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El milagro de ser mamá

09/05/2015 14:50 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Cuando miro retrospectivamente agradezco a la vida el haber tenido una madre tan obstinada y valiente que no escuchó a nadie más que a su corazón para actuar

Durante todas las tardes desde el caluroso mes de julio de 1987, rezábamos mamá, mi hermano y yo. Apenas teníamos cinco y tres años, y yo hablaba poco todavía. Recuerdo estos momentos claramente. Le pedimos a la Virgen María, con tanta fe, amor e insistencia que mi madre embarazada tuviera una hija mujer. La más obstinada era mi mamá.

Meses después, en el hospital, al entrar en la habitación después del parto, de inmediato reconocí en los brazos de mamá a la frágil mujercita por la que mi corazón había rezado durante nueve meses. Ella es mi hermanita, hoy convertida en una bella señora que me ha dado un hermoso niño que me llama “tío”, el título más preciado que la vida me regalado hasta hoy.

Salomé es el nombre ideal para un don tan maravilloso. Madre de los apóstoles Santiago y Juan, hermana y consuelo de la Virgen María junto a ella al pie de la cruz en la muerte de su hijo Jesús, y testigo de su resurrección en el sepulcro, Salomé es un nombre que en hebreo significa “portadora de paz”.  

El milagro de la maternidad confirma el prodigio de la perfección en una mujer cuando se convierte en madre. Como la mujer virtuosa de los Proverbios que se levanta aun de noche para alimentar a su familia, que es alabada por su marido a quien defiende en todas las dificultades, la mujer virtuosa hace respetable a su familia en cualquier lugar y lleva paz a todos lados por su fe en la verdad. Eso lo dice la Biblia, es en lo que creo yo.

Se levantan aun de noche para alimentar el corazón de esperanza y defender de las dudas sembrando paz en mí espíritu

Así es Alicia, mi madre, nombre griego para una mujer virtuosa que significa “quien porta la verdad”. Su verdad ha sido no abandonarnos aun en los momentos más duros. Y así fue cómo me rescató en sus pequeños brazos de las más oscuras tinieblas del dolor de las incertidumbres, para superar una difícil prueba de desamor.

Alicia y Salomé me acompañaron en el desasosiego, escuchando, entendiendo, amando. Se levantaron aun de noche para alimentar mi corazón de esperanza y me defendieron de las dudas sembrando paz en mí espíritu. Me acompañaron a proteger con fe mis ideales, a pelear con fuerza en mis batallas, a defender con firmeza las razones de mi corazón.

Cuando miro retrospectivamente esos duros momentos, agradezco a la vida el haber tenido una madre tan obstinada y valiente que no escuchó a nadie más que a su corazón para actuar, demostrando al mundo que las mejores armas para luchar por un hijo son mucha fe y mucho amor.

Ahora siento confirmada una intensa alegría en mi corazón. Allí habitan esas valientes mujeres que se han hecho perfectas al convertirse en madres. Pero hay un lugar especial para la más noble de todas: mi mamá. Ella consigue milagros todos los días porque habla el mismo lenguaje de Dios, el lenguaje de los milagros, el lenguaje de la Madre del Creador.

El milagro de la maternidad confirma el prodigio de la perfección en una mujer cuando se convierte en madre

¡Feliz día Mamá!

@ghidalgoandrade

 


Sobre esta noticia

Autor:
Gabriel Hidalgo Andrade (373 noticias)
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Tipo:
Opinión
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