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La dictadura de los capitales: réquiem para el Estado burgués

18/04/2016 23:24 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Jesús Ernesto ParraABRIL 18 DE 2016, 10:34 AM

s4.reutersmedia.net_.jpgimageReza el apotegma que el Estado burgués es el poder político de la sociedad capitalista. Que a través del sometimiento de todos por igual el Estado -como estructura coercitiva- garantizaba la conservación de todas las diferencias sociales grandes y pequeñas. Hoy día estas máximas comienzan a padecer caducidad, el Estado es un lastre muy pesado para el dinámico y monstruoso avance de los capitales financieros en su camino de sostener sus ganancias, en franco detrimento del derecho internacional, la soberanía de los pueblos, la seguridad ciudadana, las libertades individuales, e incluso la capacidad de discernimiento de los habitantes del planeta. Todos los anteriores preceptos son ahora sepultados junto con ese Estado burgués que, en algún momento, fue dorado defensor de ese sistema de creencias que ahora forman parte del pasado.El principio de la dictadura del capitalEl 23 de septiembre de 2014 Stephen Heintz, presidente del Rockefeller Brothers Fund, anuncia que esa institución financiera retiraría sus capitales depositados en inversiones en combustibles fósiles. Según la reseña de prensa, este portentoso conglomerado familiar se unía a un movimiento de desinversiones que englobaba, para ese entonces, tanto instituciones como a individuos con grandes fortunas que insistían en la necesidad de abandonar las empresas petroleras, carboneras y de gas natural.Ese anuncio fue realizado en la Cumbre para el Cambio Climático, organizada por la ONU, y fue mercadeado entre las agencias de prensa como un gesto "ambientalista" del citado grupo de poder financiero mundial. No exenta de ironía, la nota periodística del evento concluía anunciando que desde ese momento -léase bien- más de 800 inversores de todo el mundo, incluidas fundaciones como Rockefeller Brothers Fund, grupos religiosos, organizaciones sanitarias, ayuntamientos y universidades, se han comprometido a retirar un total de 50 mil millones de dólares de las inversiones en combustibles fósiles en los próximos cinco años.Para ese entonces el precio del crudo estaba alrededor de los 91, 00 USD. A partir de esos días el desplome de los precios del petróleo y otros productos de origen fósil fue vertiginoso. Un año después, cuando los análisis intentaban mirar las consecuencias de la catástrofe de precios de las materias primas -la corrida no sólo afectó los fósiles, sino que derivó en casi todos los precios del segmento- se le adosó la culpa al auge del fracking, a que existía exceso en inventario de crudo en el mundo, a que los iraníes estaban por saturar el mercado, y que -¡Dios!- en 2014 las temperaturas habían sido muy elevadas.Si alguien a estas alturas toma como altruista semejante declaración de guerra económica le rogamos que, por favor, abandone la lectura de este documento. Nadie tomó en cuenta la acción de repliegue de Wall Street a la hora del cálculo. No recordamos que un amplio sentimiento conservacionista de los mayores capitales del planeta tiró por el suelo una parte fundamental de la economía mundial. ¿Pero qué parte? ¿Contra quién es la guerra?El fin del Estado (Nacional) CentralizadoEl golpe sobre la mesa de los comoditties -nomenclatura financiera para las materias primas-, sumado a un aumento coordinado de la producción petrolera de algunos países árabes y a sanciones económicas puntuales, afectó ostensiblemente las economías de varios países productores de hidrocarburos. No está de más el ejercicio de nombrarlos: Irán, Rusia, Venezuela, Ecuador, Bolivia. Todos países cuyos sistemas de gobierno nacional se resiste a la tutoría de los capitales financieros en todos los órdenes.La propaganda global tiende a relativizar estas acciones sobre los jefes de gobierno de turno en estos países. Así que la caída de los precios del petróleo, para los grandes conglomerados de noticia y propaganda, afectan a Putin, al Ayatolá, a Maduro, a Correa, o a Evo Morales. Todos gobiernos del eje del mal. Pero lo que no anota la prensa mundial es que el avance de estas medidas -además de la rampante guerra psicológica adelantada a través de redes sociales y mass media- está terminando de dar el golpe de gracia al Estado nacional, eje rector de las economías y recursos de los países citados, y de otros, que ya no son parte de este grupo por ser parte de un franco estado de guerra total: Siria, Irak, Yemen, Nigeria, Camerún, Túnez, Argelia, Egipto, Libia.