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Elegir la comida basura o la sana depende del interes de los grandes supermercados o de la perspicacia de los padres

07/11/2016 05:50 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Un grupo de investigadores de la Universidad de Cambrigde (Reino Unido) ha estudiado la variación de precios de la comida saludable que es más cara con respecto a la no saludable, pero la sana es la que nos conviene

La idea de que las comidas sanas son más caras no es nueva. Un grupo de investigadores de la Universidad de Cambrigde (Reino Unido) ha estudiado la variación de precios de los productos para saber cómo han evolucionado en los últimos 10 años.

Sus conclusiones indican que la subida continuada de precios de los alimentos ha sido mayor para la comida saludable, como los tomates, los lácteos y el pescado, con respecto a la no saludable, como la comida rápida, el bacon, los dulces y los helados. La diferencia es notable.

“Las comidas saludables deben ser frescas y perecen, por lo que es más caro hacerlas llegar al consumidor, sobre todo porque son más sensibles a los costes de distribución, como la política agrícola, la producción, las redes de distribución, la subida del petróleo”, declara a Sinc Jones, coautor del estudio que publica la revista PLOS One.

Según el Servicio Nacional de Salud de Reino Unido, el coste entre los alimentos saludables y los no saludables es grande y está relacionado con las enfermedades alimentarias y ha sido de más de 7 mil millones de euros anuales. Esta tendencia –explican los expertos– podría dar lugar a que la gente recurra cada vez más a los alimentos poco saludables.

El estudio sobre Carga mundial de mortandad (GBD, siglas en inglés), publicado hace años, encontró que el 14, 3% de las enfermedades de Reino Unido eran consecuencia de las dietas no saludables. “La creciente brecha entre los precios de las comidas más y menos saludables es un factor que contribuye a la inseguridad alimentaria, agravando las desigualdades sociales y deteriorando la salud de la población”, alerta Jones.

Precio por tipo de compra

Los autores del estudio clasificaron los alimentos como ‘menos saludable’ y ‘más saludable’, por su contenido nutricional, y usaron el modelo de clasificación desarrollado por la Agencia de Normas Alimenticias de Reino Unido.

Mientras que la comida menos sana ha ido sufriendo un ligero aumento de precio desde 2002, el incremento de  la comida sana ha sido significativamente mayor. Traducido en cifras, esto se convierte en aumento total de 2, 3 euros por cada 1.000 kilocalorias(kcal) de alimentos saludables en diez años, frente a un incremento de 0, 92 euros de los menos sanos.

En 2002, 1.000 kcal de comida saludable costaba un promedio de 7, 18 euros, comparado con la compra de la misma cantidad de energía de comida menos sana, de 2, 25 euros. En 2012, este coste había subido hasta los 9, 53 euros para la comida más sana, y 3, 18 euros para la comida menos sana.

Otro problema añadido es la desigualdad social y los perjuicios para la salud pública. “La pobreza alimentaria y el auge de bancos de alimentos son un problema en Reino Unido. Es importante preservar la accesibilidad a una dieta saludable”, dice Jones, uno de los autores del estudio.

Causas de la desigualdad

Los autores indican que esta brecha en los precios necesitaría un control en beneficio de la salud pública. “Nuestra investigación no habla directamente sobre la causa de la desigualdad de precios, pero otras investigaciones sugieren que hay numerosos factores que influyen en el aumento de coste como".

El Departamento de Salud de Reino Unido recomienda el consumo de frutas, verduras, comidas bajas en grasas y ricas en proteínas.

De, Los científicos señalan  de entre los factores que más afectan a esta diferencia de precios a la Política Agrícola Común de la UE – que subsidia la producción de determinados bienes, tales como lácteos, aceite y azúcar– y, por consiguiente, tiene el potencial de afectar a la salud pública, e influir en la disponibilidad y el precio de los alimentos.

