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Entrevista con Ignacio Castro Rey, autor del libro "Lluvia oblicua" exclusiva para Correo Cultural, por Manuel Tuya

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14/08/2020 19:41 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Entrevista con Ignacio Castro Rey:

"Hay tantas catástrofes diarias que no atendemos al desastre que está ocurriendo dentro de nosotros".

Por Manuel Tuya.

El filósofo gallego, autor de "Lluvia oblicua" (Pre Textos, 2020), por estos días de pandemias y escalas de miedo, se ha convertido en una voz que golpea. Una palabra que abre espacios más allá de lo meramente informativo.

En esta entrevista con habla de los temas que nos se desprenden del temor y se pregunta: "¿Cómo habríamos sobrevivido en los últimos veinte años sin Nina Simone, Pasolini o D. Foster Wallace?"

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Ignacio Castro Rey

BIO

Ignacio Castro Rey, es filósofo, crítico de cine y arte, gestor cultural y profesor. Además de múltiples artículos y conferencias, ha publicado diversos libros. El último de ellos se llama Lluvia Oblicua (Ed. Pretextos 2020) seguido de Mil días en la montaña (Roxe de Sebes) (Ed. FronteraD, 2019) y Ética y desorden (Pretextos, 2017). Anteriormente ha publicado también, entre otros, Votos de riqueza (Madrid, 2007), Roxe de Sebes (A Coruña, 2011) y La depresión informativa del sujeto (Buenos Aires, 2011).

Ignacio Castro desarrolla su labor filosófica en una sola vertiente con dos caras. De un lado, en el borde de lo que podríamos considerar la tolerancia ilustrada, una afirmación metafísica de la inmediata vida mortal, de su común individuación, sin posible sujeto social ni representación histórica alguna. De otro, una crítica de la violencia cultural del poder contemporáneo, esas nuevas modalidades de la caza del hombre donde la derecha y la izquierda convergen.

Pregunta: ? ¿Por qué "Lluvia oblicua"?

Respuesta: ? Es una expresión de Maiakovski, además de un poema de Pessoa que conozco mal. El título de mi libro alude a un tipo de precipitación lenta para la que no tenemos defensa, pues cae sobre nosotros al sesgo, fuera de cualquiera paraguas, pararrayos o cobertura. Me parece que el fenómeno es más actual que nunca. Llevamos años sometidos a una lluvia que nos cala, aunque tan lentamente que apenas nos damos cuenta. El capitalismo tiene un alma fluida, líquida y alternativa, ese es el problema. Mi libro estudia lo alternativo como una nueva ortodoxia que, disfrazada de herejía, se ha convertido en el eje perverso del sistema. Es lo que se diagnosticó hace tiempo con el nombre de control por Burroughs. A diferencia de la disciplina patriarcal de antaño, el control funciona con una rotación rápida y flexible que nos deja sin resistencia. Ni siquiera vemos las paredes opresivas que habría que resistir. Foucault y Deleuze se han ocupado ampliamente de este tipo de poder uterino, maternal y sonriente, que no necesita encerrarnos para gobernarnos. Se ejerce de paso que nos movemos y hacemos nuestra vida. El control se parece más al surf que a un rompeolas. Puede tomar una aire médico, persuasivo o incluso deportivo, pocas veces vociferante y autoritario.

P: -Usted ha dicho que la estructura del libro es circular, ¿por qué?

R: -Porque no habla desde un plano donde las oposiciones tradicionales (masculino/femenino, occidente/oriente, bueno/malo, desarrollado/atrasado, etc.) son operativas, sino desde una relación paradójica de opuestos donde la inmediatez de la vida, su potencia inmanente, marca la pauta. Pensemos que, en la naturaleza, si no está deformada por el naturalismo determinista, los opuestos se enlazan. Hasta la muerte ocurre en ella generando nuevas formas de vida. Así es mi libro, circular y vírico, igual que los cuerpos orgánicos. En él incluso la eternidad es solo un momento de una finitud interminable. Por eso Lluvia oblicua, como se dijo en su momento de Rayuela, puede ser leído en cualquier sentido, empezando por una parte cualquiera. Cada capítulo, muy distinto según se trate de las emociones, la memoria, el arte o la religión, encierra el horizonte entero del libro. Cada parte vuelve a un territorio elemental de afirmación donde lo trágico nos arma ante la positividad fatal de nuestras construcciones, las ilusiones sociales e históricas que hoy nos han calado hasta los huesos.