¿Quién defiende a la sociedad del súcubo financiero que ahora parasita al Estado?Hasta el avance de la nueva dictadura del capital financiero, tomemos como punto de partida la invasión a Irak en 2002, estos países eran un importante factor de equilibrio mundial, no sólo en el aspecto económico, sino que sus sistemas políticos constituían amplias franjas de resistencia -administrativa, jurídica, y de distribución de riqueza- a la creciente incidencia del factor financiero inmiscuido en la política -y el accionar del Estado- que inició, por cierto, en período presidencial de Richard Nixon al frente de la Casa Blanca.El fin del Estado de bienestar y el sueño liberalEl 4 de julio de 1776, los fundadores de los Estados Unidos de América firmaron el documento fundacional de ese país. Ese texto explica lo siguiente: "Consideramos evidentes las siguientes verdades: que todos los hombres fueron creados iguales, que recibieron de su creador ciertos derechos inalienables; que entre ellos se encuentran los derechos a la vida, a la libertad y a la búsqueda de la felicidad; que para asegurar esos derechos fueron implantados gobiernos entre los hombres, cuyo justo poder emana del consentimiento de los gobernados...".Ese sistema de libertades establecía una separación entre el Estado y la sociedad, y garantizaba un ejercicio justo de los derechos individuales. Todo esto garantizado por el contrato social expresado no sólo en la constitución sino en un delicado sistema judicial. En el papel, estas máximas suenan a orden y justicia, pero ¿qué dicen de esto los inmensos sectores de esa sociedad excluidos del sistema sanitario? ¿O quienes pasaron a formar parte de las personas en situación de calle, víctimas de la crisis bancaria? ¿Quién defiende a esa sociedad del súcubo financiero que ahora parasita a su Estado?Nadie.Hace un par de días los grandes diarios del planeta, a propósito de las elecciones presidenciales en EEUU, titulaban: "El mundo de los negocios confía más en Hillary Clinton y recela de Donald Trump". La sentencia tiene, a estas alturas de la contienda, un potente sabor a decisión tomada. Los capitales, que dominan el amplio aparato de propaganda y control social del planeta, decantan sus mensajes hacia una candidata "amiga" de las minorías negras y latinas en el país norteamericano, esconden su asqueroso prontuario destruyendo países del mundo árabe, y ridiculizan a los adversarios de la abierta representante de los capitales financieros globales.En ese mismo orden, en Europa, la crisis económica parece afectar sólo a los ciudadanos. Mientras los capitales financieros tienen sus indicadores intactos, el empleo, la cobertura sanitaria y, al mismo tiempo, las libertades individuales -víctima de un terrorismo creado por sus propios gobiernos- sufren un franco retroceso. No mirar estas dos realidades como parte de un todo, de un evidente avance del peso de lo financiero sobre las sociedades, es un acto de miopía. El Estado de bienestar creado en la Europa de la postguerra comienza a desaparecer, pisoteado por el Ibex, el DAX 30, el FTSE 100, y los otros índices bursátiles, y mira con pánico la entrada de una ola indetenible de inmigrantes de países pobres que ese mismo Estado decadente destruyó.¿No les parece un excelente negocio las guerra y el fin del Estado?Lo que viene: el crimen, un nuevo modo de producciónEl avance de las nuevas modalidades de conflictos posmodernos, en los que grupos armados se hacen de rubros estratégicos de un país territorializando -y legitimando vía las armas- su acción criminal abre una perspectiva aterradora. El Estado Islámico es el ejemplo más siniestro de este esquema de control global, que comienza a destruir, ya no desde lo económico, sino en el monopolio de la violencia a los Estados-nación.Pero, viene la pregunta, la soberbia movilización logística que implica este grupo delictivo -como muchos otros cárteles, ya sean, de las drogas, pesca, agua dulce, o en el caso de Venezuela: alimentos- ¿no requiere de una importante movilización financiera? ¿A través de cuál estructura sino de la banca internacional se realiza este financiamiento? ¿Este dinero, no genera intereses, comisiones y jugosas ganancias?¿No les parece un excelente negocio las guerra y el fin del Estado?Esta pregunta viene a la perfección en la actual guerra alimentaria que vive Venezuela. Hemos mirado cómo, eliminando su competencia -por prácticas ilegales, y por omisión de un Estado que no estaba listo para una contienda de semejante sofisticación, los oligopolios de los alimentos, productos de farmacia y cosmética, se han convertido en verdaderos cárteles criminales y han elevado exponencialmente sus márgenes de ganancia en los últimos meses. A su alrededor gira una retorcida red de bachaqueo, contrabando, extorsión, secuestro, especulación y terror psicológico. Detrás de los brillantes neones de Locatel, Farmatodo, Excelsior Gamma, Central Madeirense, o dentro de los encantadores empaques de Polar, Protinal, P&G, se esconde el enemigo invisible. El fin del mundo que conocemos.

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fundacionlaplomada.blogspot.com
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