“Los resultados no  sorprendieron a nadie, ya que en otros países la situación es similar. Sin embargo, este es el primer estudio que se hace sobre la diferencia de precios en Reino Unido”, afirma el investigador.  

Actualmente, la población de Reino Unido ingiere un exceso de grasas saturadas y azúcares.

A finales de 2013, otro estudio similar realizado por investigadores de la Universidad de Harvard (Estados Unidos) señaló como posible causa de políticas agrícolas que han favorecido la producción y venta de productos alimenticios altamente procesados durante décadas, la obtención de la máxima rentabilidad. Ese mismo informe sugería que subvencionar los alimentos sanos y gravar los poco saludables sería una buena forma de corregir el desequilibrio en los precios y empujar a la gente hacia una dieta más saludable.

Muchos de los alimentos más sanos proceden de la pequeña agricultura o ganadería, sujetas a costes más elevados. “La producción de alimentos en el campo es menor, porque se tiende a no forzar la naturaleza. Cada tierra vale para una cosa. No se utilizan fertilizantes ni herbicidas”, explica Ana Isabel López, técnico agrario y socia de Ecogermen, una cooperativa de consumidores que se unieron para comprar comida de calidad directamente a los productores.

Una cuestión de educación

Los expertos detectan también problemas de educación: estamos “programados” para preferir la comida menos saludable. “No nos enseñan a comer bien”, sostiene Esther Vivas. “La sociedad promueve la comida barata y rápida y esto impacta en capas sociales con menos recursos e inquietudes. De hecho, las comunidades autónomas con mayores índices de paro tienen las cifras más altas de población con exceso de peso”.

"Creemos que decidimos lo que comemos, pero en realidad comemos lo que nos dicen. Entre un 25 % y un 55 % de lo que compramos en el supermercado tiene  carácter impulsivo, viene determinado por impactos y marcado por lo que hemos visto anunciado en la televisión” .

Las administraciones públicas tienen capacidad para solucionarlo, pero según la especialista se quedan en la teoría. “Se elaboran programas basados en consejos y pautas pero fallan cuando se trata de poner los medios para llevarlos a la práctica”. Y pone como ejemplo los comedores escolares. “En vez de promover en ellos la alimentación saludable se conciertan acuerdos con empresas importantes de catering que elaboran sus menús con alimentos que en muchos casos dejan bastante que desear, como por ejemplo, los congelados”.

Ana Isabel López, de Ecogermen, coindice: “Nos han enseñado una sola forma de consumir. Y existen otras que a veces no son más caras, aunque requieren un esfuerzo por nuestra parte y el conocerlas”.

Su salud se lo agradecerá

Cuando comer sano implica una aumento de precio para el bolsillo, debemos pensar que estamos invirtiendo en salud, aunque sea evidente el hecho de que los alimentos más sanos son más caros e inaccesibles para un amplio sector de la población. Eso genera desigualdad social en el ámbito de la nutrición, así como un aumento de enfermedades derivadas de la alimentación y, a su vez, del gasto público para curarlas. “Vivimos en un mundo de obesos y famélicos”, subraya Esther Vivas. “Hay tanta gente en el planeta con sobrepeso como con problemas de desnutrición”.

La obesidad es la epidemia del siglo XXI. y empieza con los malos hábitos en los primeros años de vida

Conseguir alimentos saludables a un precio razonable es posible, aunque no tan fácil como hacerlo en el súpermercado de la esquina.Para conseguir calidad y precios  hay que investigar y, a veces, organizarse. Un modo de hacerlo es a través de una cooperativa de consumidores. Al ser comida adquirida directamente al productor, los costes se abaratan. Por ejemplo, en una coperativa, podemos comprar un kilo de coliflor por 1, 70 euros, y de calabacines, 2, 30. Eso sí: hay que desplazarse hasta su tienda de la capital o a la ciudad donde la cooperativa tenga su sede. Si quiere primar el criterio de la cercanía, otra opción es la de los grupos de consumo, vecinos que se unen en la búsqueda de productos locales, ecológicos y de temporada. Algunos surgieron en Madrid del impulso del movimiento 15-M. Se descarta hacer la compra en supermercados y grandes superficies y el consejo sigue siendo contactar directamente con los productores. En ocasiones, adquieren un terreno y lo explotan ellos mismos. Solo en Madrid capital se han fundado cerca de cincuenta grupos de consumo; más de treinta, entre grupos y cooperativas, en Barcelona. Y siempre será de gran ayuda entender la etiqueta de todos los productos que se adquieran. Porque comer saludable no es un capricho, sino un pilar imprescindible para el bienestar humano.