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P: -Parece que, en este siglo, y en especial en este año, llueve mucho. ¿Debemos mojarnos?

R: -Un agua que no sientes se llama calabobos. Llueve tanto que ya no escuchamos llover. Así pasa con la información, con los escándalos políticos, con la alarma social. Hay tantas catástrofes diarias que no atendemos al desastre que está ocurriendo dentro de nosotros. Si todos los días "viene el lobo", cuando llega de verdad (casi siempre disfrazado, igual que todo lo temible) ya no tenemos armas para defendernos. Mi libro es una llamada de atención contra esta terrible desactivación existencial, que nos convierte en corderos. Lluvia oblicua es también un depósito de herramientas conceptuales para resistir el actual poder histórico interactivo, que ha desactivado una violencia de vivir en la que no podemos ceder. Frente a toda esta infamia sonriente defiendo una nueva guerra, aunque "rabiosamente" femenina: dinamitar la dependencia social y tecnológica para liberar al menos una mano, fortaleciéndonos en lo elemental que nos asusta.

P: ? ¿La "Lluvia oblicua" nos persigue o llega a todas partes porque tiene que llegar?

R: ? El mal tiene que llegar algún día, igual que el miedo, la tristeza y el dolor. No somos dioses, y menos desde que hemos olvidado la dureza del infierno. Los que nos prometen un Bienestar celeste, una fluidez perpetua de facilidades planas, solo quieren convertirnos en esclavos. Un día u otro nos alcanzará la lluvia, el desamparo, el amor, el odio, el temor a la muerte, y entonces solo podremos reconstruirnos desde ahí. Intentar escapar a lo trágico, como niños asustados, redobla la tragedia. Somos en este punto una sociedad muy ingenua, extremadamente vulnerable. Ni siquiera hacía falta que llegara esta "pandemia" para comprobarlo. La enfermedad ya estaba en esta normalidad de un bienestar que es ficticio y nos convierte en inválidos conectados.

P: ? ¿La mascarilla sería una metáfora de algo?

R: -Casos particulares aparte, es una metáfora masiva del pánico bovino que nos atenaza. También de la obediencia ciega en la que hemos caído, aunque ahora bajo la coartada de la ciencia y los expertos. Cada cual debía decidir cómo vivir y cómo morir. Me parece patético que no sea así, pero no veo muchos medios para oponernos hoy a este miedo y obediencia masivos. Vivimos bajo la nueva autoridad de una inquisición de rebaño, aunque teñida con batas médicas, música sensiblera y un lenguaje inclusivo. En el fondo, esta demagogia democrática solo funciona con la amenaza y el miedo. Tras sus sonrisas, hay hogueras listas para los herejes.

P: -A partir de esta "lluvia oblicua" que tenemos encima, ¿qué espera del futuro a nivel social?

R: ? Espero que algunos despierten, pero es una esperanza un poco desesperada. Hay demasiados trileros en el ambiente, empeñados en que no despertemos jamás. Buena parte de nuestras ilusiones compartidas, en medio de una diversión que sigue siendo obligatoria para nadie piense por sí mismo, expresan solo un deseo adolescente de dormir, de que el exterior real no nos afecte. Es la táctica del avestruz, esperando que aquello que los ojos no ven no nos alcance nunca. Diría que, para despertar, confío en los traumas que sin duda llegarán. La duda es si un trauma que ya nos pilla atrofiados, extremadamente dependientes, puede tener algún efecto saludable.

P: -Hábleme de literatura y música que para usted sean necesarias.

R: -De Nick Cave a John Cage, de Lispector a Handke, vivo gracias a la literatura y la música. Esos nombres y muchos otros, semienterrados por el espectáculo barato que nos envuelve, permiten que al menos haya islas salvajes, que el mundo continúe siendo ocasionalmente primitivo. La filosofía, de Platón a Hegel, siempre ha vivido de la literatura para no desfallecer. Y también de la religión, por cierto, un magnífico género literario. ¿Cómo habríamos sobrevivido en los últimos veinte años sin Nina Simone, Pasolini o D. Foster Wallace? En manos de los paletos que nos gobiernan, no es fácilmente imaginable. La mediocridad de la gestión habría arrasado completamente el peligro, la alegría y el erotismo de vivir.

ESPAÑA

2020

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Sobre esta noticia

Autor:
Correo Cultural (16057 noticias)
Fuente:
correocultural.com
Visitas:
66
Tipo:
Reportaje
Licencia:
Creative Commons License
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