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EL Analista

04/04/2020 18:56 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El paciente dijo esto último con una sentida melancolía y dejó que la frase se disuelva en el aire. El psicoanalista, sin embargo, permaneció en un silencio absoluto, solo se oía el ocasional rasgar de la pluma contra el papel. Conocía la importancia de los silencios

El analista

«Recuerdo que estábamos ocultos entre las oscuras ruinas de la vieja capilla del parque. Solo acompañados por las gárgolas de piedra tallada que custodiaban las ruinas. Entre penumbras y susurros, Laura, me confesó cuanto me amaba y lo mucho que me deseaba. Yo comprendí entonces, que la felicidad existe. Comprendí, que la necesitaba.»

El paciente dijo esto último con una sentda melancolía y dejó que la frase se disuelva en el aire. El psicoanalista, sin embargo, permaneció en un silencio absoluto, solo se oía el ocasional rasgar de la pluma contra el papel. Conocía la importancia de los silencios. Sabía muy bien que estos solían decir aún más que el relato mismo y entonces, esperó.

Había en aquel paciente, un silencio mucho más profundo y más doloroso. Un silencio que aún no lograba identificar con claridad. Un buen observador podría descubrirlo en el leve temblor de la voz, en el fino sudor de las manos y en ocasiones; oculto tras su mirada.

El psicoanalista conocía muy bien las ruinas en las que Laura y su paciente se habían ocultado. Sabía que en aquel lugar jamás hubo dos gárgolas de piedra tallada.

Por qué no me cuenta más sobre ese momento, dijo el analista. Cuénteme sobre el lugar y todo lo que recuerde al respecto. ¿A caso tenían nombre aquellas gárgolas? ¿De qué se ocultaban exactamente, usted y Laura? ¿Donde está Laura, que paso con ella aquella noche? El analista volvió a esperar un tiempo prudente pero esta vez no obtuvo respuesta alguna. El paciente levantó la mirada, le dedicó una sonrisa, no del todo falsa y le dijo: «me parece que por hoy hemos terminado doctor.»

El psicoanalista asintió con resignación, se incorporó y se dirigió a la puerta. Extrajo sus llaves y sin dejar de mirar a su paciente hizo con ellas tres pequeños golpecitos sobre la puerta que sonaron agudos y tonantes. Al cabo de unos segundos apareció el guardia carcelario y abrió la reja.

Este cuento es de mi autoría, si te ha gustado espero tus comentarios y tu voto. gracias


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Kokomaster (21 noticias)
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