El mundo se vuelve cada vez más dual también en cuestiones de alimentación. Mientras una parte de los habitantes del planeta siguen padeciendo hambre, otra, cada vez mayor, pierde salud por exceso de comida. Naciones Unidas ha puesto cifras a este fenómeno: 950 millones de personas sufren desnutrición y cada año mueren más cinco millones de niños de hambre. Al mismo tiempo hay 2.100 millones de personas con sobrepeso; y tres millones mueren cada año por obesidad.

La revista científica The Lancet advierte en su último número de que el problema se extiende y que ningún país ha sido capaz hasta ahora de revertir una tendencia que tendrá enormes costes, no solo en términos personales y de salud, sino también económicos. Sin medidas adicionales no se podrá cumplir el objetivo de la OMS de que la tasa de obesidad esté en 2030 en el nivel de 2010.

La principal causa es la comida basura, categoría en la que se sitúa una gran cantidad de productos ricos en calorías y pobres en nutrientes. Bollería industrial, bebidas azucaradas y aperitivos con alto contenido de azúcar, grasas o sal son sus principales exponentes.

Se trata de productos que llegan al mercado precedidos de grandes campañas de promoción. Son, en general, más baratos y accesibles que la comida saludable; de ahí que la obesidad se esté convirtiendo en un nuevo signo de pobreza. Y se extiende no solo en los países ricos, sino también en los pobres. Los productos azucarados se benefician de la tendencia innata por razones de herencia evolutiva a preferir los alimentos dulces. La bollería industrial añade la peor de las fórmulas: azúcares y grasas en grandes cantidades.

La profusión de estos productos está cambiando hábitos y preferencias, de manera que cada vez son más populres. El resultado es una alteración metabólica que hace que aumente el sobrepeso incluso cuando se reduce la ingestión de calorías.

La OMS señala varias formas de combatir lo que se puede llamar ya una epidemia, pero todas ellas exigen grandes dosis de voluntad política. Combinan la prevención con una regulación fiscal que penalice el consumo de estos productos, y todas exigen el compromiso de la industria alimentaria. El camino está claro. El problema es recorrerlo.

Un plan de alimentación saludable para controlar el peso incluye una variedad de alimentos que quizás la gente no considera. Si la "alimentación saludable" le hace pensar en los alimentos que no puede comer por su fama de caros, lo que hace pensar rapidamente en una hamburguesa hay comidas al alcance.

Frutas frescas: no piense solo en manzanas y plátanos. Esas son excelentes opciones, pero probar también algunas frutas "exóticas". Por ejemplo un mango ¡O una piña jugosa o un kiwi! Cuando no sea la temporada de su fruta fresca preferida, se puede consumir versiones congeladas, enlatadas o secas de las frutas frescas que le gusten. Una advertencia acerca de las frutas enlatadas es que pueden contener azúcares o jarabes adicionales. Asegúrese de elegir las variedades de frutas que sean envasadas en agua o en su propio jugo.

Verduras frescas: pruebe algo nuevo. Es posible que prefiera las verduras a la parrilla o al vapor sazonadas con hierbas que aún no ha probado, como el romero. Puede sofreír las verduras en una sartén antiadherente con un poco de aceite en aerosol. O pruebe con verduras congeladas o enlatadas para preparar un acompañamiento rápido, solo necesita calentar en el microondas y servirse. Cuando pruebe verduras enlatadas, busque las que vienen sin sal adicional, sin mantequilla ni salsas de crema. Comprométase a ir a la sección de verduras y probar una nueva verdura por semana.

