigo su rastro porque nunca tengo un plan, no sé lo que va a pasar en las historias que invento, pero me implico tanto en ellas -bromea- que ahora estoy escribiendo sobre un ladrón y las ganas de robar a mis amigos surgen de vez en cuando, porque soy mi personaje y me tienta la experiencia".

Nell Leyshon me cae bien. Tiene los ojos azules y una actitud ágil como su cuerpo pequeño, que parece preparado para recorrer Madrid caminando y arrastrando eternamente una maleta naranja, inmune al cansancio. La raya discreta que le perfila los párpados también es azul y hay algo inteligente en la forma que tiene de implicarse con rapidez en la complicidad que comparto con su editora, Raquel Vicedo.

Del color de la leche, publicada en inglés por la prestigiosísima Penguin, en España ha sido editada por Sexto Piso; y ha llegado hasta mí porque Raquel, que me conoce bien, estaba segura de que iba a gustarme esta novelita de menos de doscientas páginas, que Valeria Luiselli califica en el prólogo para esta edición de "pequeño clásico", y no ha parado hasta conseguir que me la lea.

Ahora me alegro.

Los símbolos

A menudo son las descripciones más torpes, más pueriles, las visiones sin referentes de los niños las que contienen más poesía. Este es un libro corto, que concentra un montón de secretos brillantes: hay un vicario amante de los pájaros y una cocinera que guarda debajo del colchón los sudarios para el hijo y el marido que aún no tiene; también el suyo. Y está el pelo blanco de Mary, que no interfiere en la trama, pero mantiene en un primer plano, en la mente del lector, el concepto de inocencia: "no soy muy alta y mi pelo es del color de la leche". Le pregunto a Nell Leyshon por ellos, por esos símbolos que salpican la narración y dibujan con la certeza de un dardo a los personajes de esta historia sólo en apariencia simple:

"En realidad no los incluyo de manera consciente, no los pienso, y creo que es importante esa ausencia de intención, hay intuición pero no conciencia de por qué está ahí cada elemento. Si la hubiera, el resultado sería peor. Mi escritura es instintiva. Si pongo algo en la novela es porque es importante, pero no necesariamente sé porque lo es. Arthur Miller era un maestro en esta técnica, ningún objeto en sus obras resultaba superfluo, pero eso no quiere decir que él, al visualizarlos, supiera cuál era su mensaje, simplemente sabía que tenían que estar. Así es como funciona. La gente piensa que hay un esfuerzo por acentuar el carácter minimalista de mi novela, pero no lo hay; más bien al revés: he tenido que obligarme a desarrollarla más, y aún así no he sido muy generosa con las palabras".

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Es cierto, Del color de la leche es uno de esos libros que se devora de una sentada, pero sería un error atribuir su brevedad a un proceso de escritura sencillo. Todo lo contrario: la novela es como la cara de esas mujeres bellísimas que apenas parecen maquilladas, cuyo peinado tiene un aire casual; y que consideran un triunfo ese resultado "natural", "salvaje" a primera vista, pero que las ha mantenido durante horas delante del espejo.

Para contar mejor su historia, antes de escuchar la voz de Mary en su paseo, Nell escogió una época crítica, la Revolución Industrial, y se documentó sobre ella hasta acumular material suficiente para llenar mil páginas. Sin embargo pronto se dio cuenta de que Mary, a pesar de crecer entre ellos, jamas es consciente desde su situación en el mundo de esos cambios. Y no los incluyó explícitamente en la novela, aunque están ahí, como un poso invisible, impregnándolo todo, recogidos en la importancia que adquiere en el argumento la alfabetización de la protagonista.

Quien no sabe leer y escribir no existe. Está perdido.

La literatura doméstica

Le molesta que califiquen su novela de "femenina". Cuando le pido que la defina con tres adjetivos tarda en responder y por fin me dice cinco: "directa, potente, sincera, blanca y primitiva".

"En el Reino Unido -continúa- sólo un hombre ha reseñado Del color de la leche. El resto han sido mujeres". Aquí Raquel me confirma que está ocurriendo lo mismo.

Nell considera que es mucho más fácil escribir a través de los ojos de un hombre, "la crítica tiende a etiquetar como doméstico el punto de vista femenino y le cuesta reconocer el valor literario de los textos escritos por mujeres, tiene que pasar mucho tiempo antes de que se rinda ante la evidencia. Como por ejemplo en el caso de Alice Munro... pero no ocurre lo mismo con los hombres. ¿Qué hubiera pasado si Las correcciones la hubiera escrito una mujer? Ahora está considerada la novela americana por excelencia de esta última época, pero Tal vez, si Franzen hubiera sido autora y no autor, sólo hubiera merecido el calificativo de una buena novela doméstica".

No lo sé...

Lo que sí tengo claro es que hubiera estado bien que Nell Leyshon, que no suele leer los elogios que unos y otros hacen de su obra porque considera que el éxito es la obra en sí, debería haber llegado antes hasta nosotros.

Capaz de tirar a la chimenea seis años de trabajo porque no estaba satisfecha con ellos, Leyshon me desea suerte al despedirse de mí. Nunca habla con nadie de lo que lleva entre manos y adivino que su vida está llena de muchas cosas, no sólo de literatura. En un momento de la entrevista me ha dicho: "todos somos mil personas a la vez...".

"este es mi libro y estoy escribiéndolo con mi propia mano".

Parecen, y son, palabras mágicas.

Fuente: http://www.microrevista.com/entrevista-a-nell-leyshon/


Sobre esta noticia

Autor:
Correo Cultural (16433 noticias)
Fuente:
correocultural.com
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Tipo:
Reportaje
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