Alimentos ricos en calcio: puede ser que piense automáticamente en un vaso de leche baja en grasa o sin grasa cuando alguien dice que debe "comer más productos lácteos". Pero, ¿qué pasa con los yogures bajos en grasa y sin grasa que no contienen azúcares adicionales? Estos vienen en una amplia variedad de sabores y pueden ser un excelente sustituto de los postres para los que les gusta el dulce.

La nueva versión de un viejo conocido: si su receta favorita lleva pescado frito o pollo empanizado, trate de cocinarlos al horno o a la parrilla para lograr variaciones más saludables. Tal vez incluso pueda probar una receta que lleva frijoles secos en lugar de carne con alto contenido de grasa. Pregunte a sus conocidos o busque en internet y revistas las recetas que contengan menos calorías, ¡es posible que se sorprenda al descubrir que tiene un nuevo plato preferido!

La "Estrategia Mundial OMS sobre Régimen Alimentario, Actividad Física y Salud" fue adoptada en 2004 por la Asamblea Mundial de la Salud. En ella se hace un llamamiento a los gobiernos, la OMS, los asociados internacionales, el sector privado y la sociedad civil para que actúen a nivel mundial, regional y local con el fin de promover la alimentación sana y la actividad física.

En 2010, la Asamblea Mundial de la Salud aprobó una serie de recomendaciones sobre la promoción de alimentos y bebidas no alcohólicas dirigida a los niños. Esas recomendaciones pretenden guiar a los países a la hora de idear nuevas políticas y mejorar las que están en vigor, con el fin de reducir los efectos de la comercialización de alimentos poco saludables en los niños. La OMS está ayudando a crear un perfil nutritivo tipo que puedan utilizar los países como medio para aplicar las recomendaciones en materia de comercialización.

En 2012 la Asamblea Mundial de la Salud adoptó un plan de aplicación integral sobre nutrición de la madre, el lactante y el niño pequeño y seis metas de ámbito mundial que deben alcanzarse para 2025, entre las que figuran la reducción del retraso en el crecimiento, la emaciación y el sobrepeso infantil, la mejora de la lactancia materna, y la reducción de la anemia y la insuficiencia ponderal del recién nacido.

En 2013, la Asamblea Mundial de la Salud acordó nueve metas mundiales de aplicación voluntaria para la prevención y el control de las enfermedades no transmisibles, entre las que figuran detener el aumento de la diabetes y la obesidad, y una reducción relativa del 30% en la ingesta de sal de aquí a 2025. El “Plan de acción mundial de la OMS para la prevención y el control de las enfermedades no transmisibles 2013-2020" proporciona orientaciones y opciones normativas a los Estados Miembros, la OMS y otros organismos de las Naciones Unidas para alcanzar las metas.

Debido a que actualmente hay muchos países que están experimentando un rápido aumento de la obesidad entre los lactantes y los niños, en mayo de 2014, la OMS creó un comité sobre obesidad infantil. El comité elaborará un informe en 2015 en el que expondrá cuáles son las estrategias y las medidas que considera más eficaces para diferentes contextos en todo el mundo.

En noviembre de 2014 la OMS y la Organización para la Agricultura y la Alimentación de las Naciones Unidas (FAO) organizaron conjuntamente la segunda Conferencia Internacional sobre Nutrición. En la Conferencia se adoptó la Declaración de Roma sobre la Nutrición y el Marco de Acción que recomienda un conjunto de opciones en materia de política y de estrategias para promover una alimentación variada, inocua y saludable en todas las etapas de la vida. La OMS está ayudando a los países a poner en práctica los compromisos asumidos en esta Conferencia.


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